
Así como hace algunos días vimos el peligro de la religión (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/12/el-peligro-de-la-religion/), hoy vamos a ver otro que, a mi juicio, ¡es todavía más peligroso! Esto porque muchísimos cristianos han sido engañados por pastores ignorantes (en el mejor de los casos) o por lobos vestidos de ovejas (en el peor de los casos). Dichos cristianos viven frustrados, atemorizados, sin entender el regalo de la salvación, y consecuentemente sin disfrutar “la paz que sobrepasa todo entendimiento”, tratando de conciliar la Ley con la Gracia! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/ley-vs-gracia/).
Y hablo por experiencia propia, ¡yo fui uno de esos!
De hecho, hace pocos meses estuve visitando una congregación de creyentes, gente bien intencionada y temerosa de Dios, pero tristemente con el tiempo me di cuenta que estaban más interesados en cumplir hasta la última regla de la “estructura correcta” de la iglesia (pastor, ancianos, diáconos, etc.) y en la “disciplina eclesiástica”, que en profundizar en la Palabra y servir al Señor con un corazón agradecido. Y estoy seguro que estos problemas aquejan la mayoría de iglesias cristianas, (y aunque parezca mentira, ¡a muchos pastores!). Es por eso que hoy vamos a ver que dice la Biblia sobre el legalismo, una arma letal de satanás dirigida ya no al mundo impío (que no conoce a Dios), ¡sino al mundo cristiano!
El apóstol Pablo luchó contra el legalismo durante toda su vida cristiana (y probablemente la razón por la cual Dios lo escogió), que irónicamente representaba toda su vida previo a su encuentro con el Señor. Esto no era nuevo, inclusive antes de Cristo el legalismo ya había infectado al judaísmo, y después de Cristo al catolicismo, ambas religiones plagadas de reglas y falsedades (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/27/doctrinas-catolicas-equivocadas/) que confundían el verdadero propósito de Dios. Gracias infinitas a Dios que yo también fui liberado de esa “maldición” y pude conocer la Verdad, sobre todo al estudiar a profundidad precisamente las cartas paulinas.
Veamos un ejemplo perfecto en todo su contexto:
“Por lo demás, hermanos míos, alégrense en el Señor. A mí no me molesta volver a escribirles lo mismo, y a ustedes les da seguridad. Cuídense de esos perros, cuídense de esos malos obreros, cuídense de esos que mutilan el cuerpo. Porque los verdaderos circuncidados somos nosotros, los que por medio del Espíritu adoramos a Dios y nos llenamos de orgullo de pertenecer a Cristo Jesús. Nosotros no ponemos nuestra confianza en esfuerzos humanos.
Yo mismo tengo motivos para confiar en mis propios esfuerzos. Si alguien cree que tiene motivos para confiar en esfuerzos humanos, yo tengo más: me circuncidaron al octavo día, pertenezco al pueblo de Israel y a la tribu de Benjamín, soy hebreo entre los hebreos; en cuanto al cumplimiento de la ley, fui fariseo; en cuanto al celo por cumplir la ley, fui perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, fui intachable.
Pero todo aquello que para mí era valioso, ahora lo considero sin valor por causa de Cristo. Es más, todo lo considero una pérdida comparado con el supremo valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo y lo considero basura, con tal de ganar a Cristo y encontrarme unido a él. No quiero la justicia propia que viene de obedecer la ley, sino la que se obtiene por la fe en Cristo. Esa es la justicia que viene de Dios y está basada en la fe. Lo he perdido todo con tal de conocer a Cristo, de experimentar el poder de su resurrección, de tener parte en sus sufrimientos y de llegar a ser semejante a él en su muerte. Así espero llegar a resucitar de entre los muertos.
No quiere decir que yo ya lo haya conseguido todo, ni que ya sea perfecto; pero sigo adelante trabajando para poder alcanzar aquello para lo que Cristo Jesús me salvó a mí. Hermanos, no pienso que yo ya lo haya alcanzado. Más bien, sigo adelante trabajando, me olvido de lo que quedó atrás y me esfuerzo por alcanzar lo que está adelante. De esta manera sigo adelante hacia la meta, para ganar el premio que Dios ofrece por medio de su llamado celestial en Cristo Jesús. Así que, ¡atentos todos los que hemos alcanzado madurez! Todos debemos pensar de esta manera. Y si algunos piensan de forma diferente en algo, Dios les hará ver esto también. Debemos vivir de acuerdo con lo que ya hemos alcanzado.
