
Si usted es como yo, en su caminar cristiano probablemente se ha hecho alguna vez la pregunta «¿cómo puedo estar seguro que soy salvo?» Obviamente esto merece una respuesta sólida, ¡nuestro destino eterno depende de eso!
Lamentablemente el tema se ha manoseado tanto por siglos por parte de las religiones y los “mercaderes de la fe”, que la idea generalmente aceptada por la mayoría de personas tiene poca relación con lo revelado por Dios en su Palabra. Ojo que no me refiero a CÓMO SER SALVO (eso ya lo hemos estudiado varias veces en el blog, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/), sino CÓMO TENER SEGURIDAD de que lo somos, así que vamos a revisar lo que dice la Biblia al respecto y poder tener paz en nuestro corazón.
La duda nace porque la Biblia misma nos indica que NO TODOS los que piensan que son salvos realmente lo son, el mismo Jesús lo confirma en el pasaje más aterrador de toda la Biblia:
“No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. En aquel día, muchos me dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Pero yo les diré claramente: “Nunca los conocí. ¡Apártense de mí, obreros de la maldad!.” (Mateo 7:21-23)
Esta escena del juicio es alucinante. Imagine millones de personas de pie ante el Señor Jesucristo creyendo que son salvos y proclamándole todas las maravillas que hicieron en su nombre. Para empezar a analizar el pasaje, lo primero que deberíamos notar es que habla de “obras” (“profetizar”, “echar fuera demonios”, “hacer milagros”, etc.), lo cual sabemos NO corresponde a la presente “dispensación de la Gracia” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/las-dispensaciones-biblicas/).
Lamentablemente este concepto tan fundamental es algo que desconocen muchísimos cristianos y revela el deprimente estado actual de gran parte de la iglesia cristiana occidental, donde miles de personas juegan a la “iglesita” pero no tiene idea de quien es Dios, del Plan de salvación y menos de la diferencia entre la Ley y la Gracia (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/ley-vs-gracia/) y por ende, probablemente no son salvos.
Muchos creen que todo se trata de seguir una “religión” y de “ser bueno(a)”, y que calentando la banca una vez a la semana y cumpliendo con rituales que “huelen” a cristianismo “están en la lista”. Ese pseudo cristianismo de iglesias lideradas por lobos vestidos de ovejas sólo buscan conformarse a los deseos del mundo y diluir la Palabra de Dios para hacerla más “digerible” (¡ya eso Jesús lo había advertido hace 2000 años!), lo triste es que los que están sentados ni cuenta se dan ¡porque tampoco conocen a Dios ni Su Palabra!
En el versículo de Mateo 7 vemos que el Señor Jesús les responde que “nunca los conocí”, o sea Él no está muy impresionado con todas esas obras que decían que hicieron en Su nombre (¡no refutó que fuera cierto que las hicieron!), sino que a lo que se refiere Jesús es que nunca tuvieron una relación personal con Él, y les ordena que “se aparten de mí” porque NUNCA los conoció.
Esto es el inicio de todo: no se trata de buenas obras, sino de relación.
Esos que le dijeron “Señor, Señor” a Jesús confiaron en SUS buenas obras, en las veces que fueron a la iglesia, en el dinero que donaron y hasta en supuestos milagros que realizaron, pero nunca se dieron cuenta que para ser salvo durante la “dispensación de la Gracia” lo único que se necesita era aceptar la invitación a tener una relación con el Señor Jesucristo.
Las buenas obras siguen a la salvación UNA VEZ que caminamos con el Señor, pero no cometamos el mismo error que esa multitud que pensó que sus buenas obras le salvarían, ¡porque no lo harán! Para ser salvo, sólo debemos creer en el Señor Jesucristo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/15/que-debo-hacer-para-ser-salvo/), veamos algunos versículos importantes:
“Pero éstas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengan vida en su nombre.” (Juan 20:31)
“Ellos le dijeron: «Cree en el Señor Jesucristo, y se salvarán tú y tu familia.»” (Hechos 16:31)
Estos son sólo dos de los muchos versículos que nos dicen que la salvación viene por CREER en el Señor Jesucristo. Pero entonces ahora debemos preguntarnos, ¿qué significa según la Biblia “creer” en Jesús? ¿Será suficiente un simple reconocimiento de los hechos históricos acerca de Jesús para salvar nuestra alma?
Hechos como que Jesús fue una gran persona, o que realizó muchos milagros (incluido resucitar a algunos de los muertos), o que murió en la cruz a pesar de ser inocente. ¿Creer estos y otros hechos acerca de Jesús será suficiente para salvarnos?
Lo increíble es que muchos hoy en día han caído en esta trampa creyendo que son salvos porque saben algo sobre Jesús, porque rezan de vez en cuando y/o porque un día hicieron una oración de arrepentimiento en la iglesia. El factor crucial aquí no es cuánto sabes acerca de Jesús, sino si conoces a Jesús y ¡Él te conoce a ti!
Un ejemplo podría ser el conocer muchos datos sobre una celebridad, pero no conocemos personalmente a esta persona y ella menos que nos conoce a nosotros. ¡Sólo conocer los hechos no es suficiente para tener la seguridad de la salvación! Poco a poco vamos avanzando, pero ahora ¿qué significa “creer” para salvación?
Ya sabemos que creer únicamente los hechos no es suficiente, la Biblia dice que hasta los demonios creen (¡y obviamente no son salvos!).
