
Este es un temazo que en cierta forma complementa el de ayer sobre el legalismo, ¡apenas para el último viernes del año! 😉
En prácticamente todas las iglesias cristianas se habla del tema, y en la mayoría se utiliza como fundamento para diseñar “campañas evangelísticas”, esto porque generalmente se piensa y enseña que las palabras de Jesús en Mateo 28:18-20 a Sus once apóstoles (ya Judas Iscariote no estaba) constituyen la “Gran Comisión” de la iglesia (y por lo tanto es un tipo de orden final para todos nosotros).
El pasaje en cuestión dice:
“Pero él se les acercó y les dijo: ―He recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por lo tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones. Bautícenlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer los mandamientos que les he dado. De una cosa podrán estar seguros: Estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:18-20)
Sin embargo, la lectura cuidadosa de este pasaje y los pasajes paralelos plantean muchas dudas. Tal vez porque el tema se ha vuelto tan familiar, es que el examen crítico de su significado prácticamente ha desaparecido. Pero, ¿realmente la Palabra dice lo que creemos que dice?
A continuación veamos los pasajes paralelos, hay mucha información que Mateo dejó por fuera de todo lo que les dijo Jesús (¡y les ofreció!) a sus apóstoles para que pudieran cumplir con dicha comisión.
“Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán en sus manos serpientes, cuando beban algo venenoso, no les hará daño, pondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán». Después de hablar con ellos, el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Los discípulos salieron a predicar por todas partes. El Señor los ayudaba y confirmaba su palabra acompañándola con señales.” (Marcos 16:15-20)
“Entonces les abrió el entendimiento para que pudieran comprender las Escrituras. Les explicó: ―Está escrito que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día. Y también que en su nombre, comenzando en Jerusalén, se predicará a todas las naciones que hay perdón de pecados para el que se arrepiente. Ustedes son testigos de estas cosas. Pronto enviaré lo que prometió mi Padre. Pero ustedes quédense en Jerusalén hasta que los llene con poder de lo alto.” (Lucas 24:45-49)
Luego Lucas continuó su historia en Hechos:
“Estando con ellos, les mandó que no salieran de Jerusalén hasta que, tal como ya les había dicho, recibieran la promesa del Padre. Juan los bautizó con agua —les recordó—, pero dentro de poco ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo. Los que se habían reunido con Jesús le preguntaron: ―Señor, ¿vas ahora a restaurar el reino de Israel? El Padre ha fijado ese tiempo —les contestó—, y a ustedes no les corresponde saberlo. Sin embargo, cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes recibirán poder para ser mis testigos no sólo en Jerusalén, sino también en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra. Y mientras les decía esto, ascendió al cielo y desapareció envuelto en una nube.” (Hechos 1:4-9)
Los pasajes anteriores proporcionan el contenido y el contexto de las instrucciones de Jesús a sus once apóstoles. Cuando estos pasajes se examinan juntos nos damos una idea más clara de lo sucedido, tal y como es lo correcto al analizar la Biblia.
Entonces (dejando de lado las «herramientas milagrosas» que les dio), ¿cuáles fueron realmente las instrucciones del Señor a Sus apóstoles?
Empecemos por lo más obvio: ¿quiénes eran los receptores del mensaje? ¿Cuál era el contexto de lo que estaba sucediendo? ¿Cuál “evangelio” estaba en operación en ese momento? Para los que llevan un rato leyendo el blog, creo que ya les cayó la peseta hacia dónde voy con esto…
No vamos a profundizar nuevamente en el tema, pero para comprender la “Gran Comisión” es FUNDAMENTAL entender la diferencia entre el evangelio que Jesús predicó mientras estuvo en la Tierra, y el evangelio que predicó Pablo, luego que Dios tuviera que poner en pausa su trato con Israel, en vista que estos rechazaron y mataron al Mesías que había sido profetizado (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/el-evangelio-del-reino-vs-el-evangelio-de-la-gracia/).
