
Hoy comienza lo que tradicionalmente conocemos como “Semana Santa”, que aunque la historia real ha sido tremendamente tergiversada, dichosamente la Biblia muestra bastantes detalles de los hechos que ocurrieron en esos últimos días de Nuestro Señor en la tierra. Sin embargo, las “piezas” están escondidas en varios pasajes y debemos ser diligentes para encontrarlas, así que hoy vamos a armar el rompecabezas completo e intentar reconstruir la línea de tiempo de los últimos días de la vida de Jesús, empezando desde la semana previa y finalizando con los días posteriores a la resurrección.
Nada más como advertencia, para todos los efectos vamos a suponer que el año correcto en que sucedieron estos eventos fue el 30 d.C., el más probable según la mayoría de los cálculos históricos (suponiendo que los calendarios actuales son correctos), siendo la otra posibilidad el 31 d.C. La razón de esto es porque estos son los únicos años en que el 14 de Nisan (fecha de la crucifixión según el relato bíblico) cayó en un miércoles, tema que vamos a estudiar a profundidad en un par de días.
Así que, sin más preámbulo, aquí está la cronología más probable de los eventos durante esa semana (¡y pico!), empezando por el viernes ANTES de la Semana Santa.
Viernes 31 de marzo (Nisan 9)
No es casualidad que los últimos días de la vida de Jesús comienzan en esta fecha, con la invitación a cenar donde su amigo Lázaro (¡resucitado!) y sus hermanas Marta y María, que vivían en Betania. Dicha ciudad no estaba muy lejos de Jerusalén (a unos 3 kilómetros), aunque probablemente Jesús venía de más lejos ya que estaba el desierto, en un pueblo llamado Efraín (Juan 11:54).
Como la caminada era larga, vamos a suponer que el Señor llegó a media tarde, dejando suficiente tiempo para la preparación de la cena del shabat (obviamente después de las 6pm, que era cuando cambiaba la fecha), y pareciera que lo acompañaban los doce apóstoles, entre ellos Juan que narra todo el evento. La fecha de la cena ES CLAVE, pues según La Ley Mosaica, el cordero debía escogerse el día 10 del primer mes (Éxodo 12:2), así que todo sucedía perfectamente alineado a las sombras proféticas.
“Seis días antes de la Pascua llegó Jesús a Betania donde estaba Lázaro, a quien Jesús resucitó de entre los muertos. Le hicieron allí una cena. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.” (Juan 12:1-2)
Es en esa cena que María, la hermana de Lázaro, unge los pies de Jesús con un perfume muy caro, y Juan nos comenta que Judas (que lleva la bolsa de dinero) se quejó que lo que se gastó en ese ungüento podría haberse utilizado para ayudar a los pobres. Luego Juan nos incluye un chisme (probablemente conocido por todos los doce): que la verdadera razón por la que Judas se quejó con Jesús fue porque se estaba robando el dinero del grupo.
“Entonces María, habiendo traído como medio litro de perfume de nardo puro de mucho valor, ungió los pies de Jesús y los limpió con sus cabellos. Y la casa se llenó con el olor del perfume. Pero uno de sus discípulos, Judas Iscariote, el que estaba por entregarle, dijo: ¿Por qué no fue vendido este perfume por casi un año de salario y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque le importaban los pobres sino porque era ladrón y, teniendo la bolsa a su cargo, sustraía de lo que se echaba en ella.
Entonces Jesús dijo: Déjala. Para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tienen con ustedes, pero a mí no siempre me tienen. Entonces mucha gente de los judíos se enteró de que él estaba allí y fueron, no solo por causa de Jesús sino también para ver a Lázaro a quien él había resucitado de entre los muertos. Pero los principales sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro porque, por causa de él, muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús.” (Juan 12:3-11)
Yo nunca le había puesto cuidado al hecho que el pobre Lázaro los judíos también lo iban a matar, que probablemente desistieron de la idea luego de la crucifixión de Jesús. Lo que es también muy probable es que Lázaro se convirtiera en un gran evangelizador luego de la resurrección, era muy amigo de Jesús, lo conocía bien y de fijo conversó muchas veces con Nuestro Señor sobre diversos temas que no quedaron registrados. ¡Sólo podemos imaginarnos su SUPER testimonio! 😉
Sábado, 1 de abril (Nisan 10)
Luego de pasar la noche en la casa de Lázaro, Jesús viaja de Betania a Betfagé, que estaba también muy cerquita de Jerusalén (menos de 1 kilómetro). Es aquí donde monta un pollino (o asno) para su entrada triunfal en la ciudad, y la multitud reunida comienza a alabarle a Él y a Dios, y también colocan su ropa y cortan ramas de palma en el camino donde pasaría (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/02/la-entrada-triunfal-de-jesus/).
