
Este tema lo quise dejar por fuera de la lista de pecados del estudio de ayer, primero porque no aparece específicamente en la lista de pecados de Proverbios 6, y segundo porque es tan importante que creo se merece todo un artículo aparte.
La cultura moderna ha tratado de redefinir la sexualidad como algo trivial, como un derecho personal que se puede ejercer de cualquier manera que el individuo desee y sin ninguna consecuencia, sobre todo en el caso de los hombres.
En el mejor de los casos, la promiscuidad sexual se ve como algo normal y casi obligada socialmente, y se considera algo tan insignificante como divertirse o «disfrutar la vida». Al mismo tiempo, la opinión popular casi ha eliminado la palabra “pecado” del vocabulario de nuestra cultura, la única expresión sexual considerada «incorrecta» es la que se considera desagradable para quien la define.
Sin embargo, la aceptabilidad social varía tanto que incluso los actos más viles serían considerados aceptables por muchos, por lo tanto, esto nos obliga a primero definir el “pecado sexual” de acuerdo a la Biblia. Afortunadamente, al hombre nunca se le fue dado el privilegio de definir el pecado, aquel que creó la sexualidad también tiene el derecho de establecer los límites para ella, y la Biblia es clara acerca de las pautas.
De hecho lo vemos desde el principio, cuando Dios creó al primer hombre, Adán, y luego le trajo a la primera mujer, Eva, los unió en matrimonio y lo bendijo:
“Después Dios el Señor dijo: «No está bien que el hombre esté solo; le haré una ayuda a su medida.» Y así, Dios el Señor formó de la tierra todos los animales del campo, y todas las aves de los cielos, y se los llevó a Adán para ver qué nombre les pondría; y el nombre que Adán les puso a los animales con vida es el nombre que se les quedó. Adán puso nombre a todos los animales y a las aves de los cielos, y a todo el ganado del campo, pero para Adán no se halló una ayuda a su medida. Entonces Dios el Señor hizo que Adán cayera en un sueño profundo y, mientras éste dormía, le sacó una de sus costillas, y luego cerró esa parte de su cuerpo. Con la costilla que sacó del hombre, Dios el Señor hizo una mujer, y se la llevó al hombre. Entonces Adán dijo: «Ésta es ahora carne de mi carne y hueso de mis huesos; será llamada “mujer”, porque fue sacada del hombre.» Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán un solo ser.” (Génesis 2:18-24)
En ese momento, Dios introdujo la sexualidad y fijó los límites para su expresión, Dios creó una unión entre un esposo y una esposa que Él llamó “un solo ser” o un sola carne (Génesis 2:24; Mateo 19:6; Marcos 10:8; Efesios 5:31). Luego definió cualquier actividad sexual fuera de la relación marido-mujer como una violación de su don: la fornicación, la homosexualidad, la pornografía y la lujuria son violaciones de la intención de Dios cuando creó el acto sexual (1 Corintios 6:9,18; Gálatas 5:19-20; Judas 1:7; Mateo 5:28; Hebreos 13:4).
Entonces, ¿por qué es tan grave la violación de esos límites? La primera pista se encuentra en las palabras “un solo ser”. Hay un gran poder unificador dentro de la unión sexual, Dios lo diseñó para involucrar no solo cuerpos sino también almas y vidas.
El sexo fue diseñado para consumar la unión de por vida entre un hombre y una mujer, Jesús dijo: “Lo que Dios juntó, que nadie lo separe” (Mateo 19:6; Marcos 10:9), y diseñó cuerpos masculinos y femeninos de manera diferente para que pudieran unirse en un acto de intimidad física que los une de por vida: “Ya no son dos, sino una sola carne” (Marcos 10:8).
Además, el acto de convertirse en “un solo ser” crea una nueva entidad: la familia, esta poderosa fuerza también produce nueva vida (Génesis 4:25). La raza humana sólo puede propagarse por la unión de un hombre y una mujer, y dentro del matrimonio Dios lo bendice (Génesis 1:28; 9:27; Salmo 17:3). El sexo es un regalo para un esposo y una esposa para hacer que su relación sea única entre todas las demás relaciones.
Lamentablemente, lo que Dios crea como bueno satanás lo pervierte, y esto comenzó desde el mismo Jardín del Edén:
“La serpiente era el animal más astuto de todos los que Dios el Señor había creado. Así que le dijo a la mujer: «¿Así que Dios les ha dicho a ustedes que no coman de ningún árbol del huerto?» La mujer le respondió a la serpiente: «Podemos comer del fruto de los árboles del huerto, pero Dios nos dijo: “No coman del fruto del árbol que está en medio del huerto, ni lo toquen. De lo contrario, morirán.”» (Génesis 3:1-3)
Lo curioso del pasaje es que NO SÓLO el diablo le estaba tendiendo una trampa a Eva (“¿así que Dios les ha dicho…?”), sino que si ponemos cuidado, también Eva ya estaba introduciendo la mentira al mundo, porque NO es cierto que Dios les había dicho que no lo tocaran. Veamos el pasaje original:
“Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. Y Dios el Señor dio al hombre la siguiente orden: «Puedes comer de todo árbol del huerto, pero no debes comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque el día que comas de él ciertamente morirás.»” (Génesis 2:15-17)
Eva le agregó lo de “ni lo toquen”, lo increíble es que ella ni había sido creada todavía cuando Dios le dio la instrucción exclusivamente A ADÁN (aunque que para ser justos tal vez fue Adán el que le agregó esa parte al contárselo a Eva, jajaja).
