(Originalmente publicado el domingo 28 de Agosto del 2022)

Hace una semana publiqué EN EXCLUSIVA (jajaja) una interesantísima «entrevista» al apóstol Pablo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/22/entrevista-al-apostol-pablo/), un polémico personaje desde hace casi 2000 años, un gran hombre de Dios con un testimonio impresionante, pero con un ministerio un poco particular que lo ha tenido enfrentado desde entonces con sus hermanos de la iglesia primitiva.
«SU» Evangelio (como él lo llamaba) de alguna manera chocaba fuertemente con el Evangelio que predicaron no sólo los apóstoles sino Cristo mismo, pero eso era porque tenía un propósito diferente (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/el-evangelio-del-reino-vs-el-evangelio-de-la-gracia/), para un grupo con un destino diferente al de los judíos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/20/y-donde-queda-el-reino-de-los-cielos/).
Tristemente casi nadie leyó la entrevista de Pablo, pero como hoy es domingo se viene la contraparte, el segundo «round» para ver si tal vez esta vez alguien le pone cuidado, jajaja. Ahora le toca el turno al pobre de Pedro dar SU versión de los hechos, creo que es lo más justo.
Esta vez la entrevista la va a realizar Silvano, amigo común de Pedro y Pablo, así que va a estar interesante. Debo recordar nuevamente que se trata de conversaciones totalmente ficticias y que NO se pueden tomar como «palabra revelada«, pero que en términos generales son bíblicamente correctas (citas adjuntas) y retratan muy bien la personalidad de los personajes revelada en el Nuevo Testamento.
Si no lo han hecho les recomiendo leer también la de Pablo, es muy entretenido verlos bajo una perspectiva normal y no como seres de otra dimensión. ¡Espero que la disfruten y feliz domingo para todos!
- Silvano: Hola Pedro, cuéntanos de ti y cómo comenzó tu ministerio.
- Pedro: Bueno, mi hermano Andrés y yo crecimos como pescadores en Betsaida, en la orilla norte del Mar de Galilea. Un día, Jesús (que no sabíamos todavía que Él era el Mesías), estaba caminando por la orilla del mar y nos vio. Él simplemente dijo: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. Obedecíamos; tiramos nuestras redes y lo seguimos (Mateo 4:18-20).
- Silvano: ¿Por qué?
- Pedro: (sonriendo) Es difícil de explicar. Hablaba con autoridad, como si estuviera acostumbrado a ser obedecido, nosotros fuimos sus primeros discípulos. Mientras caminábamos por la costa con Él, nos encontramos con Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, los cuales conocíamos bien porque también eran pescadores. Estaban con su padre en un bote un poco mar adentro, reparando sus redes. El Señor los llamó y ellos también se unieron a nosotros. Habíamos escuchado que Juan el Bautista estaba predicando que el «Reino de Dios» estaba cerca y que Jesús de Nazaret había retomado el mismo mensaje (Mateo 3:1-2, 4:17). Esto fue emocionante, porque anhelábamos que nuestra nación tuviera su independencia y esperábamos restaurar las glorias de David y Salomón. ¿Sería posible que después de todos estos siglos Dios finalmente estaba a punto de cumplir Sus promesas? Mientras acompañábamos al Señor por toda Galilea, escuchábamos sus enseñanzas en las sinagogas y éramos testigos de cómo sanaba a los enfermos, así que parecía que realmente podría suceder.
- Silvano: Suena emocionante!
- Pedro: Lo fue! Israel no había visto un profeta desde Malaquías hacía 400 años, así que judíos de todo Israel: Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y más allá del río Jordán comenzaron a seguirnos. Teníamos multitudes tremendas (Mateo 4:23-25) y creíamos que Dios finalmente iba a establecer Su Reino en la tierra y nos libraría de los romanos.
- Silvano: ¿Podrías hablarnos de este reino?
