
Analizar estos términos que están íntimamente involucrados en la obra realizada por nuestro Señor Jesucristo en la cruz, nos permite profundizar aún más en el valor de lo que significó el derramamiento de aquella preciosa sangre en la cruz del calvario (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/09/la-sangre-de-cristo/).
Lo que Cristo logró en la cruz es verdaderamente extraordinario e irrepetible, el tratamiento de nuestros pecados es un obra cuyo diseño es divino y no humano, no fue un hombre simplemente el que murió en la cruz, sino que Dios mismo encarnado (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/26/te-cambio-mi-santidad-por-tus-pecados/).
No fue un ser creado quien murió en la cruz, sino que uno eterno, destinado desde antes de todas las cosas, tal cual lo declara el apóstol Pedro:
“Tengan presente que han sido rescatados de su vana manera de vivir, la cual heredaron de sus padres, no con cosas corruptibles como oro o plata sino con la sangre preciosa de Cristo como de un cordero sin mancha y sin contaminación. Él, a la verdad, fue destinado desde antes de la fundación del mundo, pero ha sido manifestado en los últimos tiempos por causa de ustedes.” (1 Pedro 1:18-20)
Si hubiese sido un hombre quien murió en la cruz, lo ocurrido habría sido un crimen o un martirio, y no una ofrenda preciosa en sacrificio voluntario. Cristo quiso morir por nosotros, a Él nadie le quitó la vida, Él la puso voluntariamente por nosotros (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/04/quien-mato-a-cristo/).
- CRISTO ES NUESTRA EXPIACIÓN
“…con todo eso, el SEÑOR quiso quebrantarlo, y lo hirió. Cuando se haya puesto su vida como sacrificio por la culpa, verá descendencia. Vivirá por días sin fin, y la voluntad del SEÑOR será en su mano prosperada.” (Isaías 53:10)
La mención de esta palabra en las sagradas escrituras, apunta básicamente a la acción de “cubrir” el pecado. Es eso lo que justamente hizo nuestro amado Salvador; Él extiende un manto de justicia sobre nosotros para poder cubrir el pecado que nos impedía llegar a Dios, ¡es la eficacia de su sacrificio que encubre nuestras iniquidades y desaciertos!
Cuando el hombre pecó en el jardín del Edén, la vergüenza de su desnudez quedó al descubierto, nada podía cubrir con eficacia aquella naturaleza caída; ni siquiera los delantales de hojas de higueras que Adán y Eva se cocieron a espaldas de Dios. Era el comienzo de la separación del hombre y de Dios, pero además, el comienzo de la manifestación de la eterna obra de la salvación en Cristo.
Era necesario que alguien expiara nuestro pecado delante de los ojos santos de Dios, porque en el “marco legal” de Dios no hay forma de nosotros librarnos del castigo relacionado (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/22/por-que-tanta-terminologia-legal/). Esta era la misión de nuestro Señor Jesucristo, y eso fue justamente lo que Él consumó en la cruz del Gólgota, NADIE podrá entrar a la gloria de Dios y anular aquella destitución, si sus pecados no son cubiertos bajo la sangre de Cristo.
“…diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.” (Romanos 4:7)
Toda persona que cree en el sacrificio de Cristo como ÚNICO MEDIO para alcanzar salvación, obtiene esta bendita expiación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/). De esta manera, Dios ya no nos mira a través de nuestra horrorosa condición natural, sino que nos mira a través del manto de justicia de Cristo, a través de su perfección, de su dignidad y de su pureza. Sin expiación, ningún hombre puede ser salvo.
2. CRISTO ES NUESTRA PROPICIACIÓN
“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1 Juan 2:2)
La palabra propiciación alude no sólo a la acción de cubrir nuestros pecados, sino que trata con la tarea de aplacar la ira santa de Dios (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-ira-de-dios/). Bien sabemos que Dios es Santo y que no tolera el pecado porque le enciende el fuego de su furor, mucho se habla de que Dios es amor, pero poco se menciona de que él es fuego consumidor. El apóstol Pablo nos presenta con mucha claridad lo que Dios siente frente al pecado:
“La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad y maldad de quienes injustamente retienen la verdad.” (Romanos 1:18)
El pecado enciende el fuego de la ira santa de Dios, el libro de Apocalipsis declara veintiún juicios que serán derramados a la tierra y que son muestra del furor de Dios frente al pecado. Dios no pasará por alto nuestras transgresiones, Su justicia demanda la muerte como paga del pecado. Es en esta escena donde aparece la obra bendita de nuestro Señor Jesucristo, porque al momento de morir en la cruz, la ira santa de Dios fue aplacada, revelando con ello la esencia de aquella bendita propiciación.
No existió, no existe, y no existirá una ofrenda más eficaz y más agradable a Dios, a tal punto de apagar su ira, como la realizada por nuestro Señor Jesucristo en la cruz del Gólgota.
