
Ayer veíamos el tema de la desobediencia (ejemplarizada por Jonás pero aplicable a todos nosotros), hoy vamos a ver el otro tema que generalmente va de la mano: la disciplina divina, ¡de la cual yo diría que tengo maestría! Jajaja
Sin embargo, y para tranquilidad de todos los que han sufrido o están sufriendo disciplina del Señor, un hecho a menudo ignorado por los creyentes es que la Biblia enseña claramente que Dios DISCIPLINA A SUS HIJOS, como lo haría cualquier Padre amoroso y preocupado por el futuro de Sus hijos. En otras palabras, en la vida de los hijos de Dios, la disciplina no es un suceso probable, ¡es una garantía!
Este concepto aparece tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento:
“No deseches, hijo mío, la disciplina del SEÑOR ni te resientas por su reprensión; porque el SEÑOR disciplina al que ama, como el padre al hijo a quien quiere.” (Proverbios 3:11-12)
“¿Y ya han olvidado la exhortación que se les dirige como a hijos? Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor ni desmayes cuando seas reprendido por él. Porque el Señor disciplina al que ama y castiga a todo el que recibe como hijo” (Hebreos 12:5-6)
Por lo tanto, la forma correcta de interpretar la disciplina (o castigo) por parte de Dios a Sus hijos, lejos de ser una venganza, es de hecho una señal de Su amor por nosotros, y no debemos “desanimarnos” cuando la experimentamos. Si los padres humanos tienen la responsabilidad de instruir a sus hijos (ver Efesios 6:4), y parte de esa instrucción es administrar disciplina de la mejor forma, pues de la misma manera así lo hace Dios, nada más que con absoluta precisión (en el momento perfecto, de la forma perfecta y en la cantidad perfecta):
“Permanezcan bajo la disciplina; Dios los está tratando como a hijos. Porque, ¿qué hijo es aquel a quien su padre no disciplina? Pero si están sin la disciplina de la cual todos han sido participantes, entonces son ilegítimos, y no hijos.” (Hebreos 12:7-8)
A medida que nos sometemos a la disciplina de Dios, podemos regocijarnos en al menos un hecho: ¡Dios nos está tratando como verdaderos hijos suyos! (ver Deuteronomio 8:5). Tal vez en el momento eso no nos traiga demasiado consuelo (jajaja), pero al menos entendamos que la disciplina no es lo mismo que la condenación, Dios disciplina a sus hijos, pero no los condena.
“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? El que justifica es Dios. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, es el que también resucitó; quien, además, está a la diestra de Dios, y quien también intercede por nosotros.” (Romanos 8:33-34)
La disciplina tiene que ver con el entrenamiento y el crecimiento (que es recibida por los vivos); la condenación tiene que ver con el castigo y la culpa (que es recibida por los muertos).
¿Cuándo nos disciplina Dios?
La disciplina es entrenamiento, y ese entrenamiento implica tanto aspectos positivos como negativos. Parte de la disciplina es simplemente guiar a alguien a seguir ciertas reglas o a observar ciertos comportamientos. Otra parte de la disciplina involucra la reprensión para corregir la desobediencia. Ambos aspectos de la disciplina pueden ser difíciles, las pruebas que soportó Job no fueron un castigo por el pecado (véase Job 1:8), sino que lo instruyeron en la justicia (véase Job 42:3-6), y Job salió de su prueba como un hombre mejor.
La disciplina de Dios comienza cuando nacemos de nuevo en “Su familia”, inmediatamente comenzamos a aprender y comprender la Palabra de Dios y ajustamos nuestras vidas en consecuencia. Aunque nos suene extraño, esta es una bendición para nuestras vidas:
“Bienaventurado el hombre a quien tú, oh SEÑOR, disciplinas y lo instruyes sobre la base de tu ley para darle tranquilidad en los días de la desgracia; en tanto que para los impíos se cava una fosa.” (Salmo 94:12-13).