- Pedro: Con gusto. El reino terrenal de Dios es uno de los dos grandes temas de la teología judía. Él había prometido que mi pueblo se convertiría en un reino de sacerdotes, una nación santa (Éxodo 19:4-6) y preeminente entre las naciones del mundo (Deuteronomio 28:1, 13), pero este destino requería obediencia, razón por la cual Juan, y más tarde Jesús, predicaron el arrepentimiento. Teníamos que arrepentirnos antes de que Dios pudiera darnos nuestro reino. A lo largo de los profetas, leemos acerca de la gloria de este reino, donde la guerra no será más y los animales vivirán en paz sin atacarse unos a otros. La larga vida será restaurada e Israel se convertirá en un canal de bendición para los gentiles. Lo mejor de todo es que el Señor mismo gobernará como Rey de Israel y del mundo entero (Isaías 2:2-4, 11.6-9; Zacarías 8:20-23, 14:9; Isaías 11:1-5). En dos platos, toda la tierra volverá a ser como el jardín del Edén del Génesis.
- Silvano: Este reino suena maravilloso.
- Pedro: Sí. Todo judío que amaba a Dios lo anhelaba, pero debido a nuestra desobediencia, idolatría, infidelidad, incumplimiento de los mandamientos, etc., Dios nos disciplinó y nos sometió a los poderes gentiles: asirios, babilonios, medopersas, griegos y, finalmente, los romanos, por lo cual anhelábamos nuestro propio país y la libertad. Además, los Once y yo estábamos ansiosos por ocupar los puestos que el Señor nos había prometido, estábamos emocionados ante la perspectiva de sentarnos en tronos y gobernar las doce tribus (Mateo 19:28). Uno no olvida una promesa como esa, fue por eso que todavía antes de ascender a los cielos le preguntamos al Señor si ahora establecería Su reino. Se demoró en su respuesta (Hechos 1:6-8) pero nuestros corazones estaban llenos de pensamientos y la esperanza de que el reino se establecería pronto. Para que llegara, sabíamos que necesitábamos doce apóstoles, alguien que reemplazara a Judas, por eso nuestra primera orden del día después de que Él ascendió fue elegir un nuevo apóstol.
- Silvano: Algunos han dicho que fuiste precipitado al elegir a Matías, deberías haber esperado a Pablo. ¿Qué dices a esto?
- Pedro: (riendo) Bueno, habríamos estado esperando mucho tiempo a que Pablo viniera, ya que él no fue salvo hasta varios años después. Además, Pablo no cumplía con los criterios de selección, un candidato viable tenía que ser alguien que hubiera estado con el Señor desde el momento del bautismo de Juan hasta Su resurrección, y que hubiera sido testigo de Su resurrección (Hechos 1:21-22). Aquellos que han enseñado que Pablo debió haber ocupado el lugar de Judas han entendido mal el programa del reino, nosotros éramos apóstoles de Israel, por el contrario el Señor comisionó a Pablo como «apóstol de los gentiles» (Romanos 11:13), por lo que su ministerio fue para los gentiles. El nuestro era para Israel, Pablo no habría encajado, Dios lo comisionó para fundar y dirigir un programa completamente nuevo: la Iglesia, el «cuerpo de Cristo». Teníamos comisiones separadas por el Señor.
- Silvano: ¿Entonces no ministraste a los gentiles?
- Pedro: No. Ninguno de los doce tuvo jamás un ministerio a los gentiles. ¿Por qué pensarías que lo hicimos?
- Silvano: Bueno, ¿no dijo el Señor en la gran comisión: “Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo lo que os he mandado ; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). ¿No ibas a ir a los gentiles?
- Pedro: Eventualmente, sí. Pero, ¿cómo podríamos ir a los gentiles antes de que nuestra nación se arrepienta? El Señor nos ordenó comenzar en Jerusalén y extendernos desde allí (Lucas 24:47; Hechos 1:8). Según el programa profético, la mayoría de las bendiciones de los gentiles vendrían a través de los judíos después de que se estableciera el reino. El Pacto Abrahámico estableció que la bendición de los gentiles vendría a través de Israel, Dios no había revelado ningún plan para bendecir a los gentiles (Génesis 12:1-3) aparte de Israel. Por lo tanto, nuestra prioridad era evangelizar a los judíos comenzando en Jerusalén. De hecho en el día de Pentecostés, me dirigí a los judíos, nunca pasó por mi mente la idea de dirigirme a los gentiles. De haberlo hecho, habría entrado en conflicto con todo lo que Dios había revelado a través de los profetas, así como con lo que el Señor había enseñado en Su ministerio terrenal. No, no pensábamos en evangelizar a los gentiles, en mi segundo sermón (Hechos 3:11-13, 17, 25) también me dirigí únicamente a los judíos. Para nosotros, el significado de la resurrección del Señor fue que Él estaba vivo y podía regresar para establecer Su reino (Hechos 3:19-21), esa fue la importancia de Su resurrección para nosotros.
