
Aunque parece sencillo de responder, este es uno de esos temas que más divide, porque las tradiciones han sustituido en gran parte a la revelación de Dios (¡inclusive dentro de la «iglesia» de Dios!) y todo mundo tiene una opinión basada generalmente en sus creencias personales o emociones. Precisamente la imagen de arriba supuestamente corresponde a «San Jaime» jajaja (también conocido como «San Jacobo» o simplemente «Santiago» el medio hermano de Nuestro Señor y autor de la carta de Santiago). ¿Pero será que los apóstoles eran así? ¿Será que Santiago era así, o que yo soy así, perfecto, impecable (que por cierto significa «incapaz de pecar» o «exento de tacha» según la RAE) con todo y halo incluido? ¿Qué dice la Biblia al respecto?
Empecemos con que, al igual que lo vimos en el estudio de la virgen María (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-virgen-maria/), TODOS hemos pecado y por lo tanto TODOS necesitamos un Salvador. El apóstol Pablo en su carta a los Romanos lo explica magistralmente:
“Sin embargo, Dios nos ha mostrado ahora la forma para que él nos acepte. De ella ya había enseñado el Antiguo Testamento. No se trata de guardar la ley. Dios hace justos a quienes creen en Jesucristo, sin favoritismo alguno. Es así porque todos hemos pecado y no tenemos derecho a gozar de la gloria de Dios. Pero Dios, por su gran amor, gratuitamente nos declara inocentes, porque Jesucristo pagó todas nuestras deudas.” (Romanos 3:21-24)
Queda claro que NADIE está libre de pecado, ni antes ni después de llegar a Cristo, esa es una cualidad que sólo Jesús tenía/tiene. Ya no podemos llegar a Dios por medio de nuestras fuerzas, somos culpables del delito y ahora necesitamos alguien «que pague la fianza» (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/22/por-que-tanta-terminologia-legal/). ¿Pero entonces quiénes son los «santos» que menciona la Biblia?
Empecemos por entender el significado de la palabra, que se menciona 431 veces en el Antiguo Testamento (eso sin contar la palabra derivada «santidad»). La palabra hebrea para santo es “qodesh”, que significa «apartado«, «separado» o «consagrado«, lo que demuestra que Dios es totalmente santo, sagrado, apartado o separado de Su Creación. Dios es totalmente diferente a nosotros ya que «Él es espíritu» (Juan 4:24), y por ende desea que «quienes lo adoran lo hagan en espíritu y en verdad» (Juan 4:23).
Por otro lado, la palabra griega usada para santo o santidad es “hagios” y significa casi lo mismo que la palabra “qodesh” del Antiguo Testamento: «puro», «moralmente irreprochable» o «apartado», como un instrumento apartado para un uso especial, que es a lo que los santos de Dios han sido llamados. La palabra “santo” se encuentra en el Nuevo Testamento 180 veces y si agregamos «santidad» entonces es casi 200 veces que se usan conjuntamente, es obvio entonces que la santidad es importante para Dios. Entonces, «santo» es simplemente «apartado para Dios», pudiendo ser ALGO (ej. el «Lugar Santo», «templo santo», «pacto santo», «mandamiento santo», «cuerpo santo», «beso santo», «llamamiento santo», «sacerdocio santo», etc.) o por supuesto ALGUIEN:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales. Asimismo, nos escogió en él desde antes de la fundación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha delante de él.” (Efesios 1:3-4)
“Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a los hermanos santos y fieles en Cristo que están en Colosas: Gracia a ustedes y paz de parte de Dios nuestro Padre.” (Colosenses 1:1-2)
“Más bien, vivan ustedes de manera totalmente santa, así como también es santo el que los llamó; pues en la Escritura dice: «Sean santos, porque yo soy santo».” (1 Pedro 1:15-16)
Pero sigue pendiente de responder la pregunta del millón: ¿LOS «SANTOS» PECAN, O SON PERFECTOS? Veamos un par de citas bíblicas para aclarar el tema, la primera del apóstol Juan («el apóstol a quien Jesús amaba») y la segunda un extracto de la carta de mi tocayo:
“Si decimos que no tenemos pecado, estamos engañándonos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Pero si confesamos a Dios nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, estamos diciendo que Dios es mentiroso, y eso muestra que su palabra no habita en nosotros.” (1 Juan 1:8-10)
“Si alguno de ustedes está angustiado, que ore. Si alguno está alegre, que cante alabanzas. Si alguno está enfermo, que llame a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración que hagan con fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, él lo perdonará. Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz. Elías era un hombre con debilidades como nosotros, pero oró con fervor para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y medio. Después, volvió a orar, y el cielo dio su lluvia y la tierra dio sus cosechas. Hermanos, si alguno de ustedes se aleja de la verdad, y otro lo hace volver a ella, recuerden que quien hace volver a un pecador a la verdad, lo salvará de la muerte y hace que se le perdonen muchísimos pecados.” (Santiago 5:13-19)
¡Demasiada información en pocos versículos! Veamos algunos puntos de ambas cartas:
- Primero Juan en su carta dice que nos estamos engañando si «decimos que no tenemos pecado» (o sea, ¡él también se incluye en la frase!)
- Peor aún, dice que si lo afirmamos «hacemos a Dios mentiroso» y eso es prueba que no hemos nacido de nuevo y que por lo tanto ¡no somos verdaderamente cristianos!
