
En el «matrimonio» original entre Dios e Israel realizado en el Monte Sinaí (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-matrimonio-de-dios-y-su-relacion-con-la-ley/), se proclamó el libro del pacto (o sea las condiciones, digamos el «acuerdo prenupcial») entre los «novios», y luego se roció la sangre de los toros para “sellar el trato”, de la misma manera que hoy firmaríamos el acuerdo en el protocolo del abogado para que luego se presente ante el Registro Nacional.
¡La sangre hizo que el contrato fuera efectivo, operable y vinculante! Ahora, con el Nuevo (o más bien “renovado”) Pacto, se ofreció también sangre para “sellar el trato”, ¡al igual que el primer pacto!
“Tomó luego una copa de vino, la bendijo y también la dio a sus discípulos. ―Beban esto, porque esto es mi sangre que sella el nuevo pacto. Mi sangre se derramará para perdonar con ella los pecados de infinidad de personas.” (Mateo 26:28)
Sin embargo, ¡la naturaleza del sacrificio de sangre esta vez era de una calidad infinitamente MAYOR que la del primer pacto! Esta vez el «marido» moría para disolver el antiguo «matrimonio» según lo que especificaba la Ley (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-dilema-legal/), pero al mismo tiempo Su sangre se convertía en la sangre del Nuevo Pacto, ¡y Él también era quien ofrecía la sangre en el altar celestial!
“En otro tiempo, ustedes estaban alejados de Dios y eran sus enemigos, debido a sus malos pensamientos y acciones. Pero ahora él los ha reconciliado por medio de la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo, para presentarlos santos, sin mancha ni culpa, ante la misma presencia de Dios.” (Colosenses 1:21-22)
“Pero Cristo ya vino, y él es el sumo sacerdote de los bienes definitivos. Es sumo sacerdote en un santuario que es el mejor y es perfecto, que no está hecho por manos humanas, es decir, que no es de este mundo. Él entró una sola vez y para siempre al Lugar Santísimo. No entró con sangre de chivos y becerros, sino con su propia sangre, logrando así un rescate eterno.” (Hebreos 9:11-12)
Ahora, libre de la maldición de su «pacto matrimonial» roto, como vimos en la entrada anterior, ya Israel podía volver a casarse sin ser llamada adúltera. Sin embargo, ¿cómo podría volver a unirse a su novio si Él estaba en la tumba?
Si Jesús permanecía muerto, entonces no podría haber un nuevo matrimonio entre Él e Israel, a pesar de su nueva libertad. Por lo tanto, Jesús no sólo tuvo que morir para liberar a Israel, sino que también tuvo que resucitar de entre los muertos para que ella pudiera volver a casarse con su ex esposo, ¡quien en realidad era un Nuevo Esposo!
¡La resurrección de Jesús es la clave de todo, inclusive para Israel!
Sin la resurrección, Israel siempre habría sido libre de casarse con otro, pero NO con el mismo que se prometió a ella PARA SIEMPRE. Ahora que Cristo había resucitado de entre los muertos, el anterior «esposo» es en realidad un NUEVO «esposo». Toda la iniquidad (su adulterio) del primer matrimonio fue literalmente enterrada con Jesús (Dios en la carne), ahora Dios es (legalmente) libre de volver a «casarse» con su ex sin romper sus propias instrucciones. ¡Su nuevo matrimonio sería un NUEVO PACTO con Israel!
Por lo tanto, el Nuevo Pacto es un «acuerdo de matrimonio» renovado y lleno de gracia entre Dios y Su «esposa» divorciada que había sido dispersada a las naciones, tal como Dios había prometido que sucedería:
“Porque el Señor te esparcirá en medio de todas las naciones, de uno a otro extremo de la tierra. Allí adorarás dioses paganos que ni tú ni tus antepasados han conocido, dioses hechos de madera y de piedra. No tendrás reposo entre esas naciones, sino que el Señor pondrá cobardía en tu corazón, y quedarás en tinieblas con el cuerpo gastado por la tristeza y el temor.” (Deuteronomio 28:64-65)
Ahora bien, algo que no hemos comentado mucho es sobre el Reino de Judá (los «judíos» propiamente). Mientras que la muerte y resurrección de Jesús resolvió el «divorcio» de Dios e Israel («el Reino del Norte»), ¿qué pasa con la relación del Reino del Sur con Dios? ¿Obtiene ella también un nuevo «pacto matrimonial«?
