¿Para qué es que fuimos apartados?

Hace unas semanas estudiamos los tres pasos de la salvación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/28/los-tres-pasos-de-la-salvacion/), que ahora somos «santos» (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/santos-perfectos/), y vimos que el verdadero sentido de la palabra es «apartado» o «escogido».

Eso no es algo que podamos hacer por nuestra cuenta, sino que es Cristo, por pura misericordia, quien toma la iniciativa y decide llamarnos, una decisión que tomó desde antes de la fundación del mundo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/29/la-predestinacion/).

Una vez que nos damos cuenta de nuestro pecado y le entregamos nuestras vidas por completo a Su servicio, Él nos santifica, nos llena con Su Espíritu Santo y nos capacita para hacer Su voluntad mientras estamos en este mundo.  ¿Pero con qué propósito terrenal nos santifica Dios? ¿Qué dice la Biblia al respecto?

Primero, debemos recordar que el propósito de Dios en nuestra santificación NO es prepararnos para el cielo, YA somos aptos para el cielo desde el momento mismo en que somos salvos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/25/la-seguridad-en-la-salvacion-eterna/), lo que Jesús hizo en la cruz es suficiente para limpiarnos y prepararnos para la vida eterna, es un don que nos ha sido dado por pura gracia, es el resultado de simplemente aceptar Su regalo de salvación.

Somos pues, a los ojos de Dios, perfectamente santos y perfectamente justos, ¡esa es nuestra posición (en Cristo) desde el día que nacemos de nuevo! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/07/si-nacemos-una-vez-morimos-dos-veces-pero-si-nacemos-dos-veces-morimos-una-vez/).

En realidad el concepto de la «santificación» viene desde el Antiguo Testamento.  Dios escogió («santificó») a Abraham para darle una descendencia, una tierra y bendecir a todas las familias de la tierra (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/los-pactos-de-dios-con-el-hombre/).

Porque eres una nación santa, consagrada al Señor tu Dios.  Él te ha elegido de entre todos los pueblos de la tierra para ser su pueblo escogido.  El Señor no te eligió ni te demostró su amor porque fueras una nación más grande que las demás. Al contrario, eras la más insignificante de todas las naciones.  Fue porque él te amó y cumplió la promesa hecha a tus antepasados.  Por esta razón te liberó de la esclavitud de Egipto con una gran demostración de poder y milagros maravillosos.” (Deuteronomio 7:6-8)

Vemos entonces que Dios ha apartado («santificado») a algunos con un propósito, que poco a poco es revelado a través de todas las Escrituras.

Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol: apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por medio de sus profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo —quien, según la carne, era de la descendencia de David; y quien fue declarado Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santidad por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo nuestro Señor.  Por él recibimos la gracia y el apostolado para la obediencia de la fe a favor de su nombre en todas las naciones, entre las cuales están también ustedes, los llamados de Jesucristo.  A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: Gracia a ustedes y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.”  (Romanos 1:1-7)

Y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hasta ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.”  (Efesios 4:11-13)

Entonces, Dios espera que nuestra nueva condición en este mundo produzca frutos, fuimos seleccionados y somos capacitados para que toda la «iglesia» (el «Cuerpo de Cristo») alcance CONJUNTAMENTE una madurez agradable a Dios.

El propósito de Dios en nuestra santificación es mostrar a Su Hijo al mundo para que todos puedan verlo y ser atraído por Él, debemos por lo tanto ser testigos, no solo de palabra sino también de hecho, somos ahora parte del equipo de comunicación de Dios y no podemos evitarlo, el Espíritu Santo empezó su obra en nosotros, y aunque no siempre la veamos, eso con el tiempo se va manifestando en cada uno de nosotros.

Por tanto —como escogidos de Dios, santos y amados— vístanse de profunda compasión, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia; soportándose los unos a los otros y perdonándose los unos a los otros, cuando alguien tenga queja del otro. De la manera que el Señor los perdonó, así también háganlo ustedes.  Pero sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto.  Y la paz de Cristo gobierne en su corazón, pues a ella fueron llamados en un solo cuerpo, y sean agradecidos.”  (Colosenses 3:12-15)

Por lo tanto (y contrario a lo que muchos cristianos creen), alcanzar la madurez que Dios requiere algo de esfuerzo de nuestra parte, sobre todo estar dispuesto (¡y permitir!) ser guiado por el Espíritu para cualquier obra que así lo disponga Dios.

