La importancia de la verdad

En estos tiempos de inteligencias artificiales, asistentes virtuales, metaversos y criptomonedas, se hace cada vez más difícil responder a la pregunta ¿QUÉ ES LA VERDAD?  ¿Cómo la obtenemos?  ¿Es relativa o absoluta?  ¿Es subjetiva u objetiva?

Los valores perdidos del mundo (dinero, felicidad, belleza, satisfacción personal, igualdad y un inmenso etcétera) no ayudan mucho a conocer la Verdad.  Tampoco ayudan los conceptos espiritualoides como “sigue tu corazón”, “no importa mientras que no le haga daño a nadie”, “soy esencialmente bueno” y mil mentiras más del mundo.

Pero ¿qué dice la Biblia al respecto? ¿Por qué es importante la verdad?

Pregúntele a cualquier conocido «¿qué es la verdad?» y seguro que iniciará una conversación “interesante”, y si le gustan los retos pues nada más haga la prueba en un campus universitario o en el medio de la ciudad, lo más probable que reciba risas, burlas y hasta ataques personales. El concepto de verdad claramente ha atravesado momentos difíciles durante toda la historia de la humanidad, pero en nuestros tiempos modernos es simplemente una guerra campal, y es imposible lograr un consenso sobre el concepto.  Así que volvamos al punto de partida y tratemos de responder la pregunta: ¿Qué es la verdad?

Una de las preguntas más profundas y eternamente significativas de la Biblia fue planteada por un incrédulo.  Pilato, el hombre que entregó a Jesús para que lo crucificaran, tuvo una curiosa conversación con Jesús, la cual quedó registrada por el apóstol Juan:

“Pilato volvió a entrar al palacio y llamó a Jesús.  Le preguntó: ―¿Eres tú el rey de los judíos?  Jesús le respondió: ―¿Dices eso por tu propia cuenta o es que otros te han hablado de mí?  Pilato le contestó: ―¿Acaso soy judío?  Fue tu propio pueblo y los jefes de los sacerdotes los que te entregaron a mí.  ¿Qué hiciste? Jesús contestó: ―Mi reino no es de este mundo.  Si lo fuera, mis servidores pelearían para que no me entregaran a los judíos. Pero mi reino no es de este mundo. Pilato le dijo: ―Entonces eres rey.  Jesús le respondió: ―Tú eres el que dices que soy rey.  Yo para esto nací y vine al mundo: para hablar de la verdad.  Todo el que está de parte de la verdad, me escucha. Pilato preguntó: ―¿Y qué es la verdad? Luego de decir esto, salió otra vez a ver a los judíos.  Él dijo: ―Yo no encuentro a este culpable de nada.” (Juan 18:33-38)

«¿Qué es la verdad?» Obvio que era una pregunta retórica, una reacción cínica a lo que Jesús acababa de revelar: “He venido al mundo para dar testimonio de la verdad”.  ¡Hasta nos podemos imaginar la expresión facial burlona de Pilato!

Dos mil años después, el mundo entero respira el mismo cinismo de Pilato.  Algunos dicen que la verdad es un juego de poder, “una narrativa construida por la élite con el propósito de controlar a las masas ignorantes”. Para algunos, la verdad es “subjetiva”, un mundo ilimitado de preferencias y opiniones, otros creen que la verdad es “el juicio colectivo”, el producto “del consenso cultural”, y otros simplemente niegan el concepto de verdad por completo.

Entonces, ¿QUÉ ES LA VERDAD?

Aquí hay una definición simple extraída de lo que enseña la Biblia: La verdad es lo que es consistente con la mente, la voluntad, el carácter, la gloria y el ser de Dios.  Aún más al grano: LA VERDAD ES LA AUTOEXPRESIÓN DE DIOS (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/quien-es-dios/).

Por lo tanto la verdad es teológica, pero también es ontológica, que es una manera sofisticada de decir que es la forma en que realmente son las cosas.  La realidad es lo que es porque Dios así lo declaró y así lo hizo, ¡Dios es el autor, la fuente, el gobernador, el árbitro, la norma última y el juez final de toda verdad!

