(Originalmente publicado el domingo 21 de Agosto del 2022)

Hace ya algún tiempo que descubrí el sitio Doctrine.org y la verdad es que me agrada mucho su enfoque, sobre todo porque está especialmente dirigido a estudiar el ministerio de Pablo («el apóstol a los gentiles«) en contraposición al ministerio de los doce apóstoles. Su editor es un teólogo graduado del Dallas Theological Seminary, ¡y combina muy bien el estudio profundo de las Escrituras con algunas otras curiosidades!
Entre ellas, realizó todo una conversación imaginaria entre Pablo y su amigo Estaquis de la iglesia de Roma (Romanos 16:9), y como hoy es Domingo, se me ocurrió compartirla. ¡A mí me parece interesantísima y súper amena!
Aunque claramente es ficticia y NO se puede tomar como «palabra revelada«, en términos generales es bíblicamente correcta y retrata muy bien la personalidad de Pablo. Pero lo más importante creo yo es que nos muestra a Pablo como una persona totalmente normal y no un ser «divino«, bajándolo del «pedestal» del que muchas religiones quieren subirlo.
¡Espero que la disfruten!
Recientemente nos sentamos con Estaquis para entrevistar a Pablo sobre su vida, ministerio, impacto de su enseñanza y preocupaciones por el mundo de hoy. ¡Esta es la entrevista!
- Estaquis: Mi amigo Pablo, de veras que tuviste una vida única. Cuéntanos un poco sobre tu historia.
- Pablo: Gracias mi estimado. Crecí en Tarso, en la provincia romana de Cilicia (hoy sur de Turquía), muy cerquita del Mediterráneo. Nací judío de la tribu de Benjamín (Filipenses 3:5) y me llamaron Saúl, por el primer rey de Israel, que era de mi tribu, pero además por haber nacido ahí contaba con la ciudadanía romana, beneficio que luego me salvaría la vida (Hechos 22:25-30). Ya más grande demostré que prometía académicamente y fui enviado a Jerusalén para estudiar para ser fariseo con el famoso rabino Gamaliel, nieto del gran Hillel (Hechos 22:3).
- Estaquis: ¿Cómo fue eso? ¿Eras un buen estudiante?
- Pablo: Así es, la verdad es que sobresalí en todo. Me convertí en miembro del Consejo tan pronto como fue posible y avancé en el judaísmo por encima de mis compañeros (Gálatas 1:14). Yo era (sonríe) una “estrella en ascenso”.
- Estaquis: Tengo que preguntar: ¿Estabas presente cuando Esteban fue a juicio ante el Sanedrín?
- Pablo: Sí. Ese fue un día muy particular. Esteban hizo un brillante resumen de la historia de Israel, conocía su Tanakh y uno no podía sino quedar impresionado con él. Pero lo matamos, yo mismo me quedé junto a las vestiduras de los que lo apedrearon (Hechos 7:58).
- Estaquis: ¿Cómo te sentiste al respecto?
- Pablo: Para ser sincero, en ese momento yo lo aplaudí (Hechos 8:1), pues yo era extremadamente celoso por defender la Ley.
- Estaquis: ¿Y esta acción fue legal?
- Paul: Claro que no, pero como lo narró mi gran amigo el Dr. Lucas, todos estábamos furiosos. Según la Ley la blasfemia se castigaba con la muerte, y el Consejo habría condenado a Esteban, así que en ese momento era fácil racionalizar nuestras acciones.
- Estaquis: ¿Así que estabas de acuerdo con esto?
- Pablo: ¡Definitivamente! Me había comprometido a destruir a los que seguían a Jesús de Nazaret, a todos los del “Camino” (como se les llamaba originalmente a los cristianos). Entré en sus casas, los encarcelé, los torturé y hasta los maté.
- Estaquis: ¿Limitaste tus acciones a Jerusalén?
- Pablo: Al principio sí, pero tenía un celo ardiente por nuestras tradiciones. Acudí entonces al sumo sacerdote y le pedí documentos que me autorizaran a perseguir a los seguidores del «Camino» más allá de las fronteras de Israel. Una vez que obtuve estas cartas partí hacia Damasco.