Entonces, teniendo esto claro, regresemos al principio del libro de Hechos, específicamente a la declaración de Pedro a los judíos de que ellos recibieron el evangelio primero:
“Todos los profetas, desde los días de Samuel en adelante, hablaron de lo que está sucediendo hoy en día. Ustedes son los hijos de aquellos profetas y del pacto que Dios hizo con nuestros antepasados. Dios le prometió así a Abraham: “Por medio de tus descendientes bendeciré a todas las familias de la tierra”. Y cuando Dios le devolvió la vida a su Siervo, lo envió primero a ustedes para bendecirlos y para que cada uno se apartara de su maldad” (Hechos 3:24-26)
Comparemos esto ahora con la declaración de Pablo en Antioquía sobre la prioridad de los judíos:
“Entonces Pablo y Bernabé valientemente les dijeron: «Era necesario que las buenas noticias de Dios las conocieran primero ustedes los judíos. Pero como las rechazan y se muestran indignos de la vida eterna, no nos queda otro remedio que ofrecérselas a los gentiles.” (Hechos 13:46)
¿Vemos la diferencia? Aquí podemos entender el verdadero propósito del libro de los Hechos. La mayoría cree que Lucas escribió Hechos para registrar el nacimiento y crecimiento de la iglesia, esto es en parte cierto, pero es apenas EL PRINCIPIO. En realidad el propósito principal de Lucas era introducir el cambio de dispensación en el plan de Dios, ¡específicamente la caída de la nación de Israel del programa profético!
Israel comienza con gran esperanza cuando comienza la narración. Sí, habían cometido un gigantesco crimen al crucificar a su Mesías, pero Jesús había resucitado de entre los muertos, y como había prometido, había enviado el Espíritu Santo. La profecía de Joel había comenzado a cumplirse (Hechos 2:16-21) y todavía había esperanza, el escenario estaba listo para cumplir el resto de las promesas que los profetas proclamaron. Pedro entonces, les hizo en ese momento a los judíos una super oferta: si se arrepentían, el reino vendría, ¡pero se negaron!
Para colmo, mataron a Esteban, y es entonces cuando se termina (temporalmente) el “evangelio del Reino” e inicia el “evangelio de la Gracia” empezando con Pablo, tal y como este lo enseñó:
“Sepan ustedes, pues, que de ahora en adelante esta salvación de Dios se ofrece a los no judíos, y ellos sí escucharán.” (Hechos 28:28)
La salvación de Dios había sido enviada primero a los judíos, pero estos la rechazaron. Pablo proclamó que los gentiles lo aceptarían, ¡Y LO HICIERON! Es por eso que la gran mayoría del “Cuerpo de Cristo” está compuesto por gentiles, el pronunciamiento de Pablo puso fin a la exclusividad judía y reconoció formalmente el juicio de Dios sobre la nación de Israel.
Pero Dios es soberano y no olvida sus promesas, Él dará una última oportunidad a Israel, tal y como está profetizado. Pablo escribió en Romanos 9-11 acerca de esta esperanza para la nación de Israel: una futura generación de judíos (o mejor dicho de hebreos, o sea, descendientes de Jacob) se arrepentirá y finalmente pasará la prueba, ¡estos reconocerán y aceptarán a Jesús como el Mesías! (Zacarías 12:10, Mateo 23:39).
Pablo escribió que cuando esto suceda, toda la nación será salva (Romanos 11:26), Jesús finalmente regresará, reinará como Rey de Israel en Su calidad de “Hijo Mayor” de David, y cumplirá todas las promesas pactadas. Estos serán los “tiempos de refrigerio” que Pedro profetizó:
“Por eso, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios para que él los limpie de sus pecados y para que él les envíe desde su misma presencia tiempos de refrigerio, y que les envíe al Mesías Jesús, que fue antes prometido. Él debe permanecer en el cielo hasta que Dios restaure todas las cosas, como está profetizado desde tiempos remotos.” (Hechos 3:19-21)
Volviendo al tema original, en el pasaje de Mateo 28, observamos que Jesús había instruido a sus apóstoles a “enseñarles (a todas las naciones) a obedecer los mandamientos que les he dado”. ¿Pero qué incluía esto? Por un lado (como vimos), Jesús enseñó la obediencia a la Ley de Moisés a lo largo de Su ministerio, operó bajo la Ley Mosaica y ordenó a Sus discípulos que la obedecieran.
Entonces, si las enseñanzas de la “Gran Comisión” fueran para la iglesia (el “Cuerpo de Cristo”), ¡deberíamos estar enseñando a las naciones a obedecer la Ley de Moisés! (Mateo 5:17-19, Mateo 23:1-3). ¿Están las iglesias cristianas haciendo esto hoy? POR SUPUESTO QUE NO, ¡Y CON JUSTA RAZÓN!
¿Pero por qué no (si Jesús lo mandó)? Ya empezamos a ver el problema en que nos metemos, ¡todo por no separar los planes de Dios para Israel y para la iglesia! (ver entradas https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/ley-vs-gracia/ y https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/dos-promesas-una-para-israel-y-otra-para-la-iglesia/).
La enseñanza extendida más famosa que dio Jesús se conoce como el Sermón del Monte. En su sermón, Jesús enseñó que para ser su discípulo no hay que acumular tesoros terrenales, sino renunciar a las riquezas, dar a quien las pida y no preocuparse de dónde vendrá la próxima comida (Mateo 5:40-42, 6:25-26, 10:8-10, 19:21, Lucas 12:33).