- Silvano: ¿Pero Israel tenía que arrepentirse?
- Pedro: Sí, esa era la condición. Tenemos el registro que hizo el Dr. Lucas de mis palabras en Pentecostés: “Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que Dios lo ha hecho Señor y Cristo, a este Jesús a quien vosotros crucificasteis”. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: Hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:36-38).
- Silvano: Eso parece bastante claro. Entonces, ¿el bautismo en agua era necesario para la salvación de Israel?
- Pedro: Claro. Lo había sido desde el ministerio de Juan (Marcos 1:4, 16:16).
- Silvano: ¿Qué pasa con la fe?
- Pedro: La fe siempre ha sido necesaria para la salvación, pero el contenido de la fe ha cambiado con el tiempo en los programas de Dios. Por ejemplo, Abraham creyó que Dios haría de él una gran nación (Génesis 15:5-6) y él creyó lo que Dios le dijo, así fue como se salvó. La fe es creer lo que Dios ha revelado en un momento determinado, a nosotros Dios nos reveló que Jesús de Nazaret era el Mesías, el Hijo de Dios. Eso fue lo que creímos para la salvación (Mateo 16:16; Juan 1:47-51, 11:25-27) y eso fue lo que predicamos, ese fue nuestro evangelio. El enfoque de nuestro evangelio estaba en el nombre de Jesús, en Su identidad, creyendo quién era Él.
- Silvano: ¿Qué hay de Su muerte y resurrección para el perdón de los pecados?
- Pedro: Nosotros no sabíamos nada de eso. Aprendimos que Él murió por nuestros pecados y resucitó en victoria para nuestra salvación más tarde.
- Silvano: ¿De verdad? ¿Y cómo aprendiste esto?
- Peter: Por medio de Pablo, por supuesto. No sabíamos nada acerca de la muerte y resurrección del Señor pagando por los pecados de los judíos, mucho menos por los pecados de los gentiles. Ese conocimiento vino a través de las revelaciones del Señor a Pablo.
- Silvano: Bueno, existe mucha confusión sobre esto. La mayoría enseña que tú y Pablo proclamaron el mismo mensaje, predicaron el mismo evangelio.
- Peter: ¿Cómo podría alguien tener esa idea tan disparatada? Nada en las Escrituras apoya eso!
- Silvano: Entonces déjame entender esto. Tú y los Once predicaron que Jesús era el Mesías. Para la salvación personal, uno tenía que arrepentirse, bautizarse y creer que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios. Tu esperanza era que el Señor estableciera Su reino, y para que esto sucediera, la nación judía tenía que arrepentirse. Si lo hubiera hecho, Jesús habría regresado para establecer Su reino.
- Pedro: Exacto, esa es toda la teología dada para los judíos. Lo único que te faltó mencionar era que todavía estábamos bajo la Ley, teníamos que guardar la Ley para la salvación.
- Silvano: Bueno, ahora sí me confundiste. Pensé que la salvación era solo por la fe!
- Pedro: ¿Dónde aprendiste eso?
- Silvano: De Pablo.
- Pedro: (sonriendo) ¡Exactamente! de Pablo! Eso sí que nos dio problemas.
- Silvano: ¿a qué te refieres?
- Pedro: ¿Recuerdas el Concilio de Jerusalén?
- Silvano: Sí, Lucas lo registró en Hechos 15 y Pablo lo escribió en Gálatas 2.
