
Yo sé que este es un tema delicado y que puede levantar roncha, pero ya que estamos hablando de temas considerados «judíos», es importantísimo comprender QUÉ FUE lo que sucedió exactamente en el Monte Sinaí, que es algo mucho MUCHO más significativo que la «simple» entrega de La Ley a Moisés (que ya de por sí es absolutamente trascendental, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-proposito-de-la-ley/).
Como he venido mencionando desde que inicié el blog, NO podemos entender el Nuevo Testamento (ni el Evangelio, ni el Plan de Salvación durante la Dispensación de la «Gracia», ni NADA) sin entender el Antiguo Testamento, puesto que muchas de las cosas de la «era actual» y de cosas que todavía tienen que suceder están relacionadas con temas que consideramos «judíos».
De ahí que no he podido ni empezar a hablar de los temas «cristianos» (¡el propósito del blog!) porque primero quería establecer las bases doctrinales que nos permitan entender.
Por ejemplo, aunque nos parezca increíble, las Escrituras habla del «matrimonio» de DIOS CON ISRAEL (compuesto por las 12 Tribus, los descendientes de Jacob), y las tablas de la Ley (los Diez Mandamientos) eran el documento legal que enmarca las condiciones matrimoniales, ¡lo que hoy en día llamaríamos el «acuerdo prenupcial»!
Si es la primera vez que oye del tema tal vez esté todavía en shock, ¡pero vamos a probarlo bíblicamente! (también habla de un «divorcio», pero de eso profundizaremos en una próxima vez). Como siempre, con esto no pretendo escribir una tesis teológica, sino simplemente entender lo suficiente de este «matrimonio» (y su simbolismo profético), a fin de obtener las herramientas necesarias para comprender la película completa y luego poder sacar conclusiones (doctrinalmente) correctas sobre los últimos tiempos.
Entonces, lo primero que hay que entender es que el matrimonio antiguo hebreo constaba de varios pasos. Lo vimos a profundidad en el estudio anterior (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-matrimonio-hebreo-antiguo/), pero se puede resumir en 3 partes:
- Shiddukhin: la etapa de «negociación» del precio de la novia entre los padres
- Erusin: los esposales, o sea la ceremonia nupcial (legalmente vinculante)
- Nesu’in: la unión física de los novios cuando finalmente se «consumaba» el matrimonio
Sumado a esto, todo el evento requería de varios requisitos, y TODOS se cumplen en el Monte Sinaí. Pero empecemos por lo más sencillo: ¿Cómo sabemos que lo que ocurrió fue realmente un matrimonio? ¿Cómo sabemos que el “Pacto Mosaico” realmente se trataba de eso???
OK, primero debemos confirmar A CIENCIA CIERTA que ocurrió un matrimonio, ¡y esto es sencillo porque Dios mismo lo afirma! En otra entrada hablaremos del posterior divorcio de Dios con el reino del norte («Reino de Israel»), pero antes veamos un comentario del profeta Oseas al respecto del matrimonio de Dios:
“Acusen a su madre, ¡sí, acúsenla!, pues ella se ha convertido en la mujer de otro hombre, ya no soy más su marido.” (Oseas 2:2)
Dios sólo podría «divorciarse» de la casa de Israel a menos que Él hubiese estado previamente casado con ella, ¡es lógico! Además, en Jeremías, Dios reitera específicamente que le dio al Reino del Norte («Reino de Israel») un “certificado de divorcio” (contemplado en La Ley Mosaica), y la repudió por sus «infidelidades», lo que confirma nuevamente que estuvo casado con ella:
“…pero no puso atención aunque vio que yo me divorcié de la infiel Israel.” (Jeremías 3:8)
Más adelante en Jeremías, Dios vuelve a resaltar que FUE esposo de Israel (ambos reinos, previo a la división), luego de sacarlos de Egipto:
“He aquí, vienen días —declara el Señor— en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto, no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos —declara el Señor; porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días —declara el Señor—. Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo.” (Jeremías 31:31-33)
Por cierto que de paso Jeremías nos revela el plan futuro de Dios, donde nos profetiza que habría «un nuevo pacto» mejorado, tanto para el Reino de Israel y el Reino de Judá, ¡o sea para TODO Israel nuevamente reunificado!
