
Muchos de nosotros tenemos la imagen de Jesús como un hombre blanco de pelo largo color castaño y frondosa barba, que habla en voz baja y que por alguna razón, siempre está sosteniendo una oveja. Esa imagen es totalmente falsa y es una construcción religiosa de la edad media (algún día hablaremos del tema), pero tal vez el mayor error que podríamos cometer es pensar en Jesús como un tipo de temperamento apacible, callado y buenazo (costarriqueñismo para tonto), que nunca levantaba la voz.
Sin embargo, la Biblia nos muestra que Jesús estaba LEJOS de ser así (porque así no es Dios, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-ira-de-dios/) y de hecho se enojó en muchas ocasiones. La pregunta que debemos hacernos es: ¿qué hizo enojar a Jesús?
Esto es importante conocer porque, si estamos siguiendo a Jesús, estamos llamados a ser como Él fue, así que entonces lo que enojó a Jesús también nos debería enojar a nosotros. Antes de entrarle al tema debemos aclarar el significado del término, porque a menudo vemos el enojo como una emoción que debemos evitar (un pecado), ¡pero eso no es lo que dice la Biblia!
Resulta que enojarnos no es el problema, sino que lo que hacemos con ese enojo es lo que determina si pecamos o no. Interesante.
“Enójense, pero no pequen; no se ponga el sol sobre su enojo”. (Efesios 4:26)
Entonces, hay cosas en este mundo que DEBERÍAN hacernos enojar, deberíamos estar indignados por las injusticias, la violencia, la codicia, la pobreza y la muerte que corren a nuestro alrededor. Eso debería despertar una ira en lo más profundo de nosotros porque simplemente no está bien, esa ira es buena; es una ira “justa”. Es la misma ira que Dios siente cuando ve el mal que está tan extendido en el mundo, y es por ahí que queremos enfocarnos en este día.
Hace algunas semanas vimos siete cosas que Dios detesta (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/15/las-7-cosas-que-dios-detesta/), pero las que vamos a ver hoy son cosas más específicas que realmente enfurecieron al Señor en su paso por la tierra, y que quedaron documentadas en los evangelios.
Entonces, ¿qué hizo enojar a Jesús?
1. La condición humana
La humanidad existe en un estado roto, un mundo caído. Eso no debería sorprendernos, la evidencia está en todas partes, los niños se mueren de hambre, la gente muere, las familias rotas son la norma, abundan las crisis de salud mental, la guerra es un lugar común, y el dolor y la agitación existen en cada esquina. No estamos bien y Jesús estaba enojado por eso, esto no es ira como golpear una pared, y probablemente ni siquiera sea la emoción principal que sintió, pero se puede ver la ira en su respuesta.
Esto se ve más claramente en el versículo más corto de la Biblia:
“Jesús lloró.” (Juan 11:35)
Jesús estaba tan abrumado por la condición humana, la muerte que enfrentó un amigo, que lloró. Creo que en este momento Jesús está reaccionando a la condición caída de su pueblo, está angustiado porque las personas a las que ama están experimentando dolor. No estaba abrumado por el dolor de la pérdida de un amigo (sabía lo que iba a suceder luego), sino porque sentía empatía por su familia.
Jesús se conmueve, pero responde con ira (santa):
“Jesús, conmovido otra vez dentro de sí, fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta una piedra contra la entrada. Jesús dijo: Quiten la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya porque tiene cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? Luego quitaron la piedra, y Jesús alzó los ojos arriba y dijo: Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sabía que siempre me oyes pero lo dije por causa de la gente que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Habiendo dicho esto, llamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!” (Juan 11:38-43)
Haciendo un paréntesis quizás nos preguntemos por qué Dios permite tales situaciones, y aquí hay que hacer una aclaración sobre un error muy común. En el caso de Lázaro el dolor tenía un propósito, y así funciona SIEMPRE con los hijos de Dios:
“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es, a los que son llamados conforme a su propósito.” (Romanos 8:28)
Por lo tanto, las pruebas tienen siempre un propósito pero únicamente “para los que aman a Dios” (en otras palabras, para los “escogidos desde antes de la fundación del mundo”). En el caso de los impíos, las pruebas y el dolor son simplemente producto del pecado, todo tiene que ver la naturaleza caída del ser humano y su concupiscencia.
