
Este es un tema que pocos cristianos le ponen atención, pero si no lo entendemos bien, se puede prestar para malentendidos al leer el Antiguo Testamento. Al menos esa fue mi experiencia hace un tiempo, que al no entender bien la diferencia entre «Israel» y el «Reino de Israel», o entre «israelitas» y «judíos» yo mezclaba las historias, ¡y al final no entendía nada!
El resumen ejecutivo del tema es más o menos así:
Dios le entrega la Ley a Moisés por ahí del año 1440 a.C. y los israelitas entran a la Tierra Prometida cuarenta años después, por ahí del año 1400 a.C. Siglos más tarde el Rey David gobierna por 40 años (aprox. del 1010 a.C. al 970 a.C.), y luego su hijo Salomón por otros 40 años (aprox. del 970 a.C. al 930 a.C.).
Luego de la muerte del rey Salomón (¡el mismo que tuvo 700 princesas y 300 concubinas!), las doce Tribus de Israel terminan por desviarse (exactamente como Dios se lo había advertido a Moisés), y son divididas en dos «reinos»:
- El «Reino de Israel» en el norte (conformado por las tribus de Rubén, Simeón, Leví, Zabulón, Isacar, Dan, Gad, Aser, Neftalí y José)
- El «Reino de Judá» en el sur (conformado por la tribus restantes de Judá y Benjamín, además de la parte de la Tribu de Leví que se encargaba del mantenimiento del templo, recordemos que dicha tribu no recibió tierra porque precisamente Dios le encomendó dicha tarea).
Así, aunque todas las doce tribus descienden de Jacob (¡de cuatro diferentes madres!), forman parte de la nación bíblica de «Israel» y son considerados por Dios como “israelitas”, por su idolatría fueron divididas en dos naciones distintas, donde a las del Reino del Norte se les conocería de ahora en adelante como «Israel» (o inclusive «Efraín», en honor al hijo menor de José, todo otro tema aparte) y a las del Reino del Sur como «Judíos» (en honor a Judá). ¿Clarísimo, verdad? jajaja.
Veamos a ver si podemos profundizar un poquito más para entenderlo bien.
Desde que Dios le dio La Ley a Moisés (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/los-pactos-de-dios-con-el-hombre/), le advirtió de las consecuencias que tendría el Pacto Mosaico para el pueblo israelita, tanto positiva como negativamente. Todo el capítulo 28 de Deuteronomio detalla tanto las bendiciones de la obediencia, así como las consecuencias de la desobediencia. Entonces, cuando vemos todo lo hecho por el rey Salomón, no es muy difícil imaginarse que eso tendría consecuencias. ¡Y eso que Dios le había dado una sabiduría como ninguno!
Lamentablemente esa gran sabiduría no la utilizó en su propia vida, ya que desobedeció los mandatos del Señor. Aun así, si leemos el pasaje de 1era Reyes, vemos que Dios le dio dos oportunidades, y ni así hizo caso:
“Pero el rey Salomón, además de la hija de Faraón, amó a muchas mujeres extranjeras, moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas, de las naciones acerca de las cuales el Señor había dicho a los hijos de Israel: No os uniréis a ellas, ni ellas se unirán a vosotros, porque ciertamente desviarán vuestro corazón tras sus dioses. Pero Salomón se apegó a ellas con amor. Y tuvo setecientas mujeres que eran princesas y trescientas concubinas, y sus mujeres desviaron su corazón. Pues sucedió que cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses, y su corazón no estuvo dedicado por entero al Señor su Dios, como había estado el corazón de David su padre.
Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como le había seguido su padre David. Entonces Salomón edificó un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está frente a Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón. Así hizo también para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
Y el Señor se enojó con Salomón porque su corazón se había apartado del Señor, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, y le había ordenado en cuanto a esto que no siguiera a otros dioses, pero él no guardó lo que el Señor le había ordenado. Y el Señor dijo a Salomón: Porque has hecho esto, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que te he ordenado, ciertamente arrancaré el reino de ti, y lo daré a tu siervo. Sin embargo, no lo haré en tus días, por amor a tu padre David, sino que lo arrancaré de la mano de tu hijo. Tampoco arrancaré todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo por amor a mi siervo David y por amor a Jerusalén la cual he escogido.” (1 Reyes 11:1-13)
Entonces, producto de la desobediencia del rey Salomón se produjo la división, y tras la separación, la cosa no cambió mucho porque las tribus siguieron en desobediencia, especialmente de idolatría. Por lo tanto, Dios permitió que el Reino del Norte (Israel) cayera en manos del Imperio Asirio y fuese llevado a la cautividad (alrededor año 720 a.C.). Desde entonces se cree que esta parte de los descendientes de Jacob se mezcló con sus vecinos hasta desaparecer como «tribus israelitas», por lo que les conoce como las 10 tribus perdidas de Israel.
Menos de 150 años después (alrededor año 580 a.C.), Dios permitió que el Reino del Sur (Judá) también cayera a causa de sus pecados, esta vez en manos del Imperio Babilonio. Muchos de los judíos (incluyendo al profeta Daniel y sus tres amigos) fueron llevados cautivos a Babilonia, pero a diferencia del Reino del Norte, setenta años después fueron liberados y muchos (aunque no todos) regresaron a Judá para reconstruir Jerusalén y el templo.
