
En el estudio anterior sobre el “lugar de refugio” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/31/el-lugar-de-refugio/) vimos que en al momento que los judíos deben escapar de Judea (previo al inicio de la “Gran Tribulación”), también se da un conflicto entre dos reyes: uno del Sur y otro del Norte, donde Jerusalén se ve atrapada en el medio y probablemente atacada.
¿Pero quiénes son estos reyes? ¿Son personas literales o simbólicas? ¿Y que más dice la Biblia al respecto de este evento?
Para ello, hay que regresar a los capítulos del 10 al 12 del libro de Daniel, donde se relata una impresionante profecía que fue dada a Daniel por un «hombre» (sin duda un ser celestial) en el tercer año del rey Ciro, y que vino a decirle a Daniel lo que ocurriría en los años que seguirían y «en los postreros días» (que es la parte donde vamos a enfocarnos).
La profecía que le da el ángel es la más detallada de toda la Biblia, y aunque el tercer año de Ciro fue más de 500 años antes del nacimiento de Cristo, esta profecía predijo eventos que comenzaron a ocurrir casi inmediatamente en ese momento y continuarán hasta la segunda venida de Jesucristo.
Algunos elementos de lo que sigue son intrincados y requieren mucha atención, pero una comparación de las palabras proféticas con el registro histórico las aclara.
“En el tercer año del reinado de Ciro, el rey de Persia, Daniel, también llamado Beltsasar, tuvo otra visión. Tenía que ver con lo que de verdad pasaría en el futuro, acerca de la guerra, y esta vez él entendió lo que la visión significaba. En aquellos días, yo, Daniel estuve angustiado por tres semanas. En ese tiempo no probé vino ni carne, y no comí alimentos especiales, ni me puse ningún perfume. Luego un día, a principios de abril, mientras estaba parado al lado del gran río Tigris, levanté mi vista y vi un hombre vestido de ropa fina, con un cinto del más puro oro alrededor de su cintura. Su cuerpo brillaba como topacio; su cara resplandecía como el relámpago y sus ojos eran como antorchas de fuego; sus brazos y pies brillaban como el bronce pulido, y su voz era como el rugido de una vasta multitud de gente. Sólo yo, Daniel, vi la visión; los hombres que estaban conmigo no vieron nada. Pero de repente se llenaron de terror y corrieron para esconderse, y me dejaron solo. Cuando yo vi esta visión espantosa perdí mis fuerzas, me puse pálido y débil del susto. Cuando le oí hablar, caí boca abajo, desmayado. Pero una mano me tocó y me levantó, aún temblando, hasta que estuve sobre mis manos y rodillas. Él dijo: “¡Oh Daniel, amado de Dios, levántate y escucha cuidadosamente lo que yo tengo que decirte, pues Dios me ha enviado a ti!”. Así que me puse de pie, aún temblando de temor. Luego me dijo: “No tengas miedo, Daniel, pues desde el primer día en que trataste de comprender las cosas difíciles y te mostraste humilde ante tu Dios, él te escuchó. Por eso estoy aquí, como respuesta a tus oraciones. Durante veintiún días el príncipe de Persia estorbó mi camino, pero vino en mi ayuda el ángel Miguel, uno de los príncipes de más alto rango. Y me quedé allí, con los reyes de Persia. Pero ahora estoy aquí para contarte lo que acontecerá a tu pueblo en el futuro, pues la visión tiene que ver con ese tiempo”. (Daniel 10:1-14)
“Cuando llegue el tiempo final, el rey del sur atacará al rey del norte, pero este responderá a su ataque como una tormenta, con carros, caballos y barcos de guerra. Invadirá muchos países y los acabará como si fuera una inundación. En el camino invadirá varias tierras, incluyendo Israel, la tierra gloriosa, y derrocará los gobiernos de muchas naciones. Moab, Edom y la mayor parte de Amón escaparán, pero Egipto y muchas otras tierras no escaparán. Se llevarán el oro, la plata y todos los tesoros de Egipto, y los libios y etíopes serán sus esclavos. Pero las noticias del este y del norte lo dejarán alarmado, y en su enojo saldrá destruyendo y matando. Levantará su campamento real entre el mar y el santo monte de la Hermosura. Pero hasta ahí llegará su tiempo y no habrá nadie que le ayude.” (Daniel 11:40-45)
