El hijo pródigo

Una de las parábolas más familiares y entrañables de Jesús fue la parábola del “hijo pródigo” o, más apropiadamente, del “hijo perdido”.  Nos resuena porque podemos identificarnos: primero porque de alguna forma todos estamos perdidos, y además porque es una de las grandes historias sobre las consecuencias de (mal) invertir la fortuna.

Pero ¿cuál fue realmente el punto de Jesús al contar esta parábola? ¿Nos hemos preguntado qué deseaba enseñar con ella? 

“Jesús continuó y les dijo: «Un hombre tenía dos hijos.  Un día, el menor le dijo a su padre: “Papá, dame la parte que me toca de la herencia”.  Entonces el padre repartió sus bienes entre los dos.  A los pocos días, el hijo menor juntó todo lo que tenía y se fue lejos, a otro país.  Allí vivió desordenadamente y desperdició su herencia.  Cuando ya lo había gastado todo, la comida empezó a faltar en ese país, y él comenzó a pasar hambre.  Entonces fue y consiguió trabajo con un ciudadano del lugar, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos.  Tenía tanta hambre, que le daban ganas de llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos; pero nadie se la daba.  Un día, se puso a pensar: “En la casa de mi padre, los jornaleros tienen comida en abundancia, y yo aquí me estoy muriendo de hambre.  Volveré a casa y le diré a mi padre: Papá, he pecado contra el cielo y contra ti.  Ya no merezco que digan que soy tu hijo.  Trátame como a uno de tus jornaleros”.

Así que viajó de regreso a la casa de su padre.  Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él; salió corriendo a encontrarlo, lo abrazó y lo besó.  El joven le dijo: “Papá, he pecado contra el cielo y contra ti y ya no merezco que digan que soy tu hijo”.  Pero el padre ordenó a sus sirvientes: “¡Pronto! Traigan la mejor ropa y vístanlo; pónganle un anillo en su dedo y sandalias en sus pies.  Y que maten el becerro más gordo para hacer fiesta, porque este hijo mío estaba muerto pero ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado”. Y comenzaron la fiesta. Mientras tanto, el hijo mayor estaba en el campo.  Cuando ya iba de regreso, cerca de la casa, oyó la música del baile.  Llamó a uno de los sirvientes y le preguntó qué estaba pasando.  Él le respondió: “Tu hermano ha regresado y tu papá mandó matar el becerro más gordo porque lo ha recuperado sano y salvo”.  El hermano mayor se enojó tanto que se negó a entrar.  El padre tuvo que salir a suplicarle que entrara.  Pero él le respondió: “Por años he trabajado para ti sin desobedecerte, y jamás me has dado siquiera un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos.  En cambio, ahora que regresa ese hijo tuyo, que ha malgastado tu dinero con prostitutas, mandas matar el becerro más gordo para él”.

Su padre le respondió: “Hijo mío, tú siempre estás conmigo y todo lo que tengo es tuyo.  Pero teníamos que hacer fiesta y alegrarnos, pues tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y lo hemos encontrado”. (Lucas 15:11-32)

Empecemos por analizar quién era su audiencia, que siempre es la principal clave.  La parábola del Hijo Pródigo es la última de las tres parábolas “perdidas” que Jesús contó en Lucas 15, en este capítulo Lucas registró la parábola de Jesús de “la Oveja Perdida”, “la Moneda Perdida” y, por último, “el Hijo Perdido”, la audiencia de Jesús eran judíos que vivían bajo la Ley Mosaica (específicamente los fariseos y los escribas), y Jesús contó estas parábolas en respuesta a ellos. ¿Por qué?  Lucas grabó su conversación:

“Muchos de los que cobraban impuestos y de los pecadores se acercaban a Jesús para oírlo.  Por eso, los fariseos y los maestros de la ley comenzaron a murmurar: Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.” (Lucas 15:1-2)

Estos fariseos y escribas se quejaban porque los recaudadores de impuestos y los pecadores (la escoria de la sociedad) venían a escuchar a Jesús, y Él los estaba recibiendo en igualdad de condiciones, sin darles a los primeros el lugar “que ellos se merecían”.

