El apedreamiento de Esteban

En el mundo cristiano no se le da mucha importancia a este evento, y sin embargo ocurren tres interesantísimos (e importantísimos) eventos para la iglesia “gentil”. Entendamos que Esteban no era un judío convertido al cristianismo (nacido de nuevo) cualquiera, la Biblia enfatiza en Hechos 6:5 que era “hombre lleno de fe y del Espíritu Santo” (¡cosa que no dice del resto de sus seis compañeros!), y luego Lucas (el autor del libro de Hechos) continúa su descripción de la singularidad de Esteban:

Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y milagros en el pueblo. Y se levantaron algunos de la sinagoga llamada de los Libertos, de los cireneos y los alejandrinos, y de los de Cilicia y de Asia, discutiendo con Esteban.  Y no podían resistir la sabiduría y el espíritu con que hablaba. Entonces sobornaron a unos hombres para que dijeran: “Le hemos oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios”.  Ellos incitaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas.  Y se levantaron contra él, le arrebataron y le llevaron al Sanedrín.  Luego presentaron testigos falsos que decían:

Este hombre no deja de hablar palabras contra este santo lugar y contra la ley.  Porque le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar y cambiará las costumbres que Moisés nos dejó.  Entonces, todos los que estaban sentados en el Sanedrín, cuando fijaron los ojos en él, vieron su cara como si fuera la cara de un ángel.” (Hechos 6:8-15)

Al igual que hicieron con Nuestro señor Jesucristo (Mateo 26:60), tuvieron que presentar testigos falsos para poder acusar a Esteban ante el Sanedrín, de lo contrario no lograban encontrar nada en contra de él, ni siquiera podían “resistir la sabiduría y el espíritu con que hablaba”. Entonces, antes de comentar los tres eventos clave, veamos primero el pasaje completo de Hechos 7, de paso representa uno de los mejores resúmenes del Antiguo Testamento a partir de la promesa a Abraham, y del cumplimiento de todas las profecías en Jesús:

“Entonces el sumo sacerdote preguntó: ¿Es esto así?  Y él respondió:

Hermanos y padres, oigan.  El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitase en Harán, y le dijo: “Sal de tu tierra y de tu parentela y vete a la tierra que te mostraré”.  Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán. Después que murió su padre, Dios le trasladó de allá a esta tierra en la cual ustedes habitan ahora.  Pero no le dio heredad en ella, ni siquiera para asentar su pie; aunque prometió darla en posesión a él y a su descendencia después de él, aun cuando él no tenía hijo.  Así Dios le dijo que su descendencia sería extranjera en tierra ajena y que los reducirían a esclavitud y los maltratarían por cuatrocientos años.  “Pero yo juzgaré a la nación a la cual sirvan”, dijo Dios, “y después de esto saldrán y me rendirán culto en este lugar”.  Dios le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac y le circuncidó al octavo día.  Lo mismo hizo Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.

Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto.  Pero Dios estaba con él; le libró de todas sus tribulaciones y le dio gracia y sabiduría en la presencia del faraón, rey de Egipto, quien le puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa.  Entonces vino hambre y gran tribulación en toda la tierra de Egipto y en Canaán, y nuestros padres no hallaban alimentos.  Pero al oír Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez.  La segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos.  Así el linaje de José fue dado a conocer al faraón.  Y José envió e hizo venir a su padre Jacob y a toda su familia, que eran setenta y cinco personas.  Así descendió Jacob a Egipto, donde él y nuestros padres terminaron su vida.  Y fueron llevados a Siquem y puestos en el sepulcro que Abraham compró a precio de plata, de los hijos de Hamor en Siquem.

Como se acercaba el tiempo de la promesa, la cual Dios había asegurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José. Con astucia este rey se aprovechó de nuestro pueblo y maltrató a nuestros padres, haciéndoles exponer a la muerte a sus bebés para que no sobrevivieran.  En aquel tiempo nació Moisés y era agradable a Dios.  Él fue criado tres meses en la casa de su padre; pero cuando fue expuesto a la muerte, la hija del faraón lo recogió y lo crió como a hijo suyo.  Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios y era poderoso en sus palabras y hechos.