“Entonces se presentará Miguel, el gran ángel encargado de proteger a tu pueblo. Habrá un tiempo de angustia como no ha habido otro en toda la historia de la humanidad. Cuando este tiempo llegue, se salvarán todos los miembros de tu pueblo cuyo nombre esté escrito en el libro de registro de Dios. Y muchos de los que están muertos y sepultados se levantarán de sus tumbas, algunos para vivir para siempre y otros para sufrir vergüenza y desprecio sin fin. Y aquellos que son sabios brillarán como brilla la bóveda celeste, y los que enseñen a muchos la práctica de la justicia resplandecerán por siempre, como lo hacen las estrellas. “Pero Daniel, ¡debes conservar esta profecía en secreto y sellarla hasta el tiempo final, pues mucha gente andará de un lado a otro buscando comprender!”. Entonces yo, Daniel, observé y vi a dos hombres, uno en cada orilla de un río. Uno de ellos preguntó al hombre vestido con ropa de lino que estaba parado sobre el río: “¿Cuánto durarán todos estos terrores?”. El hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, con ambas manos levantadas hacia el cielo, dijo jurando con solemnidad en el nombre del Dios viviente: “Dentro de tres tiempos y medio, cuando deje de ser agredido el poder del pueblo de Dios, entonces terminarán todas estas cosas”. Oí lo que dijo pero no entendí lo que significaba, así que pregunté: “Señor, ¿pero cómo concluirá todo esto?”. Él me dijo: “Ve ahora, Daniel, pues lo que yo he dicho es para que se cumple hacia el final de la historia. Muchos serán purificados mediante el paso por grandes pruebas y persecuciones. Pero los malos continuarán en su maldad y ninguno de ellos entrará en razón. Sólo aquellos que son sabios entenderán lo que todo esto significa. Desde el momento en que el sacrificio ritual diario que se realiza en el templo sea quitado y en su lugar se ponga la humillante abominación pasarán mil doscientos noventa días. Y, ¡benditos sean aquellos que esperan y permanecen fieles hasta el día mil trescientos treinta y cinco! Pero sigue ahora tú viviendo hasta el final de tus días y luego descansa en paz, que al final de los tiempos serás levantado de tu tumba para recibir tu recompensa”. (Daniel 12:1-13)
Toda la profecía es impresionante, no vamos a entrar en detalle pero es una completísima predicción sobre los que sucedería luego de la muerte de Alejandro el Grande, cuando el Imperio Griego se dividió entre sus generales (puesto que Alejandro murió a los 32 años sin dejar descendientes).
Los dos poderes a los que se hace referencia la profecía, identificados como el «rey del sur» (Ptolomeo y sucesores) y el «rey del norte» (Seleuco y sucesores), son nombres de referencia de los sucesivos imperios de estos generales, según su ubicación geográfica en relación a Israel.
Recordemos que Daniel era un príncipe de Jerusalén, y el pueblo de Dios es el centro de la profecía, entonces estos dos poderes (que históricamente han tenido un sinnúmero de conflictos ampliamente detallados en el libro de Daniel) en el futuro nuevamente tendrán un conflicto donde Israel estará en el medio.
Esto no necesariamente significa que en el futuro vendrán también de las mismas regiones al sur y al norte de Israel, podría ser lenguaje figurado que representan los poderes y/o intereses del “rey del sur” (representado por Egipto) y los del “rey del norte” (representado por Líbano/Siria/Turquía).
Retomando el relato, lo interesante es que en el año 65 a.C. el Imperio Romano derrotó a la Siria seléucida y en el 30 a.C. también derrotó al Egipto ptolomaico, así que tanto los dominios del “rey del norte” como del “rey del sur” quedaron a partir de ese momento bajo el dominio romano.
