«Salvados», pero ¿de qué?

Hace unas semanas vimos que los cristianos deberíamos vivir eternamente agradecidos con Dios, al entender todo lo que Nuestro Señor Jesucristo realmente hizo por nosotros (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/20/sean-agradecidos-pero-de-que/). Lamentablemente un gran porcentaje de creyentes en el fondo no tienen idea de lo que significa realmente «ser salvo» o DE QUÉ fuimos «salvados», y si eso es así dentro de la iglesia, ¿cómo será la situación fuera de ella?

A menudo usamos términos que asumimos que todos saben exactamente de lo que estamos hablando, y una de estas palabras es “salvo”.  Si le preguntamos a un extraño en la calle «¿eres salvo?», probablemente la respuesta que obtendríamos sería “¿salvado de qué?”. Entonces, ¿qué significa ser salvo?  Y si somos salvos, ¿DE QUÉ SOMOS SALVOS?

Según la cadena televisiva Christian Broadcasting Network, ser salvo se define como sigue: “El término ‘salvo’ simplemente se refiere a la postura de un cristiano en cuanto a Jesucristo.  Con la garantía del cielo, los cristianos son salvos de la condena eterna en el infierno.  Todos los creyentes son sellados con la sangre de Jesucristo y considerados justos a los ojos del Señor, ‘salvos’ para irse al cielo con Dios”.  La salvación generalmente promovida desde los púlpitos de muchas iglesias se entiende como el acto de aceptar a Jesucristo como «Salvador», y una vez hecho esto, se está «salvo» del infierno y listo para ir al cielo.  Pero, ¿es esto lo que enseña la Biblia?

La palabra «salvo» viene de una palabra griega «sode’-zo», su definición básica es “entregar o rescatar”, lo cual implica que hay ALGO de lo que necesitamos ser «salvados» (o «rescatados»). La Biblia nos dice que el mayor problema del ser humano es el pecado, y la definición más básica de lo que es el pecado se encuentra en la primera carta del apóstol Juan:

Todo aquel que comete pecado también infringe la ley, pues el pecado es infracción de la ley.”  (1 Juan 3:4)

La Ley por supuesto se refiere al «marco legal» dado por Dios a Moisés como parte del «acuerdo prenupcial» de su matrimonio con Israel (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-matrimonio-de-dios-y-su-relacion-con-la-ley/).  Los Diez Mandamientos representan Su carácter, Él nos creó con el potencial de ser como Él, y cuando desobedecemos sus reglas estamos pecando.  Por ejemplo, cuando alguien quebranta el noveno Mandamiento diciendo una mentira, esa persona desobedece y por ende «peca», y la Biblia dice que ese pecado tiene una pena:

“Porque la paga del pecado es muerte; pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”  (Romanos 6:23)

Este pasaje es conocido por muchos cristianos y a menudo se cita en escritos religiosos, sin embargo la mayoría no pone atención a su claro mensaje.  La idea popular de un infierno eterno como lugar de castigo fue introducida al cristianismo proveniente de religiones paganas, pero en realidad Jesucristo NO vino a salvarnos del sufrimiento eterno en las llamas del infierno (al menos no directamente), SINO MÁS BIEN DE LA IRA DE DIOS (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-ira-de-dios/), porque si hemos pecado (y según la carta de Pablo a los Romanos TODOS lo hemos hecho), entonces ésa es la inevitable pena que enfrentamos:

“Dios hace justos a quienes creen en Jesucristo, sin favoritismo alguno.  Es así porque todos hemos pecado y no tenemos derecho a gozar de la gloria de Dios. Pero Dios, por su gran amor, gratuitamente nos declara inocentes, porque Jesucristo pagó todas nuestras deudas.” (Romanos 3:22-24)

Entonces, de lo que Cristo nos «salva» es DE LA JUSTICIA DE DIOS, que eventualmente nos condenaría ¡y nos llevaría a la separación eterna de Dios!