De hecho, en Hechos 2, encontramos creyentes en Jerusalén obedeciendo precisamente ESOS mandatos de Jesús, estos vendieron sus posesiones y las mantenían en común. Esto era coherente con la enseñanza de Jesús sobre los ciudadanos del Reino de Dios (Mateo 19:21, Marcos 10:21, Lucas 12:33, 18:22), y efectivamente los discípulos de Jesús habían dejado todo para seguirlo (Mateo 19:27, Marcos 10:28, Lucas 5:11, 28).
¿Pero en algún momento dijo el apóstol Pablo a los creyentes gentiles que dejaran todo, que vendieran sus posesiones y las mantuvieran en común? ¡NUNCA! ¿Y por qué no? Porque Dios le había revelado a Pablo un plan NUEVO Y DIFERENTE: la iglesia, es decir, el “Cuerpo de Cristo”. ¡Este programa era distinto del programa del reino que Jesús había proclamado!
¿Aquellos que enseñan que debemos operar bajo la “Gran Comisión” les dicen también a los creyentes que renuncien a sus posesiones, tal y como fue ordenado por Jesús como parte del programa del reino? ¿Por qué no? POR LA SENCILLA RAZÓN DE QUE NO ESTAMOS BAJO LAS ÓRDENES DE LA LLAMADA “GRAN COMISIÓN” DE MATEO 28, sino que estamos bajo órdenes diferentes.
Otro tema tiene que ver con el evangelio mismo. Bajo la “Gran Comisión” se ordenó a los apóstoles que predicaran el evangelio. ¿Pero CUÁL evangelio? Como vimos más arriba, las Escrituras enseñan DOS evangelios: el “evangelio del Reino” (Mateo 4:23) o “evangelio de la circuncisión” (Gálatas 2:7), y el “evangelio de la Gracia” (Hechos 20:24) o “evangelio de la incircuncisión” (Gálatas 2:7).
Para responder esta pregunta sólo tenemos que recordar lo siguiente: ¿qué evangelio predicaron Juan el Bautista, Jesús y los apóstoles? ¿Será que predicaron que Cristo murió por nuestros pecados al resucitar de entre los muertos (1 Corintios 15:1-4). IMPOSIBLE, ¡ese evangelio permaneció oculto hasta que Dios se lo reveló a Pablo! (Romanos 16:25).
Las “buenas nuevas” predicadas antes de Pablo eran “el evangelio del reino venidero”, por ende los Doce no tenían comprensión del significado de la muerte y resurrección de Cristo, y mucho menos que fuera un evangelio (es decir, una “buena noticia”). Jesús les había dicho a sus apóstoles lo que iba a suceder, pero Dios les ocultó su significado. Lucas registró:
Entonces tomó aparte a los doce y les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas que están escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Porque será entregado a los gentiles, y será escarnecido, maltratado y escupido, y después que lo hayan azotado, lo matarán; y al tercer día resucitará.” Pero los discípulos no entendían nada de estas cosas, y el significado de esta declaración estaba oculto de ellos, y no entendían lo que se decía” (Lucas 18:31-34)
¿Puede haber sido Jesús más claro? Sin embargo, “no entendieron lo que decía”, los apóstoles no tenían idea de realmente estaba sucediendo, o el significado de la muerte y resurrección de Jesús. Esta declaración confirma que los apóstoles NO estaban predicando “el evangelio de la Gracia” ni la “predicación de la cruz” (1 Corintios 1:18), sino que el mensaje de los Doce se refería al reino futuro y trono del Mesías, NO a Su muerte en la cruz y resurrección victoriosa.
Sólo después de que el Señor salvó a Pablo (y lo comisionó para ser el “apóstol de los gentiles”) es que se inició “el evangelio de la Gracia”. Sólo a través de Pablo se reveló el verdadero significado de la muerte y resurrección de Cristo, estas revelaciones eran nuevas Y COMENZARON CON PABLO, NO con Pedro o los Doce, ¡porque ellos no entendieron nada de estas cosas!
Pero si todavía hay dudas que la Gran Comisión NO es para la iglesia (el “Cuerpo de Cristo”), hay otras “pistas” que terminarán de convencernos que esta comisión pertenece al “evangelio del Reino” y no al “evangelio de la Gracia”.
1. Gracia
Empecemos por lo más obvio: no se menciona la Gracia por ningún lado, esto por razones lógicas porque este evangelio fue dado a Pablo hasta años después de la muerte y resurrección de Nuestro Señor. Cabe destacar el hecho de que en los evangelios la palabra “Gracia” aparece únicamente 13 veces, en tanto que en las cartas de Pablo (la mitad del tamaño de los evangelios) la palabra aparece 144 veces.
