
¿Es usted de lo que quiere ver hundidos en el infierno a sus enemigos? ¡Entonces este tema le interesa! Jajaja. Todos hemos escuchado en algún momento la historia de “Jonás y la ballena” (o al menos la versión secular totalmente torcida), entonces hoy vamos a revisar lo que dice la Biblia al respecto, porque tal vez nos sorprenderemos de algunas partes, e inclusive tal vez tenga más relación de lo que creemos con nuestras propias vidas. 😉
Jonás fue un profeta que huyó del llamado de Dios de ir a advertirle a Nínive del juicio venidero. En lugar de ello, tontamente se subió a un barco para alejarse lo más que pudiera, y en respuesta Dios lanza una gran tormenta, con el increíble desenlace que ya conocemos. Hasta ahí todo bien, pero antes de revisar el pasaje es bueno entender el contexto.
Todo inicia en Israel luego de la división de los dos reinos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-reino-del-norte-israel-y-el-reino-del-sur-juda/) pero ANTES de la conquista por parte de los asirios del reino del Norte. O sea, estamos hablando que Dios le estaba ordenando a su profeta Jonás de ir precisamente a Nínive, la ciudad más importante del mundo en esos momentos, sinónimo de inmoralidad y capital del Imperio Asirio (actual Mosul en Iraq), precisamente a salvarlos del castigo divino.
Para Jonás el mandato de Dios era casi inconcebible, no sólo los judíos no acostumbraban evangelizar a los gentiles (los consideraban impuros, ¡tan así que los llamaban despectivamente “perros”!), y menos ir donde sus ENEMIGOS a unos 900 kilómetros AL ESTE (ver mapa). En otras palabras, lo que realmente quería Jonas era verlos destruidos, ¡no convertidos!
Por lo tanto, y en total desobediencia, Jonás decide más bien bajar al puerto de Jope (en la costa oriental del Mediterráneo) y embarcarse AL OESTE con dirección hacia Tarsis (actual España), ¡a unos 4.000 kilómetros de distancia! Ahhh, pero la historia apenas comienza, Dios le tenía una pequeña sorpresita al desobediente de Jonás, jajaja.
“Pero el SEÑOR lanzó un gran viento sobre el mar y se produjo una enorme tempestad de manera que el barco estaba a punto de romperse. Los marineros tuvieron miedo y cada uno invocaba a su dios. Y echaron al mar el cargamento que había en el barco para aligerarlo. Pero Jonás había bajado al fondo del barco, se había acostado y se había quedado profundamente dormido. El capitán del barco se acercó a Jonás y le dijo: ¿Qué te pasa dormilón? ¡Levántate e invoca a tu dios! Quizás él se fije en nosotros y no perezcamos.
Entonces se dijeron unos a otros: ¡Vengan y echemos suertes para saber por culpa de quién nos ha sobrevenido este mal! Echaron suertes y la suerte cayó sobre Jonás. Entonces le dijeron: Decláranos por qué nos ha sobrevenido este mal. ¿Qué oficio tienes y de dónde vienes? ¿Cuál es tu país y de qué pueblo eres? Él respondió: Soy hebreo y temo al SEÑOR Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra.
Aquellos hombres temieron muchísimo y le preguntaron: ¿Por qué has hecho esto? Pues entendieron que huía de la presencia del SEÑOR ya que él se lo había declarado. Y le preguntaron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos calme? Porque el mar se embravecía más y más. Y él respondió: Levántenme y échenme al mar y se les calmará; pues yo sé que por mi causa les ha sobrevenido esta gran tempestad. Aquellos hombres remaban para hacer volver el barco a tierra pero no pudieron porque el mar se embravecía cada vez más.
