El temor a Dios

En este mundo tememos muchas cosas malas: enfermedades, accidentes, terremotos, inundaciones, asesinos, terroristas, demonios y el mismo satanás.  ¿Pero nuestro amoroso Padre Celestial?  ¿Por qué Dios nos diría que le temamos?  ¿Qué dice la Biblia al respecto?

Entendamos que bíblicamente la palabra traducida como “miedo” o «temor» puede significar varias cosas, puede referirse al terror que uno siente en una situación aterradora (Deuteronomio 2:25), puede significar “respeto” en la forma en que un siervo teme a su amo y lo sirve fielmente (Josué 24:14), puede denotar la reverencia o el asombro que una persona siente en presencia de la grandeza (Isaías 6:5), o una combinación de todos los anteriores.

El temor al Señor se puede definir como “la conciencia continua de que nuestro amoroso Padre celestial está mirando y evaluando todo lo que pensamos, decimos y hacemos” (Mateo 12:36, Salmo 139:2, Jeremías 12:3).

Veamos algunos ejemplos de los tipos de temor:

“Tú crees que hay un solo Dios.  ¡Qué bien!  Pero también los demonios lo creen, y tiemblan! (Santiago 2:19)

Pero cuando se presentó el que había recibido mil monedas, dijo: “Señor, yo te conozco que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste.  Y como tuve miedo, fui y escondí tus mil monedas en la tierra.  Aquí tienes lo que es tuyo”. Su señor respondió y le dijo: “¡Siervo malo y perezoso! ¿Sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí?  (Mateo 25:24-26)

Pero, para los cobardes e incrédulos, para los abominables y homicidas, para los fornicarios y hechiceros, para los idólatras y todos los mentirosos, su herencia será el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. (Apocalipsis 21:8)

El siervo inútil de la cita de Mateo fue corregido por ser perverso y perezoso después de presentar la excusa de “tuve miedo, y escondí el talento que me diste” en lugar de usarlo productivamente, y en Apocalipsis la Biblia nos dice que los «cobardes» (o «temerosos» como dice en otras versiones) no estarán en el Reino de Dios.  Por lo tanto, el miedo en estos casos no tiene un final positivo, y obviamente este temor no es lo que Dios está buscando.

Entonces, ¿qué tipo de temor quiere Dios que le tengamos?

Las principales palabras hebreas y griegas traducidas como “temor” en la Biblia pueden tener varios matices de significado, pero en el contexto del temor del Señor, transmiten una reverencia positiva.  El verbo hebreo «yare» puede significar “temer, respetar o reverenciar” y el sustantivo hebreo «yirah» generalmente se refiere al temor de Dios y se considera una cualidad positiva. Este temor reconoce las buenas intenciones de Dios (Éxodo 20:20), es producido por la Palabra de Dios (Salmo 119:38, Proverbios 2:5) y hace a la persona receptiva a la sabiduría y al conocimiento (Proverbios 1:7, 9:10).

El sustantivo griego «phobos» puede significar “temor reverencial” de Dios, no un mero «temor» de Su poder y justa retribución, sino un temor (sano) a desagradarle.  Este es el tipo de temor positivo y productivo que Lucas describe en la iglesia primitiva del Nuevo Testamento:

“Mientras tanto, la iglesia de Judea, Galilea y Samaria tenía paz y crecía en fortaleza y número.  Los creyentes aprendían cómo andar en el temor del Señor, fortalecidos por el Espíritu Santo.”  (Hechos 9:31)

¿Y por qué sería importante temer a Dios?  Si estudiamos la Biblia, no hay duda de los mandatos repetidos de temer a Dios.  El sabio rey Salomón lo expresó de esta manera al explicar su razón para escribir el libro de Proverbios:

El temor del SEÑOR es el principio del conocimiento; los insensatos desprecian la sabiduría y la disciplina.  (Proverbios 1:7)

El rey David también habló de aprender el temor del Señor:

Vengan hijos míos, escúchenme y dejen que les enseñe el temor del Señor. (Salmos 34:11)

Un SANO temor de Dios incluye el temor a las consecuencias de la desobediencia.  Puede haber momentos de tentación o prueba en los que olvidemos algunas de las mejores razones para obedecer a Dios, y ahí es cuando realmente necesitamos pensar en las consecuencias:

