¿Entonces ahora soy libre de hacer lo que yo quiera?

Cuando recién llegamos a conocer la Verdad de Dios revelada en la Biblia, y finalmente entendemos que Cristo nos liberó del «yugo de la Ley» y de la muerte que merecíamos por desobedecer sus mandamientos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/salvados-pero-de-que/) y que además nos dio el mayor de los regalos (¡una vez y para siempre!), sólo nos queda agradecerle (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/20/sean-agradecidos-pero-de-que/).

Sin embargo, a veces (y como es normal en nuestra naturaleza caída) lo que sigue es cuestionarnos si ahora podemos hacer «todo lo que queramos» (en vista que Cristo «ya pagó la cuenta»).  ¿Pero qué dice la Biblia al respecto? 

La respuesta corta es SÍ (¡y me disculpo con mis hermanos cristianos legalistas!), pero obviamente el tema es muuucho más complejo que eso.  Una vez que los cristianos recibimos el perdón eterno la discusión cambia, ahora es un tema de «galardones» o «tesoros» en el cielo (tema que veremos próximamente), ¡pero NO de «salvación»!

Como sé que es un tema delicado, trataré de detallarlo de la mejor forma indicando todas las citas en las cuales me baso.  De cualquier forma y como siempre digo, es el lector al que le toca ir a la Biblia a revisar si lo que estoy afirmando es «fiel» a lo que Dios reveló en Su Palabra, al igual que lo debemos hacer con cualquier maestro, pastor o autoridad eclesiástica.

Este es el tema perfecto para un viernes, y para estudiarlo por supuesto que debemos recurrir al apóstol Pablo, quien es al que Jesús (unos años después de haber ascendido al cielo) le reveló EN PRIMICIA el «Evangelio de la Gracia» (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/el-evangelio-del-reino-vs-el-evangelio-de-la-gracia/).  Hechas las advertencias, ¡entremos al tema!

“Cristo nos libertó para que vivamos en libertad!  ¡Cuiden esa libertad y no se dejen someter de nuevo al yugo de la esclavitud! Y óiganme bien: Yo, Pablo, les digo que si practican la circuncisión, Cristo no les sirve de nada.  Repito: El que se circuncide tendrá que obedecer toda la ley.  Se han apartado de Cristo si esperan justificarse guardando la ley.  ¡Han caído de la gracia de Dios!Pero nosotros, con la ayuda del Espíritu Santo, esperamos que por medio de la fe seremos justificados ante Dios. Estando unidos a Cristo Jesús no cuenta nada si estamos circuncidados o no.  Nos basta la fe que actúa a través del amor.” (Gálatas 5:1-6)

Empecemos con que la Biblia declara enfáticamente que los creyentes (los «santos», la «iglesia», el «Cuerpo de Cristo»), somos LIBRES en Cristo, aunque debemos preguntarnos: ¿libres de qué?

Antes de que Jesús muriera en una cruz, el pueblo de Dios vivía bajo un complicado sistema de leyes que servían como una brújula moral para guiar sus vidas (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/la-salvacion-desde-la-perspectiva-judia/).  La Ley, aunque impotente para otorgar la salvación o producir la verdadera libertad, señaló el camino a Jesucristo (Gálatas 3:19–24).

A través de Su muerte sacrificial Jesucristo cumplió la Ley, liberando a los creyentes de la condena de muerte (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/ley-vs-gracia/). Las leyes de Dios ahora están escritas en nuestros corazones a través del Espíritu de Dios, y somos libres de seguir y servir a Cristo de maneras que lo agraden y lo glorifiquen:

Así que a los que están unidos a Jesucristo ya no les espera ninguna condenación, porque el poder vivificador del Espíritu, poder que reciben a través de Jesucristo, los libera del poder del pecado y de la muerte. La ley no pudo liberarnos porque nuestra naturaleza pecaminosa anuló su poder.  Pero Dios envió a su propio Hijo con un cuerpo humano igual en todo al nuestro para entregarlo en sacrificio por nuestros pecados, y así destruyó el dominio del pecado sobre nosotros. Por eso, si vivimos según el Espíritu Santo y negamos obediencia a nuestra vieja naturaleza pecaminosa, podemos obedecer las justas demandas de la ley de Dios. Los que se dejan dominar por su naturaleza pecaminosa viven sólo para complacer sus deseos; pero los que viven de acuerdo con el Espíritu, se preocupan de las cosas del Espíritu.