2. La religiosidad
Esto tal vez le sorprenderá a los que todavía creen que “cristianismo” es una “religión”. Los líderes religiosos en los días de Jesús tendían a valorar el cumplimiento de la Ley Mosaica por encima del bienestar de las personas, lo cual NO es lo que Dios pretendía (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/29/el-peligro-del-legalismo/). Se suponía que las reglas que Dios estableció ayudarían a su pueblo a mantener una relación correcta con Él y con los demás, pero se perdió el verdadero significado de la Ley en la búsqueda ciega por seguirla. En otras palabras, se preocupaban más por obedecer las reglas, que el propósito al cual se suponía debían conducir.
Y seamos honestos, nada ha cambiado mucho (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/12/el-peligro-de-la-religion/), incluyendo algunas iglesias cristianas que pasan más preocupadas por el cumplimiento de estrictas reglas de la congregación, que por enseñar y gozarse en la salvación por Gracia (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/). En la Biblia podemos ver cómo Jesús incumplía continuamente las normas que establecían los religiosos, aunque para ser claros Jesús no quebrantó la Ley Mosaica que Dios había establecido, SINO las cargas adicionales que le agregaban los líderes religiosos para disque para proteger la ley.
Quizás el mejor ejemplo es Jesús sanando en sábado, Jesús rechazó esta actitud y mostró que las personas eran más importantes y sanó a la gente justo en frente de los fariseos, sólo para mostrar cuán serio era.
“Partió de allí y fue a la sinagoga de ellos. Y he aquí había un hombre que tenía la mano paralizada; y para acusar a Jesús, le preguntaron diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado? Pero él les dijo: ¿Qué hombre hay entre ustedes que tenga una oveja, y que si esta cae en un pozo en sábado, no le echará mano y la sacará? Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! De manera que es lícito hacer bien en sábado.” (Mateo 12:9-12)
“Jesús enseñaba en una de las sinagogas en el sábado. Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad desde hacía dieciocho años andaba encorvada y de ninguna manera se podía enderezar. Cuando Jesús la vio, la llamó y le dijo: Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Puso las manos sobre ella, y al instante se enderezó y glorificaba a Dios. Y respondiendo el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiera sanado en sábado, decía a la gente: Seis días hay en la semana en los cuales se debe trabajar. Vengan, pues, en estos días y sean sanados, y no en el día de sábado. Entonces el Señor le respondió diciendo: ¡Hipócrita! ¿No desata cada uno de ustedes en sábado su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y esta, siendo hija de Abraham, a quien Satanás ha tenido atada por dieciocho años, ¿no debía ser librada de esta atadura en el día de sábado?” (Lucas 13:10-16)
“Llevaron ante los fariseos al que antes era ciego, porque el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos era sábado. Entonces los fariseos le volvieron a preguntar de qué manera había recibido la vista, y les dijo: Él me puso lodo sobre los ojos, me lavé y veo. Entonces algunos de los fariseos decían: Este hombre no es de Dios porque no guarda el sábado. Pero otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales? Había una división entre ellos.” (Juan 9:13-16)
Al leer estos relatos nos parece increíble la actitud de los fariseos (¡casi de chiste!) pero cuidado, existen muchas iglesias cristianas en la cuales si un miembro OSA contradecir la doctrina del pastor es echado fuera y punto. Parafraseando al apóstol Pablo en 2 Corintios 12:2, conozco a una persona que le pasó exactamente eso… 😉
3. Niños maltratados
Jesús tenía un lugar especial en su corazón para los niños, Él promete ejercer justicia con mano dura para aquellos que dañen a los niños. Además afirma que debes ser como un niño para entrar en su reino y siempre hizo lugar para los niños.
