Setenta semanas: la profecía de Daniel

Al profeta Daniel, el famoso Daniel que fue echado al foso con los leones, le fue revelado TODO el futuro en una visión, alrededor de 600 años antes de Cristo (¡aunque probablemente entendió poco!).

Luego que Nabucodonosor conquistara el Reino de Judá, y se llevara como esclavos a todos sus habitantes a Babilonia, separó a los jóvenes de la realeza que venían en el grupo, muchachos «fuertes, sanos, guapos, inteligentes y educados» para que le sirvieran en el palacio. Dentro de estos jóvenes venía Daniel (al cual le cambiaron el nombre por Betlsasar) y sus amigos Ananías, Misael y Azarías (mejor conocidos como Sadrac, Mesac y Abednego), TODOS de la tribu de Judá.

A estos se les intentó formar y entrenar según la cultura babilonia, pero ellos se negaron a hacerlo por fidelidad a Dios, y Dios premió esa fidelidad.  Podemos leer todo el relato en el libro de Daniel, es fascinante, muy recomendada su lectura para ver cómo Dios permitió todo CON UN PROPÓSITO (¡porque recordemos que su Plan es siempre perfecto!). La cuestión es que a través de los años Dios fue preparando a Daniel mediante muchas pruebas terrenales, y poco a poco le fue dando dones de interpretación de sueños y visiones del futuro. En Daniel 2 se narra la historia donde el rey Nabucodonosor tuvo un inquietante sueño, pero cuando despertó no se acordaba del sueño ¡y menos de su significado! (creo que varios podemos relacionarnos, jejeje).

La posición del rey era absolutamente ridícula, pero algo bueno pretendía Dios con todo este cómico episodio:

En el año segundo del reinado de Nabucodonosor, este tuvo sueños, y se turbó su espíritu y no podía dormir. Mandó llamar el rey a los magos, los encantadores, los hechiceros y a los caldeos, para que le explicaran al rey sus sueños. Vinieron, pues, y se presentaron ante el rey.  Y el rey les dijo: He tenido un sueño, y mi espíritu se ha turbado por el deseo de entender el sueño. Y hablaron los caldeos al rey en arameo: ¡Oh rey, vive para siempre! Cuenta el sueño a tus siervos, y nosotros te declararemos la interpretación.  El rey respondió y dijo a los caldeos: Mis órdenes son firmes: si no me dais a conocer el sueño y su interpretación, seréis descuartizados y vuestras casas serán reducidas a escombros. Pero si me declaráis el sueño y su interpretación, recibiréis de mí regalos, recompensas y grandes honores; por tanto, declaradme el sueño y su interpretación.” (Daniel 2:1-6)

Por supuesto NADIE pudo lograrlo, pero Dios le dio la interpretación a Daniel también mediante un sueño, y así Daniel se ganó el respeto del rey.  De paso lo nombró gobernador de la provincia, jefe de todos los sabios y a sus amigos como ayudantes en el gobierno, esto les generó un montón de problemas con los demás y tuvieron que soportar muchas pruebas, entre ellas el horno de fuego (Daniel 3) y el foso de los leones (Daniel 6), pero de TODO los libró Dios.

Así llegamos a Daniel 9, donde el libro narra la increíble visión de las «Setenta Semanas», detallando inclusive los tiempos exactos de cuando sería la (primera) venida de Jesús a la Tierra, así como lo que sucederá en el futuro (todavía sin cumplirse):

“Aún estaba yo hablando, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel, y presentando mi súplica delante del Señor mi Dios por el santo monte de mi Dios, todavía estaba yo hablando en oración, cuando Gabriel, el hombre a quien había visto en la visión al principio, se me acercó, estando yo muy cansado, como a la hora de la ofrenda de la tarde.  Me instruyó, habló conmigo y dijo: Daniel, he salido ahora para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus súplicas se dio la orden, y he venido para explicártela, porque eres muy estimado; pon atención a la orden y entiende la visión.

Setenta semanas han sido decretadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para poner fin a la transgresión, para terminar con el pecado, para expiar la iniquidad, para traer justicia eterna, para sellar la visión y la profecía, y para ungir el lugar santísimo.

Has de saber y entender que desde la salida de la orden para restaurar y reconstruir a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; volverá a ser edificada, con plaza y foso, pero en tiempos de angustia.  Después de las sesenta y dos semanas el Mesías será muerto y no tendrá nada, y el pueblo del príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario. Su fin vendrá con inundación; aun hasta el fin habrá guerra; las desolaciones están determinadas.

Y él hará un pacto firme con muchos por una semana, pero a la mitad de la semana pondrá fin al sacrificio y a la ofrenda de cereal. Sobre el ala de abominaciones vendrá el desolador, hasta que una destrucción completa, la que está decretada, sea derramada sobre el desolador.”  (Daniel 9:20-27)

Entonces, la profecía de las «70 Semanas» de Daniel está compuesta de 3 partes:

  • Siete semanas (de años, o sea 49 años) «desde la salida de la orden para reconstruir Jerusalén«
  • Sesenta y dos semanas (de años, o sea 434 años) «hasta que el Mesías sea muerto«
  • Una semana (de años, o sea 7 años) «hasta que venga el desolador y la destrucción«

La interpretación de los 2 primeros puntos es relativamente sencilla, detallaba con exactitud la fecha en que el rey permitiría que los judíos regresaran a Jerusalén y reconstruyeran la ciudad (Esdras 7:6-10, 9:9).  Luego la cuenta de 434 años adicionales nos llevaría aproximadamente al año 30-31 d.C., que es cuando muchos creemos que Jesús fue crucificado, para completar un total de 69 «semanas proféticas«.

Es con la última «semana» (7 años) faltante que la cosa se complica, porque no todos los cristianos estamos de acuerdo.  Los dispensacionalistas (dentro de los que me incluyo) creemos que luego de la muerte de Cristo comenzó una nueva «dispensación» (La “Era de la Gracia”) y que dicha semana faltante está en «pausa», hasta que empiecen los últimos 7 años antes del regreso de Cristo. Por el contrario, hay otros que aducen que ya «todo se cumplió» con la destrucción del templo en el año 70 d.C. por parte de los romanos.

Pero si leemos con detenimiento las cartas paulinas nos daremos cuenta de la justificación de la «Era de la Gracia», Pablo fue a quien Dios le reveló ese «misterio» y creo que debería quedar poca duda al respecto.  Además, me cuesta mucho aceptar que «La Gran Tribulación» ya sucedió, cuando la Biblia dice que Jesús mismo le comentó a los apóstoles que será un tiempo tan terrible «tal como no ha acontecido desde el principio del mundo hasta ahora, ni acontecerá jamás« (Mateo 24:21).

En una próxima entrada ahondaremos en el tema de la «Ley vs la Gracia» para justificar bíblicamente esta posición y por supuesto sobre El Rapto de la iglesia, pero en síntesis los dispensacionalistas lo creemos así:

Esta diferencia doctrinal no debería ser tema de discordia entre hijos de Dios, viviendo siempre listos para lo que sea que Nuestro Señor así decida.  Al final, NADA cambia el fundamento bíblico generalizado de que Cristo regresará por «SU» iglesia (el «Cuerpo de Cristo») en el momento que Él así lo determine, y que estaremos con Él eternamente.


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Un comentario en “Setenta semanas: la profecía de Daniel

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