Tesoros en el cielo

“No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corroen, y donde los ladrones minan y hurtan. Por el contrario, acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corroen, y donde los ladrones no minan ni hurtan.” (Mateo 6:19-20)

Hace unas semanas vimos el “Tribunal de Cristo” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/13/el-tribunal-de-cristo/), el famoso “juicio” de Dios que le espera a la iglesia en el cielo luego del “arrebatamiento de la iglesia”, a fin de entregar las “recompensas” o “coronas” a los santos. Este es un tema bien conocido para el “Cuerpo de Cristo”, sin embargo, ¿cuándo fue la última vez que escuchamos un estudio o una prédica de un pastor promoviendo la obediencia del cristiano en base a la obtención de dichas recompensas? ¡Probablemente nunca!

Cada vez que un sermón (o libro) proporciona un motivo para la obediencia, casi siempre es por agradecimiento a lo que Cristo hizo en la cruz por nosotros (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/20/sean-agradecidos-pero-de-que/), y ciertamente esa es la motivación fundamental.

Pero, ¿será la única motivación? Los escritos del Nuevo Testamento sugieren que no lo es.  Para aquellos que viven una vida en obediencia al Señor y soportan fielmente la persecución, la Biblia lo deja claro: 

“Bienaventurados serán ustedes cuando por mi causa los insulten y persigan, y mientan y digan contra ustedes toda clase de mal. Gócense y alégrense, porque en los cielos ya tienen ustedes un gran galardón; pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.”  (Mateo 5:11-12)

Cuando llegue ese día, alégrense y llénense de gozo, porque grande será el galardón que recibirán en los cielos.”  (Lucas 6:23a)

“Ustedes deben amar a sus enemigos, hacer el bien y dar prestado, sin esperar nada a cambio. Grande será entonces el galardón que recibirán, y serán hijos del Altísimo.(Lucas 6:35a)

Como vemos, hay muchos pasajes que hablan del tema, pero si las recompensas se presentan claramente como una motivación en la vida cristiana, ¿por qué no escuchamos más acerca de las recompensas en nuestros púlpitos modernos?

Estoy seguro de que hay muchas respuestas a esa pregunta, pero permítanme sugerir una posibilidad: estamos convencidos de que nuestra obediencia no importa, ¡lo cual es un gran error! Si bien se nos dice (correctamente) que sólo la obediencia de Cristo puede asegurar nuestra justificación, nuestra propia obediencia recibe muy poca atención en los púlpitos.

Pareciera que la justificación (por Gracia) es el centro del escenario y la santificación es periférica, lo cual puede inducirnos a pensar que la segunda no tiene importancia (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/28/los-tres-pasos-de-la-salvacion/).

Sin embargo, muchas veces la minimización de la obediencia cristiana se debe a motivos equivocados, algunos piensan que Cristo es glorificado “más” cuando menospreciamos nuestra propia obediencia, y que al final de cuentas nuestras buenas obras son solo «trapos de inmundicia» defienden algunos (Isaías 64:6).  Pero toda esta línea de pensamiento enreda los intentos de un incrédulo de guardar la Ley y los de un creyente regenerado, y estas son dos cosas totalmente diferentes.

Efectivamente NADIE puede merecerse la salvación (o justificación), ¡pero eso NO significa que la obediencia del creyente no importe! Parte del problema creo yo es que se ha polarizado el tema de las “obras” a tal punto que ahora se ven como dos campos opuestos y casi enemigos entre sí:

1. El legalismo: herencia del judaísmo e influenciado por el catolicismo romano, este es el “cristianismo” de la mayoría, donde siguen pensando que deben “ganarse” la salvación mediante el cumplimiento de fiestas, rituales, sacrificios, etc., y le dan muchísima importancia al papel de la iglesia, lo cual inevitablemente termina en religiosidad e idolatría (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/29/el-peligro-del-legalismo/).

Además, no hacen diferencia entre el “evangelio del Reino” y el ”evangelio de la Gracia”, con lo cual viven un vida cristiana de frustración, tratando de “agradar a Dios” en sus fuerzas (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/el-evangelio-del-reino-vs-el-evangelio-de-la-gracia/). Lo peor de todo es que, en el remoto caso que alguno(a) lograra acercarse a tal estándar (o así lo cree), probablemente se llenaría de orgullo e irónicamente terminaría totalmente alejado(a) de Dios. 

2. La hipergracia: Esta es la otra cara de la moneda (pronto lo veremos en otro estudio con más detalle), un término utilizado para describir la idea de que podemos llevar una vida absolutamente “mundana” porque de todos modos “Cristo ya pagó todo en la cruz”.