“Tú crees que Dios es uno, y haces bien. ¡Pues también los demonios lo creen, y tiemblan!” (Santiago 2:19)
Entonces, la simple creencia no es suficiente, aunque ahí es donde todos debemos comenzar. El diablo ha hecho un excelente trabajo diluyendo la palabra “creer”, pero creer en Jesús es estar plenamente convencido de que Él es la Verdad, creer es confiar, depositar plena confianza, descansar con fe.
Es una entrega de la voluntad y los afectos, acompañada de una humilde confianza en Cristo para la salvación.
“No se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios; crean también en mí.” (Juan 14:1)
En la Biblia “creer” a menudo se usa indistintamente por “confiar” y ese es el significado correcto. ¿Y qué significa confiar en alguien? Si tuviera que decir que confío en una persona cercana, ¿cómo podría probar esa afirmación? Por ejemplo estaría dispuesto a darle mi billetera por un período de tiempo confiando en que la cuidaría y que no tomaría mi dinero o usaría mis tarjetas de crédito para su propio placer.
Confiar sin que vaya seguido consecuentemente de una acción es pura palabrería, así que ya podemos ir entendiendo el concepto bíblico. Diay, ¿pero no dijimos que bajo en “evangelio de la Gracia” ya no tenemos que hacer nada? ¿Entonces?
«¿Acaso ignoran que el cuerpo de ustedes es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, y que recibieron de parte de Dios, y que ustedes no son dueños de sí mismos? Porque ustedes han sido comprados; el precio de ustedes ya ha sido pagado. Por lo tanto, den gloria a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios.” (1 Corintios 6:19-20)
“Y es Dios el que nos confirma con ustedes en Cristo, y es Dios el que nos ha ungido, y es Dios el que también nos ha marcado con su sello, y el que, como garantía, ha puesto al Espíritu en nuestros corazones.” (2 Corintios 1:21-22)
“También ustedes, luego de haber oído la palabra de verdad, que es el evangelio que los lleva a la salvación, y luego de haber creído en él, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es la garantía de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.” (Efesios 1:13-14)
Entonces, fue DIOS quien nos confirma que estamos “en Cristo”, y como garantía ¡nos selló con Su Espíritu Santo! Y si tenemos el Espíritu Santo morando en nuestro interior, Él es quien confirma nuestra salvación mediante obras, SUS OBRAS en nosotros (¡no las nuestras!).
En otras palabras, nuestras obras NO nos salvan, pero las obras (que realiza el Espíritu Santo por medio nuestro) ¡dan testimonio de que somos salvos!
“Por tanto, no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” (Romanos 8:1)
¡Este es el testimonio de nuestra salvación! Entonces, ¿cómo comprobamos que efectivamente Dios nos selló con su Espíritu Santo bajo el “evangelio de la Gracia”?
“Porque los hijos de Dios son todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios.” (Romanos 8:14)
Primero, la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas es la garantía que somos hijos de Dios. Su trabajo aporta evidencias, y eso es lo que hacen los testigos; dan evidencias de la realidad. Y si queremos ser más específicos, el apóstol Pablo nos dejó mucha referencia sobre lo que significa ser guiado por el Espíritu (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/01/el-fruto-y-los-dones-del-espiritu-santo/):
“Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Contra tales cosas no hay ley. Y los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” (Gálatas 5:22-23)
En otras palabras, cuando miramos nuestras vidas, ¿hay evidencias de que el Espíritu está produciendo cosas que son contrarias a una naturaleza humana caída, incrédula y egoísta? No me refiero a una vida perfecta (¡eso no existe!), sino a pistas y señales sobre hechos contrarios a nuestra espíritu egoísta, y que la única forma es que Dios haya obrado eso en nosotros.
“Pues ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice nuevamente al miedo, sino que han recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” (Romanos 8:15-16)
“Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer y sujeto a la ley, para que redimiera a los que estaban sujetos a la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Y por cuanto ustedes son hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: «¡Abba, Padre!»” (Gálatas 4:4-6)
Por otro lado, cuando la expresión “¡Papito Dios!” surge en nuestros corazones como un llamado amoroso a Dios como nuestro Padre y a Cristo como nuestro Señor, ESE es el Espíritu Santo, porque una persona que está sin Cristo no puede clamar a Dios de manera dependiente, amorosa, forma humilde y agradecida, ¡somos demasiado egoístas y autosuficientes!
Si nuestro corazón se levanta no sólo para decir “Papito Dios, te necesito”, sino que también se levanta para decir “Jesús, mi Maestro, mi Señor, mi Dios, mi todo”, ese es el Espíritu Santo en nosotros, ¡ESA es la evidencia de Dios en nuestra vida!
“Por tanto, quiero que sepan que nadie que hable por el Espíritu de Dios puede maldecir a Jesús; y que nadie puede llamar «Señor» a Jesús, si no es por el Espíritu Santo.” (1 Corintios 12:3)
En conclusión, podemos tener la seguridad de la salvación cuando vemos la evidencia de las obras (el fruto) del Espíritu Santo que mora en nosotros. Además, cuando nos encontramos clamando por una dependencia auténtica a Dios (y nuestras vidas están dando alguna evidencia de Su presencia), entonces podemos descansar en la promesa de que tenemos la garantía de que fuimos comprados y viviremos eternamente con Cristo.
(Basado en parte en https://breadoflife.media/assurance-of-salvation/ y https://www.desiringgod.org/interviews/how-does-the-spirit-testify-im-saved)
Descubre más desde ofertaportiempolimitado.org
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Pingback: ¿Estamos seguros de nuestra salvación? — ofertaportiempolimitado.org – Jazmín Aguirre Reyes