Entonces clamaron al SEÑOR diciendo: ¡Oh SEÑOR, por favor, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre! No nos hagas responsables de sangre inocente porque tú, oh SEÑOR, has hecho como has querido. Entonces levantaron a Jonás y lo echaron al mar y el mar cesó de su furia. Y aquellos hombres temieron grandemente al SEÑOR; le ofrecieron un sacrificio e hicieron votos.” (Jonás 1:4-15)
Vaya bronca en la que se metió Jonás. Probablemente pensemos que “bueno, eso le pasa por desobediente” y es cierto, pero no debemos ser demasiado duros al respecto. Consideremos nuestras vidas, ¿quién no ha huido de Dios? Tal vez no en el sentido literal de subirnos a un barco rumbo a España, pero hemos huido de Dios ciertamente en nuestro corazón (al desobedecer), probablemente hoy mismo, esta semana, este mes y este año (al menos yo lo he hecho). Es más, todos somos Jonás, él no es una anomalía, es más bien la norma, Dios nos da a Jonás no sólo como un mal ejemplo del que aprender, sino como una ventana a nuestra alma, ¡un espejo! Al final, de alguna forma todos somos fugitivos huyendo de Dios.
¿Cómo puedo decir eso? Porque la Biblia dice que “por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Eso significa que NADIE está fuera de la necesidad de la Gracia de Dios, ni el moral Jonás, ni la inmoral Nínive. Nadie es tan bueno que no necesite la Gracia de Dios, y nadie es tan malo que no pueda obtener la gracia de Dios. Dios nos está diciendo hoy, como lo hace a lo largo de la Biblia, que nuestro pecado es más grave de lo que podemos imaginar, pero que Su Gracia es mayor de lo que podemos esperar.
Veamos ahora el resto del pasaje:
“Pero el SEÑOR dispuso un gran pez que se tragara a Jonás. Y este estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches. Y desde el vientre del pez oró Jonás al SEÑOR su Dios. Y dijo: ‘Desde mi angustia invoqué al SEÑOR y él me respondió. Clamé desde el vientre del Seol y tú escuchaste mi voz. Me arrojaste a lo profundo, en el corazón de los mares y me rodeó la corriente: Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
Yo dije: Expulsado soy de delante de tus ojos; pero aún he de ver tu santo templo. Las aguas me han envuelto hasta la garganta; me rodeó el abismo. Las algas se enredaron en mi cabeza. Descendí a la base de las montañas. La tierra echó sus cerrojos tras de mí para siempre. Pero tú hiciste subir mi vida de la fosa, ¡oh SEÑOR Dios mío! Cuando mi alma desfallecía dentro de mí me acordé del SEÑOR; y mi oración llegó hasta ti, a tu santo templo. Los que veneran las vanidades ilusorias abandonan su lealtad.
Pero yo te ofreceré sacrificio con voz de alabanza. Lo que prometí haciendo votos lo cumpliré. ¡La salvación pertenece al SEÑOR!’. Entonces el SEÑOR habló al pez y este vomitó a Jonás en tierra.” (Jonás 1:17-2:10)
Entonces, ¿qué podemos aprender de Jonás? Al menos tres cosas:
- Nuestro pecado nos alcanzará
- Nuestro pecado tendrá consecuencias
- Dios tiene la solución a nuestro pecado
1. Nuestro pecado nos alcanzará
Hay una verdad profunda que recorre el mundo: el mal existe y el mal está expuesto. Es muy difícil negar eso, es demasiado obvio. La Biblia llama al mal pecado, pero no es tan fácil para todos reconocer el pecado como el mal que vive dentro de cada uno de nosotros. Nos gusta pensar que básicamente somos “buenas personas” (que hacemos cosas malas de vez en cuando), pero la Biblia dice lo contrario: somos gente muy mala que hacemos cosas buenas de vez en cuando, y cuando lo hacemos, ¡es por la Gracia de Dios! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/15/trapo-de-inmundicia/).
Jonás es un ejemplo clásico, aquí hay un profeta, uno de los hombres más piadosos de su nación, y está huyendo de la presencia de Dios porque no quiere que Dios sea misericordioso con sus enemigos. Observamos la vida de Jonás y probablemente todos estemos un poco sorprendidos de lo despreocupado que estaba, ¡durmiendo en el barco mientras naufragaban!
¿Cómo podría dormir sabiendo lo que había hecho? Bueno, en este punto, aún no veía la maldad de lo que había hecho, nadie más lo sabía, y no parecía ser un mayor problema. Después de todo, el barco estaba allí, listo para partir. ¿Por qué Dios hizo que fuera tan fácil salir corriendo si no quería que lo hiciera? (probablemente pensó Jonás, al igual que nosotros muchas veces tontamente lo hacemos).