En otras palabras, todo el concepto religioso de “domingo de ramos” está equivocado, pues el evento sólo pudo haber ocurrido un sábado.
“Cuando llegaron cerca de Jerusalén, junto a Betfagé y Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos y les dijo: Vayan a la aldea que está frente a ustedes y, cuando hayan entrado allí, en seguida hallarán atado un borriquillo sobre el cual ningún hombre ha montado. Desátenlo y tráiganlo. Y si alguien les dice: ¿Por qué hacen eso?, díganle: El Señor lo necesita, y luego lo enviará aquí otra vez. Ellos fueron y hallaron el borriquillo atado a la puerta, afuera, en la esquina de dos calles, y lo desataron.
Algunos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacen desatando al borriquillo? Ellos les dijeron tal como Jesús les había dicho, y los dejaron ir. Trajeron el borriquillo a Jesús y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. Muchos tendieron sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles. Los que iban delante y los que lo seguían aclamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino venidero de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!” (Marcos 11:1-10)
Hosanna significa algo como “¡salvanos!” o “¡rescatanos!”, la entrada triunfal fue el cumplimiento del tipo profético representado en la Ley sobre la selección del cordero pascual. Fue en este día que la multitud salió a saludar a nuestro Señor Jesucristo y a reconocerlo como el Rey de Israel, y como Aquel que había venido a traer la salvación física de la opresión romana. Además, este hecho cumplía la profecía escrita 450 años antes (Zacarías 9:9). Es en ese momento que los fariseos escucharon las alabanzas de la multitud y le pidieron a Jesús que les diga que se callen, y Él responde con su famosa frase de que si no gritaran alabanzas, ¡las piedras lo harían!
“Entonces, algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Él respondió diciéndoles: Les digo que si estos callan, las piedras gritarán.” (Lucas 19:39-40)
Al acercarse a Jerusalén, Jesús comienza a llorar sobre la ciudad. Sabiendo lo que le espera, se le escucha decir que debido a que la ciudad no lo aceptó como Salvador y que en poco tiempo sería destruida (lo que sucedió 40 años después).
“Cuando llegó cerca, al ver la ciudad, lloró por ella diciendo: ¡Oh, si conocieras tú también, por lo menos en este tu día, lo que conduce a tu paz! Pero ahora está encubierto a tus ojos. Porque vendrán sobre ti días en que tus enemigos te rodearán con baluarte y te pondrán sitio, y por todos lados te apretarán. Te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti. No dejarán en ti piedra sobre piedra por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.” (Lucas 19:41-44)
Además, sucede otro evento que muchas veces pasa desapercibido, que es que Jesus fue al Templo y ve “todas las cosas” (Marcos 11:11), probablemente en relación a los negocios oscuros que se estaban realizando, pero por ser sábado, ese día no hace nada y regresa al final de la tarde a Betania, suponemos que de nuevo donde su amigo Lázaro.
“Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, y habiendo mirado todo en derredor, como la hora ya era tarde, salió para Betania con los doce.” (Marcos 11:11)
Domingo, 2 de abril (Nisan 11)
Jesús, nuevamente viaja temprano de Betania a Jerusalén, y esa mañana de camino ve una higuera y va hacia ella con la esperanza de encontrar higos, pero al encontrar sólo hojas, le dice al árbol unas palabras proféticas (alguna día hablaremos de su significado):
“Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo desde lejos una higuera que tenía hojas, se acercó para ver si hallaba en ella algo. Cuando fue a ella, no encontró nada más que hojas porque no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: ¡Nunca jamás coma nadie de tu fruto!. Y lo oyeron sus discípulos.” (Marcos 11:12-14)
Luego continúa y al igual que el día anterior se dirige al Templo, pero este día sí toma acción y echa fuera a los cambistas y a los vendedores de palomas:
“Llegaron a Jerusalén y Jesús entró en el templo. Y comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y no consentía que nadie cruzara por el templo llevando utensilio alguno. Y enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han hecho cueva de ladrones.” (Marcos 11:15-17)
Para los cambistas del Templo, esta era la mejor época del año para hacer grandes negocios, había literalmente miles de peregrinos presentes en Jerusalén provenientes de todo el Imperio Romano. Muchos de ellos sólo tenían dinero de su tierra natal, y este dinero debía intercambiarse por los “siclos” del Templo para poder ofrendar o para comprar sacrificios, incluyendo las famosas palomas que compraban los más pobres.