Este tipo de disciplina es más PREVENTIVA que correctiva, vienen días angustiosos, y el Señor nos perdonará. Sin embargo, la disciplina de Dios también puede venir cuando pecamos, en tales casos está destinada a ser CORRECTIVA. David, en uno de sus salmos penitenciales, expresa su deseo de que Dios modere la severidad del castigo:
“Oh SEÑOR, no me reprendas en tu furor ni me castigues en tu ira. Porque tus flechas han penetrado en mí, y sobre mí ha descendido tu mano. No hay parte sana en mi cuerpo a causa de tu ira; no hay paz en mis huesos a causa de mi pecado. Porque mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza; como carga pesada me agobian.” (Salmo 38:1-4)
En este salmo, David admite su culpa y así reconoce que el castigo de Dios es justo; al mismo tiempo, la naturaleza aguda y aplastante de la disciplina parece más de lo que puede soportar, y pide ayuda. No sé ustedes, pero yo he estado ahí, aunque consciente de que estoy recibiendo lo que me merezco por mi pecado, he clamado a Dios por misericordia para que me suavice el castigo, para que me afloje el mecate un poquito o me aumente mi fe/fuerza/discernimiento, porque a veces siento que ya no puedo seguir más.
¿Cómo nos disciplina Dios?
Dios puede y usa varios métodos de disciplina, puede usar problemas en el trabajo, problemas económicos, dificultades familiares, dificultades de salud, tribulaciones en el ministerio ¡o una combinación de todas las anteriores! Pueden ser individuales como grupales, el rey David tuvo muchas dificultades en la vida (2 Samuel 12:13-18) y el gran apóstol Pablo también las tuvo (2 Corintios 11:23-29), y también el pueblo de Israel obtuvo disciplina en incontables veces.
A veces Dios puede enviar expresamente enfermedad, muerte o actos sobrenaturales (como el caso de Jonás), y otras veces simplemente permite que las consecuencias naturales de nuestro pecado sigan su curso y nos llevemos el golpe.
Entonces, ¿por qué nos disciplina Dios?
Simplemente porque quiere lo mejor para nosotros. Humanamente hablando, ningún niño alcanzará su pleno potencial sin entrenamiento y disciplina. El virtuoso violinista nunca habría llegado a la sala de conciertos sin disciplina, y el atleta que estableció récords nunca habría sobresalido en ningún deporte sin disciplina.
Siguiendo ese principio, aquí hay algunas razones por las que experimentamos la disciplina divina:
- Porque nos ama
- Para alejarnos del peligro
- Para ayudarnos a madurar
- Para que demos fruto (Gálatas 5:22)
Aunque NADA de esto tiene que ver con la salvación durante el “evangelio de la Gracia” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/15/que-debo-hacer-para-ser-salvo/), el resultado de la disciplina de Dios es la santidad y la madurez que nos prepara para la vida eterna:
“Hermanos míos, tened por puro gozo cuando os halléis en diversas pruebas, porque sabéis que la prueba de vuestra fe produce perseverancia. Que la perseverancia termine su obra para que seáis maduros y completos, sin que os falte nada” (Santiago 1:2-4)
El Señor continúa trabajando con nosotros como el alfarero con el barro (hasta el día que nos llame), Su disciplina es para nuestro bien y para Su gloria. Entonces, ¿es usted cristiano(a) y está pasando pruebas duras? Bienvenido al club, siga adelante confiando en Dios y descanse en Sus Promesas, porque algún propósito tienen ¡EN CRISTO!
“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es, a los que son llamados conforme a su propósito.” (Romanos 8:28)
No me cabe duda que el resultado de esto es lo que veremos en el “Tribunal de Cristo”, cuando el Señor nos entregue las “recompensas” de nuestra vida terrenal (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/13/el-tribunal-de-cristo/).
(Basado en parte en https://www.gotquestions.org/Lord-God-discipline.html)
Descubre más desde ofertaportiempolimitado.org
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.