“En aquel tiempo los discípulos se acercaron a Jesús diciendo: ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos? Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellosy dijo: De cierto les digo que si no se vuelven y se hacen como los niños, jamás entrarán en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el más importante en el reino de los cielos. Y cualquiera que en mi nombre reciba a un niño como este, a mí me recibe. Y a cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le atara al cuello una gran piedra de molino y que se le hundiera en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! Es inevitable que haya tropiezos, pero ¡ay del hombre que los ocasione!” (Mateo 18:1-7)
“Entonces hubo una discusión entre los discípulos: cuál de ellos sería el más importante. Pero Jesús, percibiendo los razonamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso a su lado y les dijo: Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre me recibe a mí; y cualquiera que me reciba a mí recibe al que me envió. Porque el que es más pequeño entre todos ustedes, este es el más importante.” (Lucas 9:46-48)
En una ocasión, los discípulos trataron de reprender a Jesús por el tiempo que les estaba dando a los niños, ¡gran error! Jesús insistió en que los niños merecen un asiento en el reino de Dios, o más bien los que tienen la actitud de los niños.
“Y le presentaban niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al verlo, Jesús se indignó y les dijo: ‘Dejen a los niños venir a mí, y no los impidan porque de los tales es el reino de Dios. De cierto les digo que cualquiera que no reciba el reino de Dios como un niño jamás entrará en él’. Entonces, tomándolos en los brazos, puso las manos sobre ellos y los bendijo.” (Marcos 10:13-16)
Yo nunca fui la persona más amorosa del mundo, pero desde que me convertí en padre de familia, me he vuelto exponencialmente más sensible sobre cualquier cosa relacionada con los niños. Es difícil para mí no verme afectado cuando veo una historia sobre un niño enfermo, abusado o abandonado, como el caso del tiroteo del día de ayer en una escuela cristiana de Estados Unidos por parte de un enfermo mental. No me gustaría estar en el lugar de esa persona en estos momentos, me es difícil imaginarme el nivel de castigo que sufrirá por toda la eternidad por parte de un Dios profundamente enojado.
4. La hipocresía
A menudo tenemos una opinión demasiado alta de nosotros mismos; y la pura verdad es que no somos tan buenos como creemos que somos (en mi caso Dios se ha encargado ENFÁTICAMENTE en hacérmelo saber constantemente, jajaja). Jesús también se enojó con los que pensaban que eran superiores, pero sobre todo cuando ordenaban que los demás hicieran cosas que ellos mismos no pretendían cumplir, ¡eso SÍ lo “cabreaba” en gran manera! Por lo tanto, lo más común es que Jesús se enojara con los líderes religiosos porque, en realidad (al igual que ahora), eran unos farsantes. Pretendían ser buenos, pero en realidad estaban tan arruinados como todos los demás, pero se negaron a admitir y reconocer su propio pecado.
No es por nada que el Señor los llama “hipócritas” OCHO VECES en el capítulo 23 de Mateo, y les receta otro montón de “cariñosos” adjetivos, jajaja
“¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpian lo de afuera del vaso o del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno. ¡Fariseo ciego! ¡Limpia primero el interior del vaso para que también el exterior se haga limpio! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque son semejantes a sepulcros blanqueados que, a la verdad, se muestran hermosos por fuera; pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda impureza. Así también ustedes, a la verdad, por fuera se muestran justos a los hombres; pero por dentro están llenos de hipocresía e iniquidad. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edifican los sepulcros de los profetas y adornan los monumentos de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos sido sus cómplices en la sangre de los profetas’. Así dan testimonio contra ustedes mismos de que son hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Colmen también ustedes la medida de sus padres! ¡Serpientes! ¡Generación de víboras! ¿Cómo se escaparán de la condenación del infierno?” (Mateo 23:25-33)
Les recomiendo la lectura completa del capítulo (especialmente para los religiosos que malentienden el llamado a no juzgar, jajaja). Jesús llama la atención sobre esta hipocresía al decir que lavan el exterior de la copa pero ignoran el interior, les importaba más lo que la gente pensara de ellos, o sea PARECER justos (sin serlo).