- Estaquis: ¿Cómo fue eso?
- Pablo: No como esperaba… (risas)
- Pablo: Mientras me acercaba a Damasco, era alrededor del mediodía, una luz intensa se mostró a mi alrededor, tan brillante que oscureció el sol. Caí al suelo y escuché una voz que me hablaba en hebreo y decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón». Respondí: «¿Quién eres, Señor?» La voz respondió: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate; que para esto me he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo, no sólo de las cosas que has visto, sino también de aquellas en que me apareceré a ti; rescatándote del pueblo judío y de los gentiles, a quienes te envío, para que abras sus ojos a fin de que se conviertan de las tinieblas a la luz y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban el perdón de los pecados y una herencia entre los que han sido santificados por la fe en Mí’” (Hechos 9:3-9, 22:6-11, 26:13-18).
- Estaquis: Guau. ¿Qué sigue?
- Pablo: Estaba en shock, no podría ver. ¡Estaba literalmente ciego!
- Estaquis: ¿Y qué pasó con los que estaban contigo? ¿Cómo se vieron afectados?
- Pablo: Ellos vieron la luz pero no se cegaron, oyeron el sonido de una voz pero no la entendieron. Como yo estaba ciego, me llevaron a Damasco a una casa en la Calle Derecha, propiedad de un hombre llamado Judas. Estuve ciego durante tres días, no comí ni bebí. Todo lo que podía hacer era orar y orar, y mientras estaba en oración, tuve una visión: un hombre llamado Ananías vino y puso sus manos sobre mí para devolverme la vista (Hechos 9:11-12, 22:6-11).
- Estaquis: Entonces, ¿sucedió esto?
- Pablo: Sí. Resulta que mientras yo me recuperaba, el Señor también se le apareció a Ananías. Le habló de mí, dónde estaba y que viniera a mí.
- Estaquis: ¿Él fue?
- Pablo: Sí, pero no sin quejarse, ya que conocía mi reputación de crueldad. Ananías objetó, diciendo: “Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuánto daño hizo a tus santos en Jerusalén; y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre” (Hechos 9:3-14). Pero el Señor calmó los temores de Ananías y dijo: “Ve, porque él es un instrumento escogido por Mí, para llevar Mi nombre delante de los Gentiles y de los reyes y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por causa de mi nombre”(Hechos 9:15-16). Luego de esto Ananías obedeció y fue a la casa.
- Estaquis: ¿Entonces qué pasó?
- Pablo: Me puso las manos encima y me dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo.” «¡Hermano Saúl, recupera la vista!» Cuando lo miré, me dijo: «El Dios de nuestros padres te ha puesto para conocer Su voluntad y para ver al Justo y para oír una palabra de Su boca. Porque serás para Él un testigo a todos los hombres de lo que has visto y oído. Ahora, ¿por qué te demoras? Levántate y bautízate, y lava tus pecados invocando Su nombre” (Hechos 9:17-18, 22:13-16).
- Estaquis: ¿Entonces qué pasó?
- Pablo: Fue increíble. Tan pronto como habló, recuperé la vista y luego fui bautizado. Después de esto, comí y comencé a recuperar mis fuerzas. Mientras me recuperaba, visité a otros creyentes y les conté lo que había sucedido. Cuando estaba lo suficientemente fuerte, fui a la sinagoga y proclamé que Cristo era el Hijo de Dios (Hechos 9:20).
- Estaquis: ¡Eso debe haber sido un shock!
- Pablo: Bastante! Los que me escuchaban no podían creer que estaban escuchando a Saulo de Tarso. Dijeron: ¿No es éste el que destruyó en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y que había venido aquí para traerlos atados ante los principales sacerdotes? Los judíos me confrontaron, eran lo que yo había sido apenas unos días antes. Cuando les mostré con las Escrituras que Jesús era el Cristo, se confundieron mucho (Hechos 9:20-22).
- Estaquis: El Señor tiene bastante sentido de la ironía. Después de que esto sucedió, ¿fuiste a Jerusalén y consultaste con los Doce?