- Pedro: Eso mismo. Como mencioné anteriormente, vivíamos bajo la Ley Mosaica, habíamos vivido así durante 1500 años y nadie nos había dicho que no viviéramos bajo la Ley. Entendimos que guardar la Ley era necesario para la salvación (Marcos 10:17-22; Lucas 10:25-28), pero escuchamos que Pablo estaba enseñando a los santos bajo su evangelio (en su mayoría gentiles) que no estaban bajo la Ley Mosaica y que no era necesaria para la salvación. Eso nos molestó mucho, especialmente a los creyentes fariseos. Como resultado, los representantes fueron a los conversos de Pablo para decirles que tenían que circuncidarse y guardar la Ley para ser salvos (Hechos 15:1, 5). Naturalmente, esto molestó a Pablo, él les había enseñado que eran salvos solo por la fe, al creer en su evangelio (1 Corintios 15:1-4), así que el resultado fue la confusión.
- Silvano: ¿Entonces qué pasó?
- Pedro: El Señor mismo instruyó a Pablo para que subiera a Jerusalén y resolviera el problema con nosotros (Hechos 15:2; Gálatas 2:1-2). ¡Qué pleito fue aquello, era extraño ver a un fariseo “gentil” (risas)! Pablo, el principal fariseo, el llamado «fariseo de fariseos» encontrado con nuestros fariseos. ¡Deberías haber estado allí! Fue una lucha de titanes.
- Silvano: Entonces, ¿cuál fue tu papel? Y por cierto, ¿por qué no estabas a cargo? ¿Por qué Santiago fue el que estuvo a cargo?
- Pedro: Mi autoridad y mi papel declinaron cuando se perdió la esperanza del arrepentimiento de Israel. Para la época del Concilio (año 50 o 51 d.C.), ya había perdido gran parte de mi autoridad. Santiago, el medio hermano del Señor, que no era uno de los Doce, había asumido mi posición, y yo me había convertido en el número dos. Pablo reconoció esto y escribió sobre ello a los gálatas (Gálatas 2:6, 9).
- Silvano: ¿Entonces qué pasó?
- Pedro: Pablo se mantuvo firme pero no pudo convencer a sus oponentes. Estuve gran parte en silencio, escuchando los argumentos. Finalmente, el Señor me trajo a la mente un incidente que había ocurrido varios años antes. Poco tiempo después de que Pablo fuera salvo, el Señor me envió a Cornelio, un gentil, yo había ido de mala gana. Recordate que nosotros no estábamos evangelizando a los gentiles, pero Dios bendijo la visita: Cornelio y su casa fueron salvos. Ahora, lo increíble de su salvación fue que sucedió sin necesidad de la circuncisión ni la observancia de la Ley (Hechos 10:44-48). Cuando recordé esa experiencia, entendí que Dios me la había dado con un propósito principal: para que pudiera salir en defensa de Pablo años más tarde, al final Dios está fuera del tiempo y sabía la oposición que Pablo enfrentaría catorce años después. El Espíritu Santo me lo trajo a la mente, entonces supe que Pablo tenía razón y que Dios deseaba que yo hablara en nombre de él y lo hice. A partir de ese momento, judíos y gentiles debían ser salvados a través del evangelio de Pablo (Hechos 15:7-11; Gálatas 1:6-9), el evangelio del reino, que se enfocaba en el arrepentimiento y creer en quién era Jesús, creer en Su nombre, terminó ese día.
- Silvano: ¡Guau! No muchos entienden esto.
- Pedro: Tal vez no, pero ese es el registro explícito de Lucas y Pablo.
- Silvano: ¿Cuál era tu relación con Pablo? ¿Lo conocías bien?
- Pedro: No realmente. Como Saulo de Tarso todos le tenían terror, había estado en el juicio de Esteban cuando el Sanedrín lo apedreó. Después de esto, se obsesionó por arrestar a todos los que creían que Jesús era el Mesías. Cuando el Señor se le apareció en su camino a Damasco, todo cambió. A mí el Señor me había transformado, pero lo que hizo con Pablo estaba casi más allá de la comprensión humana. Verdaderamente, nada es demasiado difícil para el Dios, el Señor intercambió el celo de Pablo por perseguirnos para ahora evangelizar y ministrar para Él. Mi contacto con Pablo fue bastante limitado, yo pasé la mayor parte de mi tiempo en Jerusalén mientras Pablo iba a todas partes. Unos años después de ser salvo, me visitó en Jerusalén por un par de semanas (Gálatas 1:18-19), y luego estuvimos los dos en el Consejo, por supuesto.
