
Una de cal y otra de arena. Ayer hablamos sobre el abominable pecado de la arrogancia, así que hoy vamos a contrarrestarlo viendo nuevamente el atributo tal vez más conocido de Dios (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/cual-es-el-caracter-de-dios-y-cuales-son-sus-atributos/), pero ahora desde la perspectiva de los recipientes de este amor: NOSOTROS.
En los primero ocho capítulos de la magistral carta del apóstol Pablo a la iglesia de Roma, Pablo presenta el plan de Dios para el hombre sobre cómo las personas pueden llegar a ser justas, cerrando el capítulo ocho con su famosa pregunta retórica:
“¿Qué, pues, diremos frente a estas cosas? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no eximió ni a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? El que justifica es Dios. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, es el que también resucitó; quien, además, está a la diestra de Dios, y quien también intercede por nosotros.
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligros, o espada? Como está escrito: Por tu causa somos muertos todo el tiempo; fuimos estimados como ovejas para el matadero. Más bien, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte ni la vida ni ángeles ni principados ni lo presente ni lo porvenir ni poderes ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Romanos 8:31-39)
La verdad es que esta carta es tal vez la mejor exposición de la doctrina cristiana, lo único que debemos tener cuidado es entender que la iglesia de Roma era una “ensalada” de creyentes, y contaba entre sus miembros tanto a judíos y prosélitos (judíos convertidos que no eran descendientes de las doce tribus) como a “gentiles”.
Por lo tanto, entendamos que la carta comienza hablándole a los primeros bajo el “evangelio del Reino” (“la Ley”, “el juicio de Dios”, “la circuncisión”, las obras, etc.), sentando las bases de por qué toda la humanidad está bajo condenación, destinada al castigo eterno y sin posibilidad de solucionarlo bajo el antiguo Pacto.
“¿Qué, pues? ¿Les llevamos alguna ventaja? Claro que no; porque ya hemos acusado tanto a judíos como a gentiles diciendo que todos están bajo pecado, como está escrito: No hay justo ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Hay veneno de serpiente debajo de sus labios; su boca está llena de maldiciones y amargura. Sus pies son veloces para derramar sangre; hay ruina y miseria en sus caminos. No conocieron el camino de paz; no hay temor de Dios delante de sus ojos.
Pero sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley para que toda boca se cierre y todo el mundo esté bajo juicio ante Dios. Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el reconocimiento del pecado.” (Romanos 3:9-20)
Luego de su clásico “pero ahora” de Romanos 3:21 (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/02/pero-ahora/), Pablo cambia radicalmente el discurso y les expone a los gentiles (pero abierto a todos) el “evangelio de la Gracia”, y esto la hace tremendamente original.
“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas. Esta es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen. Pues no hay distinción porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús. Como demostración de su justicia, Dios lo ha puesto a él como expiación por la fe en su sangre, a causa del perdón de los pecados pasados, en la paciencia de Dios, con el propósito de manifestar su justicia en el tiempo presente para que él sea justo y, a la vez, justificador del que tiene fe en Jesús.
¿Dónde, pues, está la jactancia? Está excluida. ¿Por qué clase de ley? ¿Por la de las obras? ¡Jamás! Más bien, por la ley de la fe. Así que consideramos que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley. ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? ¡Por supuesto! También lo es de los gentiles. Porque hay un solo Dios, quien justificará por la fe a los de la circuncisión y, mediante la fe, a los de la incircuncisión.” (Romanos 3:21-30)
¡Grandiosa explicación!
Así que, Pablo les explica a los romanos que el problema humano universal es que (antes del sacrificio de Cristo en la cruz) todos YA ESTÁN separados de Dios, y no hay obra ni Ley ni NADA que valga para solucionar el problema. En otra carta lo explica como que “somos por naturaleza hijos de ira” (Efesios 2:3), pero luego poco a poco les empieza a revelar las buenas nuevas acerca de Jesucristo, el “evangelio de la Gracia”, el ÚNICO camino de salvación para poder llegar al Padre (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).
Por la fe y no por las obras, Dios provee la justificación (o la declaración de justicia) para todos los que creen en Él, porque por la Ley NADIE sera justificado (subrayado y en negrita).
“Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y si crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se hace confesión para salvación. Porque la Escritura dice: Todo aquel que cree en él no será avergonzado. Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos es rico para con todos los que lo invocan. Porque todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo”. (Romanos 10:8-13)
Dios demostró su amor por nosotros incluso cuando estábamos en pecado (¿habrá otra manera?), ahora que hemos creído en Cristo, estamos conectados a Su amor como nunca antes. Si Dios nos ama tanto, y recibimos Su expresión de amor en Gracia a través de la Fe, ¿quién nos separará del amor de Cristo?
Pablo nos muestra que ya no estamos en la esclavitud del pecado: tenemos una nueva naturaleza y estamos muertos al pecado pero vivos en Cristo, y debido a que tenemos vida nueva, deberíamos comportarnos como si tuviéramos vida nueva (aunque eso NADA tiene que ver con la salvación por Gracia).
A pesar de la nueva expectativa, Pablo entiende que todavía tenemos la vieja naturaleza (¡la carne!), hay un conflicto continuo en el creyente entre la nueva naturaleza que persigue el bien, y la vieja naturaleza, que persigue el pecado. Sin embargo, una vez que somos salvos, el Espíritu Santo nos ayuda poco a poco a liberarnos de la vieja naturaleza, pero en cualquier momento aún podemos caer en esta vieja forma de vida y fallar en nuestro caminar (sin afectar nuestra salvación).
Pablo insta a los creyentes a no vivir de esta manera: hemos sido liberados y no debemos volver a permitirnos estar en cautiverio, pero debido a que a veces lo hacemos, podemos empezar a dudar en que Dios ya nos ha liberado. Debido a esta tendencia a dudar, Pablo afirma que podemos SABER que estamos en Cristo porque Su Espíritu está en nosotros, y que la seguridad de nuestra salvación no proviene de nuestras obras sino del Espíritu Santo que testifica que somos suyos. El propósito de Dios en nuestras vidas está garantizado, y lo que Dios ha prometido, Él lo cumplirá.
Es en ESTE contexto que Pablo hace una pregunta retórica: “¿quién nos separará del amor de Cristo?”. ¡La respuesta es que NADA en absoluto puede separarnos de Su amor! Después de una extensa lista de cosas, Pablo agrega que “ninguna otra cosa creada” puede separarnos del amor de Cristo, por lo que es importante darse cuenta de que ni siquiera nosotros mismos podemos separarnos del amor de Cristo, ¿oyeron eso?
Grabémonos eso en nuestra mente carnal, y no permitamos que NADA ni NADIE nos haga dudar de nuestra salvación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/30/estamos-seguros-de-nuestra-salvacion/). Lo cierto es que NO merecíamos recibir el amor de Cristo (y tampoco merecemos conservarlo), por eso es que no podemos perder la salvación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/13/se-puede-perder-la-salvacion/).
En la actual “dispensación de la Gracia”, Él nos dio Su amor por gracia a través de la Fe, y NADA puede separarnos del amor de Cristo, ¡este es un regalo que NO PUEDE DEVOLVERSE!
(Basado en parte en https://www.gotquestions.org/separate-us-from-the-love-of-Christ.html)
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