Además, es en este día cuando los niños comienzan a alabar a Jesús mientras sana en el templo, por lo que los principales sacerdotes y los escribas se enojan mucho y le vuelven a decir que los detenga. Él los corrige diciendo que los niños están cumpliendo la profecía:
“Entonces ciegos y cojos vinieron a él en el templo, y él los sanó. Pero los principales sacerdotes y los escribas se indignaron cuando vieron las maravillas que él hizo, y a los muchachos que lo aclamaban en el templo diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! Y le dijeron: ¿Oyes lo que dicen estos? Jesús les dijo: Sí. ¿Nunca leyeron: De la boca de los niños y de los que maman preparaste la alabanza? Los dejó y salió fuera de la ciudad a Betania, y se alojó allí.” (Mateo 21:14-17)
Al final del día, regresa nuevamente a Betania para pasar la noche.
Lunes, 3 de abril (Nisan 12)
Por la mañana del lunes otra vez caminan todos a Jerusalén, y los discípulos notan que la higuera maldita el día antes estaba completamente seca (una analogía hacia Israel):
“Por la mañana, pasando por allí vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Rabí, he aquí la higuera que maldijiste se ha secado.” (Marcos 11:20-21)
Ese día pasan toda la mañana y parte de la tarde en el Templo de Jerusalén, donde los principales sacerdotes, escribas y ancianos confrontan y desafían (por última vez) la autoridad de Jesús, mediante toda clase de preguntas malintencionadas (ver Mateo 21:23-24:2, Marcos 11:27-13:2, Lucas 20:1-21:4). Luego unos “griegos” (o sea judíos que vivían al norte de Judea, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/18/tribus-perdidascristianos/) que estaban en Jerusalén para celebrar la fiesta, preguntaron a Felipe si podían hablar con Jesús.
Cuando se le consulta sobre la petición de los griegos, el Señor responde con algo totalmente diferente (algo que era común en Él, algún día veremos sobre esta curiosa costumbre) y probablemente los apóstoles no entendieron nada hasta pasada la resurrección.
“Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Ellos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaban diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés. Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Y Jesús les respondió diciendo:
Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto les digo que a menos que el grano de trigo caiga en la tierra y muera, queda solo, pero si muere lleva mucho fruto. El que ama su vida la pierde; pero el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estoy allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.” (Juan 12:20-26)
Además en ese día sucede algo que normalmente le ponemos poco cuidado: Jesús tuvo una conversación con Dios el Padre a vista y paciencia ya no sólo de sus apóstoles, ¡sino de todo el pueblo que estaba presente!
“Ahora está turbada mi alma. ¿Qué diré: Padre, sálvame de esta hora? ¡Al contrario, para esto he llegado a esta hora! Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: ¡Ya lo he glorificado y lo glorificaré otra vez!. La multitud que estaba presente y escuchó decía que había sido un trueno. Otros decían: ¡Un ángel le ha hablado! Jesús respondió y dijo: No ha venido esta voz por causa mía sino por causa de ustedes. Ahora es el juicio de este mundo. Ahora será echado fuera el príncipe de este mundo. Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.
Esto decía dando a entender de qué muerte había de morir. Entonces la gente le respondió: Nosotros hemos oído que, según la ley, el Cristo permanece para siempre. ¿Y cómo es que tú dices: Es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del Hombre? Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco de tiempo está la luz entre ustedes. Anden mientras tienen la luz para que no los sorprendan las tinieblas. Porque el que anda en tinieblas no sabe a dónde va. Mientras tienen la luz crean en la luz para que sean hijos de luz. Estas cosas habló Jesús y, al apartarse, se escondió de ellos.” (Juan 12:27-36)
Al final de la tarde, Jesús y los discípulos salen del área del Templo hacia el Monte de los Olivos, y cuando van saliendo, Él les advierte que el templo de Jerusalén pronto será destruido, que “no quedará piedra sobre piedra” (cosa que sucedió cuarenta años después, en el año 70d.C.).
“Cuando Jesús salió y se iba del templo, se le acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Y él respondiendo les dijo: ¿No ven todo esto? De cierto les digo que aquí no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.” (Mateo 24:1-2)
Ya en el Monte de los Olivos les revela la profecía completa acerca de todos los eventos que ocurrirán justo antes de su segunda venida a la tierra y la finalización de la era (Mateo 24:3-26:2, Marcos 13:3-7, Lucas 21:7-38), todo en perfecta sincronía con la profecía dada a Daniel sobre las “Setenta Semanas” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/setenta-semanas-la-profecia-de-daniel/) y lo que años después le revelaría al apóstol Juan en la isla de Patmos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/11/la-gran-tribulacion/).