Cuando cumplió cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel.  Al ver que uno era maltratado lo defendió, y matando al egipcio, vengó al oprimido.  Pensaba que sus hermanos entenderían que Dios les daría liberación por su mano, pero ellos no lo entendieron.  Al día siguiente, él se presentó a unos que estaban peleando y trataba de ponerlos en paz diciendo: “¡Hombres, son hermanos!  ¿Por qué se maltratan el uno al otro?”.  Entonces, el que maltrataba a su prójimo le rechazó diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernador y juez sobre nosotros?  ¿Acaso quieres tú matarme como mataste ayer al egipcio?  Al oír esta palabra, Moisés huyó y vivió exiliado en la tierra de Madián, donde engendró dos hijos.

Cuarenta años después, un ángel le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza.  Cuando Moisés lo vio, se asombró de la visión; pero al acercarse para mirar, le vino la voz del Señor: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”.  Pero Moisés, temblando, no se atrevía a mirar.  Le dijo el Señor: “Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar donde estás es tierra santa.  He mirado atentamente la aflicción de mi pueblo en Egipto. He oído el gemido de ellos y he descendido para librarlos.  Ahora, pues, ven, y te enviaré a Egipto”.

A este mismo Moisés, al cual habían rechazado diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernador y juez?, Dios le envió por gobernador y redentor, por mano del ángel que le apareció en la zarza.  Él los sacó, haciendo prodigios y señales en Egipto, en el mar Rojo y en el desierto por cuarenta años.  Este es el mismo Moisés que dijo a los hijos de Israel: Dios les levantará un profeta como yo de entre sus hermanos.  Este es aquel que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y el que recibió palabras de vida para darnos. Nuestros padres no quisieron serle obedientes; más bien, le rechazaron y en sus corazones se volvieron atrás a Egipto, diciendo a Aarón: Haz para nosotros dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le habrá acontecido.  Entonces, en aquellos días hicieron un becerro y ofrecieron sacrificio al ídolo, y se regocijaban en las obras de sus manos.  Pero Dios se apartó de ellos y los entregó a que rindieran culto al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los Profetas: ¿Acaso me ofrecieron víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, oh casa de Israel?  Más bien, llevaron el tabernáculo de Moloc y la estrella de su dios Renfán, las imágenes que hicieron para adorarlas.  Por tanto, les transportaré más allá de Babilonia.

En el desierto, nuestros padres tenían el tabernáculo del testimonio, como lo había ordenado Dios, quien ordenaba a Moisés que lo hiciera según el modelo que había visto.  Habiendo recibido el tabernáculo, nuestros padres, junto con Josué, lo introdujeron en la posesión de las naciones que Dios expulsó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David. Este halló gracia delante de Dios y pidió proveer un tabernáculo para el Dios de Jacob.  Pero Salomón le edificó casa.  No obstante, el Altísimo no habita en casas hechas por mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, y la tierra es el estrado de mis pies.  ¿Qué casa me edificarán?, dice el Señor.  ¿Cuál será el lugar de mi reposo?  ¿No hizo mi mano todas estas cosas?

¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos!  Ustedes resisten siempre al Espíritu Santo.  Como sus padres, así también ustedes.  ¿A cuál de los profetas no persiguieron sus padres?  Y mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo.  Y ahora han venido a ser sus traidores y asesinos.  ¡Ustedes que han recibido la ley por disposición de los ángeles, y no la guardaron!

Escuchando estas cosas, se enfurecían en sus corazones y crujían los dientes contra él.  Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo y puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba de pie a la diestra de Dios.  Y dijo: ¡He aquí, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios!

Entonces gritaron a gran voz, se taparon los oídos y a una se precipitaron sobre él.  Le echaron fuera de la ciudad y le apedrearon.  Los testigos dejaron sus vestidos a los pies de un joven que se llamaba Saulo.  Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba diciendo: ¡Señor Jesús, recibe mi espíritu!  Y puesto de rodillas clamó a gran voz: ¡Señor, no les tomes en cuenta este pecado!  Y habiendo dicho esto, durmió.” (Hechos 7:1-60)

¡Wow, demasiada información!  Claramente los judíos nunca vieron venir el final del discurso… 😉

Entonces, vamos a enfocarnos en tres eventos específicos que convergen en ese momento, y especialmente vamos a profundizar en el tercero (ya que los primeros dos ya los hemos visto anteriormente):