El Antiguo Testamento se refiere al Todopoderoso como el “Dios de la verdad”:

“Él es nuestro protector; sus obras son perfectas, sus acciones son justas.  Es el Dios de la verdad, en él no hay injusticia; ¡él es justo y verdadero!” (Deuteronomio 32:4)

“En tus manos encomiendo mi espíritu; ¡rescátame, Señor, Dios de la verdad!” (Salmo 31:5)

Porque el que es bendecido en la tierra, será bendecido por el Dios de la verdad; y el que jura en la tierra, jurará por el Dios de la verdad; porque han sido olvidadas las angustias primeras, y porque están ocultas a mis ojos.” (Isaías 65:16)

Cuando Jesús dijo de sí mismo: “Yo soy la verdad” (Juan 14:6), estaba haciendo una afirmación profunda acerca de su propia deidad. También estaba aclarando que toda verdad debe definirse en última instancia en términos de Dios y Su gloria eterna.  Después de todo, Jesús es “el resplandor de la gloria [de Dios] y la imagen misma de su persona” (Hebreos 1:3).  Él es la Verdad encarnada, la expresión perfecta de Dios y, por lo tanto, ¡la encarnación absoluta de todo lo que es verdad!

Jesús también dijo que la Palabra escrita de Dios es verdad.  No contiene simplemente “perlitas” de verdad, sino que es LA Verdad Pura, inmutable e inviolable que (según Jesús) “no puede ser quebrantada” (Juan 10:35). Orando a su Padre celestial en nombre de sus discípulos, Cristo dijo:

Santifícalos en tu palabra que es la verdad. Yo los envío al mundo, así como tú me enviaste al mundo.  Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” (Juan 17:17-19)

¡Qué profundo!  Por supuesto, no puede haber ninguna discordia o diferencia de opinión entre la Palabra de Dios escrita (“Escritura”) y la Palabra de Dios encarnada (“Jesús”).  En primer lugar, la verdad por definición no puede contradecirse a sí misma, y segundo lugar la Escritura es llamada “la palabra de Cristo” (Colosenses 3:16), es Su mensaje, Su autoexpresión.

En otras palabras, la Verdad de Cristo y la Verdad de la Biblia son del mismo carácter, están en perfecto acuerdo en todos los aspectos, ¡ambos son igualmente ciertos!

Dios se ha revelado a la humanidad a través de las Escrituras y a través de Su Hijo, ambos encarnan perfectamente la esencia de lo que es la Verdad. Las Escrituras también dicen que Dios revela la verdad básica acerca de sí mismo en la naturaleza.  “Los cielos cuentan Su gloria” (Salmo 19:1), “sus otros atributos invisibles (como Su sabiduría, poder y belleza) se muestran constantemente en lo que Él ha creado” (Romanos 1:20), “el conocimiento de Él es innato en el corazón humano” (Romanos 1:19), y “un sentido del carácter moral y la elevación de Su ley está implícito en toda conciencia humana”. (Romanos 2:15).

¡Esas cosas son verdades universalmente evidentes!  Según Romanos 1:20, la negación de las verdades espirituales que conocemos de forma innata siempre implica una incredulidad deliberada y culpable, y para aquellos que se preguntan si las verdades básicas acerca de Dios y sus normas morales están realmente grabadas en el corazón humano, se pueden encontrar amplias pruebas en la larga historia de la ley humana y la religión.  Suprimir esta verdad “es deshonrar a Dios, desplazar Su gloria e incurrir en Su ira”.

Aún así, el único intérprete infalible de lo que vemos en la naturaleza o sabemos de forma innata en nuestra propia conciencia es la revelación explícita de las Escrituras.  Dado que las Escrituras también son el único lugar donde se nos da el camino de la salvación, la Biblia es el fundamento al que se deben llevar todas las afirmaciones de verdad y por la cual se deben medir todas las demás “verdades” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/15/lo-primero-es-lo-primero-la-biblia/).

Un corolario obvio de lo que estoy diciendo es que la verdad no significa nada fuera de Dios.  La verdad no puede explicarse, reconocerse, entenderse o definirse adecuadamente sin Dios como fuente.  Puesto que sólo Él es eterno, autoexistente, autosuficiente y sólo Él es el Creador de todo lo demás, Él es la fuente de TODA la Verdad. Si no me creen, intenten definir la verdad sin hacer referencia a Dios, y vea cuán rápido fallan todas esas definiciones.

En el momento en que comenzamos a reflexionar sobre la esencia de la verdad, nos enfrentamos cara a cara con el requisito de un absoluto universal: la realidad eterna de Dios.  Por el contrario, todo el concepto de la verdad instantáneamente se convierte en una tontería (y pura imaginación del corazón humano, por lo tanto, se convierte en absoluta tontería) tan pronto como las personas intentan eliminar el pensamiento de Dios de sus mentes.

