La iglesia: ¿“novia” o “Cuerpo” de Cristo?

Empezamos la semana con otro de esos temas que ha separado a cristianos por siglos, y que probablemente todos tenemos una posición (no tanto por que hayamos estudiado el tema, sino porque así hemos sido enseñados).

Por un lado, existe una mayoría que está convencida de que los miembros de la iglesia somos “la novia del Cordero”, esto lo podemos ver en muchísimos sitios cristianos de internet, y que por lo tanto, a lo que vamos en el rapto es a la “consumación” de la boda entre Cristo y su iglesia. Por el otro lado, hay una minoría que aduce que, como los miembros de la iglesia somos “el Cuerpo de Cristo” (y que pareciera que ambos términos son mutuamente excluyentes), no tenemos participación directa en la futura boda profetizada de Cristo al final de los tiempos.

Entonces, ¿es la iglesia “la novia” o “el Cuerpo” de Cristo?  ¿Cuál grupo tiene la razón?

Por aquello, este tema lo habíamos visto a 10.000 pies de altura cuando estudiamos el futuro pacto matrimonial con Dios, pero ahora vamos a profundizar para intentar aclararlo de una vez por todas.  Y como no se trata de un tema de religión, política o futbol (muy de moda en estos días, jejeje) sino de la PALABRA DE DIOS, vamos a intentar responder el tema sin sentimentalismos ni opiniones, sino estudiando lo que realmente dice la Biblia al respecto.

“No dejen que nadie los engañe con filosofías erradas y huecas, basadas en tradiciones humanas y en los poderes que dominan este mundo, y no en la enseñanza de Cristo”. (Colosenses 2:8)

Empecemos porque ni una sola vez en la Biblia encontramos el término “la novia de Cristo”, así que el concepto viene más de la interpretación de algunas citas, con lo cual ya empezamos mal. Lo que encontramos en la Palabra de Dios son las siguientes frases y términos relacionados:

  • La cena (o fiesta) de las bodas del Cordero” (Apocalipsis 19:7-9)
  • La ciudad santa, la nueva Jerusalén, preparada como un novia ataviada para su marido” (Apocalipsis 21:2)
  • La esposa del Cordero” (Apocalipsis 21:9)

Un matrimonio ciertamente es lo que está ocurriendo en los últimos capítulos del libro de Apocalipsis, pero ¿QUIÉN SE CASA CON QUIÉN? No debemos sacar estos versículos de su contexto y fabricar la identidad de la novia y el novio, ¡a menos que queramos empezar a torcer las Escrituras! Como estudiamos hace unos meses, a través de los profetas del Antiguo Testamento, Dios CLARAMENTE se refirió a la nación de Israel como “Su esposa” y Él como “su Esposo” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-matrimonio-de-dios-y-su-relacion-con-la-ley/).

Además, el libro de Oseas da toda una explicación de cómo Dios se casó con la nación de Israel cuando la sacó de la esclavitud egipcia (e hizo el Antiguo Pacto, la Ley, con ellos, en Éxodo capítulo 24).  Oseas también relata cómo Israel le fue infiel cuando una esposa engañaba a su esposo, Israel se contaminó con los ídolos de sus vecinos paganos; ella voluntariamente fue tras otros dioses. Eventualmente, Dios tuvo que divorciarse de Israel (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-divorcio-de-dios/); esencialmente Él la envió al cautiverio gentil, ejemplificado más plenamente en el libro de Lamentaciones, cuando Jerusalén fue destruida por ahí del año 586 a.C.  

Sin embargo, en Oseas 2:15-23 también aclara cómo Dios PERDONARÁ a Israel por sus pecados, LA RESTAURARÁ, SE VOLVERÁ A CASAR CON ELLA Y LA TRAERÁ DE REGRESO A SU TIERRA NATAL (la Tierra Prometida), ¡donde será Su pueblo (terrenal) para siempre! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/18/el-nuevo-pacto-matrimonial-de-dios/).