A veces no necesariamente nos gusta y sabemos que todos los cristianos tenemos tribulaciones en este mundo, pero si entendemos lo que sucedió en el momento que el Señor nos rescató, el resultado lógico y esperado de un corazón renovado debería ser buscar la gloria de Dios en TODO y responder con las conmovedoras palabras de Cristo mismo.

Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo.  Pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.”  (Lucas 22:42)

Debemos pues entender que fuimos apartados para anteponer la Voluntad de Dios a la nuestra, y eso es un proceso que nos lleva a someternos progresivamente en todas las áreas de nuestra vida.  Para eso Dios nos compró y nos limpió de pecado, ahora nos llama a la santificación.

¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que mora en ustedes, el cual tienen de Dios, y que no son de ustedes?  Pues han sido comprados por precio.  Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo.”  (1 Corintios 6:19-20)

Porque esta es la voluntad de Dios, la santificación de ustedes: que se aparten de inmoralidad sexual; que cada uno de ustedes sepa controlar su propio cuerpo en santificación y honor, no con bajas pasiones como los gentiles que no conocen a Dios; y que en este asunto nadie atropelle ni engañe a su hermano; porque el Señor es el que toma venganza en todas estas cosas, como ya les hemos dicho y advertido. Porque Dios no nos ha llamado a la impureza sino a la santificación.”  (1 Tesalonicenses 4:3-7)

Finalmente (y aunque suene raro), es para nuestro disfrute terrenal, no hay mayor gozo que estar en la voluntad de Dios y cumplir Su propósito en nuestras vidas.  No sé si es la experiencia de todos, pero yo ahora duermo en absoluta paz, pase lo que pase a mi alrededor. Esa es la promesa de nuestro Señor y la razón de esto es simple: ¡fuimos hechos para Dios y ya NADA nos puede separar de Él!

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligros, o espada?  Como está escrito: Por tu causa somos muertos todo el tiempo; fuimos estimados como ovejas para el matadero.  Más bien, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.  Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte ni la vida ni ángeles ni principados ni lo presente ni lo porvenir ni poderes ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.”  (Romanos 8:35-39)

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús.”  (Filipenses 4:7)

Es Dios quien nos suple todo lo que necesitamos para la santificación, Él hace TODO el trabajo pesado, a nosotros sólo presentar nuestros cuerpos como sus instrumentos, alejarnos del pecado y buscar Su Voluntad mediante el estudio de Su Palabra y la oración (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/06/la-oracion-esa-gran-incomprendida/).

No dejen que el pecado domine su cuerpo mortal; no lo obedezcan siguiendo sus malos deseos.  No entreguen ninguna parte de su cuerpo al pecado para que se convierta en instrumento del mal.  Más bien, entréguense por completo a Dios, como quienes ya han muerto y han vuelto a vivir.  Y preséntenle sus miembros como instrumentos para la justicia.(Romanos 6:13-14)

Así que, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es el culto racional de ustedes.  No se conformen a este mundo; más bien, transfórmense por la renovación de su entendimiento de modo que comprueben cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.(Romanos 12:1-2)

La obra de santificación finalmente se completará en la vida de cada creyente cuando Dios nos llame (¡ya sea porque morimos o porque Jesucristo regrese!), esta es la esperanza de todo cristiano.  Qué glorioso día será ese cuando la lucha del pecado y la tentación ya no obstaculicen nuestra relación con Dios, ¡seremos hechos completamente perfectos!  

Demos a Dios toda la gloria y la alabanza por su maravilloso regalo inmerecido, ¡esta oferta por tiempo limitado!

“Y el mismo Dios de paz los santifique por completo; que todo su ser —tanto espíritu, como alma y cuerpo— sea guardado sin mancha en la venida de nuestro Señor Jesucristo.”  (1 Tesalonicenses 5:23)

(Basado en parte de https://www.thechristianexplorer.org/post/the-purpose-of-sanctification)


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