- Pablo: Bueno, es lógico pensar que esto habría sido lo primero que hice, pero Dios tenía otros planes para mí. Me envió a Arabia, al desierto del Sinaí, donde Moisés recibió la Ley (Gálatas 1:16-17, 4:25). El Señor resucitado me aisló de los Doce, Él tenía un propósito totalmente diferente para mí. Comenzó a revelar lo que significaba ser “el apóstol de los gentiles” (Romanos 11:13), y después de recibir Su instrucción, dejé Arabia y regresé a Damasco.
- Estaquis: ¿Qué hiciste allí?
- Pablo: Continué enseñando en las sinagogas. Los judíos no pudieron refutar mis argumentos, así que planearon matarme, me había convertido en Esteban! Afortunadamente, me enteré de este complot y escapé de noche con la ayuda de los discípulos, me tuvieron que bajar por la muralla de la ciudad en una gran canasta.
- Estaquis: ¡Qué emocionante!
- Pablo: Bueno, aún más estaba por venir…
- Estaquis: ¿Qué sigue?
- Pablo: Fui a Jerusalén. Deseaba tener comunión con los creyentes allí, pero me tenían miedo y dudaban de que fuera creyente. Bernabé, sin embargo, me creyó y me llevó a los que habían creído en Cristo y contó cómo había visto al Señor en el camino, que me había hablado, y cómo en Damasco yo había hablado con valentía en su nombre (Hechos 9:26-27).
- Estaquis: ¿Te reuniste con los Doce?
- Pablo: Solo Pedro. También conocí a Santiago, el medio hermano del Señor, conocido como “Santiago el Justo”. Estuve con Pedro quince días (Gálatas 1:18).
- Estaquis: ¿Qué hiciste mientras estabas en Jerusalén?
- Pablo: Proclamar a Jesús como el Mesías, pero unos judíos helenistas (griegos) se me opusieron y trataron de matarme (Hechos 9:29). Un día, mientras oraba en el Templo, caí en trance y vi al Señor que me decía: «Date prisa y sal pronto de Jerusalén porque no aceptarán tu testimonio acerca de Mí». Yo proteste diciendo «Señor, sabes que en una sinagoga tras otra solía encarcelar y golpear a los que creían en Ti. Cuando se derramaba la sangre de Esteban, tu testigo, yo también estaba presente aprobándolo y mirando por las túnicas de los que lo estaban matando. Pero el Señor dijo: ¡Ve! porque os enviaré lejos a los gentiles” (Hechos 22:17-21). Me tomó mucho tiempo aprender la verdad de Sus palabras, amaba a mi gente. Pensé, si yo, Saulo de Tarso, podía ser cambiado, ellos podrían. ¡Seguro que me escucharán! decía yo, pero no iba a ser así.
- Estaquis: Entonces, ¿cuánto tiempo te tomó aprender esta verdad?
- Pablo: Me tomó mucho tiempo, no lo aprecié completamente hasta que el Señor me encarceló en Roma (Efesios 3:1, 4:1). Lucas registró nuestros viajes misioneros en Hechos y mi prioridad de ir primero a los judíos con el evangelio. Cuando lo rechazaran, me volvería a los gentiles (Hechos 13:13-47, 18:5-6, 28:17-29). Resistí las advertencias de Dios sobre ir a Jerusalén (Hechos 20:22-23, 21:4, 7-14) y me metí en problemas, tal como el Espíritu Santo me había advertido. Para salvarme de ser asesinado por los judíos, tuve que usar mi ciudadanía romana y apelar mi caso directamente al César (Hechos 22:22-29, 25:11). El comandante romano me trasladó de Jerusalén a Cesarea para frustrar otro complot de los judíos para matarme. Estuve encarcelado allí durante dos años y durante ese tiempo conocí a los gobernadores Félix, Festo y el rey Agripa. Finalmente, me enviaron a Roma para mi apelación al Emperador. Durante la travesía se levantó una terrible tormenta, naufragó nuestro barco, pero el Señor estaba con nosotros y no perdimos vidas. Cuando llegué a Roma, inmediatamente me encontré con los judíos, mi último encuentro con ellos. Quedó claro, tal como dijo el Señor, que no escucharían (Hechos 28:17-29). Esto fue alrededor del año 61 d.C., y durante los siguientes dos años estuve bajo arresto domiciliario (en una casa alquilada) como prisionero de Roma. Durante este tiempo, hablé con muchos de los guardias de César y varios llegaron a conocer al Señor (Filipenses 4.22). A veces se preguntaban quién era el prisionero! (risas)
- Estaquis: ¿Podemos hablar de tus enseñanzas?