También los profetas Jeremías e Isaias mencionaron que en los tiempos finales Dios perdonará a Israel: 

“Llegará el día, dice el Señor, cuando celebraré un nuevo convenio con el pueblo de Israel y Judá.  No será como el convenio que hice con sus antepasados cuando de la mano los saqué de tierra de Egipto, convenio que ellos quebrantaron, obligándome a rechazarlos, dice el Señor.“ (Jeremias 31:31-32)

Dios quería que la nación de Israel fuera Su nación en la Tierra (ver Éxodo 19:5-6, Salmo 37:11, Isaías 2:1-4, Mateo 5:5, Apocalipsis 5:10, etc.), y la forma en que Dios gobernará sobre la tierra es a través del Israel redimido.  El planeta Tierra que Satanás ha contaminado algún día será redimido, Dios se casará con la nación de Israel y vivirán en la Tierra Prometida.  Isaías procede a explicar:

“Continuó hablando el profeta: Porque amo el monte Sion, porque mi corazón suspira por Jerusalén, no cesaré de orar por ella o de interceder por ella ante Dios hasta que resplandezca en su justicia y sea maravillosa en su salvación.  Jerusalén, las naciones verán tu justicia, los reyes serán deslumbrados por tu gloria y Dios te otorgará un nombre nuevo. El Señor te alzará en sus manos para que todos te vean: ¡espléndida corona para el Rey de reyes!  Jamás volverán a llamarte «La Abandonada» ni a tu nación «La Arruinada». Tu nuevo nombre será «Mi Preferida» y tu nación, «La Desposada», porque en ti se deleita el Señor y te reclamará como posesión suya. Jerusalén, así como un joven se casa con su novia, así se casa contigo el que te reconstruyó. El Señor se regocija contigo, como el marido se alegra con su esposa.”  (Isaías 62:1-5)

Entonces, para resumir los pasajes anteriores, Jesucristo regresará a la Tierra un día, para restaurar a la nación de Israel, para redimirla y convertirla en Su pueblo terrenal (el Nuevo Pacto de Jeremías 31:31-34, Romanos 11:26, Hebreos 8:8-13 y 10:15-17). En ese tiempo, Dios cumplirá el Pacto Abrahámico (Génesis 12:1-3) para evangelizar a los gentiles a través de Israel, el Pacto Palestino (Génesis 15:18-21) para dar a Israel su tierra, y el Pacto Davídico (2 Samuel 7 :12-16) para darle a Israel su Reino literal, físico y visible después del linaje real de David.

La forma en que Jesucristo restaurará la Tierra a Sí mismo es usando a la nación de Israel en su reino de 1000 años (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/las-dispensaciones-biblicas/).  

Regresando al tema del «matrimonio» de Apocalipsis, con las bases de todo lo que Dios reveló siglos antes, ahora sí estamos preparados para estudiar las palabras de Juan en Apocalipsis:

“Alegrémonos, regocijémonos y démosle gloria, porque ha llegado la hora de la boda del Cordero; y a su novia, que ya está preparada, se le ha permitido vestirse del lino más fino, limpio y resplandeciente».  El lino fino simboliza las buenas obras del pueblo santo.  Y el ángel me pidió que escribiera lo siguiente: «Dichosos los que están invitados a la fiesta de bodas del Cordero». Y me dijo: «Este es un mensaje verdadero de Dios.” (Apocalipsis 19:7-9)

Teniendo en cuenta las palabras que vimos de los profetas del Antiguo Testamento acerca de Israel esperando que Dios se vuelva a casar con ella (y amarrándolo con lo escrito en Apocalipsis), ¿quién diríamos que es la «esposa» del Cordero según la Biblia? Todo lo que tenemos que hacer es recordar lo que dice la Palabra de Dios en otros libros, y la respuesta se vuelve clara.  Los siguientes versículos hablan de Jesucristo regresando al planeta Tierra, luchando contra los enemigos de Israel; y los siguientes capítulos elaboran sobre Jesucristo reinando en la Tierra con la nación de Israel.