Hermanos, sigan todos mi ejemplo y fíjense en los que siguen el ejemplo que les hemos dado. Ya se los he dicho muchas veces, y ahora se los vuelvo a decir con lágrimas, que muchos se comportan como enemigos de la cruz de Cristo. El futuro de ellos es la destrucción, porque su dios es su propio apetito y están orgullosos de lo que debería darles vergüenza. Sólo piensan en las cosas de este mundo. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo y de allí esperamos al Salvador, el Señor Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso. Esto lo hará por medio del poder con el que domina todas las cosas. Por eso, queridos hermanos míos, a los que amo y extraño mucho, a ustedes que son mi alegría y mi corona les digo que se mantengan firmes en el Señor.
Les ruego a Evodia y también a Síntique que se pongan de acuerdo en el Señor. Y a ti, mi fiel compañero, te pido que ayudes a estas mujeres. Porque han luchado a mi lado junto con Clemente y mis demás ayudantes en la obra del evangelio. Sus nombres ya están en el libro de la vida. Alégrense siempre en el Señor. Se lo repito: ¡Alégrense! Que todos se den cuenta de que ustedes son amables. El Señor viene pronto. No se angustien por nada; más bien, oren; pídanle a Dios en toda ocasión y denle gracias. Y la paz de Dios, esa paz que nadie puede comprender, cuidará sus corazones y pensamientos en Cristo.” (Filipenses 3:1-4:7)
¡Qué grande Pablo! Veamos algunos puntos destacables:
- Por si no lo notaron, en el segundo versículo les llama ahora PERROS a los judíos (exactamente como éstos le decían a los “gentiles”), habiendo sido él mismo un judío de “hueso colorado” (hebreo de hebreos, de la tribu de Benjamín, fariseo y celoso de la Ley). Y por si quedara duda que se refería a los judíos, los describe como “esos que mutilan el cuerpo” (en referencia a la circuncisión).
- Dice entonces, que AHORA somos nosotros “los verdaderos circuncidados”, “los que adoramos a Dios por medio del Espíritu Santo”, y que “NO ponemos nuestra confianza en esfuerzos humanos” (¡incluyendo los nuestros!).
- Añade que “la verdadera justicia” viene de Dios, y está basada en la Fe (por Gracia) y no en la obediencia a la Ley (lo cual sabemos es imposible). Eso equivale a pensar “únicamente en las cosas de este mundo”, y lo que así piensan son “como enemigos de la cruz” y sólo les espera la destrucción.
- Concluye Pablo que para los que ya están apuntados en el Libro de la Vida, solo deben alegrarse, sin angustiarse “por nada”, dándole gracias a Dios “por todo”, sabiendo que esa paz divina (que nadie puede comprender) ¡NO SE COMPRA, NO SE VENDE NI SE PUEDE PERDER!
El legalismo es un cáncer que enferma a quien se descuide (espiritualmente), Pablo lo sabía, de ahí sus duras (pero amorosas) palabras en la mayoría de sus cartas. Recordemos que antes de que Jesús se le presentara a sí mismo, Pablo estaba también cegado, atormentando y asesinando a los cristianos a causa de sus creencias farisaicas. Y no es que lo hacía por malo o porque tuviera tendencias asesinas, lo hacía POR LEGALISTA, se había desviado de la Verdad y esto lo había llevado a la persecución de los cristianos. ¡A lo que puede llegar el legalismo!
Puede que hoy en día no los llamemos “fariseos” a los que practican el legalismo, pero todavía son muchos y están en todos los rincones de la vida cristiana, especialmente en los púlpitos de las iglesias. El ejemplo perfecto son los que creen (o enseñan) que la salvación se puede perder, eso sólo sucede en una mentalidad legalista que no comprende la seguridad eterna. Los que así piensan no han comprendido el concepto de la salvación POR GRACIA, creen que tuvieron algún merito para obtenerla, y creen que pueden hacer algo para mantenerla, aunque la Biblia es clara al respecto:
“Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que nadie los pueda culpar de nada en el día de nuestro Señor Jesucristo. Dios siempre cumple su palabra, y él los llamó a vivir unidos a su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.” (1 Corintios 1:8-9)
Sin embargo, estos y otros eran requisitos de la dispensación anterior (“el evangelio del Reino”), pero NO de la era de la Iglesia (“el evangelio de la Gracia”) que comenzó con el ministerio de Pablo, el apóstol de los gentiles. Durante la dispensación o era de la Iglesia, el único requisito de Dios para ser salvo es creer en Su Hijo, Jesucristo, poner la fe en Jesús es creer todo lo que Él dice de Sí mismo en Su Palabra. ¡Dios nos sella con Su Espíritu y garantiza nuestro lugar en el Cielo con Él!