Aquí está el problema: el pecado es engañoso. Y parte del poder engañoso del pecado es convencernos de que en realidad no somos “tan malos”, por eso Jonás podía acostarse y dormir. Cuando somos engañados por el pecado, no nos molesta el pecado, de hecho es posible estar tan engañados que realmente nos sintamos justificados en nuestro pecado.
El pecado cuestiona a Dios y susurra (como la serpiente en el Jardín del Edén): “¿De veras Dios les ha dicho?…” Así probablemente se sintió Jonás, como si él tuviera razón y Dios estuviera equivocado. “¿Misericordia para los ninivitas? De ninguna manera esa puede ser la voluntad de Dios, ¡ellos son el imperio del mal!” Y lo fueron, eran muy malas personas, pero aparentemente Dios ama a las personas realmente malas: los ninivitas, Jonás, ¡usted y yo!
Supongo que el plan de Jonás para su vida no incluía huir de Dios. ¿Quién lo hace? Pero con el tiempo, Jonás levantó muros alrededor de la Palabra de Dios, y cuando lo llamó a Nínive, Jonás no obedeció porque mucho antes ya había levantado un muro de nacionalismo. Jonás limitó lo que Dios podía pedirle, y eso lo alejó de Dios, no es que estaba engañando a su esposa o robando, de hecho creía que estaba siendo un buen israelita.
Pero cuando Dios le pidió que fuera más allá de su propia tierra hacia sus enemigos (sacándolo de su “zona de confort”), no pudo ni quiso hacerlo. Me pregunto: ¿hay algunas cosas que no estoy dispuesto a hacer si Dios me las pide? ¿Qué tal perdonar a alguien que me hizo mucho daño? ¿O evangelizar a alguien que creemos “merece” el infierno?
Nos alejamos cuando dos males coinciden: descuidamos la Palabra de Dios y aceptamos un mensaje alternativo, eso es lo que le pasó a Jonás. Ignoró la palabra de Dios de ir a Nínive y aceptó una palabra alternativa de que Dios debería juzgar (no perdonar) a Nínive. Jonás usurpó el lugar del Juez Perfecto diciendo quién debía ser castigado y quién perdonado, y pensó que estaba justificado al hacerlo.
Cuando nos negamos a escuchar toda la Palabra de Dios y empezamos a acomodarla a nuestra conveniencia, nos ponemos en el camino del pecado a lo grande, ese es el problema de la religión (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/12/el-peligro-de-la-religion/). Jonás pensó que huía de la presencia de Dios, pensó que su pecado era su propio problema personal, pero su pecado lo descubrió. Dios sabe (no importa dónde estemos) si somos fieles o no, es posible que otros aún no conozcan nuestro pecado, ¡pero Dios sí!
El pasaje dice que los marineros echaron suertes y la suerte cayó sobre Jonás. Que cayera sobre Jonás significa que esto no fue una mera coincidencia; fue la providencia divina. Dios usó a estos marineros paganos para confrontar al profeta con su pecado, ¡qué ironía! ¡Marineros paganos haciendo lo que el profeta debería haber hecho! 😉
Entonces lo confrontan: “¿qué oficio tienes y de dónde vienes? ¿Cuál es tu país y de qué pueblo eres?” Jonás responde: “soy hebreo y temo al SEÑOR Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra.” Es una respuesta interesante, Jonás tiene claro quién es él y quién es Dios, pero parece haber una desconexión en el medio, ¿no es así? ¿Jonás teme al Señor? ¡No parece!
Jonás acertó en las preguntas doctrinalmente, pero se equivocó relacionalmente. Aquí hay una pregunta para todos nosotros: ¿nuestra doctrina se alinea con nuestra vida? ¿Estamos proclamando ser “embajadores del Cielo” dando mal testimonio? (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/19/embajador-yo/). ¿Declaramos temer al Señor mientras viajamos en el “barco de la rebelión”?
Jonás obviamente se da cuenta de la situación porque hay una pregunta que no respondió: “¿cuál es tu ocupación?” Él era un profeta, pero no se les dijo a los marineros, ¿verdad? ¿Me pregunto por qué? Estaba despertando al costo de su pecado, ¡no podía ser profeta si no hablaba la Palabra de Dios! En este punto, los marineros entendieron el pecado de Jonás, durante la conversación les dijo que estaba huyendo de Dios, entonces supieron la razón por la cual la tormenta era tan fuerte.