Los que ocupan su mente en las cosas del Espíritu tienen vida y paz; pero el ocuparse de las cosas de la naturaleza pecaminosa produce muerte, porque la naturaleza pecaminosa siempre se rebela contra Dios, nunca ha obedecido la ley de Dios y nunca podrá obedecerla.  Por eso, los que viven de acuerdo con su naturaleza pecaminosa jamás podrán agradar a Dios. Pero ustedes no son así.  Ustedes viven según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en ustedes. No es cristiano quien no tenga el Espíritu de Cristo.  Y como Cristo vive en ustedes, sus cuerpos están muertos a consecuencia del pecado, pero sus espíritus viven porque Cristo los ha hecho justos.

Y si el Espíritu de Dios que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, él mismo les dará vida a sus cuerpos mortales. Así que, amados hermanos, ustedes no están obligados a hacer lo que la vieja naturaleza les dice.  Si lo siguen haciendo perecerán; pero si mediante el poder del Espíritu hacen morir a la naturaleza pecaminosa y sus obras, vivirán.  Los hijos de Dios son los que se dejan conducir por el Espíritu de Dios.Ustedes no recibieron un espíritu que los haga esclavos del miedo; recibieron el Espíritu que los adopta como hijos de Dios y les permite clamar: «Abba, Padre», porque el Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y como somos sus hijos, somos herederos: herederos de Dios y coherederos junto con Cristo.  Pero si compartimos su gloria, también hemos de participar de sus sufrimientos.” (Romanos 8:1-17)

Esto es demasiada información, ¡pero era importante presentar el contexto completo!  En pocas palabras, el apóstol Pablo les estaba revelando a los cristianos de la iglesia de Roma la definición de la libertad cristiana.  El pasaje hay que leerlo varias veces porque está repleto de detalles doctrinales, básicamente dice que la nueva naturaleza del creyente nos llevará poco a poco a ir desobedeciendo los deseos de la carne, ¡y a empezar a obedecer los deseos del Espíritu Santo (que ahora mora en nosotros)!

O sea, SIEMPRE vamos a pecar (es nuestra naturaleza carnal), pero ya no VIVIMOS ni nos gozamos en el pecado.  Noten que ya no es un tema de salvación o condenación, ahora es un tema de agradar u ofender al Señor (nuestro «amo» o «dueño»), ahora hacemos buenas obras NO para salvarnos, ¡sino porque FUIMOS salvados de la condena!

Un aspecto importante de la libertad cristiana es nuestra responsabilidad de no volver a vivir bajo la Ley, ya no hay comidas prohibidas, rituales en el templo, diezmos y menos sacerdotes (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/cual-es-la-diferencia-entre-profetas-y-sacerdotes/).

El apóstol Pablo comparó esto con la esclavitud (Gálatas 5:1), el querer continuar viviendo bajo la Ley después de la salvación es ser masoquista, o simplemente confundir el cristianismo con una forma legalista de religión.  No podemos ganar justicia a través de la Ley; más bien, el propósito de la Ley era definir nuestro pecado y mostrar nuestra necesidad de un Salvador.

La libertad cristiana implica vivir ahora, no bajo las imposibles obligaciones de la Ley, sino bajo la Gracia de Dios:

“Sabemos que nuestra vieja naturaleza pecaminosa fue clavada en la cruz junto con Cristo; de esta manera, ya no está bajo el dominio del pecado, ni tiene que someterse a la esclavitud del pecado, porque al morir quedamos libres de su dominio. Y por cuanto nuestra naturaleza pecadora murió con Cristo, creemos que también compartiremos su nueva vida. Sabemos que Cristo resucitó y jamás volverá a morir.  La muerte no ejercerá sobre él poder alguno. Cuando Cristo murió, murió de una vez por todas al poder del pecado; pero ahora vive para Dios.  Así también ustedes, considérense muertos a la vieja naturaleza pecadora, y vivan para Dios unidos a Cristo Jesús nuestro Señor.