Uno se puede imaginar su conversación entre ellos, querían escuchar lo que Jesús estaba enseñando, pero estaban indignados porque tenían que compartir el mismo espacio con «recaudadores de impuestos y pecadores».  Este fue el contexto en el que Jesús contó sus tres parábolas, así que analicemos el mensaje del Hijo Pródigo a ver si encontramos más información cifrada:

  • Un padre tenía dos hijos, el menor de los dos pidió temprano su herencia y el padre accedió a la petición (note que tanto el hijo menor como el mayor recibieron su herencia).
  • El hijo menor, se fue entonces en busca de aventuras y desperdició su riqueza en una vida desordenada (es decir “pródiga”), pero su situación empeoró cuando una hambruna golpeó al país.  Ahora quebrado, se vio obligado a emplearse como jornalero, y aparentemente el único trabajo disponible fue alimentar cerdos.  Ese trabajo no pudo satisfacer sus necesidades nutricionales diarias, tenía tanta hambre que deseaba comer la comida de los cerdos.  Debemos recordar que él era judío y que la audiencia de Jesús eran judía, así que la escogencia de los animales de la parábola no era casualidad, los cerdos eran animales inmundos repugnantes en su cultura, y esto es un tema a tomar en cuenta la hora de comprender el significado.
  • Reconociendo la gravedad de su situación, recuperó el sentido (literalmente «ahora que volvió en sí»), este es el versículo clave de todo el pasaje y es importante reconocer el simbolismo.  El joven reconoció que estaba sin esperanza (es decir perdido), reconoció su pecado contra Dios y su familia, y reconoció que en casa incluso a los sirvientes de su padre les iba mejor que a él.  Por lo tanto, se tragó su orgullo y regresó a casa, hizo una confesión completa a su padre y comprendió su fracaso a tal grado que se vio a sí mismo como indigno de ser hijo de su padre; estaba dispuesto a convertirse en uno de los sirvientes de su padre.
  • El padre del joven debe haberse preguntado a menudo acerca de su hijo menor, tal vez había recibido informes sobre él.  Debe haber mirado a lo lejos muchas veces con la esperanza de verlo regresar a casa, y un día su deseo se cumplió.  Sin esperar a que llegara, el padre corrió hacia el hijo y lo abrazó y lo besó, note que no encontramos ninguna palabra de regaño ni reproche, ¡la aceptación del padre fue total y completa!
  • El padre escuchó la confesión de su hijo (sobre que ya no era digno de ser su hijo) pero inmediatamente la descartó.  En cambio, lo vistió con su mejor túnica, anillo y sandalias (dándole el lugar de hijo y heredero), y luego organizó una fiesta de celebración.
  • La fiesta del padre por su hijo no se hizo esperar, comenzó durante la jornada laboral mientras su hijo mayor aún trabajaba en el campo.  Al oír la fiesta y no entender por qué, preguntó a sus sirvientes qué pasaba, así que le dijeron que su hermano había regresado y que su padre estaba organizando una fiesta para celebrar.  En lugar de regocijarse con su padre, se enojó y se negó a asistir a la fiesta, cuando su padre se enteró de esto, se acercó a su hijo y le suplicó que se uniera a la celebración.
  • En lugar de alegrarse, explotó e hizo un berrinche, se volvió llorón y egocéntrico: “te he estado sirviendo”, “nunca me he descuidado”, “tú nunca me has dado un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos”, etc.  Se refirió a su hermano no como su hermano, sino como “tu hijo”, de un momento a otro se convirtió en abogado acusador y empezó a atacarlo, a diferencia de su padre que nunca lo hizo.
  • La reacción del padre ante su hijo mayor fue más bien de ternura, le aseguró su importancia y le recordó que todo lo que tenía era suyo.  Notemos cómo el padre se refirió a su hijo menor, él no lo llamó «mi hijo» (aunque esa es la forma en que pensaba de él), sino que en su respuesta lo llamó “tu hermano”.  Quiso enfatizar el hecho de que eran hermanos y que su hermano (que había estado “muerto”) ahora estaba “vivo”.