Probablemente al atardecer, les dice a los discípulos que la preparación de Pascua sería “dos días después” (Mateo 26:2, Marcos 14:1). Los principales sacerdotes del Sanedrín se reúnen en el palacio del sumo sacerdote Caifás para discutir cómo hacer para matarlo “con engaño” (Mateo 26:5). Jesús regresa ya de noche a Betania, pero esta vez se queda en casa de Simón el Leproso y ocurre un evento similar al sucedido en la casa de Lázaro. Lo increíble es que ya no sólo Judas se quejó del “desperdicio”, sino varios (o todos) los apóstoles:
“Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer trayendo un frasco de alabastro con perfume de gran precio y lo derramó sobre la cabeza de Jesús mientras estaba sentado a la mesa. Al verlo, sus discípulos se indignaron y dijeron: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podría haberse vendido a un gran precio y haberse dado a los pobres.
Como Jesús se dio cuenta, les dijo: ¿Por qué molestan a la mujer? Pues ha hecho una buena obra conmigo. Porque siempre tienen a los pobres con ustedes, pero a mí no siempre me tienen. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella lo hizo para prepararme para la sepultura. De cierto les digo que dondequiera que este evangelio sea predicado en todo el mundo, también será contado lo que esta mujer ha hecho, para memoria de ella.” (Mateo 26:6-13)
Martes, 4 de abril (Nisan 13)
Este día es clave y hay muchísima información. Empecemos porque, al parecer, este día es cuando Judas acordó entregar a Cristo a los principales sacerdotes por treinta piezas de plata.
“Los principales sacerdotes y los escribas estaban buscando cómo eliminarle, pues temían al pueblo. Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, el cual era uno del número de los doce. Él fue y habló con los principales sacerdotes y con los magistrados acerca de cómo entregarle. Estos se alegraron y acordaron darle dinero. Él estuvo de acuerdo y buscaba la oportunidad para entregarlo sin que la gente lo advirtiera.” (Lucas 22:2-6)
Nuevamente debemos tener en cuenta la diferencia entre nuestro calendario (romano) y el calendario judío (o más bien bíblico), pues mucho de lo ocurrido ese día sucede después de las 6pm, cuando para nosotros es todavía martes, pero según la Biblia ya era miércoles.
Durante el día, los discípulos se prepararon para celebrar la Pascua según las detalladas instrucciones de Jesús, y al atardecer (cuando ya en el calendario bíblico era miércoles), observaron la última cena de la que Jesús participaría (Mateo 26, Marcos 14, Lucas 22, Juan 13), que curiosamente no sucedió en el día de la Pascua propiamente (Nisan 15) sino en el día anterior (Nisan 14), el día “de la preparación de la Pascua”.
“El primer día de la fiesta de los Panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la Pascua, sus discípulos le dijeron: ¿Dónde quieres que vayamos y hagamos los preparativos para que comas la Pascua? Él envió a dos de sus discípulos y les dijo: Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua. Síganlo y, donde entre, digan al dueño de casa: El Maestro dice: ‘¿Dónde está mi habitación donde he de comer la Pascua con mis discípulos?’. Y él les mostrará un gran aposento alto ya dispuesto y preparado. Preparen allí para nosotros. Salieron sus discípulos, entraron en la ciudad, hallaron como les había dicho y prepararon la Pascua.” (Marcos 14:12-16)
Además les revela la traición de Judas y la negación de Pedro, entre muchas otras cosas, podemos leer todos los detalles en el evangelio de Juan, del capítulo 14 al 17. Después de cenar, por ahí de las 9 pm, Jesús y los once (ya Judas había dejado el grupo) caminan hacia el Monte de los Olivos a orar, y estando ahí se lleva aparte a su grupo más cercano (Pedro, Santiago y Juan), los cuales se quedan dormidos mientras el Señor ora.
“Llegaron al lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Siéntense aquí mientras yo oro. Tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quédense aquí y velen. Pasando un poco adelante, se postraba en tierra y oraba que de ser posible, pasase de él aquella hora. Decía: ¡Abba, Padre, todo es posible para ti! ¡Aparta de mí esta copa! Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.
Volvió y los halló durmiendo, y le dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una sola hora? Velen y oren, para que no entren en tentación. El espíritu, a la verdad, está dispuesto pero la carne es débil. De nuevo se apartó y oró diciendo las mismas palabras. Cuando vino otra vez, los halló durmiendo porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y les dijo: ¿Todavía están durmiendo y descansando? Basta ya. La hora ha venido. He aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense, vamos! He aquí, está cerca el que me entrega.” (Marcos 14:32-42)
Miércoles, 5 de abril (Nisan 14)
Ojo que se trata de la continuación del mismo pasaje, pero recordemos que ya pasada la medianoche (cuando según el calendario romano que usamos hoy se convierte en miércoles) es cuando Judas llega al Huerto de Getsemaní, acompañado de oficiales armados y otros hombres proporcionados por los líderes religiosos, a fin de arrestar a Jesús.