Aunque es cierto que nuestra salvación no se basó en nuestras obras ni que tuvimos que ver nada con ella (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/22/por-que-tanta-terminologia-legal/), a veces somos descuidados y hablamos despectivamente de toda justicia humana, como si tal cosa no agradara a Dios, sobre todo cuando es hecha con el propósito correcto de agradar a Dios.

¿Pero entonces cuál es la posición correcta?

El apóstol Pablo (dirigido específicamente a los gentiles, con lo cual no podemos aducir que no es para nosotros) habló mucho del tema, NO para “ganarnos” la salvación (lo cual es imposible), ¡sino en agradecimiento a semejante regalo! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).

La entrega de dichas recompensas es precisamente todo el propósito del “Tribunal de Cristo”:

Yo sembré, y Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios.  Así que ni el que siembra ni el que riega son algo, sino Dios, que da el crecimiento. Y tanto el que siembra como el que riega son iguales, aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.  Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y ustedes son el campo de cultivo de Dios, son el edificio de Dios.  Según la gracia que Dios me ha dado, yo, como perito arquitecto, puse el fundamento, mientras que otro sigue construyendo encima, pero cada uno debe tener cuidado de cómo sobreedifica.  Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.  Y si alguno edifica sobre este fundamento, y pone oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, u hojarasca, su obra podrá verse claramente; el día la pondrá al descubierto, y la obra de cada uno, sea la que sea, será revelada y probada por el fuego.  Si lo que alguno sobreedificó permanece, ése recibirá su recompensa.  Si lo que alguno sobreedificó se quema, ése sufrirá una pérdida, si bien él mismo se salvará, aunque como quien escapa del fuego.”  (1 Corintios 3:6-15)

Entonces, si nuestra vida terrenal es tan solo un “chispazo” en la eternidad, y el ser humano está dispuesto a matarse trabajando para alcanzar el éxito económico, ¿cuánto más deberíamos los cristianos estar dispuestos a hacerlo para lograr las riquezas eternas e incorruptibles?

Es sólo cuando reconocemos que la obediencia del creyente realmente importa, que los pasajes de las recompensas en la Biblia tendrán algún sentido, y eso puede ser un tremendo estímulo para todos aquellos que de alguna manera trabajamos en el ministerio. Cuando nos afanamos por la causa de Cristo, nos sentimos fortalecidos al escuchar las alentadoras palabras de Pablo:

“Por eso, amados hermanos míos, estén firmes y constantes; trabajen siempre para la obra del Señor, conscientes de que nada de lo que hagamos para el Señor será en vano.”  (1 Corintios 15:58)

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado ya; pero una cosa sí hago: me olvido ciertamente de lo que ha quedado atrás, y me extiendo hacia lo que está adelante; ¡prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús! Así que, todos los que somos perfectos, sintamos esto mismo; y si ustedes sienten otra cosa, también esto se lo revelará Dios.  Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla y sintamos una misma cosa.” (Filipenses 3:13-16)

¿Pero entonces cuáles son esas obras merecedoras de “galardón”?  En otras palabras, qué es lo que deberíamos estar “haciendo” los cristianos (LUEGO de recibir la salvación por Gracia)? Pablo se lo resumió con lujo de detalles a los cristianos de Colosas:

“Por lo tanto, hagan morir en ustedes todo lo que sea terrenal: inmoralidad sexual, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia.  Eso es idolatría.  Por cosas como éstas les sobreviene la ira de Dios a los desobedientes.  También ustedes practicaron estas cosas en otro tiempo, cuando vivían en ellas. Pero ahora deben abandonar también la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia y las conversaciones obscenas.  No se mientan los unos a los otros, pues ya ustedes se han despojado de la vieja naturaleza y de sus hechos, y se han revestido de la nueva naturaleza, la naturaleza del nuevo hombre, que se va renovando a imagen del que lo creó hasta el pleno conocimiento, donde ya no importa el ser griego o judío, estar circuncidado o no estarlo, ser extranjero o inculto, siervo o libre, sino que Cristo es todo, y está en todos.  Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. Sean mutuamente tolerantes.  Si alguno tiene una queja contra otro, perdónense de la misma manera que Cristo los perdonó.  Y sobre todo, revístanse de amor, que es el vínculo perfecto.  Que en el corazón de ustedes gobierne la paz de Cristo, a la cual fueron llamados en un solo cuerpo. Y sean agradecidos.  La palabra de Cristo habite ricamente en ustedes. Instrúyanse y exhórtense unos a otros con toda sabiduría; canten al Señor salmos, himnos y cánticos espirituales, con gratitud de corazón.  Y todo lo que hagan, ya sea de palabra o de hecho, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.”  (Colosenses 3:5-17)

No sé ustedes, pero yo creo que con esta inmensa lista tengo demasiados pendientes por delante… 😉

(Basado en parte en https://www.michaeljkruger.com/why-do-modern-christians-rarely-talk-about-rewards-in-heaven/)


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