
Hace poco un familiar me llamo “hipócrita” porque yo sólo escribía de la Biblia pero (a los ojos de esta persona) no llevaba una vida “cristiana” ni producía obras suficientemente buenas, según su torcida definición religiosa de lo que eso significa. Por supuesto que no es la primera vez que me pasa (aunque no puedo decir que ya me acostumbré, jajaja), pero todavía me sorprendo cuando alguien (que claramente no conoce la Palabra de Dios) me recuerda que muchos creen que ser “santo” es equivalente a “no pecar”, tal cual enseña la herética Iglesia Católica, irónicamente la reina de la hipocresía (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/12/las-herejias-del-catolicismo/).
Es precisamente por estas razones que el principal objetivo del blog es hablar sobre la salvación por gracia (=“don o favor que se hace sin merecimiento particular”), ese INCALCULABLE regalo que Dios nos dio y que le reveló (en primicia) al apóstol Pablo, de lo inservibles que son la obras para obtener la salvación eterna (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/28/los-tres-pasos-de-la-salvacion/) y de que NADIE llegará a la presencia de Dios por sus propios esfuerzos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).
Estos temas pueden a veces ser interpretados como confrontativos o groseros, pero NADA se podría comparar con las cosas que dijo Jesús en su paso por este mundo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/18/jesus-el-grosero/). Lo increíble es que esa forma de ser era común a todos los “hijos de Dios”, desde los profetas del Antiguo Testamento hasta Pablo, el último de los apóstoles, será tal vez por eso que el mundo prefiere las mentiras piadosas. Para muestra un botón:
“Todos nosotros somos como cosa impura, y todas nuestras obras justas son como trapo de inmundicia. Todos nosotros nos hemos marchitado como hojas, y nuestras iniquidades nos han llevado como el viento.” (Isaías 64:6)
La expresión “trapo de inmundicia” es más fuerte de lo que parece a simple vista, pues se refiere literalmente al “paño con que recogen los fluidos corporales del ciclo menstrual de una mujer”. Por lo tanto, estos “actos justos” (de los que me acusan no tener), ¡son considerados por Dios tan repugnantes como un producto de higiene femenina usado!
El contexto de este pasaje se refiere específicamente a los israelitas de la época de Isaías (unos 700 años antes de Cristo) que se habían desviado de Dios, y lo más increíble es que Isaías se incluye a sí mismo en la descripción, diciendo “todos nosotros” y “nuestras obras”. Isaías fue redimido y apartado como profeta de Dios, pero se vio a sí mismo como parte de un grupo que era totalmente pecador. La doctrina de la depravación total se enseña claramente en otras partes de las Escrituras, y la ilustración de Isaías podría aplicarse correctamente a todo el mundo actual, especialmente dada la inclusión de Isaías de sí mismo en la descripción.
2200 años después de Isaías, Martín Lutero escribió: “La herejía más condenable y perniciosa que jamás haya plagado la mente del hombre es que de alguna manera puede hacerse lo suficientemente bueno para merecer vivir para siempre con un Dios todo santo”.
Pareciera que Lutero finalmente lo comprendió, que dados sus antecedentes católicos no es algo sencillo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/26/fe-vs-obras/). Tal vez el enredo de muchos es que, aunque la justicia propia es condenada a lo largo de la Biblia (Ezequiel 33:13; Romanos 3:27; Tito 3:5), de hecho se nos ordena hacer buenas obras, pero ¡“sin poner la carreta delante de los bueyes”! En otras palabras, eventualmente las obras llegarán como FRUTO del Espíritu Santo morando en el corazón de los creyentes, pero NO sirven de nada en una persona que no ha nacido de nuevo.
Pablo explicó que no podemos hacer NADA para salvarnos a nosotros mismos, pues nuestra salvación viene sólo como resultado de la Gracia de Dios, pero luego en el mismo pasaje proclamó que Dios pretende que demos fruto.
“Porque por gracia son salvos por medio de la fe; y esto no de ustedes pues es don de Dios. No es por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:8-10)
La misma yuxtaposición la podemos ver en otro pasaje de Pablo:
“Esta confianza tenemos delante de Dios, por medio de Cristo: no que seamos suficientes en nosotros mismos, como para pensar que algo proviene de nosotros, sino que nuestra suficiencia proviene de Dios.” (2 Corintios 3:4-5)
Nuestra salvación NO ES el resultado de ninguno de nuestros esfuerzos, habilidades, elecciones inteligentes, características personales o actos de servicio que podamos realizar. Sin embargo, como creyentes, somos “creados en Cristo Jesús para buenas obras”, para ayudar y servir a los demás. Si bien no hay NADA que podamos hacer para ganar nuestra salvación, la intención de Dios es que nuestra salvación resulte en actos de servicio, pero ya no tiene NADA que ver con salvación, sino con los “galardones” o “recompensas” que serán entregadas en el “Tribunal de Cristo” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/28/tesoros-en-el-cielo/).
Al final, debemos reconocer que no tenemos ningún mérito en nuestra salvación, incluso nuestros actos justos vienen como resultado del Espíritu Santo dentro de nosotros y NO de nosotros mismos. Nuestra “justicia” es simplemente vana e hipócrita, es pura religiosidad, y no produce nada más que “trapos de inmundicia”. Así que, para esa persona que piensa que yo no soy digno de ser parte del “Cuerpo de Cristo” por mi vida inútil y pecadora, le digo que tiene TODA LA RAZÓN.
“…como está escrito: No hay justo ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Romanos 3:10-12)
(Basado en parte en https://www.gotquestions.org/filthy-rags.html)
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