No dejen que el pecado domine su cuerpo mortal; no lo obedezcan siguiendo sus malos deseos.  No entreguen ninguna parte de su cuerpo al pecado para que se convierta en instrumento del mal.  Más bien, entréguense por completo a Dios, como quienes ya han muerto y han vuelto a vivir.  Y preséntenle sus miembros como instrumentos para la justicia. ¡Que el pecado no vuelva a dominarlos!  Ya no estamos atados a la ley; ahora vivimos bajo la gracia de Dios.”  (Romanos 6:6-14)

¡Ojo el lenguaje tan diferente a los pasajes condenatorios de pecado!

Ahora es más una recomendación para nuestro propio beneficio, pero ya no se habla de condenación ni de la ira de Dios (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-ira-de-dios/).  En Cristo, somos libres del sistema opresivo de la Ley, somos libres de la pena del pecado, ¡y somos libres del poder del pecado!

Sin embargo, y aquí es lo que debemos entender para no pasarnos de listos: la libertad cristiana NO pretende ser una licencia para pecar, ¡de lo contrario podríamos ser disciplinados! Si realmente somos libres (y entendemos lo que Cristo hizo por nosotros), lo lógico y esperable es que ahora huyamos de las obras de satanás, ya no vamos a querer vivir complaciendo la carne ni el pecado, aunque tendremos que lidiar con la tentación hasta el día que muramos. 

“Les hablo así, hermanos, porque ustedes fueron llamados a ser libres.  Pero no usen esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones.  Más bien sírvanse unos a otros con amor.  Toda la ley se resume en este mandamiento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».”  (Gálatas 5:13-14).

De nuevo, veamos el lenguaje que usa Pablo, ahora es una recomendación para de alguna forma maximizar nuestro servicio al Señor, luego que YA fuimos rescatados de nuestra vieja manera de vivir y salvados de la condena que nos esperaba.

O sea, los verdaderos creyentes somos LIBRES para vivir vidas santas en Cristo (ese es todo el propósito), pero ya no es un tema de salvación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/25/la-seguridad-en-la-salvacion-eterna/).

La libertad cristiana es una de las muchas paradojas de la Fe cristiana.  La verdadera libertad significa convertirnos VOLUNTARIAMENTE en «siervo» (¡esclavo!) de Cristo, y esto sucede a través de una relación con Él.

Además, en la carta a los Romanos Pablo explica que, cuando un creyente acepta a Cristo, él o ella es bautizado(a) por el Espíritu «en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo».  En ese momento, el creyente deja de ser esclavo del pecado y se convierte en siervo(a) de la justicia:

“Pero gracias a Dios que, si bien antes eran esclavos del pecado, ya están obedeciendo de todo corazón las enseñanzas que Dios les ha dado.  Ya están libres del pecado y han pasado a servir a la justicia.”  Romanos 6:17-18)

Sólo los cristianos conocemos la verdadera libertad: “Así que, si el Hijo los hace libres, serán verdaderamente libres” (Juan 8:36).  Pero, ¿cómo es la libertad cristiana en un sentido práctico? ¿Qué somos libres de hacer y no hacer?  ¿Qué podemos ver en la televisión?  ¿Qué podemos comer y beber?  ¿Qué nos podemos poner para la playa?  ¿Qué pasa con fumar y beber?  ¿Hay límites para la libertad cristiana?

En la primera carta a los Corintios el apóstol Pablo da una ilustración práctica de la libertad cristiana:

Es verdad que «todo está permitido», pero no todo es provechoso ni edifica a los demás.  Uno no puede pensar sólo en uno mismo.  Hay que pensar en lo que conviene para el bien de los demás.”  (1 Corintios 10:23-24)

Al escribir a la iglesia de Corinto, Pablo menciona a miembros que asistían a comidas en templos paganos, tal como lo habían hecho antes de recibir a Cristo.  Se sintieron libres de seguir participando porque pensaban que estos festivales eran simplemente una parte normal de la cultura social, no vieron sus acciones como adoración pagana.

Pablo presentó varias advertencias, recordando a los corintios el peligroso coqueteo de Israel con la idolatría en el Antiguo Testamento, luego se ocupó de la preocupación práctica de comer carne que había sido sacrificada a los ídolos. “Todo está permitido”, decían los Corintios.  Y ES CIERTO, dijo Pablo; los cristianos tienen mucha libertad en Cristo, pero no todo es beneficioso o constructivo, y ahí está la clave.  