  1. La aparición de Pablo en el “escenario”: Por primera vez vemos el nombre “Saulo” (de Tarso) en las Escrituras, un personaje tan importante para el plan de Dios como lo puede haber sido Noé, Abraham, Moisés, etc. (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/17/pablo-el-misterioso/), a tal punto que Dios lo utilizó para marcar un cambio en la dispensación o forma en que Dios trata con el hombre (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/las-dispensaciones-biblicas/).
  2. El probable final de la “dispensación de la Ley” (también llamado el “evangelio del Reino”). Tal y como veíamos ayer en el estudio sobre el simbolismo de la “higuera” en la Biblia (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/05/22/el-simbolismo-de-la-higuera/), la probable interpretación de dicha parábola se refiere al año adicional que Dios le dio a Israel a partir de la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo, que terminaría con el apedreamiento de Esteban.  Dicho de otra forma, el final de la dispensación de la Ley habría terminado con este suceso (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/el-evangelio-del-reino-vs-el-evangelio-de-la-gracia/)
  3. El tercer evento es tal vez el más curioso de todos (¡y creo que el más desconocido!). ¿Alguna vez le había puesto cuidado a que la cita bíblica anterior dice específicamente que Esteban vio a Jesucristo PUESTO DE PIE a la diestra del Padre?  ¿Cuál es el significado de esto? (¡porque sabemos que en la Biblia NADA sucede por casualidad!).

La mayoría de comentarios bíblicos indican que probablemente esto sólo significa que Jesús “le está dando la bienvenida a Esteban al cielo”.  Algunos predicadores suelen ofrecer este tipo de explicaciones (inventadas) cuando no saben qué decir sobre un versículo y no se atreven a decir “NO TENGO IDEA”.

Tristemente, es común ver hoy en día es que NADIE de la iglesia se atreva a cuestionar al pastor simplemente por ser el pastor, una mezcla letal de falta de ancianos con carácter y sólido criterio bíblico que lo confronten (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/03/por-sus-frutos-los-conoceran/) y falta de estudio de la Palabra de Dios por parte de la congregación, para al menos tener criterio propio y no creer los errores que escuchan.

Entonces revisemos el contexto del versículo en cuestión, así como cualquier otro versículo que se lea de manera similar y nos ayude a aclarar el significado.  Lo más probable es que los judíos incrédulos se enfurecieron porque conocían el significado profético, no era un tema de enojarse simplemente porque Dios estuviera “dándole la bienvenida a Esteban en el cielo”, ¡sino porque estos reconocieron que la “pedrada” iba para ellos!

Dios se levantará, y se dispersarán sus enemigos; huirán de su presencia los que le aborrecen.”  (Salmos 68:1-2)

“El SEÑOR dijo a mi señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies.”  (Salmos 110:1)

El SEÑOR está de pie para litigar; está a punto de juzgar a su pueblo.”  (Isaías 3:13)

Cuando el apóstol Pedro predicó el Día de Pentecostés (50 días después de la resurrección de Cristo), el Espíritu Santo dijo por medio de él a la nación de Israel: 

“Porque David no subió a los cielos, pero él mismo dice: El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.  Sepa, pues, con certidumbre toda la casa de Israel, que a este mismo Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios le ha hecho Señor y Cristo.”  (Hechos 2:34-36)

Pedro, citando el Salmo 110:1, nos lo interpretó.  Jesucristo ahora estaba glorificado en el cielo y regresaría a la tierra para juzgar a los judíos incrédulos.  En su obsesión por el legalismo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/29/el-peligro-del-legalismo/), los religiosos judíos se habían convertido en ENEMIGOS del mismo Dios que supuestamente defendían, y todavía se oponían activamente al propósito y plan de Dios para ellos.

A pesar que eran culpables de la muerte de Cristo en la cruz del Calvario, ¡estaban tan ciegos que no veían que Dios les estaba dando una segunda oportunidad de arrepentimiento a través de Esteban! Por lo tanto, con este hecho Israel estaba agotando la Gracia de Dios; y el siguiente evento según la profecía sería la ira de Dios (Salmo 2:4-5; Joel 2:28-32; Hechos 2:16-21). ¿Cómo sabemos que Dios les estaba dando una segunda oportunidad con Esteban? Muy sencillo: ¡CRISTO MISMO SE LO SOLICITÓ AL PADRE EN LA CRUZ DEL CALVARIO!

