
Ahhh la oración, el complemento perfecto del estudio de la Palabra, de la Fe y de toda nuestra relación con Dios. Tan importante es que la Biblia nos llama a que «oremos sin cesar» (1 Tesalonicenses 5:17), pero lamentablemente en nuestros tiempos se ha tergiversado tanto el tema que el término es prácticamente irreconocible y totalmente alejado a lo revelado en las Escrituras.
Cada vez que escucho por parte de cristianos orar para que solapadamente DIOS CAMBIE su Plan (¡en lugar de orar por fortaleza, sabiduría y humildad para que ELLOS CAMBIEN, se ajusten y acepten el Plan perfecto de Dios!) se me hace el corazón un puño, y peor aún cuando se utilizan expresiones como «yo pacto», «yo declaro», «yo reclamo» (y un gran etcétera de herejías) que son propias más del espiritismo que del cristianismo. De hecho muchas de las técnicas modernas que mucha gente usa en la «oración» se parecen a las palabras mágicas, fórmulas y «recetas para el éxito» que los paganos utilizaban cuando intentaban que «los dioses» se movieran a su favor.
Pero entonces, ¿qué dice la Biblia al respecto? ¿Qué es la oración bíblica?
Empecemos por lo que NO ES la oración!
1. Hacer cosas para «sobornar» a Dios
¿Si hacemos algo «para Dios», entonces creemos que Dios «responderá» mi oración (tipo trueque)? ¿Si somos buenos y no pecamos (mucho), entonces creemos que seremos «respondidos» acordemente? ¿O si oramos con mucha mucha mucha fe Dios cederá para complacernos? El meollo del asunto tiene que ver más con los motivos: si pretendemos obedecer y servir a Dios SÓLO por lo que obtendremos, entonces eso no es sumisión, ¡eso es chantaje (precisamente lo que Satanás acusó a Job de hacer, Job 1:9-11)!
Si amamos a Dios, querremos más bien que se haga Su voluntad (cualquiera que sea) porque dice la Biblia que es perfecta, y obedeceremos simplemente porque la obediencia es la voluntad de Dios para nosotros (¡NO por lo que podamos obtener al hacerlo!).
“Y él se apartó de ellos a una distancia considerable y, puesto de rodillas, oraba diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad sino la tuya.” (Lucas 22:42)
2. Tratar de influir en Dios con la «cantidad» de oraciones
Si realmente queremos algo, ¿»bombardeamos» a Dios con muchas oraciones a lo largo del día? ¿O creemos que hacer que muchas personas oren por nuestra petición convencerá a Dios y hará que se mueva más rápido a responderla? (¡costumbre tremendamente popular, por cierto!).
Una vez más, el tema principal son los motivos o las intensiones del corazón, todo depende si estamos orando para que Dios nos ayude a someternos y obedecer, o si pretendemos por el contrario, que Él cambie Su Plan. No es que las «cadenas de oración» no sean bíblicas, en el Antiguo Testamento vemos a la reina Ester ordenando a todos los judíos que ayunaran durante tres días y tres noches (Ester 4:16), pero la oración siempre debe ir alineada con buscar la voluntad de Dios, no con la nuestra.
3. Impresionar a Dios con la repetición
¿Debo confiar en la repetición de palabras, frases o incluso oraciones completas? Simplemente repetir y repetir oraciones (como el «Padrenuestro», Mateo 6:9-13) no es orar, sino que es pura palabrería. Además, la repetición constante del nombre de Dios es pura religiosidad, y aunque parezca raro, se acerca más a un «mantra» (técnica utilizada en varias religiones orientales, nunca por el cristianismo bíblico).
Está bien usar el nombre de Dios en la oración, pero nunca de una manera trillada o irreverente (Éxodo 20:7), Jesús mismo nos llama a evitar el uso de la repetición constante, lo que él llama «balbuceo». ¡Dice la Biblia que eso es lo que hacen los paganos!, por lo tanto, la repetición constante de palabras «que suenan espirituales» no hace que la oración de uno sea «espiritual».
“Cuando estén orando, no hagan como los paganos que se ponen a repetir la misma oración, porque piensan que mientras más palabras usen más los va a escuchar Dios. No los imiten. Dios Padre sabe exactamente lo que ustedes necesitan antes que se lo pidan.” (Mateo 6:7-8)
4. Finalizar peticiones egoístas con la frase «en el nombre de Jesús»
Esto es más común de lo que uno se imagina, es un tipo de estribillo que «suena» cristiano pero que no tiene soporte bíblico, y se ha convertido en un «final de oración» muy utilizado (al igual que «amén, amén, amén«). Se supone que al terminar la oración así, de alguna manera se logran los resultados deseados torciéndole el brazo a Dios, pero más bien está convirtiendo algo sagrado en religiosidad pura. ¿Tenemos alguna idea de lo que significa esa frase? Esencialmente quiere decir que «mi oración está de acuerdo con todo lo que representa el nombre de Jesús». Si usamos este término, más vale que tengamos cuidado con lo que oramos, ¡porque sino estaríamos convirtiendo la oración en una petición herética!
5. Usar un lenguaje poco natural y patrones de habla extraños
¿Pensamos que orar requiere un tono de voz «que suene espiritual» y que no coincide con nuestro lenguaje normal? ¿U oramos con palabras o frases extrañas que nunca usaríamos en ningún otro contexto? La oración que se basa en el Nuevo Testamento implica una conversación normal, NO un «lenguaje sagrado» o especial. No hay NADA en la Biblia que sugiera que Dios está impresionado por las oraciones que suenan «espirituales«, o por las extrañas palabras «religiosas«. Tales cosas son más compatibles con impresionar a la gente, pero no tienen nada que ver con el concepto bíblico de la oración dirigida a Dios.