Los “santos” de Apocalipsis 19:8 serían entonces aquellos judíos creyentes que sobrevivieron al período de los siete años (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/setenta-semanas-la-profecia-de-daniel/) y que formarán el Israel redimido, básicamente los descendientes que heredarán los pactos y promesas hechas a los patriarcas de Israel a través del Antiguo Testamento. Siendo así, ¡el libro del Apocalipsis no tiene NADA que ver con nosotros (los “gentiles”)! Fue escrito por Juan, un apóstol de Israel (Apocalipsis 1:1, Gálatas 2:9), sumado a que el libro de Apocalipsis es PARA y SOBRE Israel.

Más adelante leemos:

“Entonces vi un nuevo cielo y una nueva tierra, porque la tierra, el mar y el cielo que conocemos desaparecieron.  Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de donde estaba Dios. Tenía la apariencia gloriosa y bella de una novia.  Oí entonces que una potente voz gritaba desde el trono: «La casa de Dios está ahora entre los seres humanos, y él vivirá con ellos. Ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos, y será su Dios.  Él les enjugará las lágrimas y no habrá muerte ni llanto ni clamor ni dolor, porque estos pertenecen a un pasado que no existe más». (Apocalipsis 21:1-4)

“Entonces uno de los siete ángeles que habían derramado las copas que contenían las siete últimas plagas, vino y me dijo: «Ven y te presentaré a la novia, la esposa del Cordero».  Me llevó en el Espíritu a la cumbre de un monte alto, y desde allí contemplé una ciudad que bajaba del cielo, de delante de Dios.  Era la santa Jerusalén.”  (Apocalipsis 21:9-10)

Si la Biblia dice: “Te mostraré la novia, la esposa del Cordero”, y la próxima visión es la de “la gran ciudad, la santa Jerusalén, que desciende del cielo de Dios”, ¿cuál sería la “esposa del Cordero” aquí? ¡Sería la Nueva Jerusalén, la Santa Jerusalén, la Jerusalén actualmente en el cielo (Hebreos 12:18-24) que bajará a la Tierra! ¡Se trata de la Jerusalén celestial que anticiparon Abraham y los otros santos del Antiguo Testamento! (Hebreos 11:10,16,39,40). En general, la idea del matrimonio divino se trata en realidad que Él se casa con Israel y, por lo tanto, se casa también con la tierra de ella.  No es difícil de entender si estamos abiertos a que la Palabra de Dios corrija nuestros puntos de vista distorsionados por cortesía de la tradición religiosa.

Por supuesto que aquí inmediatamente se nos hace un colocho con algunos pasajes en las cartas del apóstol Pablo:

  • ¿No comparó Pablo nuestra relación con Jesucristo como una esposa casada con su esposo, en Efesios capítulo 5?
  • ¿No dijo Pablo que estábamos casados con Jesucristo en Romanos capítulo 7?
  • ¿No dijo Pablo que necesitamos ser vírgenes puras para Jesucristo en 2 Corintios capítulo 11?

Si creemos que la Biblia tiene las respuestas a estas preguntas, pues entonces revisemos esos versículos.  Sin embargo, debemos tener cuidado de no leer algo que no está en el texto de la Biblia.

“Los esposos, por su parte, deben mostrar a sus esposas el mismo amor que Cristo mostró a su iglesia.  Cristo se entregó a sí mismo por ella para hacerla santa y la purificó lavándola con agua por medio de la Palabra.  Lo hizo así a fin de presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, sin manchas ni arrugas ni nada semejante, sino santa e intachable.  Así deben amar los esposos a sus esposas: como aman a su propio cuerpo. ¡El hombre que ama a su esposa se ama a sí mismo!  Nadie aborrece su propio cuerpo; antes bien, lo alimenta y lo cuida con esmero.  Cristo hace lo mismo con ese cuerpo suyo del que formamos parte: la iglesia. «Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán como una sola persona».  Sé que esto es como un misterio difícil de entender; pero ilustra la manera en que Cristo se relaciona con la iglesia.  Así que, repito, el esposo debe amar a su esposa como a sí mismo; y la esposa debe respetar a su esposo.” (Efesios 5:35-33)

