¿Debemos pertenecer a una iglesia?

Este es otro de esos temas que divide a muchos cristianos, sobre todo porque la mayoría responde y toma partido más por emociones o por lo que le han enseñado algunos maestros, que por la revelación de Dios. Como en todo tema bíblico, nuestros sentimientos importan poco, así que vamos a estudiar lo que Dios dice en Su Palabra. Entonces, ¿se requiere ser miembro de la iglesia para la salvación?

Con esto me refiero al concepto de «iglesia» que manejamos en la actualidad (y no al concepto bíblico), o sea una congregación organizada que se reúne regularmente en un lugar determinado. La respuesta clara e inequívoca es ¡NO!

El destino eterno de cada persona durante el “evangelio de la Gracia” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/) únicamente tiene que ver con la Fe en quién es Cristo y lo que YA HIZO por nosotros en la cruz (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/salvados-pero-de-que/), no con nuestras obras (y por aquello, tampoco con bautizarse, ayunar, diezmar o cualquier otra disposición religiosa).

Queda claro que ninguna organización religiosa (o clérigo) puede enviar a una persona al infierno (¡y tampoco salvarla de éste!).  Entonces, ¿por qué Jesús estableció Su iglesia cuando estuvo en la Tierra? La respuesta es bastante simple: Jesús estableció Su iglesia PARA NUESTRO BENEFICIO TERRENAL, básicamente para nutrir, sostener y edificar al “Cuerpo de Cristo”.

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios; hasta que lleguemos a ser un hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, arrastrados para todos lados por todo viento de doctrina, por los engaños de aquellos que emplean con astucia artimañas engañosas, sino para que profesemos la verdad en amor y crezcamos en todo en Cristo, que es la cabeza, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”  (Efesios 4:11-16)

Pero si no se requiere ser miembro de la iglesia para la salvación, ¿por qué una persona querría ser miembro de una?

Unirse a una iglesia es similar a unirse a cualquier grupo que tenga una misión y un mensaje claramente definidos: muchas personas que trabajan juntas pueden lograr cosas mucho más grandes que las personas que trabajan solas, y por supuesto apoyarse mutuamente en todo sentido (físico y espiritual).

A lo largo de los siglos, las iglesias cristianas han brindado todo tipo de valiosos servicios a sus miembros, comunidades y sociedades, pero debemos tener en cuenta que diferentes iglesias satisfacen diferentes necesidades, y tal vez ese es el error de muchos: si Dios creó diversidad de personas, pues es obvio que existan también diversidad de iglesias, no me refiero a doctrina bíblica, sino a “personalidad”.

Por lo tanto, es importante buscar hacer “pareja” con la personalidad de la congregación, si la “vida de iglesia” es su prioridad, busque una iglesia que tenga amplio sentido comunitario.  Si el “estudio bíblico” es su prioridad, busque una iglesia que cuente con un maestro con sólido conocimiento bíblico.  Si los “problemas sociales” son su prioridad, busque una iglesia con fuerte conciencia social, y así con todo (ya me entienden la idea), lo importante es entender que no existe “una talla única”.

Encontrar una iglesia que satisfaga las necesidades de su familia puede requerir esfuerzo, pero el esfuerzo estará bien invertido si encuentra un lugar al que pueda llamar “hogar”.  Sólo recordemos dos cosas: no existe tal cosa como una iglesia perfecta (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/31/la-iglesia-perfecta/) y la membresía de la iglesia no tiene absolutamente NADA que ver con la salvación.

Tal vez la mejor explicación es entender el contexto militar, a final de cuentas la Biblia describe nuestra vida terrenal como una guerra espiritual contra los ejércitos del maligno:

“La batalla que libramos no es contra gente de carne y hueso, sino contra principados y potestades, contra los que gobiernan las tinieblas de este mundo, ¡contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes! Por lo tanto, echen mano de toda la armadura de Dios para que, cuando llegue el día malo, puedan resistir hasta el fin y permanecer firmes.”  (Efesios 6:12)

Entonces, es clara la utilidad de pertenecer a una iglesia, nos puede ayudar con el entrenamiento “militar” necesario o hasta con el manejo de la “armadura”.  Nada más que se requieren algunas advertencias previas, por ejemplos tengan mucho cuidado con los grupos que piensan que son mejores que todos los demás, que se declaran a sí mismos como la única iglesia verdadera de Jesucristo y/o que imponen rituales o condiciones a sus miembros para ser salvos.

Y sobre todo, manténgase alejados de las iglesias que creen que ellos son el último “remanente” de hijos de Dios (lo sé, yo fui parte de una así), ¡una completa herejía!

El problema es que muchos confunden “ser iglesia” (básicamente congregarse con otros cristianos, cuando sea, donde sea y como sea) con “practicar una religión”, y ahí es donde la mula botó a Jenaro, jajaja (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/12/el-peligro-de-la-religion/).

