Los tres pasos de la salvación

En el momento que Jesucristo nos rescata y nos salva de la condena eterna (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/salvados-pero-de-que/) apenas COMIENZA la obra de Dios en nosotros, y cuando Dios comienza algo, LO TERMINA.

Dichosamente es Él quien hace todo, ¡a nosotros solo nos queda recibir semejante regalo y agradecerle! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/20/sean-agradecidos-pero-de-que/).

“Cada vez que me acuerdo de ustedes doy gracias a mi Dios; siempre que oro por ustedes lo hago con alegría, porque ustedes se han solidarizado con el evangelio desde el primer día hasta ahora.  El que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día en que Jesucristo regrese.  De esto estoy seguro.”  (Filipenses 1:6)

Por lo tanto, y contrario a lo que normalmente entendemos, la salvación es simultáneamente tanto algo que sucede una sola vez, como también algo que sucede progresivamente a través de toda nuestra vida.  Pablo dijo una vez algo sorprendente acerca de la salvación:

“Tenemos que vivir así, sabiendo que el tiempo vuela. ¡Despertemos! Nuestra salvación está más cerca ahora que cuando creímos por primera vez.”  (Romanos 13:11)

¿Cómo puede ser eso?  ¿No recibimos nuestra salvación cuando creímos? Así́ es, pero Pablo está hablando de la plenitud de nuestra salvación cuando Jesucristo venga y seamos transformados.  O sea, hay todavía OTRO factor adicional a la salvación: ¡el futuro!

Por lo tanto, debemos entender que bíblicamente la salvación tiene tres «dimensiones» o fases de la experiencia cristiana: el pasado, el presente y el futuro:

  1. La «justificación» es la etapa inicial de la salvación (fuimos rescatados de nuestra manera de vivir y nacemos de nuevo en Cristo)
  2. La «santificación» es la etapa progresiva (estamos siendo rescatados todos los días mientras aprendemos a vivir como hijos de Dios y «embajadores» del reino)
  3. La «glorificación» en la etapa final (seremos rescatados cuando Cristo regrese, ¡y nos transforme a su semejanza!)

Lo curioso de este proceso de salvación es que las fases no necesariamente son sucesivas, sino que son simultáneas, ¡o mejor dicho en tiempo «presente continuo»! Por ende, se trata más bien pues de un PROCESO SALVÍFICO CONTINUO, y entreteje las tres etapas como parte de una experiencia integral.

Es por eso que las citas bíblicas a veces hablan en tiempo pasado, a veces en tiempo presente y a veces en tiempo futuro:

“Esa es la esperanza por la cual fuimos salvos.  Esperar lo que se puede ver no es esperanza.  Si uno ya tiene lo que espera, no tiene que esperarlo más.”  (Romanos 8:24)

“Por su misericordia y por medio de la fe, ustedes son salvos.  No es por nada que ustedes hayan hecho.  La salvación es un regalo de Dios y no se obtiene haciendo el bien.  Esto es así para que nadie se sienta orgulloso.”  (Efesios 2:8-9)

“Con mucha más razón, ahora Dios nos salvará de la ira final al habernos hecho justos por medio de la muerte de Cristo.  Pues si cuando éramos enemigos nos reconcilió con él mismo por la muerte de su Hijo, ¡cómo no ha de salvarnos ahora por su vida!”  (Romanos 5:9-10)

Nuevamente vemos que en el tiempo pasado el Señor nos salvó de la condena eterna por causa del pecado, en nuestro presente nos salva enseñándonos a vivir por Fe, liberándonos del señorío del pecado y practicando una vida que glorifique a Dios, y en el futuro nos salvará de la ira de Dios, porque fuimos librados del castigo eterno que nos correspondía y ahora más bien somos herederos de todas las promesas que le corresponden a los hijos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-ira-de-dios/).

La salvación es una sola, pero el proceso se divide o ejecuta en tres aspectos que a la vez son parte de un TODO, un concepto que podemos también verlo en otros aspectos divinos, como por ejemplo la Trinidad (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-trinidad/).

Teniendo claro el concepto general, debemos reconocer que lo único que nos corresponde de todo este proceso es disponernos a trabajar en nuestra «santificación progresiva» a veces inclusive recibiendo disciplina, ya NO por un tema de salvación porque Cristo ya hizo todo, sino por un tema de reforzar nuestra Fe y de gozarnos de somos hijos de Dios y ¡herederos de la promesa!

“Lo que ustedes están sufriendo es para disciplinarlos, pues Dios los está tratando como a hijos.  Si a ustedes no los disciplinan como se disciplina a todo hijo, entonces ustedes no son verdaderamente hijos.  Por otra parte, nuestros padres humanos nos disciplinaban y los respetábamos.  ¡Con cuánta mayor razón debemos someternos al Padre de los espíritus, para que tengamos vida!”  (Hebreos 12:7-9)

Lamentablemente el término «santificación» esta tan manoseado y tergiversado por el mundo que mejor recordemos primero lo que significa.  Bíblicamente la palabra «santo» es simplemente «apartados», «separados» o «consagrados», pero NUNCA PERFECTOS (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/santos-perfectos/).

