
La semana pasada en el estudio sobre las diferencias entre resurrección (en cuerpo natural) y transformación (en cuerpo “glorificado”), sugerí la posibilidad de que dejaremos la sangre en la tierra al momento del “arrebatamiento de la iglesia” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/03/resurreccion-transformacion-y-ascension/), y el comentario ofendió a más de uno, lo cual ya no me extraña, jajaja
La verdad eso es algo que yo mismo nunca había visto y me ha tenido pensando mucho, yo siento que fue el Espíritu Santo que me lo reveló al escribir el estudio, pero como con cualquier tema, debemos pasarlo “por el filtro de la Palabra” para ver si es bíblico o si son puras ocurrencias mías.
Curiosamente, al buscar si algún otro cristiano ha comentado algo al respecto, me topé con la sorpresa que un pastor que yo sigo (Gene Kim, de Real Bible Believers Church) habló hace unos años exactamente del mismo tema. Pero la gran sorpresa fue que el reconocido pastor evangélico John MacArthur también ha hablado mucho del tema (¡y se metió en serios problemas por hacerlo!), aunque desde otra perspectiva.
Este es un tema delicado (¡ya veremos por qué!), pero creo importante aclarar los falsos conceptos que se han ido formando a través de los años y la tergiversación de las religiones. ¿Entonces, qué dice la Biblia al respecto?
Aquí tal vez es importante aclarar a qué se refiere exactamente “la sangre de Cristo” cuando es mencionada, porque (aunque suene increíble) si no entendemos correctamente el concepto bíblico podemos caer en idolatría, esto porque cuando es mencionada en realidad hace referencia a la obra expiatoria de Cristo en la cruz, más que a la sangre (física) propiamente.
El no entender esto nos puede llevar a un sinnúmero de herejías, como que “la sangre de Cristo no era sangre humana sino que era sobrenatural”, que “era eterna e incorruptible”, que “fue llevada al cielo” donde permanece para siempre en el cielo mantenida en alguna vasija celestial, que “es derramada perpetua y continuamente” sobre algún propiciatorio celestial para el perdón de los pecados, etc. ,etc., etc. Este fue precisamente el punto por el cual fue atacado ferozmente el pastor MacArthur, al querer darle el sentido correcto al texto bíblico, eliminando el sentido “celestial” de la sangre de Cristo.
Los que tenemos tiempos de caminar con el Señor (y de haber experimentado el engaño de las religiones) podemos olernos por dónde va la cosa, al querer obligar a que toda referencia a la sangre de Cristo en el Nuevo Testamento no sea simbólica de Su obra expiatoria y sacrificial en la cruz (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/salvados-pero-de-que/), sino que se refiera específicamente a Su sangre (física), con lo cual invariablemente termina convirtiéndose en idolatría.
Tristemente no hay que ir muy lejos para comprobar esta percepción, viendo como muchos inventan oraciones místicas para “cubrirse con la sangre de Cristo” (lo que sea que eso significa) y que “la sangre de Cristo tiene poder” (¿como mágico?), terminando por supuesto en imágenes, medallitas, relicarios, etc., torciendo así TODO el significado de la muerte de Cristo por nosotros (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/) y diluyendo su incalculable valor.
Tal y como lo hemos visto ya en numerosas ocasiones, primero que todo debemos entender el trasfondo legal de la muerte sacrificial de Cristo en la cruz (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/22/por-que-tanta-terminologia-legal/), con lo cual comprenderemos el verdadero significado y se aclarara toda duda acerca de las menciones de la sangre de Cristo. Veamos algunos ejemplos:
“Por lo tanto, estén atentos y cuiden de toda la congregación, en la cual el Espíritu Santo los ha puesto como pastores para que cuiden de la iglesia de Dios, que él compró con su propia sangre.” (Hechos 20:28)
“Con mucha más razón, ahora que ya hemos sido justificados en su sangre, seremos salvados del castigo por medio de él. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, mucho más ahora, que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida.” (Romanos 5:9-10)
“Pero Cristo vino ya, y es el sumo sacerdote de los bienes venideros, a través del tabernáculo más amplio y más perfecto, el cual no ha sido hecho por los hombres, es decir, que no es de esta creación, y no por medio de la sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por medio de su propia sangre. Entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo, y así obtuvo para nosotros la redención eterna. Si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas sobre los impuros, santifican para la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por medio del Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará de obras muertas nuestra conciencia, para que sirvamos al Dios vivo! Por eso Cristo es mediador de un nuevo pacto, para que los llamados reciban la promesa de la herencia eterna, pues con su muerte libera a los hombres de los pecados cometidos bajo el primer pacto.” (Hebreos 9:11-15)
“Yo, Pedro, apóstol de Jesucristo, saludo a los que se hallan expatriados y dispersos en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, y que fueron elegidos, según el propósito de Dios Padre y mediante la santificación del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser limpiados con su sangre. Que la gracia y la paz les sean multiplicadas.” (1 Pedro 1:1-2)
Ahora, entendamos que lo que corría por las venas de Nuestro Señor Jesucristo no era más que sangre humana (subrayado y en negrita). Yo sé que esto podría hacer que algunos se quieran rasgar las vestiduras, pero es importante aclararlo y no sacar de contexto las cosas, de lo contrario empezamos a caer en religiosidad y en horrores doctrinales como decir que el sudor de Jesús era divino y lo mismo con otros fluidos corporales (¡y de paso empezar a idolatrarlos!).
