El peligro de la arrogancia

La Real Academia Española define la arrogancia como “cualidad de altanero o soberbio”, lo cual es más o menos lo que entendemos por la palabra.  Esto es algo que me es muy familiar porque antes de que Dios me llamara yo era así, e inclusive es algo con lo que todavía lucho y tengo que estarme cuidando.

Pero la Biblia es muy clara en cuanto a que la arrogancia es algo que Dios odia, es “abominable” para el Señor y en oposición directa respecto a cómo Él nos instruye a vivir.  En el famoso pasaje de Proverbios que menciona las 7 cosas que Dios detesta (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/15/las-7-cosas-que-dios-detesta/), ¡la arrogancia (“los ojos altivos”) se encuentra de primera en la lista!

Seis cosas aborrece el SEÑOR, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies que se apresuran a correr al mal, el testigo falso que respira calumnias y el que provoca discordia entre los hermanos.” (Proverbios 6:16-19)

Jesús también habló sobre lo que contamina a las personas, y la arrogancia (o soberbia) es una de las cosas que mencionó en una de sus tantas interacciones con los fariseos:

“Porque eso no entra en su corazón, sino en su vientre, y al final va a parar en la letrina. Con esto Jesús estaba diciendo que todos los alimentos son limpios, aunque también decía que lo que contamina es lo que sale de la persona.  Porque de adentro del corazón humano salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la calumnia, la soberbia y la insensatez. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona”. (Marcos 7:19-23)

Ojo que la arrogancia (o soberbia) está incluida en la misma lista que la calumnia, el adulterio y el asesinato, ¡increíble! (lo que demuestra la gravedad que Dios le da).

Por si fuera poco, más adelante en el libro de Proverbios Dios dice que los arrogantes no quedarán impunes (o sea, serán castigados), cosa que le reforzó al profeta Isaías.

“El Señor aborrece a los de corazón altivo, y es un hecho que no quedarán impunes.” (Proverbios 16:5)

“Yo castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; acabaré con la arrogancia de los soberbios y abatiré la altivez de los fuertes.”  (Isaías 13:11)

El problema de la arrogancia es que al final está en oposición directa a Dios, puesto que de alguna manera niega al Creador y usurpa el lugar del Dador de todas las cosas.  Esto lo podemos ver claramente en la historia del rey Nabucodonosor, cuando se atribuyó el mérito de haber construido su reino por sí mismo. Debido a esto, Dios lo desterró al desierto a vivir como un animal, y no fue hasta que le dio a Dios el mérito que le correspondía que fue restaurado en su reino.

“Todo esto le sucedió al rey Nabucodonosor. Pero doce meses después, mientras éste se paseaba por el palacio real de Babilonia, exclamó: «¿Acaso no es ésta la gran Babilonia, que con la fuerza de mi poder y para gloria de mi majestad he constituido como sede del reino?»  Todavía estaba hablando el rey cuando del cielo vino una voz, que decía: «A ti, rey Nabucodonosor, se te hace saber que el reino se te ha arrebatado.  Serás expulsado de entre los hombres, vivirás entre las bestias del campo, y te alimentarán como a los bueyes.  Pasarán siete tiempos sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo es el señor del reino de los hombres, y que él entrega este reino a quien él quiere.»

En ese mismo instante se cumplió esta sentencia sobre Nabucodonosor, y éste fue expulsado de entre los hombres y se alimentaba de hierba, como los bueyes, y su cuerpo se empapaba con el rocío del cielo, hasta que el pelo le creció como plumas de águila, y las uñas como las garras de las aves.  «Pero al fin del tiempo yo, Nabucodonosor, levanté los ojos al cielo y recobré la razón.  Bendije entonces al Altísimo; alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y cuyo reino permanece por todas las edades.  Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; el Altísimo hace lo que él quiere con el ejército del cielo y con los habitantes de la tierra, y no hay quien pueda impedírselo, ni cuestionar lo que hace.  En ese mismo instante recobré la razón y la majestad de mi reino, junto con mi dignidad y mi grandeza, y mis gobernadores y mis consejeros acudieron a mí, y fui restablecido en mi reino y se me dio mayor grandeza.  Por eso yo, Nabucodonosor, alabo y engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos, y él puede humillar a los que se muestran soberbios.»”  (Daniel 4:28-37)

¡Qué lección de vida para nosotros!  Cambiemos por un momento el nombre de Nabucodonosor por el de Bill Gates, Donald Trump o Carlos de Inglaterra, y ya empezamos a darnos cuenta de lo trascendental del evento. Una persona “poderosa” en extremo, que considera que todo lo logró por sus capacidades personales y que piensa que es intocable, humillada por el Dios del universo hasta que reconozca su error.

Ahora veamos la otra cara de la moneda.  Si la arrogancia es ponerse por encima de todos, el amor sería lo opuesto porque exalta a los demás (por encima de uno mismo), y la vida de Jesús ejemplifica perfectamente esto.  Nuestro Señor vino a servir y a dar su vida por los demás, y así exhortó a sus discípulos a hacerlo: 

«Pero Jesús los llamó y les dijo: Ustedes saben que los que son tenidos por príncipes de los gentiles se enseñorean de ellos, y sus grandes ejercen autoridad sobre ellos.  Pero no es así entre ustedes.  Más bien, cualquiera que anhele hacerse grande entre ustedes será su servidor, y cualquiera que anhele ser el primero entre ustedes será siervo de todos.  Porque el Hijo del Hombre tampoco vino para ser servido sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” (Marcos 10: 42-45)

A lo largo de la Biblia, hay instrucciones claras de que debemos anteponer a los demás por encima de uno mismo, es la fórmula de una vida cristiana, esto se debe a que la arrogancia y el orgullo destruyen nuestras relaciones con los demás.

“Digo, pues, a cada uno de ustedes por la gracia que me ha sido dada, que nadie tenga más alto concepto de sí que el que deba tener; más bien, que piense con sensatez, conforme a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno.” (Romanos 12:3)

«No hagan nada por rivalidad ni por vanagloria, sino estimen humildemente a los demás como superiores a ustedes mismos; no considerando cada cual solamente los intereses propios sino considerando cada uno también los intereses de los demás.»  (Filipenses 2:3-4)

Si nos exaltamos con arrogancia, la Biblia dice que posteriormente caeremos: «Al orgullo le sigue la destrucción; a la altanería, el fracaso.» (Proverbios 16:18).  En contraste directo, Dios dice:

“Ciertamente él se burlará de los que se burlan, pero a los humildes concederá gracia.  (Proverbios 3:34)

“¿O suponen que en vano dice la Escritura: El Espíritu que él hizo morar en nosotros nos anhela celosamente?  Pero él da mayor gracia.  Por eso dice: Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes”.  (Santiago 4:5-6)

“Asimismo ustedes, jóvenes, estén sujetos a los ancianos y revístanse todos de humildad unos para con otros porque: Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes. Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que él los exalte al debido tiempo.”  (1 Pedro 5:5-6)

Nuestra confianza debe provenir de Dios, lo que significa que no podemos exaltarnos por encima de Él, ya que Él es la fuente de todas las cosas buenas en nuestras vida.  Evitemos pues la arrogancia (me lo digo especialmente a mí mismo), seamos humildes y dejemos que Dios sea la única fuente de nuestra confianza.

«Pero el que se gloría, gloríese en el Señor.  Porque no es aprobado el que se recomienda a sí mismo sino aquel a quien Dios recomienda.”  (2 Corintios 10:17-18)

(Basado en parte en https://www.compellingtruth.org/Bible-arrogance.html)


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