2. La cruz como buena noticia
Pedro NUNCA ofreció a su audiencia la sangre derramada de Cristo para la remisión de los pecados, sino que acusó a los judíos del crimen de la sangre de Cristo y la cruz, y exigió el arrepentimiento y el bautismo para la remisión de los pecados. Esto porque no aprendemos del significado de la sangre, la muerte y la cruz de Cristo como pago por el pecado hasta Pablo. Fue Pablo quien explicó la cruz es la gran victoria sobre el pecado y la muerte y la base de nuestra redención (ver Colosenses 1:20 y Romanos 3:21-26).
3. Resurrección
NADA se dice sobre el significado de la resurrección de Cristo como base de la prueba de Su victoria sobre el pecado o de su significado para nuestra justificación (ver Romanos 6:8 y 1 Corintios 15).
4. Diferencia entre judíos y gentiles
NADA se dice acerca de la eliminación de la distinción entre judíos y gentiles, de hecho, lo contrario es el caso. En la Gran Comisión el judío tenía prioridad, pero ahora, en la iglesia ya no hay diferencia (ver Efesios 2:13-16, 3:6).
5. El Cuerpo de Cristo
NADA se dice de la iglesia como el “Cuerpo de Cristo” o de la doctrina de que somos bautizados “en Cristo”, y que llegamos a ser miembros de Su Cuerpo (ver Efesios 2:6, 3:6 y Colosenses 1:18, 24, 27).
6. Posición celestial
NADA se dice sobre el hecho de que los creyentes “en Cristo” tenemos una posición celestial o que tengamos una ciudadanía celestial (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/20/y-donde-queda-el-reino-de-los-cielos/). Lo que se ha conocido popularmente como la “Gran Comisión” se aplicó a los apóstoles como parte del programa del reino PARA ISRAEL (el “evangelio del Reino”), por lo tanto, la llamada “Gran Comisión” NO es para la iglesia.
7. Nuestra comisión
Pero entonces ahora debemos ahora plantearnos una pregunta obvia: ¿Dios le dio al “Cuerpo de Cristo” alguna comisión? De hecho sí, Cristo se la dio a Pablo (¡estando YA RESUCITADO Y GLORIFICADO!) y éste les escribió a los corintios al respecto, sobre lo que se conoce como el mensaje de la reconciliación de Dios:
“El amor de Cristo se ha apoderado de nosotros desde que comprendimos que uno murió por todos y que, por consiguiente, todos han muerto. Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para él, que murió y resucitó por ellos. Por eso, nosotros ya no pensamos de nadie según los criterios de este mundo; y aunque antes pensábamos de Cristo según tales criterios, ahora ya no pensamos así de él.
Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo. Todo esto es la obra de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el encargo de anunciar la reconciliación. Es decir que, en Cristo, Dios estaba reconciliando consigo mismo al mundo, sin tomar en cuenta los pecados de los hombres; y a nosotros nos encargó que diéramos a conocer este mensaje.
Así que somos embajadores de Cristo, lo cual es como si Dios mismo les rogara a ustedes por medio de nosotros. Así pues, en el nombre de Cristo les rogamos que acepten el reconciliarse con Dios. Cristo no cometió pecado alguno; pero por causa nuestra, Dios lo hizo pecado, para hacernos a nosotros justicia de Dios en Cristo.” (2 Corintios 5:14-21)
Dios nos ha comisionado como “embajadores de Cristo”, y Dios nos ha encomendado el “ministerio de la reconciliación”. ¡Esta es nuestra “GRAN COMISIÓN”!
Dios nos ha comisionado para decirle al mundo que Él ha reconciliado al mundo consigo mismo por medio de la muerte y resurrección de Jesucristo, ¡POR PURA GRACIA! Bajo esta comisión, debemos “no reconocer a nadie según la carne”, ya que nuestra comisión no reconoce distinción entre judíos y gentiles. Bajo nuestra comisión, debemos proclamar la Fe en el “que no conoció el pecado como pecado por nosotros, para que fuésemos hechos justicia de Dios en él”.
En nuestra comisión, TODO fue hecho por Dios, ¡y NADA podemos (ni debemos) hacer para ganar la aceptación de Dios! Ya no hay sacrificios, fiestas ni bautismos, sino que la salvación es a través de la simple confianza en Cristo y en la obra que Él hizo por nosotros.
¡La Gracia de Dios es el tema operativo de nuestra comisión!
(Basado en parte en https://doctrine.org/the-great-commission)
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