No teman —les dijo Moisés—, porque Dios se ha presentado de esta manera para probarlos, de modo que de aquí en adelante tengan temor de pecar en su contra.  (Éxodo 20:20)

Esto es más o menos lo mismo que dice el Libro de los Hebreos:

Si después de haber conocido la verdad seguimos pecando, ya no queda ningún sacrificio por los pecados.  Lo único que nos queda es esperar con terror el juicio, el fuego ardiente con el que Dios destruirá a sus enemigos.  Por eso, cualquiera que desobedecía la ley de Moisés, y si así lo declaraban dos o tres testigos, moría sin remedio. ¿No piensan ustedes que merece un mayor castigo el que haya pisoteado al Hijo de Dios?, ¿el que haya despreciado la sangre del pacto por la cual había sido santificado y que haya insultado así al Espíritu de gracia?  Sabemos que el Señor dijo: «Yo soy el que se vengará; yo pagaré».  Y también dijo: «El Señor juzgará a su pueblo».  ¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios viviente!  (Hebreos 10:26-31)

La reverencia a Dios nos ayuda a tomarlo a Él y a Sus leyes benéficas con seriedad, y estar en armonía con las leyes espirituales que gobiernan el universo tiene beneficios asombrosos. Muchos de estos llegan en esta vida, pero los mayores beneficios se experimentarán en la vida venidera (1 Timoteo 4:8, Salmo 16:11).

Por lo tanto, el temor reverencial del Señor está diseñado para ayudarnos a crecer para ser más como Dios, para crecer en el amor, y este crecimiento elimina cualquier necesidad de estar aterrorizado por el juicio de Dios.

Ustedes no recibieron un espíritu que los haga esclavos del miedo; recibieron el Espíritu que los adopta como hijos de Dios y les permite clamar: «Abba, Padre».  (Romanos 8:15)

Sabemos cuánto nos ama Dios porque hemos sentido ese amor y porque le creemos cuando nos dice que nos ama profundamente.  Dios es amor, y el que vive en amor vive en Dios y Dios en él.  Y al vivir en Cristo, nuestro amor se perfecciona cada vez más, de tal manera que en el día del juicio no nos sentiremos avergonzados ni apenados, sino que podremos mirarlo con confianza y gozo, sabiendo que él nos ama y que nosotros lo amamos también.  No hay por qué temer a quien tan perfectamente nos ama.  Su perfecto amor elimina cualquier temor.  Si alguien siente miedo es miedo al castigo lo que siente, y con ello demuestra que no está absolutamente convencido de su amor hacia nosotros. (1 Juan 4:16-18)

Aunque debemos rendirnos voluntariamente como «siervos» (=esclavos) a Dios, Él no es un esclavista cruel y abusivo que nos aterroriza y atormenta, que es el punto de este versículo. Nunca debemos perder nuestro respeto y aprecio por Dios, pero debemos crecer más allá de estar motivados únicamente por el miedo y más bien estar motivados por el amor de Dios: TENER UN PROFUNDO AMOR Y RESPETO POR DIOS Y SU PALABRA.

Entonces, en lugar de un terror paralizante, el temor (positivo) del Señor enseñado en la Biblia es un elemento clave en el cambio, nos ayuda a tener la perspectiva CORRECTA y humilde de nosotros mismos en relación con nuestro maravilloso Dios; ¡y nos motiva a ser más como nuestro amoroso Creador!

El temor del SEÑOR es fuente de vida, para apartarse de las trampas de la muerte.” (Proverbios 14:27)

El temor del SEÑOR es para vida; el hombre vivirá satisfecho con él y no será visitado por el mal.”  (Proverbios 19:23)

“No tenga tu corazón envidia de los pecadores. Más bien, en todo tiempo permanece tú en el temor del SEÑOR. Porque ciertamente hay un porvenir, y tu esperanza no será frustrada.” (Proverbios 23:17-18)

(Basado en parte en https://lifehopeandtruth.com/god/who-is-god/fear-of-the-lord/ y https://www.gotquestions.org/fear-Lord-beginning-wisdom.html)


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