
“Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, un pueblo de Galilea, a una virgen llamada María”. (Lucas 1:26b–27)
Este pasaje es muy familiar para los cristianos, es parte de lo que llamamos la “historia de la Navidad”. Sin entrar nuevamente en todo el tema de la Navidad (que ya lo vimos hace unos pocos días), hoy vamos a analizarlo desde otra perspectiva. ¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué Dios eligió a María específicamente?
¿Habrá sido que la escogió al azar, echando suertes o haciendo “tin, marin de do pingüé”?, ¿será que María tenía algo de especial (como argumentan muchos)?, o ¿será más bien que Dios la había preparado y “escogido desde antes de la fundación del mundo” para cumplir con un Plan?
Empecemos porque sabemos que todo lo sucedido había sido preparado y profetizado desde la antigüedad, Dios se lo había revelado al profeta Isaías más de 700 años antes que ocurriera:
“Entonces Isaías dijo: «¡Escuchen ahora ustedes, los de la dinastía de David! ¿No les basta con agotar la paciencia de los hombres, que hacen lo mismo con mi Dios? Por eso, el Señor mismo les dará una señal: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamará Emanuel.” (Isaías 7:13-14)
De nuevo, hemos escuchado tantas veces la historia que ya ni le ponemos atención a su profundidad. ¿UNA VIRGEN DANDO A LUZ? ¿Cómo podría ser esto posible? ¡Esto era tan inverosímil como que se levantara de la tumba un muerto! 😉
Pero, ¿qué más dice la Biblia al respecto?
Todo empieza con la visita del ángel Gabriel a María, a fin de llevarle la súper noticia. Leamos el pasaje según quedó escrito en el Evangelio de Lucas:
“Fue a visitar a una joven virgen llamada María, que estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, que era descendiente del rey David. El ángel entró donde ella estaba y le dijo: ―¡Te saludo, a ti que has recibido la bendición de Dios! El Señor está contigo. María se sorprendió al escuchar estas palabras, y se preguntaba qué significaría ese saludo.
El ángel le dijo: ―No tengas miedo, María, porque Dios te ha concedido su favor. Vas a quedar embarazada y tendrás un hijo, y lo llamarás Jesús. Él será un gran hombre, y le darán el título de Hijo del Altísimo. Dios el Señor lo hará rey como hizo rey a su antepasado David, y reinará para siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin. María le preguntó al ángel: ―¿Cómo va a suceder esto, puesto que soy virgen? El ángel le contestó: ―El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por lo tanto, al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios.
También tu parienta Elisabet, a pesar de ser anciana, va a tener un hijo. La gente decía que ella era estéril, y desde hace seis meses está embarazada, pues para Dios no hay nada imposible. María dijo: ―Soy la esclava del Señor. Que él haga conmigo como tú me has dicho. Y entonces el ángel se fue.” (Lucas 1:27-38)
Si bien podemos ver lo extraordinario del escueto pasaje, nuestra mente finita no logra dimensionar todos los elementos requeridos para que esto suceda, pero sabemos que Dios actúa entrelazando eventos como si fuera un simple rompecabezas tridimensional.
Por lo tanto, podemos afirmar que Dios tenía argumentos para elegir los tiempos, los lugares y las personas involucradas en Su plan de redención (Efesios 1:9-11), así que trataremos de descubrir algunas de las razones por las que Dios eligió a María para ser la madre del Mesías.
1. María era del linaje correcto. El apóstol Lucas rastrea el linaje de María a través de David, Booz, Judá, Jacob, Isaac y Jacob (y se cree que fue la misma María quien le describió estos detalles). Esto sería un requisito fundamental para que Su hijo estuviera calificado de llevar el título de Hijo de David y ser el “retoño” justo que vendría de la familia de David (Isaías 11:1).
Esto es extremadamente importante, es por eso que Lucas 3:23-38 rastrea el linaje de Jesús por el lado de María (a diferencia de Mateo que lo rastrea desde la perspectiva “normal” de José, el padre adoptivo de Jesús).
Otro tema relacionado con el linaje de María es su relación con Isabel, la madre de Juan el Bautista. Lucas dice que María estaba «emparentada» con Isabel, y esta era de la tribu de Leví (Lucas 1:5,36). Un argumento que a veces esgrimen aquellos que niegan las credenciales de Cristo es que, si María era la “prima” de Isabel (Lucas 1:36), entonces María también debió haber sido levita.
Sin embargo, la palabra en griego es “sungenés” (“pariente”, no necesariamente “primo/a”). Incluso si aun Isabel y María fueran primas, todavía era posible que fueran de tribus diferentes, ya que las mujeres se identificaban con la tribu de su padre, no con la de su madre. El padre de Isabel era levita, lo que la convertía en levita de nacimiento, pero es posible que su madre fuera de Judá.