Eso es precisamente cómo el apóstol Pablo trazó la decadencia incesante de las ideas humanas en su carta a los Romanos: 

“Por medio de lo que Dios ha creado, todos podemos conocerlo, y también podemos ver su poder.  Así que esa gente no tiene excusa, pues saben de Dios, pero no lo respetan ni le dan las gracias.  No piensan más que en hacer lo malo y en puras tonterías. Creen que lo saben todo, pero en realidad no saben nada.” (Romanos 1:20-22)

También hay serias implicaciones morales cuando alguien trata de disociar la verdad del conocimiento de Dios.  Pablo continuó escribiendo: 

“Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios los ha dejado hacer todo lo malo que su mente inútil los lleva a hacer.  Son gente injusta, malvada y codiciosa.  Son envidiosos, asesinos, peleadores, tramposos y chismosos.  Hablan mal de los demás, odian a Dios, son insolentes y orgullosos, y se creen muy importantes. Siempre están inventando nuevas maneras de hacer el mal, y no obedecen a sus padres.  No quieren entender la verdad, ni se puede confiar en ellos.  No aman a nadie ni se compadecen de nadie.  Dios ya lo ha dicho, y ellos lo saben, que quienes hacen esto merecen la muerte.  Y a pesar de eso, no sólo siguen haciéndolo, sino que felicitan a quienes también lo hacen.”  (Romanos 1:28-32)

¡Qué clase de aporreada!  Definitivamente Pablito tampoco tenía “pelos en la lengua”.  Como vemos, si abandonamos una definición bíblica de la verdad, la injusticia es el resultado ineludible, lo vemos suceder ante nuestros ojos en todos los rincones de la sociedad contemporánea.

De hecho, la aceptación generalizada de la homosexualidad, la rebelión contra las autoridades y todas las formas de iniquidad que vemos en nuestra sociedad hoy es un cumplimiento literal de lo que Romanos 1 dice que siempre sucede cuando una sociedad niega y suprime la conexión esencial entre Dios y la Verdad.

Si reflexionamos sobre el tema con algún grado de seriedad, pronto veremos que incluso las distinciones morales más fundamentales (bueno y malo, correcto e incorrecto, belleza y fealdad, honor y deshonra, etc.), no pueden tener ningún significado verdadero o constante aparte de Dios.

Eso se debe a que la Verdad y el Conocimiento en sí mismos simplemente no tienen un significado coherente aparte de una fuente fija, a saber, Dios.  Él encarna la definición misma de la Verdad, ¡toda afirmación de la verdad aparte de Él es absurda!

Se han propuesto elaboradas epistemologías y se han desacreditado metódicamente una tras otra, como una larga cadena en la que se rompen todos los eslabones anteriores.  Después de miles de años, los mejores filósofos humanos (Sócrates, Platón, Aristóteles, Descartes, Locke, Kant, Hegel, Kierkegaard, Nietzsche, Marx y otros) han fallado por completo en explicar la verdad y el origen del conocimiento humano aparte de Dios.

De hecho, la lección más valiosa que la humanidad debería haber aprendido de la filosofía es que es imposible dar sentido a la verdad sin reconocer a Dios como el punto de partida necesario. Queda claro que la verdad NO es subjetiva, NO es una construcción cultural consensuada y NO es un concepto inválido, obsoleto e irrelevante.  La verdad es la autoexpresión de Dios, es la realidad que Dios ha creado y definido, y sobre la cual Él gobierna.

La verdad es, por tanto, una cuestión moral para todo ser humano, y cómo responde cada persona a la verdad que Dios ha revelado es un tema de importancia eterna.  RECHAZAR Y REBELARSE CONTRA LA VERDAD DE DIOS RESULTA EN TINIEBLAS, INSENSATEZ, PECADO, JUICIO Y EVENTUALMENTE LA IRA ETERNA DE DIOS.  POR el contrario, aceptar y someterse a la Verdad de Dios es ver con claridad, saber con certeza y encontrar la vida eterna.

La pregunta del millón entonces es: ¿AMAMOS LA VERDAD? ¿La buscamos a TODA costa, pase lo que pase, caiga quien caiga y contradiga a quien contradiga?

Recordemos que los cristianos (la iglesia, el “Cuerpo de Cristo”) debemos ser celosos de la Verdad según fue revelada por Dios en la Biblia y estamos llamados a pasar todo «por el filtro de la Palabra». Por ende, NO aceptemos alteraciones ni interpretaciones chuecas sin fundamento bíblico, aunque vengan de parte de un pastor, un maestro o cualquier “líder” espiritual.

¡Es nuestra responsabilidad!  (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/08/para-que-es-que-fuimos-apartados/)

(Basado en parte en https://www.gty.org/library/Articles/A379/What-Is-Truth )


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