Fuimos santificados inicialmente cuando creímos en Cristo; Dios nos escogió́ para sí mismo y la obra de Cristo en la cruz nos justificó delante del Juez, y ahora empezamos un PROCESO de vida para Dios, bajo la sumisión al nuevo Señor (o «amo»).

“Pero nosotros debemos dar gracias a Dios siempre por ustedes, hermanos amados del Señor, de que Dios los haya escogido desde el principio para salvación, por la santificación del Espíritu y fe en la verdad.  Con este fin los llamó Dios por medio de nuestro evangelio para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.”  (2 Tesalonicenses 2:13)

¡Qué buen pasaje este de Pablo!  Su segunda carta a la iglesia (cristiana) de Tesalónica describe perfectamente los 3 «pasos» de la salvación.  Primero Dios nos escoge para salvación («justifica»), luego entramos en un proceso de perfeccionamiento («santificación» progresiva hasta el día que muramos) para finalmente alcanzar la gloria de Cristo («glorificación»).

Como podemos verlo, la santificación (que podríamos equipararla con la salvación) comienza cuando creemos en Cristo y recibimos el perdón y el precioso regalo de la vida eterna, aunque no lo disfrutemos inmediatamente.  Así́ como Dios nos declara “justos” desde ese momento, también nos llama “santos”, veamos este ejemplo donde Pablo explica magistralmente el concepto a los corintios:

“¿No saben que los que hacen eso no tendrán parte en el reino de Dios? Sépanlo bien: Los fornicarios, los idólatras, los adúlteros, los homosexuales y los pervertidos sexuales, los ladrones, los avaros, los borrachos, los calumniadores y los estafadores no tendrán parte en el reino de Dios. Varios de ustedes merecían antes estos calificativos, pero ya el Señor les lavó sus pecados, los santificó y los justificó en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios.”  (1 Corintios 6:9-11)

O sea, fuimos santificados («justificados») pero también estamos siendo «santificados», y seremos santificados («glorificados»). Desde el primer momento nuestra posición ante Dios es la de «santos», porque ya nos ha apartado para Él, ¡y nos empieza a limpiar para el día de la presentación! Cuando Cristo venga, el proceso santificador será́ consumado:

“Porque Dios quiso que en el Hijo habitara toda su plenitud.  Por medio del Hijo, Dios reconcilió con él todas las cosas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra.  Esa paz la logró Dios por medio de la sangre que Jesús derramó en la cruz.  En otro tiempo, ustedes estaban alejados de Dios y eran sus enemigos, debido a sus malos pensamientos y acciones.  Pero ahora él los ha reconciliado por medio de la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo, para presentarlos santos, sin mancha ni culpa, ante la misma presencia de Dios.” (Colosenses 1:19-22)

Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo. Que mantenga sin culpa todo su ser —espíritu, alma y cuerpo—, para cuando el Señor Jesucristo regrese.”  (1 Tesalonicenses 5:23)

La obra santificadora del Espíritu culminará cuando se haga realidad nuestro destino de “alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”, lo cual sucederá́ en el arrebatamiento de la iglesia. Nuestros cuerpos mortales serán resucitados o transformados (si es que nos encontramos vivos en su regreso), “esto corruptible” se vestirá́ “de incorrupción” y “esto mortal” se vestirá́ “de inmortalidad”:

Les digo, hermanos míos, que ningún cuerpo de carne y hueso podrá entrar en el reino de Dios.  Este cuerpo corruptible no puede heredar lo que es incorruptible. Les voy a revelar ahora un secreto: No todos moriremos, pero todos seremos transformados. Ocurrirá en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final.  Cuando esa trompeta suene, los que hayan muerto resucitarán con cuerpos nuevos que jamás morirán; y los que estemos vivos seremos transformados. Porque es imprescindible que este cuerpo corruptible se convierta en un cuerpo incorruptible, y que lo mortal sea inmortal.”  (1 Corintios 15:50-53)

Así que ahora podemos enfrentar el futuro con total descanso en nuestro corazón, sabiendo que Dios YA nos escogió para el «proceso completo» y YA somos poseedores de una salvación integral (aunque en proceso de perfeccionamiento).

Dicha salvación nos anima a vivir agradecidos con Dios, deseosos de corresponder a la inmensa obra salvadora con la cual hemos sido beneficiados y procurar constantemente que la posición que tenemos en Cristo se transfiera a nuestra experiencia diaria (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/25/la-seguridad-en-la-salvacion-eterna/ ).

Ya que hemos sido «justificados», podemos ahora practicar una vida santa, sin estar bajo el «yugo de la Ley» ni bajo la «esclavitud del pecado», ¡SOMOS LIBRES! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/25/entonces-ahora-soy-libre-de-hacer-lo-que-yo-quiera/ ).

Que Dios nos ayude a comprender y agradecer todos los días lo grandioso de nuestra salvación, y a querer corresponder a ella con una vida acorde con sus valores y a compartir con otros su bello mensaje.

(Basado en parte de https://unanimes.org/estudios_biblicos/)


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