Por todo lo anterior, vemos que toda la idea de tratar de manipular a Dios para lograr nuestros propósitos es totalmente ajena a la Biblia. En la Biblia, el enfoque principal de la oración está centrado EN DIOS (no en nosotros), si bien pueden haber peticiones de oración legítimas que se enfocan en el individuo; no son el foco principal. El único objetivo de la oración debe ser siempre buscar hacer la voluntad de Dios (¡que es justa, agradable y perfecta!), NO que Dios haga la nuestra.
Entonces, ¿qué SÍ ES la oración y por qué debemos orar a Dios?
La definición más básica de oración es “hablar con Dios”, la oración NO es meditación ni reflexión pasiva; es una conversación íntima y directa con Dios, la comunicación del alma humana con Su Creador. La oración es la forma principal para que el creyente en Jesucristo comunique sus emociones y deseos a Dios, y tengamos «comunión» con Él. La oración puede ser audible o silenciosa, privada o pública, formal o informal, pero toda oración debe ofrecerse con Fe (Santiago 1:6), en el nombre del Señor Jesús (Juan 16:23) y en el poder del Espíritu Santo (Romanos 8:26). Los impíos no tienen deseos de orar (Salmo 10:4), ¡pero los hijos de Dios tenemos una necesidad y un deseo natural de orar (Lucas 11:1)!
No necesitamos hablar bien para hablar con Dios, imaginemos que es la conversación de un niño pequeño con su padre, aunque sean incoherencias. De hecho, Él escucha lo que hay en nuestro corazón, incluso si no podemos expresarlo bien o incluso hablar, y esto es lo más increíble del asunto: el Espíritu Santo promete expresarle al Padre lo que nosotros no podemos.
“De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestras debilidades. Es cierto que no sabemos qué debemos pedir, pero el Espíritu ora por nosotros con gemidos tales que no se pueden expresar con palabras. Y Dios, que conoce los corazones, entiende lo que el Espíritu dice, porque pide por nosotros de acuerdo con la voluntad de Dios. Además, sabemos que si amamos a Dios, él hace que todo lo que nos suceda sea para nuestro bien. Él nos ha llamado de acuerdo con su propósito.” (Romanos 8:26-28)
Obviamente la oración presupone una creencia en la personalidad de Dios, Su capacidad y disposición para comunicarse con nosotros, Su control personal de todas las cosas y de todas Sus criaturas y todas sus acciones. Por eso Pablo escribió:
“No se angustien por nada; más bien, oren; pídanle a Dios en toda ocasión y denle gracias. Y la paz de Dios, esa paz que nadie puede comprender, cuidará sus corazones y pensamientos en Cristo.” (Filipenses 4:6-7)
Entonces, no nos preocupemos por NADA, ¡sino ocupémonos y oremos POR TODO!
¿TODO? Sí, Dios quiere que hablemos con Él de todo. ¿Con qué frecuencia debemos orar? La respuesta bíblica es como vimos “orad sin cesar”, pero lo que eso significa es simplemente mantener una conversación abierta y continua con Dios durante todo el día. Podemos orar bajo cualquier circunstancia (realmente no existe un formato específico), sino que nuestra oración va desarrollándose conforme mejoramos nuestra relación con Dios, y demostramos nuestra confianza y total dependencia de Él.
De nuevo, el ejemplo perfecto es la relación de un niño con su padre, su conversación pasará de cosas extremadamente básicas a temas profundos conforme avanzamos en la vida. Simplemente la oración es la manera del cristiano de comunicarse con Dios, NO necesariamente para presentarle nuestro «pliego de peticiones».
Oramos para alabar a Dios y darle gracias y decirle cuánto lo amamos, oramos para disfrutar de Su presencia y contarle lo que está pasando en nuestras vidas, y claro, oramos también para hacer peticiones y buscar orientación y pedir sabiduría, pero con humildad y sumisión a Su Plan perfecto. Dios ama este intercambio con Sus hijos, así como nosotros amamos el intercambio que tenemos con nuestros hijos, la comunión con Dios es el corazón de la oración. ¡Con demasiada frecuencia perdemos de vista lo simple que se supone que es la oración!
Y cuando eventualmente hagamos peticiones a Dios, debemos admitir que Dios es más grande que nosotros y que, en última instancia, Él sabe qué es lo mejor en cualquier situación dada (Romanos 11:33-36), como cualquier buen padre lo sabe:
“El Señor está lejos de los malos, pero escucha las oraciones de los justos.” (Proverbios 15:29)
“Y estamos seguros de que él nos escuchará cuando le pidamos algo que esté de acuerdo con su voluntad. Y si sabemos que él nos oye cuando le hablamos y cuando le presentamos nuestras peticiones, podemos estar seguros de que nos contestará.” (1 Juan 5:14-15)
Dios es bueno y nos pide que confiemos en Él, en la oración esencialmente decimos: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”, de la misma forma que lo hizo Jesús horas antes de ser crucificado. La clave para la oración contestada es orar según la voluntad de Dios y de acuerdo con Su Palabra, la oración NUNCA es buscar nuestra propia voluntad, sino más bien buscar que NOSOTROS nos alineemos más plenamente a SU voluntad. Oremos pues, NO para que Él cambie, sino para que nosotros nos adaptemos (¡y además agradezcamos!) al plan perfecto que Dios tiene para cada uno, de esta forma Dios cumplirá SIEMPRE nuestras oraciones.
De lo contrario, perdemos el tiempo, ¡y nuestras oraciones no pasarán del cielo raso!
“No tienen porque no piden. Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propios placeres.” (Santiago 4:2e-3)
(Basado en parte en https://www.journal33.org/lovegod/html/prayer01.htm y https://www.gotquestions.org/what-is-prayer.html)
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