Al hacerlo, ignoraron la suciedad de su propio corazón, en otras palabras, ignoraron lo que era más importante por el bien de las apariencias. Es importante notar que Jesús no estaba enojado con ellos por su pecado, estaba enojado porque pretendían que eran mejores de lo que realmente eran. Jesús vino por los pecadores y los enfermos (Mateo 9:12), pero primero debemos reconocer que eso somos, por eso se enojó con los fariseos.
5. Entorpecer el camino a Dios
Yo creo que este y los dos siguientes van de la mano, ¡son un combo! La razón por la que Jesús a menudo se enojaba con los farsantes religiosos es que hacían difícil que la gente llegara a Dios, complicando las reglas, vendiendo sacrificios por una ganancia y menospreciando a aquellos que no eran tan «buenos» como ellos, ¿les suena conocido? (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/12/las-herejias-del-catolicismo/).
“¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cierran el reino de los cielos delante de los hombres. Pues ustedes no entran, ni dejan entrar a los que están entrando. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorren mar y tierra para hacer un solo prosélito y, cuando lo logran, le hacen un hijo del infierno dos veces más que ustedes.” (Mateo 23:13-15)
Esta actitud REALMENTE enfureció a Jesús, en última instancia, esto es lo que hizo que Jesús volteara las mesas del templo DOS VECES. Lo que estaba pasando era que los líderes religiosos estaban vendiendo los sacrificios requeridos por la Ley de Dios para obtener ganancias. En otras palabras, las familias pobres que viajaron lejos y con grandes gastos para seguir la Ley Mosaica fueron extorsionadas, cuando deberían haber sido ayudadas.
“Entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y les dijo: Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la han hecho cueva de ladrones.” (Mateo 21:12-13)
“Estaba próxima la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Halló en el templo a los que vendían vacunos, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados. Y después de hacer un látigo de cuerdas, los echó a todos del templo junto con las ovejas y los vacunos. Desparramó el dinero de los cambistas y volcó las mesas. A los que vendían palomas les dijo: ¡Quiten de aquí estas cosas y no hagan más de la casa de mi Padre casa de mercado! Entonces se acordaron sus discípulos de que estaba escrito: El celo por tu casa me consumirá.” (Juan 2:13-17)
Esto obviamente molestó a Jesús, aquí es tal vez donde vemos a Jesús en su momento más enojado, hizo un látigo ¡y los expulsó a chilillazos! ¿Por qué? Porque estaban haciendo más difícil (entorpeciendo) que la gente cumpliera con Dios, ¡y además lucrando en el proceso!
Obviamente todo esto se refiere a las obras bajo el “evangelio del Reino” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/el-evangelio-del-reino-vs-el-evangelio-de-la-gracia/), pero lo que es importante es el concepto de fondo, porque todavía hoy en día bajo el “evangelio de la Gracia” existen pastores cristianos ignorantes (o perversos) que ponen “cargas pesadas y difíciles de llevar pero que ellos mismos no las quieren mover ni aun con el dedo.” A esos debería darles mucho miedo lo que les espera.
6. La arrogancia
Ya el Antiguo Testamento hablaba mucho del tema, David, Salomón y los profetas escribieron bastante sobre el peligro de la arrogancia, que va de la mano con la soberbia:
“Con arrogancia el impío persigue al pobre. ¡Sean atrapados en los artificios que han maquinado! Porque el impío se gloría del apetito de su alma, y el codicioso maldice y desprecia al SEÑOR.” (Salmos 10:2-3)
“El temor del SEÑOR es aborrecer el mal. Aborrezco la soberbia, la arrogancia, el mal camino y la boca perversa.” (Proverbios 8:13)
“Hemos oído de la soberbia de Moab, que es muy soberbio; de su arrogancia, de su soberbia y de su insolencia. Pero vano es aquello de que se jacta.” (Isaias 16:6)
Prácticamente en cada situación donde la Biblia menciona la arrogancia o la soberbia, es como un comportamiento o una actitud que Dios detesta. Jesús también la mencionó al explicarle a sus apóstoles una parábola, y luego pasa a enumerar las trece características de quienes están fuera de la Gracia de Dios.