“En seguida, mientras él aún hablaba, llegó Judas, uno de los doce, y con él una multitud con espadas y palos de parte de los principales sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El que lo entregaba les había dado señal diciendo: Al que yo bese, ese es. Préndanlo y llévenlo con seguridad. Cuando llegó, de inmediato se acercó a él y dijo: ¡Rabí! Y le besó. Entonces ellos le echaron mano y lo prendieron; pero uno de los que estaban allí, sacando su espada, hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja. Jesús respondió y les dijo: ¿Como contra un asaltante han salido con espadas y palos para prenderme? Cada día yo estaba delante de ustedes enseñando en el templo, y no me prendieron. Pero así es, para que se cumplan las Escrituras.” (Marcos 14:43-49)
Como nota al margen, observemos que la indicación de Judas a los guardias para reconocer a Jesús es que sería a quien él besara, seña que Nuestro Señor no era reconocible a simple vista, o sea que fisiológicamente era igualito al resto, sin nada destacable (Isaias 53:2).
Luego, aproximadamente entre las 2-3 am, el Sumo Sacerdote interroga a Jesús sobre sus discípulos y enseñanzas pero no recibe respuesta. Frustrado, lo conjura por el Dios vivo para que declare si es o no el verdadero Hijo de Dios, pero la respuesta que recibe lo enoja tanto que se rasga la ropa y grita que Cristo ha cometido una blasfemia.
“Los que habían prendido a Jesús lo llevaron ante Caifás, el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos se habían reunido. Y Pedro le seguía de lejos hasta el patio de la casa del sumo sacerdote. Habiéndose metido adentro, estaba sentado con los guardias para ver cómo terminaba aquello. Los principales sacerdotes, los ancianos y todo el Sanedrín buscaban falso testimonio contra Jesús, para que le entregaran a muerte. Pero no lo hallaron, a pesar de que se presentaron muchos testigos falsos.
Por fin se presentaron dos y dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios y edificarlo en tres días. Se levantó el sumo sacerdote y le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti? Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: ¡Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios!
Jesús le dijo: Tú lo has dicho. Además les digo: De aquí en adelante verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó su vestidura diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo, ustedes han oído la blasfemia. ¿Qué les parece? Y ellos respondiendo dijeron: ¡Es reo de muerte!” (Mateo 26:57-66)
Esa misma madrugada el Sumo Sacerdote entonces pide inmediatamente al consejo un veredicto, al que unánimemente gritan que se debe ejecutar la pena de muerte (Mateo 26:59-68, Marcos 14:55-65, Lucas 22:63-65). Es en este momento cuando se cumple la profecía de Jesús (dicha apenas horas antes) de que Pedro lo negaría tres veces.
“Pedro estaba sentado afuera en el patio, y se le acercó una criada diciendo: ¡Tú también estabas con Jesús el galileo! Pero él lo negó delante de todos diciendo: No sé lo que dices. Pero cuando él salió a la puerta, otra criada le vio y dijo a los que estaban allí: Este estaba con Jesús de Nazaret. Y otra vez negó con juramento: Yo no conozco al hombre. Y poco después se acercaron los que estaban por allí y dijeron a Pedro: Verdaderamente, tú también eres de ellos, porque aun tu modo de hablar te descubre.
Entonces comenzó a maldecir y a jurar: ¡No conozco al hombre! En seguida cantó el gallo, y Pedro se acordó de la palabra de Jesús que le había dicho: ‘Antes que cante el gallo, tú me negarás tres veces’. Y saliendo fuera, lloró amargamente.” (Mateo 26:69-75)
Aproximadamente entre las 5 y las 6 am (debido a que la ley judía exigía dos sesiones del Sanedrín para escuchar y juzgar a un acusado), se llevó a cabo un segundo juicio de Jesús. Este segundo juicio, sin embargo, era más bien una farsa legalista, una aprobación automática de la sentencia del primer juicio. Luego del amanecer, es atado y enviado a Poncio Pilato, el prefecto romano de Judea, para ser castigado alrededor de las 6 am (Mateo 27:1-2, Marcos 15:1, Lucas 22:66-23:1, Juan 18:28), y Judas Iscariote se arrepiente de haber traicionado a Cristo y devuelve las 30 monedas de plata pagadas por su traición, pero aun así se ahorca.