La Biblia enseña que la relación matrimonial entre el esposo y su esposa debe reflejar y parecerse a la unión amorosa, tierna y desinteresada entre el Señor Jesucristo COMO “cabeza” (Efesios 5:23, Colosenses 1:18, Colosenses 2: 19) y nosotros COMO “cuerpo” (1 Corintios 12:12-13, 27; Efesios 1:22-23, Colosenses 1:24). Sin embargo, NUNCA leemos en el pasaje anterior que nosotros SOMOS la “esposa” de Jesucristo o Su “novia”.  Ya hemos visto el testimonio de las Escrituras de que Israel es la esposa de Dios encarnado (el Señor Jesucristo). Entonces, ¿será que Dios tiene dos esposas?

Por el contrario (y como ya lo vimos), la Biblia SÍ llama a Israel “esposa” de Dios; debemos concluir pues que la iglesia NO es la esposa de Dios, sino que Israel es Su esposa. En realidad, el capítulo 5 de Efesios describe cómo está diseñado para funcionar el matrimonio, y la forma de entender la relación matrimonial es ver cómo Jesucristo y Su Cuerpo (nosotros) interactúan entre sí: los roles respectivos, las actitudes de cada uno hacia el otro, etc., ESE el propósito del pasaje.

Veamos otro pasaje “enredado”:

“¿Es que no comprenden todavía, mis hermanos conocedores de la ley, que cuando una persona muere, la ley pierde todo su poder sobre ella?  Por ejemplo, cuando una mujer se casa, la ley la ata al esposo mientras este viva.  Pero si el esposo muere, ella deja de estar atada a la ley que la unía a su esposo.  Si desea casarse de nuevo, puede hacerlo, pues está libre de la ley y no es adúltera.  Esto sería incorrecto si el esposo viviera; entonces sí sería una adúltera.  Así sucede también con ustedes, hermanos míos: por estar unidos a Cristo, están muertos para la ley.  Y esto, a fin de que ahora estén unidos a aquel que resucitó de entre los muertos, para producir buenos frutos para Dios.”  (Romanos 7:1-4)

Ciertamente, Romanos 7:4 dice que estamos “unidos” (¡en tiempo presente!) con Jesucristo.  En ese caso, Apocalipsis tampoco se aplicaría a nosotros; ¡puesto que Apocalipsis describe un FUTURO matrimonio!  La iglesia, el “Cuerpo de Cristo”, ciertamente está YA unida (o «casada» si queremos verlo así) con Jesucristo; de lo contrario, ¡los miembros del Cuerpo no seríamos salvos!

Todo lo que trata el capítulo 7 de Romanos es cómo somos libres de la Ley, muertos a la ley del pecado y las obras muertas, no obligados a vivir la vida cristiana en nuestra carne y energía. Estamos unidos a Jesucristo, y es Su vida, no nuestra vida, Su desempeño, no nuestro desempeño (discutido más adelante en el capítulo 8). Usar este pasaje para enseñar que somos la “Novia de Cristo” es leer algo que no está en el texto, el capítulo 7 de Romanos no está diseñado para enseñar el matrimonio en la «Dispensación de la Gracia«, eso sería el capítulo 7 de 1 Corintios.