- Pablo: Por supuesto. El Señor me reveló doctrinas, a las que llamé “misterios» (secretos). Los designé así porque eso es lo que eran, el Señor no se los había revelado a los profetas de Israel, ni siquiera a los Doce. Él también los había mantenido escondidos durante Su ministerio terrenal, eran revelaciones que el Señor resucitado me reveló exclusivamente a mí!
- Estaquis: ¿Cuáles eran estos secretos?
- Pablo: Uno era el “Evangelio de la Gracia” de Dios, que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos (Hechos 20:24; Gálatas 1:11-12). Otro era la salvación por la fe solamente, creyendo en las Buenas Nuevas de que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos para nuestra justificación (1 Corintios 15:1-4).
- Estaquis: ¿Pedro y los Once no conocían este evangelio y la salvación solo por la fe?
- Pablo: ¡No! Pedro y los demás predicaban el “Evangelio del Reino” que había comenzado con Juan el Bautista. Ese Evangelio se centró en la identidad de Cristo, quién era Él, el Mesías, el Hijo de Dios, buscaban el establecimiento del Reino de Dios en la tierra con Cristo gobernando como Rey (Mateo 6:10), pero yo recibí mi evangelio directamente del Señor resucitado (Gálatas 1:11-12), y más bien se enfocó en Su obra: que Él murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos. La parte de fe del Evangelio del Reino era creer que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios (Mateo 16:16; Juan 11:27; Hechos 8:37). Pero además, ese Evangelio también requería arrepentimiento, guardar la Ley y el bautismo en agua para la salvación (Marcos 1:4, 16:16; Lucas 10:25-28; Hechos 2:38; Hechos 15:1-5). Por el contrario, «mi» evangelio (Romanos 2:16, 16:25; Gálatas 2:2, 7; 2 Corintios 4:3; 2 Tesalonicenses 2:14; 2 Timoteo 2:8) requiere solo una cosa: confianza en la muerte y resurrección de Cristo. Cuando Pedro predicó la muerte del Señor, no lo predicó como una buena noticia sino como un crimen judío (Hechos 2:22-24, 3:13-15), exigió que la nación se arrepintiera (Hechos 2:36-38). Para Pedro, el significado de la resurrección del Señor era que Él podía regresar y establecer Su Reino en la tierra, si el pueblo judío se arrepentía (Hechos 3:19-20, 25-26). Por el contrario, el Evangelio que el Señor me dio a mí proclama Su muerte y resurrección como buenas nuevas (1 Corintios 15:1-4). Mi evangelio es un evangelio de Gracia y Fe solamente (Romanos 1:16-17, 3:22, 26, 28, 4:5; Efesios 2:8-9; 1 Corintios 15:1-4). Los Doce no tenían idea de que la muerte y resurrección de Cristo habían pagado por los pecados del mundo y que Dios había reconciliado al mundo consigo mismo (2 Corintios 5:14-21), esta verdad permaneció escondida hasta que el Señor glorificado me la reveló! Lo cierto es que los Doce aprendieron esta verdad de mí (2 Pedro 3:15-16).
- Estaquis: Guau. Eso no es lo que le han enseñado a la mayoría de las personas.