Debemos ser sensibles (¡sabios!), nuestra libertad en Cristo debe equilibrarse con el deseo de edificar y beneficiar a los demás. A la hora de decidir cómo ejercer nuestra libertad cristiana, debemos inclusive buscar el bien de los demás antes que el nuestro.

Tal vez para entender el contexto, en el judaísmo se impusieron restricciones a la compra de carnes en el mercado, los judíos sólo podían comprar y comer carnes kosher.  Pablo dijo que los creyentes eran libres en Cristo para comprar y comer cualquier carne, pero si surgía el tema de la carne sacrificada a los ídolos, los creyentes debían seguir una ley superior: la del amor al prójimo que está por encima de la libertad cristiana.

“Coman de cualquier carne que se venda en la carnicería.  No pregunten nada, por motivos de conciencia.  Porque la tierra y cuanto en ella hay pertenecen al Señor. Si alguien que no es cristiano los invita a comer, acepten la invitación y coman cuanto les pongan delante sin preguntar nada por motivos de conciencia. Pero si alguien les advierte de que aquella carne fue sacrificada a los ídolos, no la coman por el bien del que lo dijo, y por motivos de conciencia.  En este caso, no me refiero a la conciencia de uno mismo, sino a la del otro. ¿Por qué tiene uno que guiarse por lo que otro piense y limitarse a sus opiniones?  Si le doy gracias a Dios por lo que como, ¿por qué me van a condenar por comerlo? En conclusión: uno debe de glorificar a Dios en todo lo que hace; hasta en lo que come y bebe.  No seamos piedra de tropiezo para nadie: ni para los judíos ni para los gentiles ni para la iglesia de Dios.  Esto trato de hacer yo.  Procuro agradar a todo el mundo.  No hago sólo lo que me gusta o conviene, sino lo que es mejor para los demás, para que así se puedan salvar.”  (1 Corintios 10:25-31)

Pablo escribió acerca de comer carne como invitado en la casa de alguien, ahí podemos ver que los cristianos son libres de comer lo que se les sirva sin cuestionamientos de conciencia (¡ya no estamos bajo la Ley!). Pero, si alguien menciona que la carne ha sido ofrecida a un ídolo, es mejor no comerla por el bien de la persona que planteó el tema de la conciencia.  Si bien los creyentes tienen libertad para comer la carne, ellos se ven obligados a considerar qué es lo mejor para quienes observan su comportamiento.

En su carta a los Romanos Pablo plantea un determinante clave para comprender los límites de la libertad cristiana.  En el pasaje, el apóstol vuelve a mencionar el tema de comer carne sacrificada a los ídolos y también observar ciertos días santos.  Algunos de los creyentes sintieron libertad en Cristo en estas áreas mientras que otros no, y sus diferentes perspectivas estaban causando peleas y desunión.

Pablo enfatizó que la unidad y el amor en el cuerpo de Cristo son más importantes que las convicciones personales de cualquiera o la libertad cristiana:

No hagas nada por lo cual se te pueda criticar, ni aun cuando sepas que es bueno.  Después de todo, en el reino de Dios lo más importante no es comer ni beber, sino practicar la justicia y la paz y tener el gozo del Espíritu Santo.  El que de esta manera sirve a Cristo, le causa alegría a Dios y es respetado por la gente.”  (Romanos 14:16-18)

Esencialmente, el mensaje de Pablo para los creyentes del Nuevo Testamento y para nosotros hoy es este: incluso si creemos que tenemos razón y tenemos libertad cristiana en un área, si nuestras acciones harán que otro hermano o hermana tropiece en su fe, debemos abstenernos por amor.

El tema en los tiempos del Nuevo Testamento era comer carne ofrecida a los ídolos, hoy en día para nosotros existen otras “áreas grises” que surgen en nuestro andar cristiano.  Pongamos un ejemplo actual: un concierto de música rock con letras medio sacrílegas o peor aún satánicas (como la mayoría de ellas).  El cristiano no se va a condenar si asiste, pero lo recomendable es NO IR por amor a los demás y por respeto a quien nos compró con su Sangre Preciosa.

