
En un artículo anterior hablábamos sobre el «matrimonio» de Dios con Israel, ya de por sí un tema «sacrílego» dentro del cristianismo. Si eso ya era bastante escandaloso, ¡ahora veamos sobre su sucesivo «divorcio»! 😉
La sola palabra nos parece anti-bíblica y mucho se niegan a aceptarlo, sin embargo la Biblia es clara que Dios está «divorciado» (¡obviamente con un propósito absolutamente perfecto!). Empecemos con que DIOS MISMO dejó contemplado el divorcio en La Ley Mosaica, la cláusula al respecto indicaba (vagamente) las razones y las consecuencias del mismo para ambos participantes.
“Cuando alguno toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable en ella, y le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa, y ella sale de su casa y llega a ser mujer de otro hombre.” (Deuteronomio 24:1-2)
De hecho Cristo mismo también se refirió al divorcio, no tanto para condenarlo, sino para aclarar la única causa aceptable del mismo:
“También se dijo: «Cualquiera que repudie a su mujer, que le de carta de divorcio». Pero yo os digo que todo el que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio; y cualquiera que se casa con una mujer divorciada, comete adulterio.” (Mateo 5:31-32)
Entonces, ¿por qué se divorció Dios, y de quién?
1. Establecer la causa del divorcio es sencillo: fue por un tema de INFIDELIDAD. Como vimos en las citas anteriores, La Ley (que vimos que era un tipo de «acuerdo prenupcial», ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-matrimonio-de-dios-y-su-relacion-con-la-ley/) preveía esta razón, de forma que Israel estaba más que advertido por Dios sobre las consecuencias.
Sin embargo, Israel desobedeció y Dios (que es perfectamente justo) cumplió con Su Palabra. De hecho, no había pasado mucho tiempo desde el matrimonio en el Monte Sinaí cuando ya Israel estaba siendo «infiel» a Dios.
Veamos algunas citas donde se confirma dicha infidelidad. De hecho, DÍAS (no meses) después de que los israelitas aceptaron las condiciones del «pacto matrimonial» con el propio DIOS, ¡el pueblo de Israel le pidió a Aarón que les hiciera un becerro de oro para adorarlo!
“Cuando el pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte, la gente se congregó alrededor de Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos un dios que vaya delante de nosotros; en cuanto a este Moisés, el hombre que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.” (Éxodo 32:1)
Luego, a pesar de la promesa de Dios mismo de llevarlos a una tierra donde fluye «leche y miel», al ver que tenían que conquistarla de los habitantes (que obviamente era Dios quien iba a luchar por ellos), nuevamente los israelitas se molestaron y se quisieron rebelar contra el Señor. La consecuencia de tal desobediencia es que (de millones de israelitas que salieron de Egipto) Dios determinó que NADIE entraría a la Tierra Prometida, ¡excepto Josué y Caleb!
“Entonces toda la congregación levantó la voz y clamó, y el pueblo lloró aquella noche. Y murmuraron contra Moisés y Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la congregación: ¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto! ¡Ojalá hubiéramos muerto en este desierto! ¿Y por qué nos trae el Señor a esta tierra para caer a espada? Nuestras mujeres y nuestros hijos vendrán a ser presa. ¿No sería mejor que nos volviéramos a Egipto?” (Números 14:1-3)
“y el Señor le dijo a Moisés: ¿Hasta cuando me despreciará este pueblo? ¿Es que nunca me creerán aun después de todos los milagros que he hecho entre ellos? Los desheredaré y los destruiré con una plaga, y de ti haré una nación mucho más poderosa que ellos.” (Números 14:11-12)
“¿Hasta cuando se quejará de mí este pueblo perverso? Dile: “El Señor promete concederles lo que acaban de pedir. Morirán todos en el desierto. Ninguno que tenga más de veinte años y se haya quejado contra mí entrará en la Tierra prometida. Sólo Caleb, hijo de Jefone, y Josué, hijo de Nun podrán entrar. Ustedes dijeron que sus hijos serían esclavos del pueblo de esa tierra. Pues no. Al contrario, los haré vivir tranquilos en la tierra y heredarán lo que ustedes han despreciado. En cuanto a ustedes, sus cadáveres quedarán en el desierto. Hasta que no muera el último de ustedes en el desierto, sus hijos vagarán por él como nómadas durante cuarenta años. De esta manera ustedes pagarán por su falta de fe.” (Números 14:27-33)
2. Ahora veamos en detalle de quién fue que se divorció Dios, porque obviamente es de Israel (Su esposa), pero el evento tiene un desenlace inesperado (¡como suele suceder con los planes divinos!).
Los israelitas, ya instalados en la Tierra Prometida, siguieron viviendo en desobediencia, pasaron varias generaciones y la cosa no cambió mucho (en contra de lo pactado con Dios). Por lo tanto, recordemos que primero Dios tuvo que separar el pueblo de Israel en dos «reinos» por ahí del año 930 a. C. («Reino de Israel» en el norte y «Reino de Judá» en el sur), como consecuencia de la idolatría del rey Salomón (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-reino-del-norte-israel-y-el-reino-del-sur-juda/).