- Pablo: Bueno, eso no es mi culpa (dice riéndose). Escribí estas cosas en mis cartas, ahí están para cualquiera que las quiera leer. En mi primera carta a Timoteo, escribí que yo era el primero, el prototipo o modelo de Dios, para aquellos que seguirían en esta nueva salvación (1 Timoteo 1:15-16). A los corintios, en 1 Corintios 3:10-11, expresé esta verdad con una ilustración de la arquitectura. Les escribí, “como perito arquitecto puse los cimientos”, y que el fundamento es Cristo mismo, específicamente Su obra en la cruz y la resurrección. La Iglesia, el cuerpo de Cristo, es la creación que vino a existir sobre la base de Su muerte y resurrección. El Señor también me reveló muchas otras verdades que había mantenido ocultas.
- Estaquis: ¿Cuáles son estas?
- Pablo: Bueno, para continuar, una era la Iglesia, el «Cuerpo de Cristo», en el cual los que creen en mi evangelio se convierten en miembros de “Su Cuerpo”, ya no existe diferencia entre judíos y gentiles en esta relación (Gálatas 3:27-28). Esto era desconocido para los Doce.
- Estaquis: ¿Pedro no sabía de la «iglesia»? Algunos enseñan que la Iglesia salió de Pedro!
- Pablo: Bueno, nadie pensaba eso en mi época, especialmente Pedro, él no sabía nada de la Iglesia, Pedro y el resto de los Doce nunca tuvieron un ministerio a los gentiles. De hecho Pedro, Santiago, Juan y Judas escribieron a judíos y nunca mencionaron a la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, en sus cartas. Pedro salió de Jerusalén para visitar a Cornelio solo a través de la comunicación directa y la insistencia del Señor. Y después de su regreso, los judíos creyentes en Jerusalén le reprocharon por haber ido (Hechos 10:11). En cambio Dios me designó a mí como apóstol de los gentiles (Romanos 11:13) y designó a los Doce como apóstoles de Israel (Mateo 19:28; Gálatas 2:7-9). Cristo resucitado me lo reveló a mí, no a Pedro ni a los demás apóstoles les mencionó el secreto de la Iglesia, el «Cuerpo de Cristo» (Efesios 3:2-7; 1,22-23; Colosenses 1:19; 1 Corintios 12:12-27; Gálatas 3:28).
- Estaquis: ¿Entonces la Iglesia no comenzó en Pentecostés?
- Pablo: Léete el relato de Lucas. ¿Cuál es la definición de la Iglesia, el «Cuerpo de Cristo»? Es ese el cuerpo en que judíos y gentiles son iguales en Cristo. ¿A quién se dirigió Pedro en Pentecostés? ¿A los judíos o a los gentiles? Se dirigió a los judíos. Pentecostés (o la Fiesta de las Semanas) era una fiesta judía que se celebraba 50 días después de la Pascua, Pedro llamó a la nación judía a arrepentirse del asesinato del Mesías (Hechos 2:5, 14:22, 36-39). Si este fue el nacimiento de la Iglesia, ¿por qué Pedro no se dirigió a los gentiles? Encontramos lo mismo en el segundo sermón de Pedro, en Hechos 3. Se dirigió solo a los judíos! (Hechos 3:12, 25). A lo largo de sus mensajes, citó a los profetas, pero los profetas judíos no significaban nada para los gentiles. Si la Iglesia comenzó a existir en Pentecostés, ¿por qué no ocurrió el evangelismo de los gentiles? Léete las Escrituras, Pedro y los Doce nunca tuvieron un ministerio a los gentiles.
- Estaquis: Pocos parecen saber esto. ¿Qué otra cosa?
- Pablo: El Señor me reveló que cuando uno cree en mi evangelio se identifica en la muerte de Cristo y en Su resurrección (Romanos 6:3-5, 8). Esta identificación es la base de nuestra esperanza de resurrección y la clave de la victoria en la vida cristiana(Romanos 6:6-7). Pedro y los otros apóstoles no sabían nada de esta verdad de identificación, de los creyentes siendo bautizados e identificados en Su muerte y resurrección.
- Estaquis: ¿Alguna otra verdad?