Aproximadamente a las 7 am, en lugar de acusarlo por blasfemia (en teoría el crimen cometido), los líderes judíos regresan a Jesús ante Poncio Pilato bajo el cargo de traición a Roma, y lo hacen para mejorar sus posibilidades de que los romanos lo maten, que es lo que realmente buscaban. Mientras Pilato interroga a Jesús (Mateo 27:11-14, Marcos 15:2-5, Lucas 23:2-4, Juan 18:29-30) descubre que es de Galilea y aprovecha para “quitarse el churuco”, enviándolo a Herodes Antipas (Tetrarca de Galilea y hijo de Herodes el Grande) para juicio. Herodes lo interroga pero no recibe respuestas, sus soldados se burlan de él, le ponen un manto espléndido y lo devuelven a Pilato.
“Entonces Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo. Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes lo remitió a Herodes, quien también estaba en Jerusalén en aquellos días. Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho porque hacía mucho tiempo que deseaba verle, pues había oído muchas cosas de él y tenía esperanzas de que lo vería hacer algún milagro. Herodes le preguntaba con muchas palabras, pero Jesús no le respondió nada. Estaban allí los principales sacerdotes y los escribas, acusándolo con vehemencia. Pero Herodes y su corte, después de menospreciarlo y burlarse de él, lo vistieron con ropa espléndida. Y volvió a enviarlo a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Pilato y Herodes porque antes habían estado enemistados.” (Lucas 23:6-12)
Poncio Pilato, aproximadamente a las 8 am, les dice a los líderes religiosos judíos que tanto él como Herodes Antipas encuentran a Jesús inocente. Pilato desea liberarlo, pero al no poder hacerlo debido a la multitud, libera al prisionero Barrabás en lugar de a Jesús, y luego hace que sus soldados lo golpeen severamente y lo azoten, creyendo tal vez que con eso calmaba los ánimos de sus acusadores, cosa que no sucede.
“Entonces Pilato convocó a los principales sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, y les dijo: Me han presentado a este como persona que desvía al pueblo. He aquí, yo lo he interrogado delante de ustedes y no he hallado ningún delito en este hombre de todo aquello que lo acusan. Tampoco Herodes, porque él nos lo remitió; y he aquí no ha hecho ninguna cosa digna de muerte. Así que lo soltaré después de castigarle. Pero toda la multitud dio voces a una, diciendo: ¡Fuera con este! ¡Suéltanos a Barrabás! Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad y por un homicidio. Entonces Pilato les habló otra vez queriendo soltar a Jesús.
Pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! Él les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho este? Ningún delito de muerte he hallado en él. Lo castigaré entonces, y lo soltaré. Pero ellos insistían a grandes voces pidiendo que fuera crucificado. Y sus voces prevalecieron. Entonces Pilato juzgó que se hiciera lo que ellos pedían. Les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien ellos habían pedido, y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.” (Lucas 23:13-25)
Entonces, los soldados llevan a Jesús al Gólgota, también conocido como el Calvario y el Lugar de la Calavera, para ser crucificado, en el camino obligan a Simón de Cirene a llevar su cruz, y a las 9 de la mañana es clavado en la cruz.
“Obligaron a uno que pasaba viniendo del campo, a un cierto Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, a que cargara la cruz de Jesús. Y lo llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido es lugar de la Calavera. Le dieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. Y lo crucificaron, y repartieron sus vestidos echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno. Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron. El título de su acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDÍOS. Y con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.” (Marcos 15:21-26)
Desde el mediodía y hasta las 3 pm una oscuridad cubre toda la tierra, y a las 3 pm, el Salvador de la humanidad, dice sus últimas palabras:
“Cuando llegó el medio día, descendió oscuridad sobre toda la tierra hasta las tres de la tarde. Y a las tres de la tarde Jesús exclamó a gran voz diciendo: ¡Eloi, Eloi! ¿Lama sabactani? (que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?). Al oírle, algunos de los que estaban allí decían: He aquí, llama a Elías. Corrió uno y empapó una esponja en vinagre, la puso en una caña y le dio a beber, diciendo: Dejen, veamos si viene Elías a bajarle. Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró. Y el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo. El centurión que estaba de pie delante de él, cuando vio que había muerto de esta manera, dijo: ¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!” (Marcos 15:33-39)
Además, Juan (que era el único de los apóstoles que estaba presente en el evento) agrega algunos datos adicionales de lo que sucedió en ese momento:
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María esposa de Cleofas y María Magdalena. Cuando Jesús vio a su madre, y al discípulo a quien amaba de pie junto a ella, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo se había consumado, para que se cumpliera la Escritura dijo: Tengo sed. Había allí una vasija llena de vinagre. Entonces pusieron en un hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando Jesús recibió el vinagre, dijo: ¡Consumado es! Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.” (Juan 19:25-30)
Los judíos, deseando la muerte de los crucificados antes de que comience la Pascua y primer día de la fiesta de los Panes sin Levadura (alrededor de las 6 pm), piden a Pilato que les rompa las piernas, y este accede. Por lo tanto, las piernas de los crucificados con Jesús son quebradas, pero no las suyas porque ya estaba muerto (Juan 19:31-37). Pilato, justo antes de la puesta del sol, permite que José de Arimatea, un rico miembro del Sanedrín, tome el cuerpo de Jesús.
