
El agradecimiento es un tema medio complicado para el ser humano, sobre todo porque lo entendemos de forma subjetiva: cuando la vida es buena y se obtiene lo que se quiere pues nos es fácil agradecer, pero cuando la vida es dura y nada sale como quisiéramos, creemos que es imposible tener un espíritu de gratitud.
Sin embargo, lo revelado en la Biblia va en contra de lo anterior, ¡pues no menciona NADA de las circunstancias! En su carta a los cristianos de Tesalónica, el apóstol Pablo escribió:
“Estén siempre gozosos. Oren sin cesar. Den gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para ustedes en Cristo Jesús.” (1 Tesalonicenses 5:16-18)
¿Cóoomo? ¿Dar gracias en todo? ¿Se volvió loco Pablo? ¿También en la tragedia, la muerte, la ruina, el dolor, TODO?
Hoy vamos a ver brevemente qué dice la Biblia al respecto, porque es posible que nos hayan malenseñado o hayamos malentendido su significado, y la verdad es que este tema puede ser de gran bendición para el cristiano cuando lo entendemos correctamente. Entonces, ¿qué significa bíblicamente “dar gracias en todo”? (Y ojo que no dice “por todo”). 😉
La Biblia no pretende ni asume que no haya sufrimiento, de hecho desde el Antiguo Testamento podemos ver como una constante que experimentaremos todo un rango de sentimientos, un pasaje del libro de Eclesiastés lo expresa de forma bellísima:
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora: Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de sanar; tiempo de destruir y tiempo de construir; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de estar de duelo y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar y tiempo de dejar de abrazar; tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de arrojar; tiempo de romper y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra y tiempo de paz.” (Eclesiastés 3:1-8)
Es más, para los cristianos el sufrimiento está GARANTIZADO (que por cierto se les olvida mencionarlo a los falsos pastores que venden la “teología de la prosperidad”, jajaja). Jesús mismo se los advirtió a sus apóstoles:
“Les he hablado de estas cosas para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción, pero ¡tengan valor; yo he vencido al mundo!” (Juan 16:33)
Ojo que lo dijo como una afirmación, básicamente que TODO cristiano sufriría (que no necesariamente quiere decir que todo el que sufre es cristiano). Luego el “apóstol de los gentiles” terminaría de confirmarnos que esto no era exclusivo de los apóstoles y los primeros cristianos, sino para TODOS los hijos de Dios.
“Porque se les ha concedido a ustedes, a causa de Cristo, no solamente el privilegio de creer en él sino también el de sufrir por su causa.” (Filipenses 1:29)
“También todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos.” (2 Timoteo 3:12)
Entonces, ¿cómo podríamos estar agradecidos de sufrir y/o ser perseguidos? ¿Será que debemos ser masoquistas y disfrutar el dolor? En realidad todo tiene que ver con un tema de FE, NO se trata de “disfrutar” y agradecer propiamente el sufrimiento, sino de confiar que TODO sufrimiento tiene un propósito (¡en Cristo!) que no necesariamente conocemos ni entendemos, pero que Dios nos ama de una forma que ni nos imaginamos y que está permitiendo dicho sufrimiento para alcanzar algo de valor eterno.
“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es, a los que son llamados conforme a su propósito.” (Romanos 8:28)
Debemos entender que gran parte de la persecución que padecemos los cristianos está en realidad dirigida hacia Jesucristo mismo, el blanco verdadero es la vida que Él vivió y lo que enseñó. El apóstol Pedro lo explicó claramente:
“Amados, no se sorprendan por el fuego que arde entre ustedes para ponerlos a prueba como si les aconteciera cosa extraña. Antes bien, gócense a medida que participan de las aflicciones de Cristo, para que también en la revelación de su gloria se gocen con regocijo. Cuando son injuriados en el nombre de Cristo, son bienaventurados porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ustedes.” (1 Pedro 4:12-14)
¿Oyeron eso? Dice Pedro que si sufrimos EN EL NOMBRE DE CRISTO es prueba que somos cristianos, y eso debería hacernos sentir “bienaventurados” (o dichosos). De hecho TODOS los hombres de Dios padecieron a través de la historia por causa de su fidelidad al Señor:
- Daniel fue arrojado al foso de leones por sus creencias y prácticas, pero Dios lo salvó (Daniel 6:15-23)
- Sus tres compañeros (Sadrac, Mesac y Abed-Nego) fueron condenados a muerte “en medio de un horno de fuego ardiendo” porque no quisieron adorar a un ídolo, pero Dios milagrosamente los salvó de la muerte (Daniel 3:8-29)
- El rey David frecuentemente clamaba a Dios para que lo librara de sus enemigos (Salmos 7:1-2; 18:17-19)
- Según la tradición, el profeta Isaías fue martirizado al ser aserrado, y sabemos que muchos fueron torturados, crucificados, muertos a espada, etc. (Hebreos 11:37)
- Esteban, justo antes de morir, les preguntó a los judíos que iban a apedrearlo: “¿A cuál de los profetas no persiguieron sus padres? Y mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo. Y ahora han venido a ser sus traidores y asesinos.” (Hechos 7:52)
Siempre ha sido así, inclusive desde el puro principio cuando Caín mató a su hermano Abel:
“Porque este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: que nos amemos los unos a los otros. No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano eran justas. Y no se maravillen, hermanos, si el mundo los aborrece.” (1 Juan 3:11-12)
Entonces, todos los seres humanos sufrimos, pero el sufrimiento del cristiano es diferente, es especial porque tiene un propósito eterno:
“Porque nuestra momentánea y leve tribulación produce para nosotros un eterno peso de gloria más que incomparable; no fijando nosotros la vista en las cosas que se ven sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mientras que las que no se ven son eternas.” (2 Corintios 4:17-18)
Nadie comprendió la condición de ser cristiano mejor que el apóstol Pablo. Además de las aflicciones que ya hemos mencionado, sobrellevó un “aguijón en su carne” (posiblemente algún problema crónico de salud o alguna aflicción que no se detalla), por lo que oró en tres ocasiones para que se lo quitara. La respuesta de Dios fue: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:7-9).
Al encarar las dificultades que se presentan en la vida, es preciso tener una clara perspectiva sobre el futuro, y un amplio conocimiento del propósito que Dios tiene para nosotros. Sólo cuando nos enfocamos seriamente en el plan eterno es que podemos ver nuestras aflicciones desde un punto de vista adecuado.
“Porque considero que los padecimientos del tiempo presente no son dignos de comparar con la gloria que pronto nos ha de ser revelada. Pues la creación aguarda con ardiente anhelo la manifestación de los hijos de Dios.” (Romanos 8:18-19)
Ciertamente nuestras pruebas y dificultades son reales y no podemos hacer que desaparezcan, pero a pesar del impacto que puedan tener en la vida, si las comparamos con la certeza de nuestro gran llamamiento, se vuelven mucho más tolerables.
No se trata de agradecer el sufrimiento propiamente, se trata de agradecer que somos parte del Plan de Dios y que por ende vamos a sufrir, que dicho sufrimiento es producto que estamos temporalmente en un mundo caído (en manos de satanás), pero que pronto todo pasará y disfrutaremos eternamente una vida perfecta, ¡completos EN CRISTO!
(Basado en parte en https://www.crosswalk.com/special-coverage/coronavirus/how-can-we-give-thanks-in-all-things.html y https://espanol.ucg.org/herramientas-de-estudio/curso-biblico/curso-biblico-leccion-4/por-que-deben-padecer-los-cristianos)
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