- Silvano: Creo que tuviste una confrontación fuerte con Pablo después del Concilio de Jerusalén. ¿Cuéntanos sobre esto?
- Pedro: (suspirando y luego sonriendo) Bueno, sabía que tú mencionarías eso. Está bien: yo había bajado con otros creyentes judíos a Antioquía, estábamos teniendo un maravilloso compañerismo con los creyentes allí, en su mayoría gentiles. Después de un tiempo, algunos judíos del partido de la circuncisión vinieron de Jerusalén y la verdad eso me ofuscó. Me avergüenza decir que dejé de comer con los creyentes gentiles por causa de ellos, y mis compañeros judíos también lo hicieron. Incluso Bernabé, que había acompañado a Pablo en su primer viaje, dejó de comer con los gentiles.
- Silvano: ¿Y qué pasó?
- Pedro: Bueno, Pablo, siendo Pablo, no aceptaría nuestro comportamiento. Él nos enfrentó públicamente, la verdad es que él tenía razón y nosotros estábamos equivocados. Fuimos avergonzamos (Gálatas 2:11-14), yo mismo había ido en contra de lo que había declarado en el Concilio. Pablo nos recordó que la justificación era solo por fe, no por obras (Gálatas 2.16).
- Silvano: Entonces, ¿esto perjudicó tu compañerismo y amistad?
- Pedro: Algo. Fue humillante, pero Pablo tenía razón, él no se enfrentó a nosotros por gusto, además hay que considerar que si no lo hubiera hecho, habría sido negligente en su deber. Lo superamos y fuimos mejores por ello.
- Silvano: Creo que terminaste con un gran aprecio por Pablo.
- Pedro: De hecho así fue. Pablo había escrito a los judíos (el Libro de Hebreos) para exponer el plan de Dios para el pueblo judío y exhortarlos a confiar en Jesús de Nazaret como el Mesías. Escribí a mis compañeros judíos para que escucharan a Pablo, aunque mucho de lo que escribió en sus otras cartas era difícil de comprender. En ese momento, sabía que las cartas de Pablo eran la Palabra de Dios a la par con Moisés, Isaías, etc. (2 Pedro 3:15-16).
- Silvano: Entonces, y para terminar: ¿cuál es tu esperanza en el futuro?
- Pedro: Mi esperanza es para mi pueblo. Mi esperanza es la misma que el día de Pentecostés. Ese día proclamé el arrepentimiento con plena esperanza de que mi pueblo reconociera a Jesús como el Mesías. Y lo harán. Si bien han pasado casi 2000 años, esa esperanza sigue tan viva como entonces. Cuando lo hagan, el Señor regresará, tenemos Su promesa (Mateo 23:37-39). Pero primero, como sabemos por las cartas de Pablo, la Iglesia, el cuerpo de Cristo, debe completarse. Cuando sea, el Señor regresará por «Su cuerpo» (el «Arrebatamiento de la Iglesia»), después de que eso ocurra, Dios iniciará la Tribulación, el Día del Señor y luego Israel volverá a ser el centro del escenario. Esos siete años serán la mayor prueba que jamás hayamos enfrentado, y hemos enfrentado muchas. Yo esperaba que este momento llegara poco después de que Dios hubiera derramado Su Espíritu Santo (Hechos 2:19-21), los profetas advirtieron acerca del Día del Señor. Este, además del Reino de Dios, son los dos grandes temas de la teología judía. Tan terrible como suena ese tiempo, todo terminará en gozo, dará como resultado que mi pueblo se arrepienta para que el Señor pueda regresar, Él establecerá Su Reino en la tierra y cumplirá todas las promesas de su pacto con nosotros. ¡Qué tiempo será ese, y ese tiempo está cerca!
Esta entrevista ficticia sirve como vehículo para presentar la vida y las doctrinas de Pedro. Pedro proclamó el «Evangelio del Reino» a los judíos, a la nación de Israel, con la esperanza de que se arrepintieran y creyeran que Jesús era el Mesías esperado, el Hijo de Dios. Su ministerio fue distinto al de Pablo, tuvieron mensajes y ministerios completamente diferentes.
(Relato ficticio escrito por Don Samdahl. Tomado de https://doctrine.org/a-conversation-with-peter)
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