Y para terminarla de hacer, Pablo en su segunda carta a los corintios dice: 

“Espero que me toleren si digo algunas tonterías.  ¡Por favor, aguántenmelas!  Siento celo por ustedes, celo que Dios ha puesto en mí; anhelo que amen sólo a Cristo, como doncella pura que reserva su cariño para el hombre que la tomará por esposa.  Pero temo que de alguna manera, engañados, se aparten de la pura y sincera devoción a Cristo, como se apartó Eva cuando la serpiente la engañó.  Ustedes son fáciles de engañar.  Me parece que reciben a cualquiera que va y les predica de un Jesús distinto del que les he enseñado.  También reciben fácilmente un espíritu diferente del Espíritu Santo que recibieron, y aceptan un evangelio diferente del que les predicamos.”  (2 Corintios 11:1-4)

Aquí nuevamente no leemos terminología acerca de que somos la “Novia de Cristo”, lo que Pablo está haciendo es usar un SÍMIL, una analogía comparándonos a ser espiritualmente (o doctrinalmente) puros, COMO lo es ser una virgen casta o sexualmente pura. Los falsos maestros se habían infiltrado en Corinto, ya lo largo de este capítulo, leemos cómo los corintios disfrutaban ser engañados, Pablo entonces les advirtió que estaba celoso de ellos con un celo piadoso: no quería que algún sistema religioso falso los corrompiera, ¡básicamente quería que abandonaran y evitaran la religión falsa! (ver 2 Corintios 6:14-18).

En los versículos anteriores, leemos cómo satanás usaría las mismas tácticas que usó para engañar a Eva para engañarnos a nosotros, satanás citaría la Biblia pero la citaría mal, ignorando el diseño dispensacional (ver Salmo 91:11-12; Mateo 4:6; Lucas 4:10-11).  El Diablo haría que siguiéramos a “otro Jesús” (como en Su ministerio terrenal; 2 Corintios 5:16) en lugar de seguir a Jesucristo a quien Pablo predicó (Su ministerio celestial, “Jesucristo según la revelación del misterio”; Romanos 16:25). Satanás nos haría seguir “otro espíritu” (como en el “espíritu de servidumbre” de la Ley; Romanos 8:15; Gálatas 5:1-5) e ignorar el espíritu que predicaba Pablo (Gracia; Romanos 6:14-15).

El Diablo nos haría seguir “otro evangelio” (como en el “evangelio del Reino”; Mateo 9:35; Mateo 4:17; Mateo 10:5-7) pero ignorar el “evangelio de la Gracia” que predicaba Pablo (Hechos 20:24; Romanos 2:16; Gálatas 2:2; 1 Corintios 15:1-4). La iglesia, el “Cuerpo de Cristo”, está en tal confusión doctrinal hoy, porque hemos permitido que satanás y su política de maldad (tradición religiosa) nos corrompa.

La mayoría de los cristianos de hoy no están “interpretando (trazando) bien la palabra de verdad” como dice 2 Timoteo 2:15; ¡están mezclando dispensaciones y haciendo lo que se conoce en Costa Rica como un “arroz con mango”! Lo sé porque ¡yo mismo solía cometer los mismos errores (horrores) doctrinales!  Y si no me creen (que no tienen por qué hacerlo), pregúntense: ¿TIENE PABLO AUTORIDAD PARA ENTREGAR A LA «NOVIA» A ALGUIEN?

En conclusión, vemos entonces que la Biblia NUNCA llama a la iglesia “la esposa de Cristo”, esa es más una tradición religiosa, pero no es bíblicamente correcto.  Usar un concepto que se relaciona exclusivamente con Israel y usarlo para aplicarnos a nosotros, es colocarnos en una pendiente resbaladiza de confundirnos con Israel, y corremos el riesgo de caer en la trampa de la famosa doctrina de la “Teología de Reemplazo” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/15/sera-que-la-iglesia-sustituyo-a-israel/).

El lugar que le corresponde a la iglesia es ser “el Cuerpo de Cristo” (puesto que Él es nuestra «Cabeza»), lo cual es un lugar de inmenso privilegio que ni podemos entender (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/dos-promesas-una-para-israel-y-otra-para-la-iglesia/).

¡Que nadie nos robe de semejante bendición!

(Basado en parte en https://forwhatsaiththescriptures.org/2014/09/19/bride-of-christ/ )


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