Como los vimos anteriormente, la audiencia de Jesús eran judíos, así que Jesús comenzó a contar las parábolas “perdidas” probablemente en respuesta a la murmuración e indignación de los escribas y fariseos.  Pero Jesús tuvo más personajes en Su historia, así que para entender a fondo la parábola debemos identificarlos y entender lo que representa cada uno. Los fariseos y los escribas se indignaron porque Jesús recibía a los recaudadores de impuestos y a los pecadores, por lo que podríamos decir que los escribas y fariseos representaban el hermano mayor de la historia de Jesús, ¡la “pedrada” iba dirigida hacia ellos!

Por otro lado, los recaudadores de impuestos y los pecadores eran el hermano menor, al igual que el hijo menor, se habían ido a un “país lejano” de derroche y pecado.  Como escoria de la sociedad, entendieron su condición, a diferencia de los fariseos, no tenían justicia propia. Ambos grupos eran judíos, miembros de la nación favorecida y bendecidos bajo los pactos de Dios (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/los-pactos-de-dios-con-el-hombre/).

El punto de las historias “perdidas” era que lo que se perdía se encontraba, el problema de los fariseos y escribas era que no se daban cuenta de que ellos estaban perdidos, pero los recaudadores de impuestos y los pecadores sí lo hicieron.  Los fariseos expresaron desprecio e indignación como el hermano mayor, se negaron a ver a los recaudadores de impuestos como hermanos, pertenecían a la comunidad de Israel y eran “hijos del pacto” (“hijo, siempre has estado conmigo, y todo lo mío es tuyo”).

Por otro lado, Jesús se regocijó por aquellos que reconocieron su “perdición” y acudieron a Él para ser “rescatados” pero los fariseos y los escribas se negaron a reconocer su condición pecaminosa, ¡su actitud era exactamente la del hermano mayor! En la parábola, el hijo pródigo superó su orgullo, reconoció su perdición y volvió humillado a su padre, el cual lo enalteció y aceptó como hijo.

En resumen:

Personajes de la historiaEquivalencia
El padre Dios
Hijo menorHombres carnales (recaudadores de impuestos y los pecadores)
Hijo mayor Hombres religiosos (fariseos y maestros de la Ley)
País lejanoVida mundana (derrochadora y pecaminosa)
Casa del Padre Reino de los Cielos” (Tierra Prometida)

Jesús contó esta parábola a los judíos que vivían bajo la Ley Mosaica, el punto principal era que TODOS somos pecadores, por lo cual necesitamos el perdón de Dios, el cual “no hace acepción de personas” (a diferencia del hombre y en especial de los religiosos).

En términos de aplicación para nosotros, hay que tener cuidado porque todo el mensaje se da bajo el “evangelio del Reino”, NO el “evangelio de la Gracia” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/el-evangelio-del-reino-vs-el-evangelio-de-la-gracia/ ).  Si bien cada uno de nosotros debe reconocer (como el hermano menor) que está perdido, el camino de regreso es únicamente a través de la Gracia de Dios, no hay nada que podamos “hacer” para ser reconocidos como hijos, sino que es Dios quien nos ”levanta”, ¡el mérito es Suyo!

Pablo escribió, “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Por lo tanto, la Gracia de Dios para con nosotros es como la del padre para con su hijo, nosotros lo único que podemos hacer es reconocer nuestra condición pecaminosa y aceptar el regalo inmerecido (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/15/que-debo-hacer-para-ser-salvo/).

(Tomado de https://doctrine.org/the-prodigal-son)


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