Pero regresemos al evento original. En su boda en el Monte Sinaí, el novio y la novia intercambiaron «votos matrimoniales», y Dios (“el novio”), expresó Su amor por Israel (“Su novia”) cuando prometió:
“Ustedes han visto lo que hice con los egipcios, y cómo los traje a ustedes con tanto cuidado, como cuando las águilas llevan sobre sus alas a sus polluelos. Ahora, pues, si oyen mi voz y guardan mi pacto, serán mi principal tesoro entre todas las naciones de la tierra, porque toda la tierra es mía.” (Éxodo 19:4-5)
A lo que Israel aceptó diciendo:
“Moisés descendió del monte, llamó a todos los dirigentes del pueblo y les dijo lo que el Señor le había dicho. Le respondieron unánimes: «Haremos siempre todo lo que él nos pida».” (Éxodo 19:7-8a)
Luego Moisés subió de nuevo al monte, ¡para confirmarle a Dios que la «novia» había aceptado!
“Y Moisés le refirió al Señor la respuesta del pueblo. El Señor le dijo, a Moisés: ―Yo voy a presentarme delante de ti en forma de una nube oscura, de modo que el pueblo mismo pueda oírme cuando hable contigo, y así siempre te creerán. Desciende ahora y haz que el pueblo se prepare para mi visita. Santifícalos hoy y mañana; y haz que laven su ropa. Luego, pasado mañana, descenderé sobre el monte Sinaí, mientras el pueblo observa.” (Éxodo 19:8b-11)
Finalmente Moisés vuelve a resaltar las «cláusulas matrimoniales», con todas sus condiciones, a lo que el pueblo israelita reitera su aceptación. Así, quedó sellado el evento según todas las condiciones detalladas en el “libro del pacto” (Éxodo 20:22-23:33), y oficialmente registrado en la copia del contrato (tablas de La Ley), con lo cual quedaba finiquitado el matrimonio.
“Después leyó al pueblo el libro que había escrito, el Libro del Pacto, que contenía todas las órdenes y leyes de Dios. Y el pueblo dijo nuevamente: ―Solemnemente prometemos obedecer todas las leyes del Señor. Moisés tomó la sangre que estaba en las vasijas, roció con ella al pueblo, y dijo: ―Esta sangre confirma y sella el pacto que el Señor ha hecho con ustedes, al darles estas leyes.” (Éxodo 24:7-8)
“El Señor le dijo a Moisés: «Sube al monte, donde estoy, y quédate hasta que yo te dé las leyes y los mandamientos que he grabado en tablas de piedra, para que puedas enseñárselos al pueblo».” (Éxodo 24:12)
Años después, este voto de amor profundo por parte de Dios fue reiterado nuevamente a Israel cuando estaba a punto de entrar en la Tierra Prometida:
“Porque eres una nación santa, consagrada al Señor tu Dios. Él te ha elegido de entre todos los pueblos de la tierra para ser su pueblo escogido. El Señor no te eligió ni te demostró su amor porque fueras una nación más grande que las demás. Al contrario, eras la más insignificante de todas las naciones. Fue porque él te amó y cumplió la promesa hecha a tus antepasados. Por esta razón te liberó de la esclavitud de Egipto con una gran demostración de poder y milagros maravillosos.” (Deuteronomio 7:6-8)
“Ahora pues, Israel, ¿qué es lo que el Señor tu Dios quiere de ti sino que escuches cuidadosamente todo lo que te dice y obedezcas por tu bien los mandamientos que te doy en este día, y que lo ames y le sirvas con toda tu mente y todo tu ser?” (Deuteronomio 10:12-13)
Es por eso que cuando Israel desobedeció Dios la tuvo que castigar por su infidelidad, primero separándola en dos reinos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-reino-del-norte-israel-y-el-reino-del-sur-juda/) y luego divorciándose de ella, puesto que así había quedado establecido en la Ketubah, ¡y Dios no puede negarse a sí mismo!
Sin embargo, como vimos en la cita de Jeremías, el plan de Dios es perfecto y tiene un final feliz, donde el Señor mismo restaurará TODO: ¡esposo y esposa vivirán felices eternamente!
“No temas, ya no vivirás avergonzada. La vergüenza de tu juventud y el dolor de la viudez no se recordarán más, porque tu Creador será el «esposo» tuyo. Señor Todopoderoso es su nombre; él es tu Redentor, el Santo de Israel, el Dios de toda la tierra. Porque el Señor te ha llamado para que dejes tu dolor, joven esposa abandonada por tu marido. Por un breve momento te abandoné, pero con mucha compasión te tomaré de nuevo. En un momento de ira no quise saber nada de ti, pero con amor eterno nuevamente tendré compasión de ti, dice el Señor, tu Redentor.” (Isaías 54:4-8)
(Tomado en parte de https://www.douglashamp.com/gods-divorce-and-remarriage-and-the-restoration-of-israel-through-the-new-covenant/)
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