José y Nicodemo envuelven su cuerpo en lino fino con una mezcla de mirra y áloe y lo entierran a la carrera en un sepulcro nuevo que José había adquirido (Mateo 27:57-61, Marcos 15:42-47, Lucas 23:50-55, Juan 19:38-42). Esto porque recordemos que al atardecer comenzaba el Primer Día de los Panes sin Levadura (el primer día de la fiesta de la Pascua), el cual era un Día Santo (un shabat especial) donde no se permitía trabajar, de ahí la urgencia de enterrarlo. ¡Es en este momento que empieza la cuenta de las 72 horas!
Jueves, 6 de abril (Nisan 15)
A pesar de ser un Día Santo, los principales sacerdotes junto con los fariseos, visitan a Poncio Pilato por temor a que los discípulos de Jesús roben en secreto su cuerpo y luego afirmen que ha resucitado de entre los muertos. Los líderes religiosos solicitan que Pilato use sus tropas para asegurar la tumba. Pilato, sin embargo, les da permiso para usar su propia guardia para la tarea. Así, se asegura la tumba del jardín, se sella la piedra a la entrada de la tumba y se coloca una guardia cerca de ella.
“Al día siguiente, esto es, después de la Preparación, los principales sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato diciendo: Señor, nos acordamos de que mientras aún vivía, aquel engañador dijo: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que sus discípulos vengan y roben el cadáver, y digan al pueblo: Ha resucitado de los muertos. Y el último fraude será peor que el primero. Pilato les dijo: Tienen tropas de guardia. Vayan y asegúrenlo como saben hacerlo. Ellos fueron y, habiendo sellado la piedra, aseguraron el sepulcro con la guardia.” (Mateo 27:62-66)
Viernes, 7 de abril (Nisan 16)
Pasado el primer shabat de esa semana, María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé compran y preparan especias para el cuerpo de Jesús. Importantísimo entender que, aunque la traducción dice “sábado”, NO SE REFIERE AL DÍA DE LA SEMANA, SINO AL DÍA SANTO (Fiesta de Panes sin Levadura), ese es uno de los grandes enredos por la cual muchos alegan erróneamente que Cristo murió un viernes, de ahí la importancia de conocer los términos bíblicos y las costumbres de la época.
“Las mujeres que habían venido con él de Galilea también lo siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue puesto el cuerpo. Entonces regresaron y prepararon especias aromáticas y perfumes, y reposaron el sábado conforme al mandamiento.” (Lucas 23:55-56)
Curiosamente, el pasaje de Lucas relata dos visitas de las mujeres (posteriores al entierro) a la tumba del Señor. En la primera encontraron la pesada piedra en su lugar, con el sello romano oficial sobre ella y la guardia romana apostada, por lo que se vieron obligadas a regresar a sus casas a esperar que transcurrieran tres días completos. Luego del sábado, regresarían de nuevo para intentar ungir el cuerpo del Señor.
Sábado, 8 de abril (Nisan 17)
Por ser un sábado, probablemente ese día los apóstoles y discípulos de Cristo no hicieron nada. Sin embargo, al caer el sol ese sábado (que era cuando el día terminaba y comenzaba el siguiente) el Señor RESUCITA DE LOS MUERTOS, DESPUÉS DE PASAR EN LA TUMBA EXACTAMENTE TRES DÍAS COMPLETOS Y TRES NOCHES COMPLETAS (72 horas), desde la puesta del sol del miércoles hasta luego de la puesta del sol del sábado, ¡cumpliendo así con toda precisión la profecía dada a los apóstoles!
Domingo, 9 de abril (Nisan 18)
María Magdalena y otras mujeres, en la madrugada entre el sábado y el domingo, finalmente van al sepulcro de Jesús con las especias aromáticas que habían preparado para su cuerpo, aunque todavía no tenían muy claro quién les quitaría la piedra .