Romanos 14:1 llama a estos «asuntos discutibles», áreas en las que la Biblia no da pautas claras sobre si un comportamiento es pecado.  Cuando nos enfrentamos a áreas grises, podemos confiar en dos principios rectores para regular nuestra libertad cristiana: dejar que el amor por los demás nos obligue a no hacer que nadie tropiece, y dejar que nuestro deseo de glorificar a Dios sea nuestro motivo que lo abarque todo.  Veamos nuevamente una parte del pasaje de la primera carta de Pablo a los corintios:

En conclusión: uno debe de glorificar a Dios en todo lo que hace; hasta en lo que come y bebe.  No seamos piedra de tropiezo para nadie: ni para los judíos ni para los gentiles ni para la iglesia de Dios.  Esto trato de hacer yo.  Procuro agradar a todo el mundo.  No hago sólo lo que me gusta o conviene, sino lo que es mejor para los demás, para que así se puedan salvar.”  (1 Corintios 10:31)

¡Más claro imposible!  En cualquier caso, el propósito de la libertad (dada por Cristo) es para poder servirle al Señor sin ataduras ni legalismos, no con el propósito de evitar la condenación (puesto que ya fuimos salvados de ella), y la ira de Dios, ¡ya NO está sobre nosotros!

Ahora bien, de la misma manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, deben comportarse como le agrada a él; es decir, enraizados en él y que sea él quien les haga crecer.  Manténganse convencidos de la verdad que les enseñaron y llenos de acción de gracias al Señor. No dejen que nadie los engañe con filosofías erradas y huecas, basadas en tradiciones humanas y en los poderes que dominan este mundo, y no en la enseñanza de Cristo.  En Cristo habita toda la plenitud de Dios encarnada en un cuerpo humano, y ustedes, al estar unidos a él, están llenos de esa plenitud. Además, él es la cabeza y tiene autoridad sobre cualquier principado o potestad.  Por estar unidos a Cristo, él los libertó de su naturaleza pecaminosa, no por medio de la circuncisión que se hace en el cuerpo, sino por medio de la circuncisión que hace Cristo.  Con él ustedes fueron sepultados en el bautismo, y en su resurrección resucitaron ustedes con él, mediante la fe en el poder de Dios que lo resucitó.

De hecho, ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y no se habían despojado de su naturaleza pecaminosa; pero Dios nos vivificó con Cristo y nos perdonó los pecados.  Él eliminó la prueba acusatoria que había contra ustedes, es decir, los mandamientos de la ley.  Esa quedó anulada cuando la clavó en la cruz.  Y así despojó a los seres espirituales que tienen poder y autoridad, y, por medio de Cristo, los humilló públicamente y los exhibió en su desfile triunfal. Que nadie, pues, los critique a ustedes por cuestiones de comidas o bebidas, ni porque no celebren sus festividades ni sus ceremonias de luna nueva ni sus sábados.  Estas eran sólo como sombras del que había de venir, es decir, Cristo.  No dejen ustedes que les quiten su premio quienes fingen ser humildes y adoran a los ángeles.  Estos individuos dicen haber visto visiones y se llenan de orgullo por sus pensamientos humanos.  Sin embargo, no están conectados a Cristo, la cabeza, a la cual nosotros, que formamos su cuerpo, sí estamos unidos.  Y lo estamos por medio de fuertes junturas y ligamentos, con lo cual crecemos a medida que Dios nos nutre.  

Si ustedes murieron con Cristo y ya no están esclavizados a los poderes que dominan el mundo, ¿por qué se someten, como si fueran todavía del mundo, a reglas tales como: «no toques eso, no comas aquello, no lo tomes en tus manos»?  Esas reglas son puramente humanas, que con el tiempo van perdiendo valor.  Podrán parecer muy sabias tales reglas, ya que para obedecerlas hay que ser devotos de veras, y porque son humillantes y duras para el cuerpo, pero de nada sirven en lo que a dominar los malos pensamientos y deseos se refiere.” (Colosenses 2:6-23)

Disfrutemos pues esta libertad sana y responsablemente, sirviendo de la mejor manera en agradecimiento a quien pagó el precio por nosotros. Y si no lo hacemos, pues lo más probable es que seamos disciplinados (como es lo lógico por parte de un buen Padre), pero no dejamos de ser «hijos», ¡NI PERDEMOS NUESTRA HERENCIA ETERNA!

(Basado en parte de https://breadoflife.media/can-you-lose-your-salvation/)


Descubre más desde ofertaportiempolimitado.org

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.