Sin embargo, aun separadas, ambas casas continuaron idolatrando dioses extraños, por lo que Dios tuvo que darle «carta de divorcio» a la casa de Israel (el Reino del Norte) producto de su infidelidad. Curiosamente NO hizo lo mismo con la casa de Judá (el Reino del Sur) a pesar que andaba en las mismas, más adelante veremos el porqué:
“Este comunicado del Señor me llegó durante el reinado del rey Josías: ¿Has visto lo que hace Israel? Se comporta como esposa infiel que se entrega a otros hombres cada vez que puede, pues es semejante lo que hace Israel al rendirle homenaje a otros dioses en cualquier colina, debajo de cada árbol frondoso. Yo pensaba que algún día retornaría a mí y volvería a ser mía; pero no regresó. Y su infiel hermana Judá vio la permanente rebelión de Israel, pero no puso atención aunque vio que yo me divorcié de la infiel Israel. Ahora también Judá me ha dejado y se ha entregado a la prostitución, pues ha acudido a otros dioses para adorarlos. No le dio ninguna importancia al asunto; para ella no era nada adorar ídolos de madera y piedra, y así la tierra se contaminó y se corrompió grandemente como consecuencia de estas conductas reprobables. Luego, más tarde, esta infiel «regresó» a mí, pero su «arrepentimiento» era fingido, dice el Señor.” (Jeremías 3:6-10)
Increíblemente, el «Reino de Israel», DIVIDIDO y DIVORCIADO, siguió «jalándole el rabo a la ternera», hasta que se ganaron el premio mayor: Dios los entregó a los asirios por ahí del año 720 a. C. para que se los llevaran cautivos y no regresaran nunca más (al menos hasta el final de los tiempos).
“Pero Israel no prestó atención. El pueblo fue tan soberbio como sus antepasados, y se negó a creer en el Señor su Dios. Rechazaron sus leyes y el pacto que había hecho con sus antepasados, y despreciaron todas sus advertencias. En su rebeldía adoraron ídolos paganos, como las naciones vecinas, a pesar de las reiteradas advertencias del Señor. Desobedecieron todos los mandamientos del Señor su Dios, e hicieron dos becerros de oro fundido. Hicieron ídolos abominables y vergonzosos, y adoraron a Baal, y a todos los astros del cielo. Llegaron aun a sacrificar en el fuego a sus propios hijos e hijas como ofrenda a sus dioses, consultaron a adivinos, practicaron la magia y se vendieron a sí mismos al mal. Por eso el Señor se enojó con ellos. Tanto fue el enojo del Señor contra los israelitas que dejó que se los llevaran lejos de su tierra. Tan solo dejó a la tribu de Judá. Pero ni aun los de Judá obedecieron los mandamientos del Señor su Dios, sino que anduvieron en las malas costumbres que Israel había introducido. Entonces el Señor desechó a todos los descendientes de Jacob. Los castigó entregándolos en manos de sus enemigos, y dejó que fueran llevados lejos de su tierra.” (2 Reyes 17:14-20)
De la misma forma, y a pesar de ver las consecuencias de su infidelidad, el Reino del Sur («Judá») NO aprendió la lección de lo sucedido a su «hermana», así que Dios también los entregó a un pueblo extraño (esta vez a los Babilonios al mando de Nabucodonosor) por ahí del año 600 a. C.
Interesantemente, esta vez hubo dos pequeñas diferencias: primero (y a pesar que sus idolatrías) Dios no le dio «carta de divorcio» al Reino de Judá, y segundo las tribus que componían este «reino» SÍ REGRESARÍAN a su tierra 70 años después (por ahí del 530 a. C.), tal y como lo había profetizado Jeremías:
“Todo este país quedará destruido y convertido en ruinas. Durante setenta años estas naciones estarán sometidas al rey de Babilonia. Y cuando se completen los setenta años, pediré cuentas de sus pecados al rey de Babilonia y a su nación, el país de los caldeos, y lo destruiré para siempre. Yo, el Señor, lo afirmo.” (Jeremías 25:11-12)
Valdría la pena preguntarnos: ¿por qué?
Repasemos las bendiciones (proféticas) que le hizo el patriarca Jacob (Israel) a sus hijos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/las-12-tribus-de-israel/).
“Judá, tus hermanos te alabarán. Tomarás por el cuello a tus enemigos, y tus propios hermanos te harán reverencias. ¡Tú, Judá, hijo mío! Eres como un cachorro de león cuando deja de devorar a su víctima: se agacha, se echa en el suelo, como si fuera un león grande. ¿Y quién se atreverá a molestarlo? Nadie le quitará el poder a Judá ni el cetro que tiene en las manos, hasta que venga el dueño del cetro, a quien los pueblos obedecerán.” (Génesis 49:8-10)
La promesa es que Judá tendría una línea de reyes, pero más importante, ¡Judá permanecería todavía «casada» con Dios para que el Mesías pudiera nacer de ellos! ¿Y cómo entonces termina la historia de las «hermanitas» de la «Casa de Israel» y la «Casa de Judá»?
¡Tendrían que pasar más de 500 años para que Jesucristo mismo nos resolviera el misterio! En una próxima entrada veremos sobre este tema.
(Tomado en parte de https://www.douglashamp.com/gods-divorce-and-remarriage-and-the-restoration-of-israel-through-the-new-covenant/)
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