El pasaje dice que se asustaron en gran manera, literalmente temían por sus vidas, y estamos hablando de marineros curtidos a prueba de sustos. Jonás dijo que temía a Dios, ¡pero son los marineros paganos los que actúan como temerosos de Dios! Ellos gritan: “¿Por qué has hecho esto?” Cuando nuestro pecado nos descubre, es impactante, el pecado de Jonás lo descubrió y estaba a punto de enfrentar las consecuencias, que es nuestro segundo punto.
2. Nuestro pecado tendrá consecuencias
Luego los marineros preguntan: “¿qué haremos contigo para que el mar se nos calme? Porque el mar se embravecía más y más.” Ellos entendieron que el pecado de Jonás requería que se le hiciera algo, no se puede simplemente dejar pasar por alto, ¡pues el pecado siempre tiene consecuencias! Y aquí vemos que el pecado de Jonás lo involucró no sólo a él sino también a los marineros simplemente por la proximidad, por lo tanto a veces se puede llevar “entre las patas” inclusive a quienes nos rodean. Hasta que el pecado de Jonás fue tratado, la tormenta sólo creció en intensidad, ¿no es así como va el pecado? ¡Cuanto más demoramos la confesión, más horrible se vuelve la tormenta!
Jonás conocía la solución, él mismo les dice: “levántenme y échenme al mar y se les calmará; pues yo sé que por mi causa les ha sobrevenido esta gran tempestad.” Jonás se dio cuenta de que para salvar a los marineros, él debía sacrificarse. Ahora, imaginemos la posición de los marineros, ¿la única salida es tirarlo por la borda?
Con razón los hombres intentaron remar duro para volver a tierra firme, tirarlo era prácticamente una sentencia de muerte, pero dice que no pudieron lograrlo porque “el mar se embravecía cada vez más” (porque sabemos que Dios tenía un propósito al no permitirlo). Cuando finalmente los marineros se dieron cuenta de que remar era en vano, su respuesta fue clamar al SEÑOR. Ojo que en el hebreo original aquí se refiere a Jehová (YHVH, el Tetragrámaton, el nombre personal de Dios), o sea, los marineros ya no estaban clamando a “sus dioses”, ¡SINO AL ÚNICO Y VERDADERO SEÑOR!
Irónicamente, Jonás (el profeta de Dios) no quería dar su brazo a torcer, ¡pero estos marineros paganos sí! Inclusive recurrieron a la oración, pidiéndole a Dios que no les reprochara lo que estaban a punto de hacer, y luego tomaron a Jonás y lo tiraron por la borda. El pecado de Jonás enfrentó sus consecuencias, y finalmente el mar se calmó. Las tormentas son una parte normal de la vida, pero calmar una tormenta en el mar como esta es un milagro. La calma del mar llevó a una nueva conciencia entre los marineros: “y aquellos hombres temieron grandemente al SEÑOR; le ofrecieron un sacrificio e hicieron votos”.
Ese temor es el tipo de asombro reverente que cae sobre aquellos que han visto al Señor, probablemente pensaron para sí mismos, “¿quién es este Dios que puede calmar la tormenta?” En un tiempo en que ellos también enfrentaron las consecuencias de su pecado, encontraron al final una calma a través del sacrificio de Jonás. Pero, ¿y Jonás? Debe haberse sentido absolutamente derrotado, lo echó todo a perder y llegó el momento de enfrentarse al Juez de una vez por todas, sabiendo que era culpable.
En algún momento de nuestras vidas, nos vamos a tener que enfrentar también a una situación similar, vamos a ver nuestro pecado por lo que es, y sufriremos las consecuencias eternas, a menos que aceptemos LA OFERTA POR TIEMPO LIMITADO (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/). Cuando Jonás cayó al mar, supo que era lo que se merecía, pero luego obtuvo algo que no se merecía: ¡OBTUVO GRACIA!