Por lo tanto, Israel habían rechazado a Dios Padre (que envió a Juan el Bautista; Juan 1:6), había rechazado a Dios Hijo (matándolo en la cruz del calvario; Juan 19:15), y había rechazado a Dios Espíritu Santo (hablando a través de los 12 apóstoles de Israel y Esteban; Hechos 7:51).

Al final, Israel había blasfemado contra el Espíritu Santo, el pecado que Jesús dijo que nunca podría ser perdonado (Mateo 12:31-32). Esteban afirmó que Jesucristo se estaba preparando para regresar a la Tierra, para derramar Su ira (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-ira-de-dios/) sobre el Israel incrédulo y la humanidad pecadora, y los líderes religiosos del Sanedrín se sintieron (correctamente) identificados.

Es por eso que procedieron a abusar del profeta de Dios, golpeándolo y finalmente sacándolo fuera de Jerusalén para apedrearlo hasta matarlo (algo por cierto que no tenían autoridad legal para hacer). A partir de ese momento, la ira de Dios sobre la humanidad estaba literalmente a unos minutos de iniciar, recordemos que en el Plan original era originalmente exclusivo para los hebreos, pero ocurrió un cambio dispensacional que NADIE vio venir (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/15/que-debo-hacer-para-ser-salvo/) ¡y la ira fue pospuesta!

Saulo de Tarso, líder de la oposición de Israel a Cristo, irónicamente se convirtió en el primer integrante de este nuevo “cuerpo” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/23/era-pablo-el-peor-de-los-pecadores/), cuando Nuestro Señor Jesucristo (resucitado, ascendido y glorificado) se le apareció en el camino a Damasco. Allí, Pablo experimentó el amor, la misericordia y la gracia de Dios; Jesucristo lo comisionó como el apóstol Pablo; y a partir de entonces tuvo un ministerio absolutamente inverosímil para los religiosos judíos: anunciar a los gentiles el “evangelio de la Gracia”, ¡ahora sin requisitos de ningún tipo! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).

Años más tarde, Pablo escribió de sí mismo:

“Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel al ponerme en el ministerio a pesar de que antes fui blasfemo, perseguidor e insolente.  Sin embargo, recibí misericordia porque, siendo ignorante, lo hice en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más que abundante con la fe y el amor que hay en Cristo Jesús.  Fiel es esta palabra y digna de toda aceptación: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.  No obstante, por esta razón recibí misericordia, para que Cristo Jesús mostrase en mí, el primero, toda su clemencia para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna.  (1 Timoteo 1:12-16)

Para tener misericordia de Israel (que rechazó a Cristo), así como de todos nosotros los “gentiles” (Romanos 11:30-32), Dios tuvo que suspender el programa profético de Israel.  Para ello, Dios tuvo que comenzar una nueva dispensación, un nuevo conjunto de instrucciones para la humanidad, un nuevo programa, uno que Él tenía en mente desde antes de la creación pero que había mantenido en secreto: el programa misterioso, o “la Dispensación de la Gracia” (Efesios 3:1-11). Así, Dios retrasó su ira una vez más, y por el momento, Jesucristo está una vez más sentado a la diestra del Padre (¡al menos por un tiempito más!).

“Siendo, pues, que ustedes han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba donde Cristo está sentado a la diestra de Dios.” (Colosenses 3:1)

Desde hace casi 2000 años, esa ira se ha venido retrasando, pero se acerca el día en que la última persona que quiera confiar en Cristo como Salvador personal lo haga, y nuestra “Dispensación de la Gracia” expirará (ver Romanos 11:25). Entonces, la iglesia será arrebatada al cielo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/09/el-arrebatamiento-de-la-iglesia/), y la “Semana Setenta” del profeta Daniel (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/setenta-semanas-la-profecia-de-daniel/) seguirá su curso.

Al final de esos siete años, Jesucristo se levantará nuevamente de Su posición sentada (a la diestra del Padre en el tercer cielo), para cumplir TODAS las profecías del Antiguo y Nuevo Testamento que describen Su Segunda Venida a la tierra, para finalmente acabar con el principado de satanás y su política del mal.  

“¡Pero el Señor de los cielos se ríe!  Se burla de ellos.  Y luego, con ardiente furia los reprende y los llena de espanto.”  (Salmos 2:4-5)

(Basado en parte en https://forwhatsaiththescriptures.org/2014/09/22/jesus-christ-stand-acts-7-55-56/)


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