- Pablo: Varias más. El Señor reveló que el que cree en mi evangelio está bajo nueva administración: Gracia, no Ley! (Romanos 6:14). Dios dio la Ley Mosaica a Israel, no a los gentiles. El propósito principal de la Ley era condenar y revelar el pecado, no tenía poder para hacer uno mejor. Pedro y los Once continuaron practicando el judaísmo bajo la Ley de Moisés, ellos no sabían nada de una nueva administración de la Gracia que reemplazó a la Ley Mosaica. Pedro finalmente entendió en el Concilio de Jerusalén que a través de mi evangelio uno se salva confiando solo en la muerte y resurrección de Cristo, independiente de las obras de la Ley. Una vez que vio esto, se puso de mi lado (Hechos 15:7-11).
- Estaquis: ¿La Ley era mala entonces?
- Pablo: ¡Cielos, no! La Ley era santa, justa y buena (Romanos 7:12), el problema no era de la Ley sino de nosotros. Esta es otra verdad que el Señor me reveló solo a mí. La naturaleza que heredamos de Adán no puede guardar la Ley, aprendí esta verdad a través de una dura experiencia y escribí sobre ella en Romanos 7. Cuando la Ley se encuentra con nuestra naturaleza adámica caída, excita el pecado. Lo hace porque nuestra naturaleza caída, a la que también llamé «carne», está en rebelión contra Dios (Romanos 7:8, 11, 21, 23, 25). Para contrarrestar esto y conformarnos a la imagen de Cristo, Dios nos ha dado una nueva naturaleza (Romanos 7:22; 2 Corintios 5:17) y nos ha puesto bajo la administración de la gracia (Romanos 6:14). Mediante este arreglo, podemos obedecer a Cristo más hábilmente, esta nueva relación opera a través de la fe, la esperanza y el amor. El amor de Cristo nos constriñe (2 Corintios 5:14) y por medio de la obra supervisora del Espíritu Santo, Dios nos transforma y nos santifica para Él (Romanos 8:29), de una manera que la Ley nunca podría hacerlo (Gálatas 5:16-26). Debemos “considerarnos” muertos al pecado pero vivos para Dios (Romanos 6:11). Este es un acto de fe y la clave para la santificación y para vivir la vida cristiana.
- Estaquis: ¿Qué pasa con la nación de Israel? ¿Cuál es su futuro? ¿Tienen futuro?
- Pablo: ¡Claro! Los pactos y propósitos de Dios para Israel se cumplirán. Cuando Dios establece un plan y hace una promesa, la cumple (Romanos 11:29). En la actualidad, el Israel nacional está ciego. Dios me reveló este secreto y lo escribí en Romanos 9-11. Cuando Dios llamó a Abraham, comenzó un nuevo programa, Él sentó las bases para la creación del pueblo judío, Él se reveló a ellos y les dio promesas del pacto. Dios prometió que se convertirían en un reino de sacerdotes y una nación santa (Éxodo 19:6; Isaías 61:4-6). Él prometió que se convertiría en la nación preeminente sobre la tierra y que Él mismo reinaría como su Rey y gobernaría la tierra (Deuteronomio 28:1, 13; Zacarías 14:9), pero en la actualidad, están ciegos (Romanos 11.7-8). Dios los quitó (en realidad ellos se quitaron a sí mismos al rechazarlo) del lugar de bendición y colocó a los gentiles en esa posición. Pero Dios los restablecerá en el lugar de bendición (Romanos 11:11-12, 25-27). Un día reconocerán a Jesús de Nazaret como su Mesías, se arrepentirán y serán salvos (Mateo 23:37-39; Zacarías 12:10-14, 13:6; Romanos 11:26). Las profecías y todas las promesas de Dios a Israel se cumplirán, pero esto no puede ocurrir hasta que el Señor quite la Iglesia, el «Cuerpo de Cristo» (Romanos 11:25-26). ¡Por lo tanto, el futuro de Israel es brillante!
- Estaquis: ¿Qué quieres decir con «quitar la Iglesia»?