Cuando pecamos, la pena de muerte queda escrita en nuestro registro y la Biblia dice que no hay NADA que podamos hacer para borrarla.  Nosotros no podemos borrar la pena de sus pecados pasados haciendo cosas buenas ahora, y no podemos borrar la pena de nuestros pecados futuros por haber hecho el bien antes.  Dios decretó que la ÚNICA manera de pagar la pena del pecado es con la muerte, ¡no hay quite! Entonces, la única manera de evitarla es que alguien más la pague por nosotros, pero para que eso ocurra, la persona tendría que ser libre de pecado en primer lugar, ¡ESO es la base de nuestro agradecimiento eterno a Cristo!

Cristo vino a la Tierra para convertirse en esa Persona por nosotros, vivió una vida perfecta sin pecado, nunca hizo, dijo o pensó nada que quebrantara la ley de Dios.  Por lo tanto, Él no se hizo acreedor de la pena de muerte, y eso le permitió hacerse cargo de la pena por nuestros pecados y morir para salvarnos y así no tuviéramos que pagarla con nuestra vida:

“Dios tomó a Cristo, que no tenía pecado, y puso sobre él nuestros pecados, para declararnos justos por medio de Cristo.” (2 Corintios 5:21)

Dado que Cristo es Dios (¡y Dios es Cristo!), Él creó todas las cosas, su sacrificio fue de tal magnitud que bastó para pagar la pena de los pecados de toda la humanidad.  Su muerte nos permite ser justificados (ser declarados «justos») y consecuentemente ser reconciliados con Dios, librándonos de la pena de la separación (Isaías 59:2), y su resurrección nos libra de la pena de muerte (Romanos 5:10), y por lo tanto es un regalo de Dios que no se puede obtener por ningún medio posible:

“Por su misericordia y por medio de la fe, ustedes son salvos.  No es por nada que ustedes hayan hecho.  La salvación es un regalo de Dios y no se obtiene haciendo el bien.  Esto es así para que nadie se sienta orgulloso.”  (Efesios 2:8-9)

Sólo podemos ser salvos a través DE LA GRACIA DE DIOS, que se manifestó en el sacrificio y resurrección de Cristo, y no hay ningún otro camino para borrar nuestros pecados y la pena que estos conllevan.  ¡La buena noticia es que la salvación está al alcance de todo el que así lo quiera!

“Yo conozco el celo que sienten por la causa de Dios, pero se trata de un celo equivocado. Como no conocen la manera en que Dios nos declara justos, tratan de hacerse justos a su propia manera, y así terminan rechazando la manera en que Dios quiere aceptarlos. A todo el que cree, Dios lo declara justo, pues en Cristo la ley llegó a su cumplimiento. Moisés describió a la persona que obedece la ley para que Dios la acepte de la siguiente manera: «Si una persona obedece la ley, vivirá por hacerlo».  

Sin embargo, acerca de los que confían en Dios para que los declare justos, dice: «No tienes que preguntarte, ‘¿quién subirá al cielo?’ (para pedirle a Cristo que descienda), ni tienes que decir: ‘¿quién bajará al abismo?’ (para retornar a Cristo a la vida)». Más bien, nosotros predicamos el mensaje de fe que la Escritura enseña: «El mensaje está a tu alcance, en tu boca y en tu corazón». Si declaras con tu boca que Jesús es el Señor y crees de corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, Dios te salvará. Porque a quien cree de corazón, Dios lo da por justo; y a quien reconoce a Jesús, Dios lo salva.”  (Romanos 10:2-10)

En conclusión, la consecuencia final del pecado es la PENA DE MUERTE que claramente será la sentencia que dictará el Juez Perfecto, eso es inevitable (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/22/por-que-tanta-terminologia-legal/), a menos que aceptemos la oferta (por tiempo limitado) de Cristo de pagar la fianza, ¡y tomar el lugar que nos corresponde a todos nosotros!

“Hijitos míos, estas cosas les escribo para que no pequen.  Y si alguno peca, abogado tenemos delante del Padre, a Jesucristo el justo.  Él es la expiación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros sino también por los de todo el mundo.”  (1 Juan 2:1-2)

(Basado en parte de https://vidaesperanzayverdad.org/cambio/salvacion/que-significa-realmente-ser-salvo-salvo-de-que/


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