3. Dios tiene la solución a nuestro pecado
Para Jonás, a este punto estaba todo absolutamente perdido y simplemente no había salida, pero para Dios nada es imposible: “pero el SEÑOR dispuso un gran pez que se tragara a Jonás. Y este estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches”. Jonás se merecía la ira de Dios (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-ira-de-dios/), pero a veces Dios cambia eso y nos da algo infinitamente mejor, así de maravillosa es la misericordia y la gracia divina, pero primero debemos aceptar las consecuencias de nuestro pecado.
Podemos seguir huyendo de Dios, o podemos detenernos y enfrentarlo, pero tarde o temprano llega el momento, nuestra única esperanza es entregarnos y confiar a su misericordia y gracia. En su primera venida, Jesús hizo este curioso comentario:
“Entonces le respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti una señal. Él respondió y les dijo: Una generación malvada y adúltera demanda señal, pero no le será dada ninguna señal, sino la señal del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos se arrepintieron ante la proclamación de Jonás. ¡Y he aquí uno mayor que Jonás está en este lugar!” (Mateo 12:38-41)
Jesús afirma ser la voz profética de Jonás, Él dijo: “Uno más grande que Jonás está aquí”. ¿A qué se refería?
- Jonás escuchó el llamado de Dios y dijo: “No tu voluntad sino la mía”, pero Jesús escuchó el llamado de Dios y dijo: “No mi voluntad sino la tuya”
- Jonás no mostró interés por los perdidos, no le importaban los marineros del barco ni el pecado de los ninivitas. La compasión de Dios no derritió su corazón, pero Jesús vino a buscar y a salvar a los perdidos. Cuando vio a la multitud, tuvo compasión de ellos, “porque eran como ovejas sin pastor”
- Jonás luchó contra el corazón de Dios, pero Jesús es el corazón de Dios
- Jonás experimentó la Gracia de Dios, pero Jesús ES la Gracia de Dios
- Jonás fue arrojado (justamente) por la borda por sus propios pecados, pero Jesús fue arrojado (injustamente) por los pecados de los demás
- El sacrificio de Jonás hizo que cesara la tormenta en el mar, pero el sacrificio de Jesús hizo que cesara la tormenta de la ira de Dios
- Jonás fue tragado por el gran pez que lo salvó de la muerte, pero Jesús se tragó el pecado en la cruz para salvar a su pueblo de la muerte
- Dios amó lo suficiente a los ninivitas como para enviar a Jonás, pero Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, “para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”
¿Vemos la diferencia?
Jesús entró voluntariamente en la debilidad de la carne, para hacerse como nosotros para poder salvarnos, Él vino a buscar nuestro pecado, a pagar las consecuencias de este y cancelar el debido castigo con su muerte en la cruz (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/salvados-pero-de-que/). Cuando enfrentamos nuestros pecados, abierta y honestamente, y nos volvemos a Dios derrotados y sabiéndonos desahuciados (¡pero con Fe en el único que puede solucionar nuestro problema!), Dios se “tragará” nuestros pecados en Cristo. No nos tirará por la borda porque Cristo ya ha sido tirado por la borda, Él soportó la ira por nosotros para que fuéramos declarados inocentes, ¡eso sólo lo puede hacer un Dios perfecto!
Resulta que cuando nos lanzamos al océano de la justicia de Dios, encontramos en el fondo la misericordia y la Gracia de Dios. Sí, tendremos que cambiar de vida, tendremos que correr donde Él diga que corramos, ¿pero acaso nos llevó a correr solos? Si a veces nos sentimos como Jonás no nos preocupemos, Dios enviará tormentas a nuestra vida para usarlas como intervenciones y para mostrarnos quiénes somos. Y cuando nuestro pecado finalmente nos descubra y enfrentemos las consecuencias, Dios tendrá una palabra para nosotros que nos dejará boquiabiertos.
En ese momento, entenderemos que la ÚNICA SALIDA para limpiar nuestra “hoja de delincuencia” (espiritual) es la muerte sacrificial de Cristo, con la cual somos declarados ¡LIBRES DE TODA CULPA! La señal de Jonás es que Jesús se traga nuestro pecado con su muerte en la cruz, por lo cual le declara al Juez Perfecto que todo está cancelado: “¡CONSUMADO ES!”.
(Basado en parte en https://www.thingsofthesort.com/sermons-2/2018/9/4/jonah-17-17-when-sin-finds-you-out)
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