Por el contrario, la madre de María pudo haber sido levita y hasta hermana de la madre de Isabel, mientras que el padre de María era de Judá. La genealogía de Lucas muestra que Elí (a quien suponemos el padre de María) era de la Tribu de Judá, no de Leví.
Además, el ángel Gabriel afirmó el linaje judaico de Jesús, diciéndole a María que “será muy grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David” (Lucas 1:32). Recordemos que David era de la tribu de Judá.
2. María estaba comprometida con un hombre cuya herencia requería que él visitara Belén en el momento indicado. Miqueas 5:2 predijo el lugar de nacimiento del Mesías, señalando a Belén de Judea. Muchas vírgenes pueden haber conocido el favor de Dios y pueden haber descendido del linaje del rey David, pero no muchas estarían en el pequeño pueblo de Belén cuando llegara el momento del nacimiento del Mesías.
3. María era virgen. Era fundamental que la madre del Mesías fuera virgen para cumplir la profecía de Isaías. Mateo recordó a sus lectores esa profecía, que fue crucial para verificar la identidad de Jesús (Mateo 1:23), ella no podía estar “casada” (en el sentido que lo entendemos en la actualidad, aunque sí estaba “desposada” en el sentido judío de la época, lo que significaba que ya estaban “casados” pero todavía no habían tenido relaciones sexuales, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-matrimonio-hebreo-antiguo/), o el mundo asumiría que Jesús tenía un padre terrenal.
No podía tener mala reputación, o nadie hubiera creído su historia sobre un nacimiento virginal, ni siquiera su propia familia. El nacimiento virginal, al pasar por alto a un padre humano, eludió la transmisión de la naturaleza pecaminosa y permitió que el Mesías fuera un hombre sin pecado.
4. María era de Nazaret. Las profecías dadas cientos de años antes del nacimiento de Jesús declararon que el Mesías sería de poca reputación (Isaías 53; Zacarías 9:9; Mateo 2:23). Ser llamado nazareno o galileo era algo así como un insulto en esos días (ver Juan 1:46).
Además, si María hubiera sido rica, socialmente prestigiosa o de una ciudad próspera, Jesús no podría haberse conectado fácilmente con personas humildes, a las que había venido a salvar (Lucas 19:10; Marcos 2:17), pero por ser de Nazaret, el pueblo natal de María, se cumplió la humildad profetizada de Él.
Podemos estar seguros que Dios tuvo más razones para elegir a María de Nazaret, pero tendremos que esperar hasta llegar al cielo para saber cuáles son. Mientras tanto, podemos descansar en que María era simplemente una mujer “ordinaria” (en el sentido que era persona «normal») que Dios usó para Sus propósitos de manera “extraordinaria”, obviamente aprovechando las cualidades y dones que Dios mismo le dio.
Lamentablemente, satanás ha intentado torcer la Verdad revelada, y por medio de la religión, ha hecho creer que María fue elegida por méritos propios o porque fuera más “santa” que otras personas (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-virgen-maria/).
Sin embargo, el mensaje del ángel a ella fue claro: le dijo «muy favorecida» y «bendecida» (Lucas 1:28), ambos adjetivos “pasivos”, más como una referencia a lo extraordinario de la tarea, que a algún nivel de virtud que ella tuviera. Seguramente María era una jovencita muy piadosa, de eso no hay duda, pero ese no es el punto.
¡El énfasis de Gabriel estaba en el privilegio que iba a recibir María, NO en su piedad! Ella había “hallado gracia ante Dios”, y eso dice más de la bondad de Dios que la de María, ella simplemente fue la RECEPTORA de la Gracia de Dios (¡un favor inmerecido!).
Vemos entonces que Dios la escogió por lo que ÉL MISMO había formado en María, Él había “movido sus fichas” para que ella fuera de la forma correcta, y Él se aseguró que estuviera en el lugar correcto en el momento correcto.
María lo entendió perfectamente, la prueba de ello es su respuesta al ángel Gabriel: “Yo soy la esclava del Señor. Hágase conmigo como has dicho” (Lucas 1:38). ¡WOW! Qué nivel de respuesta por parte de una adolescente, ¡definitivamente Dios la había preparado bien!
Oremos a Dios para que nos dé a cada uno de nosotros ese nivel de madurez, espiritual, entrega y humildad para responder a Su llamado (sea cual sea), tal y como lo hizo la virgen María.
(Basado en parte en https://www.gotquestions.org/why-did-God-choose-Mary.html y https://www.gotquestions.org/Mary-lineage.html )
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