Cuando Cristo muere, de aquella cruz se desprende la más grata de las fragancias, la cual sube hasta Dios Padre, aplacando su ira de una vez y para siempre. Toda persona que cree de todo corazón en el sacrificio de Cristo como único medio para alcanzar salvación, obtiene esta bendita propiciación, de esta manera, ya no estamos bajo la ira de Dios. Sin propiciación, ¡ningún hombre puede ser salvo!
3. CRISTO ES NUESTRA REDENCIÓN
La palabra redención indica un acto de adquirir o comprar algo a través de la cancelación de un precio de rescate. En la antigüedad, el pueblo de Israel estaba muy habituado a considerar los rescates a través de la redención, recordemos el clásico pasaje de Rut:
“Y Noemí dijo a su nuera: ¡Sea él bendito del SEÑOR, pues no ha rehusado su bondad ni a los vivos ni a los que han muerto! Noemí le dijo después: Aquel hombre es nuestro familiar. Él es uno de los parientes que nos pueden redimir” (Rut 2:20)
El concepto de redención enmarcado en ese tiempo sólo en leyes sociales, venía a ser parte de las sombras o figuras que hablaban de lo que siglos más tarde Cristo realizaría en la cruz. Era necesario que alguien pagara el precio de nuestro rescate, era imprescindible que ALGUIEN comprara nuestra libertad, y eso es lo que hizo nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo.
“Pues han sido comprados por precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo.” (1 Corintios 6:20)
Cristo es nuestro redentor que pagó el precio de nuestro rescate, Él es el modelo de contradicciones; nosotros le vendimos por treinta míseras piezas de plata, pero Él nos compró al precio de su bendita sangre. ¡Aleluya!
“En amor nos predestinó por medio de Jesucristo para adopción como hijos suyos, según el beneplácito de su voluntad, para la alabanza de la gloria de su gracia que nos dio gratuitamente en el Amado. En él tenemos redención por medio de su sangre, el perdón de nuestras transgresiones, según las riquezas de su gracia que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría y entendimiento.” (Efesios 1:5-8)
Toda persona que cree en el sacrificio de Cristo como único medio para alcanzar salvación, obtiene esta bendita redención, de esta manera ya no estamos esclavos del pecado y de su condenación. ¡Sin redención, ningún hombre puede ser salvo!
4. CRISTO ES NUESTRA REMISIÓN
“Tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio diciendo: Beban de ella todos; porque esto es mi sangre del pacto, la cual es derramada para el perdón de pecados para muchos.” (Mateo 26:28)
La palabra “remisión” (también traducida como “perdón”) denota el acto de devolver algo a su origen o de enviarlo lejos. En el Antiguo Testamento aparece el texto de Levítico 16, en donde se ordena para el día de la expiación apartar un macho cabrío que cargaría los pecados para “remitirlos” a Azazel. Si bien, no existe mucha claridad en el origen de la palabra Azazel, se concluye que su significado es algo así como una entidad demoníaca ubicada en lugares desérticos, destino al cual era enviado aquel macho cabrío.
“Aarón pondrá sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo y confesará sobre él todas las iniquidades, las rebeliones y los pecados de los hijos de Israel, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío. Luego lo enviará al desierto por medio de un hombre designado para ello.” (Levítico 16:21)
El acto de remisión, en otras palabras, significa tomar la carga del pecado y llevarla lejos. Como ya hemos señalado, en el antiguo pacto, la imagen misma de las cosas y la obra de Cristo en la cruz, aparecen en medio de figuras y símbolos, pero en el nuevo pacto todo es hecho manifiesto con la muerte de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. El Señor Jesucristo fue el Cordero de Dios destinado desde antes de todas las cosas para derramar su sangre (=morir) para remisión de nuestros pecados.
“Y roció también con la sangre el tabernáculo y todos los utensilios del servicio pues, según la ley, casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón.” (Hebreos 9:22)
Toda persona que cree en el sacrificio de Cristo como único medio para alcanzar salvación, obtiene esta bendita remisión. De esta manera, todos nuestros pecados han sido enviados lejos de la presencia de Dios. Sin remisión, ningún hombre puede ser salvo, como hemos visto en una forma muy simple y práctica, la obra de la salvación contiene estos maravillosos términos que nos revelan que el sacrificio de Cristo fue eficaz para cubrir nuestros pecados, para aplacar la ira santa de Dios, para librarnos de la esclavitud comprándonos a un alto precio y para enviar lejos todas nuestras transgresiones, ¡UNA VEZ Y PARA SIEMPRE!
Con todo esto, ¿cómo no habremos de alabar al Señor quien por su Gracia nos ha otorgado todo lo suficientemente necesario para la vida eterna?
(Basado en parte en https://www.spgchile.org/cristo-expiacion-propiciacion-redencion-remision/)
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