Lamentablemente el legalismo no es exclusivo de los días de Pablo, hoy en día sigue enfermando y desviando a los cristianos por desconocimiento de la Palabra. En muchas iglesias seguimos escuchando todo tipo de “requisitos” para ser salvo y “mantener” la salvación. Por ejemplo:
- Debemos ser miembros de una iglesia local
- Debemos hacer “la oración” para recibir a Cristo como Señor y Salvador
- Debemos ser bautizados públicamente
- Debemos celebrar la cena del Señor todos los domingos
- Debemos someternos al pastor en todo
- No debemos sentarnos a comer o reunirnos con impíos
- No debemos beber licor o bebidas alcohólicas de ningún tipo
- Y un gigantesco etcétera
Esto es sólo una pequeña muestra de algunas reglas que podemos encontrar. No es que estas cosas sean necesariamente malas, sino que debemos tener claro que ninguna de ellas son un requisito para ser salvo ni para mantener nuestra salvación (suponiendo que de veras ya somos salvos).
¿Entonces, es malo cumplir con estas cosas? NO tampoco, eso sería irse al otro extremo, el peligro del legalismo es creer que DEBEMOS cumplirlas para ser salvos, por lo tanto tiene que ver con lo que YO hago. Por el contrario, la Gracia tiene que ver ÚNICAMENTE con lo que Cristo hizo, nosotros no tenemos “vela en ese entierro”, sino no sería “GRACIA” (¡regalo inmerecido!).
Ese fue precisamente el error de los maestros de la Ley, se habían convertido en “policías religiosos”, a tal punto que mataron a Nuestro Señor ¡por no cumplir con las reglas establecidas! Ellos conocían las profecías sobre la venida del Mesías, sabían de los tiempos y vieron las señales, y aun así no reconocieron a Jesús, pues estaban demasiado preocupados por las reglas:
“Luego Jesús le dijo a la gente: ―Cuando ustedes ven una nube que se forma en el occidente, dicen: ‘Va a llover’; y así sucede. Y cuando sopla el viento del sur, dicen: ‘Va a hacer calor’; y así sucede. ¡Hipócritas! Saben interpretar el aspecto del cielo y de la tierra, pero no saben interpretar este tiempo presente.” (Lucas 12:54-56)
Por eso mismo el Señor los enfrento tan duramente, diciéndoles “hipócritas” otras 7 veces en Mateo 23:
“¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque ni entran al reino de los cielos ni dejan entrar a nadie! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que por un lado hacen oraciones larguísimas en las calles y por el otro les roban las casas a las viudas. ¡Hipócritas! ¡Ay de ustedes, hipócritas!, porque recorren el mundo en busca de conversos, y una vez que los encuentran los hacen dos veces más hijos del infierno que ustedes mismos. ¡Guías ciegos, ay de ustedes!, porque dicen que no importa que se jure en vano por el templo de Dios, pero si alguien jura en vano por el oro del templo, lo condenan. ¡Ciegos insensatos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo que santifica el oro? Y dicen que se puede jurar en vano por el altar, pero si se jura en vano por lo que está sobre el altar, lo condenan. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda que se pone sobre el altar o el altar que santifica la ofrenda? El que jura por el altar está jurando también por lo que está sobre él; y el que jura por el templo está jurando por el templo y por Dios que habita en él. Y cuando se jura por el cielo se está jurando por el trono de Dios y por Dios mismo.