- Pablo: Podemos cerrar con este secreto, la gran esperanza del creyente (Tito 2:13), el regreso del Señor y la resurrección de nuestros cuerpos. La gente se confunde sobre el tema del regreso del Señor, pero El Señor me reveló Su regreso por Su Iglesia, el «Cuerpo de Cristo». Este regreso es un evento secreto y completamente diferente de Su regreso que los profetas enseñaron y que Él enseñó en Su ministerio terrenal. Tal regreso ocurrirá al final de la Tribulación, para liberar a Israel y las naciones, pero el regreso que el Señor me reveló viene antes de la Tribulación. El Señor librará a la Iglesia de Su «ira» (1 Tesalonicenses 1:10, 5:9). Este regreso es secreto (1 Corintios 15:51), el «Rapto» y la «Segunda Venida» son eventos separados y no pueden unificarse. La palabra traducida “Rapto” proviene de la palabra griega «harpazo» que fue la que usé cuando enseñé a los tesalonicenses esta maravillosa verdad (1 Tesalonicenses 4:13-18). Significa «arrebatar» o «apoderarse de algo propio», lo que describe lo que el Señor hará por los creyentes: Él los arrebatará de la tumba y de sus cuerpos mortales y los transformará para que tengan cuerpos de resurrección. En mi carta de seguimiento (2 Tesalonicenses), escribí para corregir la falsa enseñanza de que la persecución que estaban experimentando era la Tribulación (el Día del Señor), cuando usé la palabra «apostasía» para “Rapto”.
- Estaquis: ¿Puedes decir un poco más por qué usaste estas palabras? ¿»Rapto» y «apostasía» de qué?
- Pablo: La teología judía tiene dos grandes temas: uno es el «Reino de Dios» en la tierra, en el cual Cristo gobernará e Israel será supremo entre las naciones, y el otro es el «Día del Señor». El Día del Señor abarca un largo período, comienza con la Tribulación de siete años y continúa con la creación de Dios de los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra. Pero la mayor parte de su enfoque está en la Tribulación, cuando Dios ejercerá Su ira sobre la tierra. David fue el primero en escribir sobre esto en el Salmo 2, que es un curso corto y un resumen de la teología judía, sin cargo adicional por eso (más risas). Pero antes de que Dios derrame Su ira sobre la tierra, quitará «Su» cuerpo, la Iglesia, y ningún creyente de mi evangelio experimentará los juicios en esos terribles siete años. Enseñé a los tesalonicenses esta reconfortante verdad (1 Tesalonicenses 1:10, 5:9) y usé «harpazo» para describir cómo el Señor “arrebatará” a los creyentes para encontrarse con Él en el aire antes de que comience a afligir la tierra. Esta sorprendente verdad significa que una generación de creyentes no experimentará la muerte física, yo mismo tenía la esperanza de experimentar esto, pero no tenía idea de que el Señor extendería Su programa de la Iglesia por tanto tiempo. Usé «apostasía» para corregir la falsa enseñanza que habían recibido los tesalonicenses de que ya estaban experimentando la Tribulación. Sin embargo, los creyentes partirán antes de que se manifieste el Anticristo, la Bestia (2 Tesalonicenses 2:1-3), no experimentarán ninguno de los eventos de los siete años de la ira de Dios.
- Estaquis: ¿Por qué tan pocos saben estas cosas? ¿Por qué hay tanta confusión?
- Pablo: Varias razones explican la confusión. La razón principal es la falta de conocimiento de las grandes diferencias en mi ministerio y el ministerio de Pedro y los Once, o dicho de otra manera, el programa de Dios para Israel. Cuando uno lee mis doctrinas y los secretos que el Señor me reveló—el programa de Dios para la Iglesia, el cuerpo de Cristo—en Su programa de pacto para Israel, el resultado es confusión. Los dos programas son completamente diferentes y no se pueden mezclar. Si se hace, se produce confusión. Traté esto con respecto al evangelio en el Concilio de Jerusalén en el año 51 d.C. Afortunadamente, Dios había preparado a Pedro para esa batalla mucho antes, cuando le ordenó que fuera a la casa de Cornelio. Debido a que Dios le dio esa experiencia, pudo comprender lo que estaba diciendo y venir en mi ayuda. Más allá de la justificación, sobre el tema de la santificación del creyente, escribí todo el libro de Gálatas. A los gálatas, influenciados por los judaizantes, se les enseñaba que los creyentes de mi evangelio tenían que obedecer la Ley Mosaica, estaban abandonando mis enseñanzas de gracia y colocándose bajo la Ley. Pensaron que podían ser conformados a la imagen de Cristo a través de la Ley. Peleé esa batalla pero perdí, de hecho perdí toda la provincia de Asia! Había pasado tanto tiempo allí, en Galacia, Éfeso, Colosas, Iconio, Derbe, Listra, Antioquía de Pisidia, pero los perdí.