- La buena noticia es que dice que si confesamos nuestros pecados Dios siempre nos perdonará (da por sentado que pecamos)
- La carta de Juan está dirigida a «hermanos» (o sea los «santos«), según el capítulo 2:7
- Al inicio de la carta de Pablo vemos que está también dirigida a «hermanos» que están pasando pruebas, y su Fe también está siendo puesta a prueba (capítulo 1:2-3). Luego los insta a permanecer firmes ante dichas pruebas (probablemente porque no lo estaban siendo), y les habla de la tentación y el pecado (¡porque probablemente estaban cayendo!)
- Los reconforta diciendo que «si han pecado» (forma diplomática de decírselos)
- Les recomienda a confesarse UNOS A OTROS (mutuamente entre hermanos en Cristo, ¡NO con una autoridad que cree estar por encima de ellos¡)
- Igual les dice que oren UNOS POR OTROS (nuevamente de forma mutua entre hermanos en Cristo)
- Les recuerda que aún el gran profeta Elías era un hombre CON DEBILIDADES COMO NOSOTROS (acepta que TODOS somos débiles pecadores, ¡aún un profeta de la talla de Elías al que Dios le hablaba directamente!)
- Les muestra que aún los «santos» pueden caerse y alejarse de Dios temporalmente
Vemos pues que los «santos» en tiempos bíblicos tuvieron vidas imperfectas llenas de altibajos, contrario a lo que podríamos pensar. Ahhh bueno, pero es que ellos no eran santos «de verdad» (como los apóstoles de Cristo) dirán algunos. OK, veamos esta otra cita donde los participantes son dos grandes «santos» de Dios, situación narrada por el apóstol Pablo:
“Pero cuando después me encontré con Pedro en Antioquía, me opuse a él en público, y le critiqué fuertemente algo que estaba haciendo. Cuando llegó, comió con los cristianos gentiles. Pero cuando llegaron ciertos judíos amigos de Jacobo, no quiso volver a comer con los gentiles por temor a lo que pudieran decir aquellos que afirman que es necesario circuncidarse. Y a la hipocresía de Pedro se unieron los demás cristianos judíos, incluso Bernabé. Ante ello, y comprendiendo que no estaban actuando rectamente, conforme a la integridad del evangelio, le dije a Pedro delante de los demás: «Tú, que eres judío, has estado portándote como si no lo fueras. ¿A qué viene ahora que, de pronto, te pongas a decirles a estos gentiles que deben vivir como si fueran judíos?” (Gálatas 2:11-14)
¿Cóoomo? ¿Pablo increpó públicamente al gran apóstol Pedro por su hipocresía y por no actuar rectamente? Diay, pero ¿no es que ambos eran “santos”, que habían recibido el Espíritu Santo y que tenían que amarse como “hermanitos en la Fe” que eran? Así es, pero la pura verdad es que ninguno de ellos era perfecto (¡y nosotros menos!), por lo tanto, nuestra salvación no depende de que hagamos buenas obras o guardemos los mandamientos de la ley de Moisés, eso ya lo vimos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/ley-vs-gracia/), sino que se basa ÚNICAMENTE EN LA GRACIA DE DIOS a través de nuestra fe, ¡punto!
Con el tiempo el Espíritu Santo que mora en el corazón de los creyentes nos va transformando poco a poco y empiezan a verse el fruto (¡del Espíritu!), pero eso no tiene nada que ver con la salvación. Una cosa es la justificación instantánea (= «nuevo nacimiento»), y otra cosa es el proceso de perfeccionamiento que recién empieza, que es a lo que se le llama la santificación progresiva (en una próxima entrada hablaremos del tema).
¿Y aquella creencia católica de que los «santos» son aquellos que nunca pecaron, que ahora están muertos, que sus cuerpos no se descomponen y que se les «reza» para pedirles cosas? Como este blog trata únicamente de lo que dice la Biblia y no de opiniones, debo recordarles a todos que NADA de eso es bíblico, sino que el ÚNICO que nunca pecó es Nuestro Señor Jesucristo. Además, en la Biblia los «santos» están siempre VIVOS (¡nunca muertos!), son precisamente los que componen la «iglesia» (el «Cuerpo de Cristo»).
De hecho la mayoría de las cartas del apóstol Pablo empiezan con un saludos a los «santos«: los de Roma (Romanos 1:7), los de Corinto (Corintios 1:2), los para Éfeso (Efesios 1:1), los de Filipos (Filipenses 1:1), los de Colosas (Colosenses 1:2), etc., etc., etc. Por aquello que todavía quede alguno que se quiera jactar de su salvación o cree que los «santos» (pasados y presentes) tenemos mérito alguno, por el contrario la Biblia aclara que Dios escogió lo peorcito de lo que había disponible, para que ni ellos ni nosotros creamos que aportamos algo, ¡o que somos «buenos»!
Pablo (para variar) nos deja claro que TODA la Gloria es para Dios, quien ya hizo todo (¡tiempo pasado!).
“Pues consideren, hermanos, su llamamiento: No son muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Más bien, Dios ha elegido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo Dios ha elegido para avergonzar a lo fuerte. Dios ha elegido lo vil del mundo y lo menospreciado; lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte delante de Dios. Por él están ustedes en Cristo Jesús, a quien Dios hizo para nosotros sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.” (1 Corintios 1:26-31)
¿Quiere saber entonces quienes son verdaderamente SANTOS para Dios? Ahí está: los necios, los débiles, lo viles y los menospreciados del mundo (¡pero en Cristo!). Bienvenidos pues al club todos los inútiles, porque Dios (por pura gracia) nos ha elegido para avergonzar a los fuertes y sabios. ¡Eso sí que es AMOR!
(Basado en parte de https://www.whatchristianswanttoknow.com/what-is-the-biblical-definition-of-holy/)
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