Regresando al tema, ese desafío a la autoridad de Dios continúa todavía. Cuando usamos la sexualidad para entretenernos o para satisfacer la lujuria, abaratamos la belleza de este poderoso regalo y desafiamos a Aquel que lo diseñó.
También cosechamos las consecuencias de nuestro pecado, nuestra desobediencia sexual ha producido un mundo tambaleándose bajo el peso de la enfermedad, el aborto, la perversión, el abuso de menores, la adicción y la explotación sexual. Dios creó límites para nuestro bien a fin de que pudiéramos disfrutar de Su regalo como fue diseñado para ser disfrutado.
Por ejemplo, la electricidad es algo poderoso y útil si se usa correctamente, sin embargo mal utilizada o abusada, la electricidad puede ser mortal. Lo mismo ocurre con la sexualidad: mal usado, ¡el sexo también es mortal!
Abusar del regalo de Dios puede producir un sinnúmero de problemas, el pecado sexual comienza con la tentación (como todo pecado), cuando nos negamos a reconocer los límites de Dios, permitimos que la lujuria dicte nuestras elecciones, y la lujuria nunca conduce en la dirección correcta.
“Cuando alguien sea tentado, no diga que ha sido tentado por Dios, porque Dios no tienta a nadie, ni tampoco el mal puede tentar a Dios. Al contrario, cada uno es tentado cuando se deja llevar y seducir por sus propios malos deseos. El fruto de estos malos deseos, una vez concebidos, es el pecado; y el fruto del pecado, una vez cometido, es la muerte.” (Santiago 1:13-15)
Otra razón por la que el pecado sexual es tan grave es que destruye la imagen del pacto inquebrantable que Dios tiene con su pueblo. En el Antiguo Testamento, Dios a menudo comparó al Israel rebelde con una esposa infiel, usando el adulterio como una imagen del más atroz de los pecados (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-divorcio-de-dios/), con consecuencias tan graves que Israel las sigue sufriendo hasta la fecha.
Dios creó el acto sexual para ser la consumación de una relación de pacto, un pacto en el que Dios ha participado (Malaquías 2:14; Mateo 19:6; Marcos 10:9). Precisamente lo que sucedió entre Dios e Israel me lleva al punto tal vez más importante: el pecado sexual contamina más que solo nuestros cuerpos físicos, sino que tiene un significado espiritual:
“¿Acaso no saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo? ¿Voy entonces a tomar los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta? ¡De ninguna manera! ¿Acaso no saben que el que se une con una prostituta se hace un solo cuerpo con ella? La Escritura dice: «Los dos serán un solo ser». Pero el que se une al Señor, es un espíritu con él. Huyan de la inmoralidad sexual. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, ocurre fuera del cuerpo; pero el que comete inmoralidad sexual peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso ignoran que el cuerpo de ustedes es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, y que recibieron de parte de Dios, y que ustedes no son dueños de sí mismos? Porque ustedes han sido comprados; el precio de ustedes ya ha sido pagado. Por lo tanto, den gloria a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios.” (1 Corintios 6:15-20)
Si cambiamos el término “prostituta” por “cualquiera que no sea su esposa(o)” pues ya empezamos a darnos cuenta de la gravedad. Es por eso que casi todos los libros de la Biblia nos mandan a renunciar a la inmoralidad sexual, indicando que Dios la considera un pecado grave, por lo que cometer pecado sexual es directamente opuesto a la voluntad de Dios de santificarnos:
“Vivamos con honestidad, como a la luz del día, y no andemos en glotonerías ni en borracheras, ni en lujurias y lascivias, ni en contiendas y envidias. Más bien, revistámonos del Señor Jesucristo, y no busquemos satisfacer los deseos de la carne.” (Romanos 13:13-14)
“Por lo demás, hermanos, les rogamos y animamos en el Señor Jesús a que cada día su comportamiento sea más y más agradable a Dios, que es como debe ser, de acuerdo con lo que han aprendido de nosotros. Ustedes ya conocen las instrucciones que les dimos de parte del Señor Jesús. La voluntad de Dios es que ustedes sean santificados, que se aparten de toda inmoralidad sexual, que cada uno de ustedes sepa tener su propio cuerpo en santidad y honor, y no en pasiones desordenadas, como la gente que no conoce a Dios.” (1 Tesalonicenses 4:1-5)
El pecado sexual es una forma más en que las personas complacen la carne en lugar de andar en el Espíritu (Gálatas 5:16), esto contamina el corazón y estorba nuestra relación con Dios, dificultando por lo tanto el experimentar del poder del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Si deseamos ser puros de corazón no podemos participar en el pecado sexual, no por un tema de salvación, sino por un tema de salud espiritual.
(Basado en parte en https://www.gotquestions.org/sexual-sin.html)
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