- Estaquis: ¿Los perdiste?
- Pablo: Sí. Fue un trago amargo y desgarrador ver a estos creyentes abandonar su libertad en Cristo y las verdades de la gracia por el yugo de la Ley. Escribí a Timoteo sobre esta gran tragedia (2 Timoteo 1:15, 4:14-16). El sincretismo en la cristiandad hoy: la mezcla de la Ley y la Gracia, la combinación del programa de Dios para la Iglesia y Su programa para Israel, la falta de distinción entre el «Rapto» y la «Segunda Venida», sin entender la salvación por la fe sola de la salvación por la fe y las obras, pensando que Dios ha reemplazado a Israel con la Iglesia, creyendo que Pedro y yo predicamos el mismo evangelio, la enseñanza de que Pedro y los Once ministraron a los gentiles, etc. Podría continuar, todos estos tienen sus raíces en la batalla que peleé en mi vida. La confusión resulta de no entender las Escrituras ni de entender mis cartas, de ver que Dios me salvó y me comisionó como EL apóstol de los gentiles y que conmigo comenzó un programa completamente nuevo: la Iglesia, el «Cuerpo de Cristo».
- Estaquis: Gracias, esto es aleccionador. También es un estímulo para concentrarse en tus cartas y estudiar las verdades que el Señor te reveló. Finalmente, ¿cuáles son tus pensamientos sobre el día de hoy, qué es lo que más te preocupa?
- Pablo: Yo soy el epítome del amor y la gracia de Dios. Yo estaba tan equivocado, pensé que estaba haciendo la voluntad de Dios, pero me había convertido en un monstruo religioso. Pero Dios me amaba, me eligió y me comisionó para revelar Su gracia y las revelaciones que Él había mantenido en secreto, a todos: judíos y gentiles. Dios me escogió para ser para la Iglesia lo que Abraham y Moisés fueron para Israel. Mi mayor preocupación es por los que están sin Cristo, sin esperanza y sin vida eterna. Dios desea que todos se salven y lleguen a la verdad (1 Timoteo 2:4). Cristo ha hecho todo el trabajo y ha hecho que la salvación sea tan simple, uno solo necesita confiar en Su obra, en Su muerte y resurrección (1 Corintios 15:1-4). Ahora, vivir la vida cristiana no es fácil, pero Dios ha provisto libertad en Cristo. Pedro señaló en el Concilio de Jerusalén que la Ley era una carga, un yugo (Hechos 15:10), y lo era. Lo sé, yo era un fariseo. Pero los que creen en mi evangelio están bajo la gracia, son libres! Dios nos ha dado el Espíritu Santo que mora en nosotros para guiarnos. Así como llegamos a la vida por la fe, debemos vivir por la fe. Dios es vida, cuanto más confiamos en Él, más vivos nos volvemos. ¡Él es nuestra bendita esperanza y pronto regresará!
Esta entrevista ficticia sirve como vehículo para presentar la vida y las doctrinas del apóstol Pablo. El relato de Lucas en Hechos es claramente judío y difiere en énfasis de las cartas de Pablo. La audiencia prevista de Lucas eran los judíos y su propósito era explicar la caída de Israel del favor de Dios y por qué no llegó el reino de Dios. Las cartas de Pablo se dirigían principalmente a los gentiles, en ellas encontramos la doctrina de la Iglesia, doctrinas que el Señor resucitado dio para la Iglesia, el «Cuerpo de Cristo».
(Relato ficticio escrito por Don Samdahl. Tomado de https://doctrine.org/a-conversation-with-paul)
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