“Muy de mañana, el primer día de la semana, fueron al sepulcro apenas salido el sol, y se decían una a la otra: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?” (Marcos 16:2)
Sin embargo, Juan fue más exacto en su descripción, vean lo que dice del mismo pasaje:
“El primer día de la semana, muy de madrugada, siendo aún oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido quitada del sepulcro.” (Juan 20:1)
Cuando llegan las mujeres, ven que la piedra grande que bloqueaba la entrada a la tumba se movió y un ángel se sentó encima de ella. El ángel luego les dice a las mujeres que informen a los discípulos que Jesús está vivo.
“Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María para ver el sepulcro. Y he aquí, hubo un gran terremoto; porque el ángel del Señor descendió del cielo, y al llegar removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura era blanca como la nieve. Los guardias temblaron por miedo de él y quedaron como muertos. Y respondiendo el ángel dijo a las mujeres:
No teman, porque sé que buscan a Jesús, quien fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, así como dijo. Vengan, vean el lugar donde estaba puesto. Vayan de prisa y digan a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos. He aquí va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán. He aquí se los he dicho.” (Mateo 28:1-7)
“Y el primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro llevando las especias aromáticas que habían preparado. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; pero al entrar no hallaron el cuerpo de Jesús. Aconteció que, estando perplejas por esto, he aquí se pusieron de pie junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes. Como ellas les tuvieron temor y bajaron la cara a tierra, ellos les dijeron:
¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí; más bien, ha resucitado. Acuérdense de lo que les habló cuando estaba aún en Galilea, como dijo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras y, volviendo del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los once y a todos los demás.” (Lucas 24:1-9)
“El primer día de la semana, muy de madrugada, siendo aún oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido quitada del sepulcro. Entonces corrió y fue a Simón Pedro y al otro discípulo a quien amaba Jesús, y les dijo: Han sacado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron, pues, Pedro y el otro discípulo e iban al sepulcro. Y los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó primero al sepulcro. Y cuando se inclinó, vio que los lienzos habían quedado allí; sin embargo, no entró.
Entonces llegó Simón Pedro siguiéndolo y entró en el sepulcro. Y vio los lienzos que habían quedado, y el sudario que había estado sobre su cabeza no puesto con los lienzos sino doblado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó. Pues aún no entendían la Escritura, que le era necesario resucitar de entre los muertos. Entonces los discípulos volvieron a los suyos.” (Juan 20:1-10)
Hasta ESE momento los apóstoles y todos los discípulos creyeron en las palabras de Cristo. Si con costos habían entendido que el Señor debía morir crucificado, ¡MENOS entendieron que Su resurrección ocurriría tres días después de morir! Luego de esto, es María Magdalena la primera persona que ve a Jesús con vida después de resucitar (que por ser mujer no le creyeron):
“Pero María Magdalena estaba llorando fuera del sepulcro. Mientras lloraba, se inclinó hacia dentro del sepulcro y vio a dos ángeles con vestiduras blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera y el otro a los pies donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Y ellos le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Habiendo dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie; pero no se daba cuenta de que era Jesús.
Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que él era el jardinero, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo llevaré. Jesús le dijo: María…. Volviéndose ella, le dijo en hebreo: ¡Raboni! (que quiere decir Maestro). Jesús le dijo: Suéltame porque aún no he subido al Padre. Pero ve a mis hermanos y diles: Yo subo a mi Padre y Padre de ustedes, a mi Dios y Dios de ustedes. María Magdalena fue a dar las noticias a los discípulos: ¡He visto al Señor! También les contó que él le había dicho estas cosas.” (Juan 20:11-18)
Finalmente, la increíble historia de la “Semana Santa” concluye con los eventos posteriores a la resurrección, en que siguió apareciéndose y compartiendo con los apóstoles para dejarles las indicaciones sobre lo que debían realizar con el pueblo de Israel bajo el “evangelio del Reino” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/30/la-gran-comision/).

A grandes rasgos, así fue como ocurrieron todos los eventos, al menos los que quedaron documentados en la Biblia (que sabemos son una fracción de todo lo sucedido), pero son los que el Espíritu Santo inspiró a los autores bíblicos a escribir, y por lo tanto, ¡los que Dios decidió que debíamos conocer!
“Por cierto, Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos las cuales no están escritas en este libro. Pero estas cosas han sido escritas para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre.” (Juan 20:30-31)
(Basado en parte en https://www.biblestudy.org/maps/last-days-of-jesus-timeline.html , https://www.chapellibrary.org/pdf/books/cotc.pdf y http://www.cgsf.org/dbeattie/calendar/?roman=30)
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