También es interesante notar que la primera parte detallada de la profecía (que no vimos) parece terminar antes del primer siglo y no reanudarse hasta “el tiempo del fin” mencionado en Daniel 11:40. ¿Por qué hay una brecha de aproximadamente 2000 años entre estos versículos? ¿Será porque NO había una nación judía en el Medio Oriente durante este tiempo?
Con la fundación del Estado de Israel en 1948, pareciera que “el rey del norte” y “el rey del sur” vuelven a tener importancia en relación con el destino del pueblo judío. Según la profecía de Daniel, el «rey del norte» probablemente será un renacimiento del Imperio Romano (el cuarto reino del que se habla en Daniel 2 y 7, así como en Apocalipsis 17), y responderá a un ataque del «rey del Sur” y lo vencerá.
La profecía además indica que en el proceso entrará en la “Tierra Gloriosa” (la Tierra Santa), y que obtendrá control o “poder sobre los tesoros de oro y plata, y sobre todas las cosas preciosas de Egipto.» ¿Por qué el “rey del Sur” atacará al “rey del Norte” para iniciar este conflicto al final de la era?
Tal vez será por desacuerdos económicos, tal vez sea por el trato a los musulmanes en Occidente, o tal vez será una disputa religiosa por la llegada del “rey del norte” al Medio Oriente, la verdad no lo sé. Independientemente de la razón o las razones por las que el “rey del sur” y el “rey del norte” se pelean, las profecías del libro de Zacarías explican que Jerusalén será un punto focal de conflicto antes del regreso de Jesucristo.
“Haré que Jerusalén sea como una copa de vino que embriague a los pueblos vecinos. También Judá, como Jerusalén, será sitiada. Entonces todos los pueblos se juntarán para atacarla. Pero, en ese día, haré que Jerusalén sea como una piedra pesada a la que todos tratarán de levantar. Sin embargo, todos los que lo hagan van a fracasar, y quedarán aplastados debajo de ella.” (Zacarias 12:2-3)
La frase “una copa de vino que embriague” pareciera referirse a la confusión, quizás por emociones de ira o por la complejidad del asunto, en que estarán las naciones involucradas en cuanto a cómo resolver el conflicto. En cuanto a que Jerusalén sea “una piedra pesada”, esta ciudad histórica está destinada a ser un lugar problemático que afectará a la gente mucho más allá de sus fronteras. Aquellos que traten de “levantar” la piedra o resolver el problema, pagarán un alto precio por hacerlo.
¿Será el “rey del norte” el anticristo (como muchos aducen)?
No estoy seguro, yo personalmente no lo creo, sobre todo por el pasaje de Daniel 11:44 que dice que “las noticias del este y del norte lo dejarán alarmado, y en su enojo saldrá destruyendo y matando”, lo cual me confunde porque el anticristo gobernará por tres años y medio el mundo desde Jerusalén, una vez que empiece la “Gran Tribulación” y se declare Dios mismo.
En cuanto a la identidad del “rey del sur”, es obvio que el reinado de los gobernantes ptolemaicos de Egipto llegó a su fin hace mucho tiempo, sin embargo parece que Egipto volverá a ser «el rey del sur» o se alineará con otras naciones que representan este poder que existirá en el tiempo del fin antes del regreso de Cristo.
¿Estará la profecía adelantando un conflicto entre una alianza África/Medio Oriente (región profundamente islámica), contra una coalición de países rusos y/o asiáticos?
Podría ser, lo único que sabemos es que este antiguo conflicto se reavivará a medida que se acerquen los tiempos finales (en especial la “Gran Tribulación”), aunque podemos estar seguros de que ambos bandos estarán bajo el dominio de la Bestia del Apocalipsis y en contra del pueblo «santo» que quede. Ya lo veremos, o mejor no. 😉
(Basado en parte en https://www.ucg.org/bible-study-tools/booklets/the-final-superpower/the-king-of-the-north-vs-the-king-of-the-south y https://lifehopeandtruth.com/prophecy/understanding-the-book-of-daniel/the-king-of-the-north/)
Descubre más desde ofertaportiempolimitado.org
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.