Por lo tanto, son los descendientes de las tribus de Judá y Benjamín («Reino de Judá») los que en principio la Biblia identifica como «judíos», puesto que los descendientes de la 10 tribus perdidas no cabrían en esta descripción. Simplificando el tema, ¡TODOS los judíos son descendientes de Jacob (y por lo tanto «israelitas»), pero NO TODOS los israelitas son «judíos»! Sigamos.
Es interesante ver que la división entre estos pueblos era aún clara en los tiempos de Jesús, y los judíos de la época no consideraban del todo «hermanos» a los demás «israelitas». Años después, el apóstol Pablo por ejemplo, reconoce la diferencia diciendo ser tanto «judío» (de Judá, por ser parte de la tribu de Benjamín) como «israelita», confirmando la diferencia. También Santiago dirige su epístola «a las doce tribus que están en la dispersión», también haciendo énfasis que su carta no era únicamente dirigida a los «judíos», sino a TODOS los «israelitas».
“Yo mismo tengo motivos para confiar en mis propios esfuerzos. Si alguien cree que tiene motivos para confiar en esfuerzos humanos, yo tengo más: me circuncidaron al octavo día, pertenezco al pueblo de Israel y a la tribu de Benjamín, soy hebreo entre los hebreos; en cuanto al cumplimiento de la ley, fui fariseo; en cuanto al celo por cumplir la ley, fui perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, fui intachable.” (Filipenses 3:4-6, Pablo hablando)
“Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo: A las doce tribus que están en la dispersión: Saludos.” (Santiago 1:1)
Bueno, ¿y cuál es la situación actual de esta división?
El estado de Israel moderno fue creado en 1948 supuestamente como hogar de los «judíos», pero contrario a lo que algunos suponen, el hecho de que sus fundadores hayan escogido el nombre “Israel” NO SIGNIFICA que todos los descendientes del antiguo Israel vivan ahí. Inclusive la mayoría de los judíos desconocen la tribu a la que pertenecen (o no pueden probar documentalmente que son parte de la que dicen ser), puesto que todos los registros históricos se terminaron de perder en la destrucción del templo por parte de los romanos en el año 70 d.C.
Sin embargo, obviamente toda esta historia de desobediencia, destrucción y separación del pueblo de Dios tiene un final feliz, porque el plan de Dios es PERFECTO y sus promesas son eternas. Las escrituras revelan que habrá un tiempo de restauración para estos 2 pueblos, que ocurrirá tras el regreso de Cristo y el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra. Como escribió Jeremías:
“Entonces, sollozando, los pueblos de Israel y Judá se reunirán y buscarán al Señor su Dios. Preguntarán cuál es el camino a Sion y emprenderán el regreso. «Vamos», dirán, «unámonos al Señor en compromiso eterno que jamás volverá a ser quebrantado».” (Jeremías 50:4-5)
Por lo tanto, ¡Israel y Judá volverán a estar juntas! Aunque están actualmente «perdidas» y confundidas sobre su linaje, Dios sabe dónde están y quiénes son exactamente, así que Él las traerá de vuelta y finalmente estarán reunidas, según el plan divino. En Ezequiel 37, Dios revela dicho plan todavía más explícitamente a través de una visión dada a Ezequiel:
“Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo: Y tú, hijo de hombre, toma una vara y escribe en ella: «Para Judá y para los hijos de Israel, sus compañeros». Toma luego otra vara y escribe en ella: «Para José, vara de Efraín, y para toda la casa de Israel, sus compañeros». Júntalas la una con la otra en una sola vara para que sean una sola en tu mano. Y cuando los hijos de tu pueblo te hablen, diciendo: «¿No nos explicarás qué quieres decir con esto?», diles: «Así dice el Señor Dios: ‘He aquí, tomaré la vara de José, que está en la mano de Efraín, y las tribus de Israel, sus compañeros; las pondré con aquella, con la vara de Judá, y las haré una sola vara, y serán una en mi mano‘».
“Y las varas en que escribas estarán en tu mano a la vista de ellos, y diles: «Así dice el Señor Dios: ‘He aquí, tomaré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los recogeré de todas partes y los traeré a su propia tierra. Y haré de ellos una nación en la tierra, en los montes de Israel; un solo rey será rey de todos ellos; nunca más serán dos naciones, y nunca más serán divididos en dos reinos. No se contaminarán más con sus ídolos, ni con sus abominaciones, ni con ninguna de sus transgresiones; sino que los libraré de todos los lugares en que pecaron y los limpiaré. Y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.” (Ezequiel 37:15-23)
La Biblia es clara que llegará el momento en que TODOS los descendientes del antiguo Israel (todavía divididos entre «Israel» y «Judá») se arrepentirán, aceptarán a Jesús como su Mesías, serán reunidos por siempre para volver a convertirse en una sola nación, y será un pueblo tan numeroso «como la arena del mar», ¡tal y como Dios se lo prometió a Abraham!
(Basado en parte de https://vidaesperanzayverdad.org/profecia/12-tribus-de-israel/israel-y-juda/)
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