
Ayer veíamos que existieron numerosas resurrecciones a lo largo de la historia bíblica, pero que TODOS los casos en realidad se referían a levantarse nuevamente de la muerte en un cuerpo “natural” (imperfecto, terrenal, temporal). Si no lo ha leído le recomiendo que lo haga para comprender a profundidad lo que ahora sigue (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/02/las-resurrecciones-de-la-biblia/).
Por lo tanto, lo milagroso de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo NO fue específicamente que reviviera luego de haber muerto (a pesar de lo extraordinario que eso ya es), sino más bien que fuera TRANSFORMADO y recibiera (¡en primicia!) un cuerpo “glorificado” (perfecto, celestial, eterno).
¿Y cómo sabemos que así fue? Por la simple razón que Su Cuerpo, aunque físico, podía hacer cosas que no son posibles para un cuerpo “natural”, como aparecerse o desaparecerse de repente, atravesar paredes o cruzar puertas sin abrir.
“Mientras estaban sentados a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y pudieron reconocerlo; pero él desapareció.” (Lucas 24:30-31)
“Ellos todavía estaban hablando cuando Jesús mismo se puso en medio de ellos y les dijo: Paz a ustedes. Todos se llenaron de terror pues creyeron que lo que veían era un espíritu. Él les preguntó: ¿Por qué están tan asustados? ¿Por qué tienen tantas dudas? Miren mis manos y mis pies. ¡Soy yo! Tóquenme y comprueben, pues un espíritu no tiene carne ni huesos como ven que yo los tengo.” (Lucas 24:36-39)
“El primer día de la semana por la tarde, mientras los discípulos estaban reunidos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús. Se puso en medio de ellos y los saludó diciendo: ¡La paz sea con ustedes! Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.” (Juan 20:19-20)
“Ocho días después, los discípulos se habían reunido de nuevo en una casa, y esta vez Tomás estaba también. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, se puso en medio de ellos y los saludó, diciendo: ¡Paz a ustedes! Luego dijo a Tomás: Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo; ¡cree! Tomás entonces exclamó: ¡Mi Señor y mi Dios! Jesús le dijo: ¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!” (Juan 20:26-29)
Con esto, queda claro que la “resurrección” y la “transformación” (o “glorificación”) del cuerpo son dos cosas diferentes. La importancia de dejar esto absolutamente claro es poder entender a profundidad lo profetizado por el apóstol Pablo que sucederá PREVIO al “arrebatamiento de la iglesia”.
Aunque ya lo viéramos en dicho estudio (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/09/el-arrebatamiento-de-la-iglesia/) el tema se estudia poco y por ende hay poca comprensión por parte de la iglesia. De hecho, en la inmensa mayoría de los estudios escatológicos se promociona la idea que el rapto ocurrirá en “un abrir y cerrar de ojos”, lo cual es UN ERROR GARRAFAL.
La mala interpretación de lo escrito por Pablo probablemente se da por no diferenciar ambos conceptos, pero ahora veremos el caso de resurrección MÁS MISTERIOSO de toda la Biblia (y que dejé por fuera en el estudio anterior), que se dará PREVIO al “arrebatamiento de la iglesia” y creo confirma la posición expuesta:
Los muertos en Cristo
“Así también está escrito: «El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser con vida»; y el postrer Adán, un espíritu que da vida. Pero lo espiritual no vino primero, sino lo animal; y luego lo espiritual. El primer hombre es terrenal, de la tierra; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Semejantes al terrenal, serán también los terrenales; y semejantes al celestial, serán también los celestiales. Y así como hemos llevado la imagen del hombre terrenal, así también llevaremos la imagen del celestial. Pero una cosa les digo, hermanos: ni la carne ni la sangre pueden heredar el reino de Dios, y tampoco la corrupción puede heredar la incorrupción. Presten atención, que les voy a contar un misterio: No todos moriremos, pero todos seremos transformados [“alásso”] en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final. Pues la trompeta sonará, y los muertos serán resucitados [“egéiro”] incorruptibles, y nosotros seremos transformados [“alásso”]. Porque es necesario que lo corruptible se vista de incorrupción, y lo mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto, que es corruptible, se haya vestido de incorrupción, y esto, que es mortal, se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «Devorada será la muerte por la victoria».” (1 Corintios 15:45-54)
¡Qué profundo! Interesantemente, la palabra utilizada en griego para la “glorificación” es “alásso” (“transformar”, “cambiar”, “mudar”), que no habíamos visto antes y que aparece únicamente 6 veces en la Biblia (Hechos 6:14, Romanos 1:23, 1 Corintios 15:51-52, Gálatas 4:20 y Hebreos 1:12), pero utilizada únicamente en estos dos pasajes para describir una transformación DEL CUERPO.
