La «locura» del evangelio

Parte del engaño de las religiones (¡todas!) es que venden la idea de que quien tiene el control en la vida es la persona propiamente, y el individuo es quien dicta el cómo, el cuándo, el dónde y con quién. En otras palabras, el ser humano CREE que él(ella) es el “señor” (“amo”), y DIOS (el Creador del universo) es el “siervo” que se somete y toma sus órdenes, jajaja.

Así de extrema y obvia es la perversión de la Verdad, y sin embargo, pocos se dan cuenta de que algo anda mal porque en el fondo NO LES INTERESA (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/11/amamos-la-verdad/), por lo tanto, están completamente perdidos y nunca encontrarán el camino a Dios, ¡porque tampoco saben que están perdidos!

“Pero el hombre natural no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura; y no las puede comprender, porque se han de discernir espiritualmente.”  (1 Corintios 2:14)

Están espiritualmente muertos, sin esperanza de encontrar a Dios por su cuenta.  Pero lo peor de todo es que incluso, cuando a los pecadores se les presenta el “evangelio de la cruz” (gracia) LO RECHAZAN, de hecho me pasa todo el tiempo.

Porque para los que se pierden, el mensaje de la cruz es locura; pero para nosotros que somos salvos, es poder de Dios.”  (1 Corintios 1:18)

Por supuesto que es locura porque NO conocen a Dios ni entienden el trasfondo “legal” de Su Plan de salvación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/22/por-que-tanta-terminologia-legal/), así que prefieren seguir metidos en alguna religión donde creen y tienen la (falsa) sensación de que “tienen el control”.

Es por eso que, a pesar de que en la Palabra de Dios se muestra claramente el único camino de salvación, la mayoría lo ignorará y lo descartará cuando (irónicamente) es lo más fácil porque Cristo YA HIZO TODO (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/). La supuesta sabiduría del hombre, lo obliga a rechazar el mensaje de la cruz y el único poder que existe que puede salvarlo.

¿Y qué piensa Dios de esto?

Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos.  ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba?  ¿Dónde el disputador de esta edad presente?  ¿No es cierto que Dios ha transformado en locura la sabiduría de este mundo?”  (1 Corintios 1:19-20)

En otras palabras, Dios dice que le traigan las mentes más brillantes, los comunicadores más elocuentes, los mejores debatientes (¡la élite!), y Él les mostrará un grupo de tontos que (a diferencia de los primeros) sí alcanzaron la sabiduría.

Cuando el apóstol Pablo llegó a Atenas, y la Escritura dice: “su espíritu se enardecía dentro de él al ver que la ciudad estaba entregada a la idolatría.” (Hechos 17:16).  En el Areópago, el lugar de reunión de todos los filósofos e intelectuales de la época, enfrentó audazmente su irrisoria ignorancia y proclamó el único mensaje por el cual podían salvarse.

“Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago y dijo: Hombres de Atenas: Observo que son de lo más religiosos en todas las cosas.  Pues, mientras pasaba y miraba sus monumentos sagrados, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO.  A aquel, pues, que ustedes honran sin conocerle, a este yo les anuncio.

Este es el Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él.  Y como es Señor del cielo y de la tierra, él no habita en templos hechos de manos, ni es servido por manos humanas como si necesitara algo, porque él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.  De uno solo ha hecho toda raza de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra.  Él ha determinado de antemano el orden de los tiempos y los límites de su habitación, para que busquen a Dios, si de alguna manera, aun a tientas, palparan y le hallaran. Aunque, a la verdad, él no está lejos de ninguno de nosotros; porque “en él vivimos, nos movemos y somos”.  Como también han dicho algunos de sus poetas: “Porque también somos linaje de él”.

Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte e imaginación de hombres.  Por eso, aunque antes Dios pasó por alto los tiempos de la ignorancia, en este tiempo manda a todos los hombres, en todos los lugares, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el que ha de juzgar al mundo con justicia por medio del Hombre a quien ha designado, dando fe de ello a todos, al resucitarle de entre los muertos.”  (Hechos 17:22-31)

Qué gran discurso el de Pablo, perfectamente adaptado a todas esas “mentes brillantes” que se encontraban allí en ese momento, pero que estaban más preocupadas en ser “inclusivos” (para utilizar una palabra actual) que en estar en lo correcto. ¿Y cómo respondieron estos inteligentísimos y cultísimos hombres de Atenas? ¿Quizás cayendo de rodillas en arrepentimiento y clamando a Dios por misericordia?

No exactamente…

“Cuando le oyeron mencionar la resurrección de los muertos, unos se burlaban, pero otros decían: Te oiremos acerca de esto en otra ocasión.”  (Hechos 17:32)

Ahí estaban estos hombres escuchando el mensaje más importante de sus vidas, y le dicen que mejor lo dejan para más tardito… Sin comentarios, pero no muy diferente de lo que sucede hoy en día. Regresando a la primera carta a los corintios, veamos como Pablo cierra la idea que veníamos viendo más arriba:

Puesto que en la sabiduría de Dios, el mundo no ha conocido a Dios mediante la sabiduría, a Dios le pareció bien salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: para los judíos tropezadero y para los gentiles locura.”  (1 Corintios 1:21-23)

Pablo reconoce que tal mensaje es piedra de tropiezo para los judíos y un sinsentido para los gentiles, ¡y tiene razón!

Desde una perspectiva humana, creer que la horrible y humillante muerte de un carpintero judío hace dos mil años tiene algún impacto en la vida moderna, y mucho menos ofrece algún tipo de expiación sustitutiva por nuestros pecados, suena como una locura.  Pero como Pedro exclamó audazmente a los sacerdotes y líderes de Israel:

“Él es la piedra rechazada por ustedes los edificadores, la cual ha llegado a ser cabeza del ángulo.  Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”  (Hechos 4:11-12)

¿Y por qué esa salvación se encuentra SÓLO en Cristo?  ¿Por qué no podríamos nosotros lograrla de alguna forma (por ejemplo siendo buenos)? (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/17/el-peligro-de-creerse-bueno/).  Pablo les dio la respuesta a los corintios:

Pues consideren, hermanos, su llamamiento: No son muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles.  Más bien, Dios ha elegido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo Dios ha elegido para avergonzar a lo fuerte.  Dios ha elegido lo vil del mundo y lo menospreciado; lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte delante de Dios.  Por él están ustedes en Cristo Jesús, a quien Dios hizo para nosotros sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.”  (1 Corintios 1:26-31)

¡Ahí está!  En última instancia, el evangelio no es para los orgullosos, los arrogantes o los que creen que pueden llegar a Dios por sí mismos.

Dios escogió intencionalmente un mensaje que exige fe, humildad y sumisión, a fin de garantizar que nadie se jacte de su propia inteligencia o capacidad.  Él escogió la cruz para sofocar cualquier inclinación en nosotros de pensar que llegamos a Él por nuestra cuenta.  ¡Toda la gloria es para Dios!

(Basado en parte en https://www.gty.org/library/blog/B180919)


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