En Hebreos 2:14 dice que “Cristo participó de la carne y la sangre”, o sea Él compartió TODO con la raza humana (“carne y sangre”), así que podemos ver que no era sangre “divina” (sobrenatural, especial, o de Dios que descendió), sino más bien “humana”, la que fue producida en Su cuerpo cuando Él estuvo en forma humana.
Decir que Cristo fue menos que completamente humano es doctrinalmente incorrecto, y decir que los escritores del Nuevo Testamento (refiriéndose a la sangre de Cristo 30 veces) siempre quisieron decir sólo el fluido, simplemente no es cierto. Entendemos entonces que cuando se menciona conjuntamente la “Sangre de Cristo” no se refiere de forma literal al fluido que corría por la venas del Señor en el cuerpo terrenal que tuvo en su primera venida, sino a SU MUERTE, y que por lo tanto, NO es la sangre (propiamente) la que nos salva; ¡sino la muerte sacrificial de Cristo!
¿Y por qué traigo a colación este tema de la sangre de Cristo?
Porque revisando lo que dije sobre el “arrebatamiento de la iglesia” y de que dejaremos todo en la tierra (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/03/resurreccion-transformacion-y-ascension/), ahora estoy más convencido que efectivamente también dejaremos nuestra sangre, en vista que es innecesaria en la eternidad y que el cuerpo glorificado no parece tenerla. Si la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucristo quedó en la tierra, ¿por qué la nuestra habría de irse?
De hecho, el apóstol Pablo (como introducción a la presentación de la doctrina del rapto) le dijo a los cristianos de la iglesia de Corinto lo siguiente:
“Pero una cosa les digo, hermanos: ni la carne ni la sangre pueden heredar el reino de Dios, y tampoco la corrupción puede heredar la incorrupción.” (1 Corintios 15:50)
“Nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, como lo hace Cristo con la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.” (Efesios 5:29-30)
¿Y LA SANGRE?
Inclusive Cristo resucitado hizo un curioso comentario al aparecerse a los discípulos:
“Todavía estaban ellos hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz sea con ustedes!» Ellos se espantaron y se atemorizaron, pues creían estar viendo un espíritu; pero Jesús les dijo: «¿Por qué se asustan? ¿Por qué dan cabida a esos pensamientos en su corazón? ¡Miren mis manos y mis pies! ¡Soy yo! Tóquenme y véanme: un espíritu no tiene carne ni huesos, como pueden ver que los tengo yo.»” (Lucas 24:36-39)
¿Y LA SANGRE?
El cuerpo glorificado de Cristo NO tiene sangre, como pareciera que tampoco lo tendrán nuestros cuerpos glorificados luego del “arrebatamiento de la iglesia”. A ese momento, seremos nuevamente iguales a como eran Adán y Eva ANTES DE LA CAÍDA, cuando tenían cuerpos perfecto y eternos.
“Entonces Dios el Señor hizo que Adán cayera en un sueño profundo y, mientras éste dormía, le sacó una de sus costillas, y luego cerró esa parte de su cuerpo. Con la costilla que sacó del hombre, Dios el Señor hizo una mujer, y se la llevó al hombre. Entonces Adán dijo: «Ésta es ahora carne de mi carne y hueso de mis huesos; será llamada “mujer”, porque fue sacada del hombre.»” (Genesis 2:21-23)
¿Y LA SANGRE?
En fin, este no es un tema crítico en cuanto a la salvación o a la vida eterna, pero no deja de ser extremadamente interesante, sobre todo para nuestros familiares que no son parte todavía del “Cuerpo de Cristo”, por aquello que no se asusten si al momento del rapto ven un inmenso charco de sangre donde estaban sus seres queridos.
A un promedio de 5 litros por persona (multiplicado por millones de cristianos alrededor del mundo), en realidad será un lago gigantesco de sangre al momento del “arrebatamiento de la iglesia” 😉
(Basado en parte en https://www.gty.org/library/sermons-library/90-29/the-precious-blood-part-2 y https://www.youtube.com/watch?v=UWFSwSfy1TA)
Descubre más desde ofertaportiempolimitado.org
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.