Ojo que equipara la arrogancia (o soberbia) con la inmoralidad sexual, el robo y el homicidio, con lo cual nos damos cuenta de la gravedad y por ende su enojo.
“Jesús les dijo: ¿Tampoco ustedes pueden entender esto? ¿Acaso no entienden que nada que venga de afuera y entre en alguien puede contaminarlo? Porque eso no entra en su corazón, sino en su vientre, y al final va a parar en la letrina. Con esto Jesús estaba diciendo que todos los alimentos son limpios, aunque también decía que lo que contamina es lo que sale de la persona. Porque de adentro del corazón humano salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la calumnia, la soberbia y la insensatez.” (Marcos 7:18-22)
7. El egoísmo
Nuevamente, este se basa en el anterior, pero creo que hay una diferencia importante. Jesús a menudo se enojaba cuando las personas tenían motivos ocultos o ambiciones egoístas, criticó a los fariseos por orar en voz alta en público porque lo hacían para su propio beneficio.
“Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. De cierto les digo que ya tienen su recompensa.” (Mateo 6:5)
El egoísmo es una actitud que se preocupa por los intereses propios y no por los de los demás, es lo que provocó que el joven gobernante rico le diera la espalda a Jesús (Mateo 19:21-22). La lucha contra el pecado del egoísmo requiere de una verdadera humildad sin prejuicios, y ser humilde significa tener una verdadera perspectiva sobre nosotros mismos en relación con Dios.
Fue el apóstol Pablo quien no dejó la clave para comprender el tema, complementando lo enseñado por Jesús:
«Por la gracia que me es dada, digo a cada uno de ustedes que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con sensatez, según la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque así como en un cuerpo hay muchos miembros, y no todos los miembros tienen la misma función, así también nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a los demás.» (Romanos 12:3-5)
Al final lo que Dios quiere es que entendamos que la iglesia es parte del “Cuerpo de Cristo”, en el cual no puede haber egoísmo porque todos dependemos de los demás y estamos interconectados bajo una misma “cabeza”.
“Porque de la manera que el cuerpo es uno solo y tiene muchos miembros, y que todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, son un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu. Pues el cuerpo no consiste de un solo miembro, sino de muchos. Si el pie dijera: ‘Porque no soy mano, no soy parte del cuerpo’, ¿por eso no sería parte del cuerpo? Y si la oreja dijera: ‘Porque no soy ojo, no soy parte del cuerpo’, ¿por eso no sería parte del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oreja, ¿dónde estaría el olfato? Pero ahora Dios ha colocado a los miembros en el cuerpo, a cada uno de ellos, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros y a la vez un solo cuerpo.” (1 Corintios 12:12-20)
En conclusión, el enojo de Jesús se dirigía casi siempre hacia los religiosos, no porque los odiara o porque pecaban (¡que todos lo hacemos!), sino por lo que estaba detrás de sus prácticas religiosas (hipocresía, arrogancia, egoísmo, etc.), exactamente lo opuesto a los atributos divinos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/cual-es-el-caracter-de-dios-y-cuales-son-sus-atributos/). Pero lo más grave de estas prácticas religiosas es que entorpecían el poder llegar a conocer al VERDADERO Dios, ¡y ESO era lo que verdaderamente enojaba al Señor!
Esto es especialmente cierto hoy en día, que satanás no quiere que el mundo conozca el “evangelio de la Gracia”, y la OFERTA POR TIEMPO LIMITADO de la salvación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).
(Basado en parte en https://www.rethinknow.org/what-made-jesus-mad/ y https://www.gotquestions.org/Espanol/egoismo-Biblia.html)
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