Obviamente todo la discusión de quién es la verdadera iglesia no es nueva (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/01/quien-es-la-iglesia/), cuando Jesús estuvo en la Tierra, la nación de Israel estaba formada tanto por judíos religiosos como por judíos seculares, y los primeros se disputaban constantemente quien era la “verdadera iglesia” (tema que increíblemente sigue hasta nuestros días, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/30/de-1-a-45-000-en-2000-anos/).

Los judíos religiosos podrían dividirse esencialmente en tres subgrupos:

  • Los esenios: un pequeño número de personas que vivían en comunas aisladas, que estaban muy preocupados por lograr la pureza (separación del mundo) y caminar con Dios
  • Los saduceos: que eran ricos y prósperos, incluidos los comerciantes y los líderes políticos
  • Los fariseos: un grupo celoso de personas que eran conocidos por su dedicación religiosa

Muchos de los judíos religiosos consideraban a los fariseos como su clero de facto porque eran muy elocuentes sobre la importancia de conocer las leyes de Dios.  Además, los fariseos eran celosos de las Escrituras, tenían una gran educación y, sobre todo, eran ampliamente conocidos por su piedad y pureza (Mateo 5:20).

La historia indica que el movimiento fariseo surgió unos 150 años antes del nacimiento de Jesús cuando ciertos hombres se convencieron de que los levitas no estaban haciendo la voluntad de Dios.  Como secta dentro del judaísmo, los fariseos tenían ventaja sobre los levitas, ya que cualquiera podía convertirse en fariseo, en tanto que un levita tenía que contar con la genealogía correcta (la tribu de Leví).  

Un tira y afloja religioso entre los levitas y los fariseos creó “una casa dividida” y con el tiempo, los fariseos ganaron mayor influencia sobre el pensamiento religioso de los laicos que los levitas. Lo que tal vez es sorpresa para muchos, es que no hubo nadie más a quien Jesús le hablara tan despectivamente como a los fariseos:

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas!  Porque cierran el reino de los cielos delante de los hombres.  Pues ustedes no entran, ni dejan entrar a los que están entrando.  ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorren mar y tierra para hacer un solo prosélito y, cuando lo logran, le hacen un hijo del infierno dos veces más que ustedes.”  (Mateo 23:13-15)

Sólo en este capítulo Jesús llamó a los fariseos «hipócritas» OCHO VECES, y que al convertir a alguien al judaísmo (“prosélito”) los hacen doblemente “hijos del infierno” porque la religión es una carga pesada de llevar, es extremadamente tóxica, divisiva y restrictiva, a diferencia del cuerpo perfecto que describió el apóstol Pablo en el versículo 4 de su carta a los Efesios que vimos más arriba.

Los fariseos despreciaban a los recaudadores de impuestos (judíos que trabajaban para el Imperio Romano) porque consideraban un insulto para ellos (como “siervos de Dios”) reconocer la autoridad de César pagándole impuestos.  Sabiendo lo que los fariseos creían acerca de la salvación y cómo se sentían los fariseos acerca de los recaudadores de impuestos, Jesús contó esta parábola: 

Dijo también esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como que eran justos y menospreciaban a los demás: “Dos hombres subieron al templo a orar.  Uno era fariseo, y el otro, publicano.  El fariseo, de pie, oraba consigo mismo de esta manera: ‘Dios, te doy gracias que no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni aun como este publicano.  Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo’.  Pero el publicano, de pie a cierta distancia, no quería ni alzar los ojos al cielo sino que se golpeaba el pecho diciendo: ‘Dios, sé propicio a mí, que soy pecador’.  Les digo que este descendió a casa justificado en lugar del primero.  Porque cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.  (Lucas 18:9-14)

Esta parábola nos enseña que la justicia humana no vale nada, la devoción rigurosa no merecerá el favor de Dios ni producirá la salvación.  El problema es que Dios requiere una justicia para nuestra salvación que los seres humanos simplemente no podemos producir. Nadie puede salvarse por los méritos de su celo, conocimiento o práctica religiosa, más bien, una persona es justificada a los ojos de Dios cuando obedece la inspiración del Espíritu Santo (vive por fe).  

La conclusión es simple: a menos que Dios nos dé específicamente a cada uno de nosotros el regalo de la salvación, ¡no podemos ser salvos!

La salvación NO es una póliza de seguro que compramos a voluntad por hacer una oración o por asistir a determinada iglesia, Dios es quien determina la salvación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/29/la-predestinacion/) y durante la Dispensación de la Gracia la promete a todos los que vivan por fe, asistamos o no a una iglesia.

Si además logramos encontrar una congregación de cristianos apegada a las escrituras, que nos edifique y con los cuales tengamos afinidad, pues bienvenido sea, ¡qué gran bendición!

“Uno solo puede ser vencido, pero dos presentan resistencia.  El cordón de tres hilos no se rompe fácilmente.”  (Eclesiastés 4:12)

(Basado en parte en https://wake-up.org/church/church-membership-not-required-for-salvation.html)


Descubre más desde ofertaportiempolimitado.org

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.