¡Ay de ustedes, fariseos y escribas hipócritas! Porque diezman hasta la última hojilla de menta del jardín y se olvidan de lo más importante, que es hacer justicia y tener misericordia y fe. Sí, hay que diezmar, pero no se puede dejar a un lado lo que es aun más importante. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito y se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas!, porque limpian cuidadosamente el exterior del vaso y dejan el interior lleno de robo e injusticia. Fariseos ciegos, limpien primero el interior del vaso, para que esté limpio por dentro y por fuera. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, pues son como sepulcros blanqueados: hermosos por fuera, pero dentro están llenos de huesos de muertos y podredumbre! Así también son ustedes: por fuera se ven santos, pero bajo la apariencia de piedad hay un corazón manchado de hipocresía y pecado.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas!, porque levantan monumentos a los profetas que los padres de ustedes mataron, y adornan las tumbas de los justos que destruyeron, y al hacerlo dicen: ¡Nosotros no los habríamos matado!. ¿No se dan cuenta de que se están tildando de hijos de asesinos? ¡Acaben de imitarlos! ¡Pónganse a la altura de ellos! ¡Serpientes, crías de víboras! ¿Cómo van a escapar de la condenación del infierno?” (Mateo 23:13-33)
¿Pero qué fue el crimen que cometieron los fariseos y escribas para que Cristo mismo las haya tratado tan duramente? ¡EL LEGALISMO! Entonces, para sintetizar, veamos algunos problemas del legalismo:
1. El legalismo promueve la autoridad humana (sobre la bíblica)
2. El legalismo promueve el desempeño personal (obras)
3. El legalismo promueve la división de la iglesia
4. El legalismo degrada a Jesús (haciendo insuficiente su obra en la cruz)
Esto último punto es, en esencia, el verdadero peligro del legalismo. Aferrarse al mérito personal al hacer cosas (por buenas o bíblicas que parezcan) es degradar a Jesús de su lugar de supremacía. Cuando venimos a Cristo para ser salvos, lo único que necesitamos traer con nosotros es un corazón dispuesto a rendirse a Él (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/26/te-cambio-mi-santidad-por-tus-pecados/).
“Así que a los que están unidos a Jesucristo ya no les espera ninguna condenación, porque el poder vivificador del Espíritu, poder que reciben a través de Jesucristo, los libera del poder del pecado y de la muerte.” (Romanos 8:1-2)
“¿Qué más se puede decir? Si Dios está de parte nuestra, ¿quién podrá estar contra nosotros? Si Dios no dudó al entregar a su Hijo por nosotros, ¿no nos dará también, junto con él, todas las cosas? Si somos los escogidos de Dios ¿quién se atreverá a acusarnos? Dios mismo es quien nos ha declarado justos. ¿Quién nos condenará? Cristo fue el que murió y volvió a la vida, el que está en el lugar de honor junto a Dios, intercediendo por nosotros.” (Romanos 8:31-34)
No permitamos pues que otros coloquen sus cargas legalistas sobre nosotros, únicamente debemos escuchar la Palabra de Dios, no a doctrinas de hombres. La vida pacífica y gozosa del cristiano se basa en entender y disfrutar una libertad que fue dada de gratis, NO 50% Dios y 50% yo, tampoco 90% Dios y 10% yo, ni siquiera 99% Dios y 1% yo (¡de ESO se trata el “evangelio de la Gracia”!). Entender esto probablemente nos llevará a QUERER servirle y obedecerle a Dios, pero NO por obtener algo a cambio, sino por puro agradecimiento. Por lo tanto, no permitamos que otros nos roben la bendición a través del legalismo, eso un cáncer que debe ser extirpado de una vez por todas de la iglesia, ¡el “Cuerpo de Cristo”!
“No rechazo el amor de Dios. Si se obtuviera la justicia por guardar la ley, habría sido vana la muerte de Cristo.” (Gálatas 2:21)
“¡Cristo nos libertó para que vivamos en libertad! ¡Cuiden esa libertad y no se dejen someter de nuevo al yugo de la esclavitud!” (Gálatas 5:1)
“No dejen que nadie los engañe con filosofías erradas y huecas, basadas en tradiciones humanas y en los poderes que dominan este mundo, y no en la enseñanza de Cristo.” (Colosenses 2:8)
(Basado en parte en https://grant-phillips.blogspot.com/2016/08/the-danger-of-legalism.html y https://www.thegospelcoalition.org/blogs/erik-raymond/what-is-legalism-and-why-is-it-so-bad/ )
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