Ciertamente pareciera que lo necesitaba, en base a cómo “profanó la tierra y cometió adulterio con piedras y árboles” (según Jeremías 3:9). De hecho, según Dios, su conducta adúltera fue PEOR que la de Israel:
“Luego, más tarde, esta infiel «regresó» a mí, pero su «arrepentimiento» era fingido, dice el Señor. En realidad la infiel Israel es menos culpable que la traidora Judá.” (Jeremías 3:10-11)
Que no quepa duda, Judá ciertamente merecía también «carta de divorcio» por su corazón adúltero y sus ojos errantes que herían profundamente a Dios (Ezequiel 6:9), pero Dios nunca se «divorció» formalmente de Judá por la promesa que le hizo al rey David:
“Siempre tendrá un heredero. Su trono será tan eterno como los días del cielo. Si sus hijos se desvían de mis leyes y no viven de acuerdo a ellas; si ellos no obedecen mis órdenes y no cumplen mis mandamientos; entonces castigaré con vara su pecado y con azotes su desobediencia. Pero nunca lo dejaré de amar ni mis promesas le faltarán.” (Salmo 89:29-33)
Sin embargo, en el final de los tiempos (“Reino Milenial”) las dos naciones hermanas se reunirán en una sola nación: una sola «esposa». ¡Dios declaró que de hecho haría un nuevo «contrato de matrimonio» con AMBAS casas!
“Llegará el día, dice el Señor, cuando celebraré un nuevo convenio con el pueblo de Israel y Judá”. (Jeremías 31:31)
“diles: «Así dice el Señor Dios: “He aquí, tomaré la vara de José, que está en la mano de Efraín, y las tribus de Israel, sus compañeros; las pondré con aquella, con la vara de Judá, y las haré una sola vara, y serán una en mi mano.” (Ezequiel 37:19)
Por lo tanto, la muerte de Jesús en la cruz también anuló el «contrato de matrimonio» de Judá con Dios y, por lo tanto, permitió que la Casa de Judá tuviera un nuevo pacto con Dios (porque su primer «matrimonio» estuvo marcado por un flagrante adulterio), a pesar de que nunca se «divorció» formalmente.
Ahora, LAS DOCE TRIBUS estarían nuevamente unidas, ¡y volverían a tener una relación «matrimonial» con Dios!
“Luego, los pueblos de Judá e Israel se unirán y tendrán un solo jefe; retornarán del exilio juntos. ¡Qué grandioso será ese día de Jezrel!” (Oseas 1:11)
“Porque Él mismo es nuestra paz, quien de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne la enemistad, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un nuevo hombre, estableciendo así la paz, y para reconciliar con Dios a los dos en un cuerpo por medio de la cruz, habiendo dado muerte en ella a la enemistad. Y vino y anunció paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca; porque por medio de Él los unos y los otros tenemos nuestra entrada al Padre en un mismo Espíritu.” (Efesios 2:14-18)
Ahora sí, Dios y el Reino Unido de Israel (todas las doce Tribus) pueden FINALMENTE consumar el «matrimonio», cuando Dios encarnado (Jesús), regrese a la Tierra en su segunda venida para reinar por mil años, ¡y habitar con su «esposa» en la Tierra Prometida completa (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/la-tierra-prometida/)!
“En aquel día ella me llamará “mi esposo” en vez de “mi señor”. Lo digo yo, el Señor. Israel, yo haré que olvides tus ídolos y que nunca más siquiera menciones sus nombres. En aquel tiempo yo haré un trato entre ti y los animales salvajes, las aves y las víboras, para que no sientan temor los unos de los otros. Y también destruiré todas las armas y todas las guerras terminarán. Entonces todos podrán vivir tranquilos. Te convertiré en mi esposa para siempre y te daré como regalos la rectitud, la justicia, el amor y la misericordia. Me comprometeré contigo en fidelidad y amor, y me conocerás verdaderamente como tu Señor.” (Oseas 2:16-20)
“¡Vengan, volvámonos al Señor! Él nos ha despedazado, pero nos sanará; nos ha herido, pero nos vendará. Después de dos días nos dará vida; al tercer día nos levantará, y así viviremos en su presencia.” (Oseas 6:1-2)
¡Amén!
(Basado en parte de https://www.douglashamp.com/gods-divorce-and-remarriage-and-the-restoration-of-israel-through-the-new-covenant/)
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