Agrega Pablo que “ni la carne ni la sangre puede heredar el reino de Dios”, y que “es necesario que lo corruptible se vista de incorrupción, y lo mortal se vista de inmortalidad”, lo cual me parece una confirmación más de que nuestro cuerpo terrenal (“la carne”) debe ser transformado por otro celestial (“glorificado”) para entrar al cielo.
Entonces, ¿será que el cuerpo glorificado de Jesús no tenía sangre (porque sabemos que en la crucifixión perdió hasta la última gota)? Y más controversial todavía: ¿será que antes del ser “arrebatados” al cielo los vivos seremos despojados de nuestra sangre, dejando un gran charco en el piso? No tengo idea, pero es una posibilidad… 😉
En otra carta el apóstol Pablo da detalles de lo que implica este cambio:
“Él transformará nuestro cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso. Esto lo hará por medio del poder con el que domina todas las cosas.” (Filipenses 3:21)
Este cambio también fue mencionado por el apóstol Juan:
“Sí, amados míos, ahora somos hijos de Dios, y no podemos ni siquiera imaginarnos lo que vamos a ser después. Pero de algo estamos ciertos: que cuando él venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como es.” (1 Juan 3:2)
Estos versículos nos confirman que en la eternidad los “santos” recibirán cuerpos “glorificados” como el del Señor, DE ESO NO QUEDA DUDA. Eso sucederán en el momento del “arrebatamiento de la iglesia”, primero para los muertos (“en Cristo”) y luego la iglesia, conformando así el “Cuerpo de Cristo”.
Y como vimos en el estudio del rapto, el orden correcto del evento que enseña la Biblia es el siguiente:
Resurrección → Transformación → Ascensión
- Primero: Resurrección (en cuerpo físico) de todos los que han muerto “en Cristo” durante los últimos 2000 años (incluyendo conocidos, amigos y familiares, ¡lo cual será todo un shock!)
- Segundo: Transformación (no sabemos si minutos, horas, días o semanas después), conjuntamente con TODOS los miembros de la iglesia vivos en ese momento, a un cuerpo “glorioso”, dejando en la tierra TODO lo que no pueda ascender (ropa, zapatos, aretes, anteojos, calzas de dientes, marcapasos, implantes y probablemente hasta la sangre)
- Tercero: Ascensión a los cielos de ambos grupos (no sabemos si minutos, horas, días o semanas después) y ¡desaparición eterna de la faz de la Tierra!
Independientemente del orden, lo importante es que los “santos” (vivos y muertos) pronto seremos liberados de la imperfección de la carne, y finalmente recibiremos un cuerpo perfecto y eterno. Por lo tanto, lo único que importa es asegurarse que nuestros nombres estén escritos en el «Libro de la Vida» (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/07/el-libro-de-la-vida/).
“Sin embargo, lo que ahora sufrimos no tiene comparación con la gloria que se nos dará después, pues la creación aguarda con ansiedad el día en que se manifieste que somos hijos de Dios, ya que la creación misma fue sometida a frustración. Eso no sucedió por su propia voluntad, sino que sucedió por la voluntad de Dios que así lo dispuso. Pero lo hizo con la confianza de que la creación será liberada de la corrupción a la que está sujeta. Así compartirá la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación gime como si fuera a dar a luz. Y no sólo gime ella, sino que también nosotros, que tenemos los primeros frutos del Espíritu, gemimos en nuestro interior mientras esperamos ansiosamente el día de nuestra adopción, es decir, el día cuando nuestros cuerpos sean liberados.” (Romanos 8:18-23)
(Basado en parte en https://doctrine.org/the-rapture y https://www.biblesprout.com/articles/heaven/body/)
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