
Ayer domingo asistí a la congregación dominical de un grupo de cristianos a los que quiero mucho, lo que llamaríamos comúnmente una “iglesia” (aunque lo pongo entre comillas porque el término se ha tergiversado horrorosamente (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/01/quien-es-la-iglesia/), y la verdad debo decir que salí triste, decepcionado y muy preocupado.
Estamos hablando de una iglesia que llamaríamos “sana”, conformada por miembros que realmente quieren agradar al Señor, y dirigida por un pastor de buenas intensiones, pero lamentablemente me encontré con un culto donde el 50% estuvo conformado por música de alabanza (más para mover los sentimientos y las emociones), y la otra mitad por una prédica liviana y poco profunda, todo sazonado con una gran cantidad de religiosidad.
Hago el comentario no con el afán de criticar sino para exhortar a la reflexión y a examinarnos (a lo cual TODOS estamos llamados), porque después de varias visitas a diferentes iglesias, he llegado a convencerme que más o menos así andan la mayoría de las congregaciones de cristianos, con lo cual me quedo muy preocupado por el actual estado del “Cuerpo de Cristo”.
Ahora, ¿está mal compartir y pasar un buen rato en compañía de los hermanos en Cristo? NO, ¡PARA NADA!, pero para todo hay un tiempo, y nuestra “comunión” (del griego “koinonía” que se traduce como compañerismo, ayuda, interacción, etc) no debe ser únicamente para pasarla bien.
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora: Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de sanar; tiempo de destruir y tiempo de construir; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de estar de duelo y tiempo de bailar.” (Eclesiastes 3:1-4)
“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión [“koinonía”], en el partimiento del pan y en las oraciones.” (Hechos 2:42)
Aunque sabemos que no existe la iglesia perfecta (porque al final todas están conformadas por cristianos imperfectos), la Biblia sí nos da ciertas indicaciones que creo se están incumpliendo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/31/la-iglesia-perfecta/). Básicamente, en la mayoría de las congregaciones todo se centra en la enseñanza del conocimiento de la Palabra de Dios (¡y así debe ser!), pero casi nunca se enseña a “bajarla” al corazón, a convertirla en VIDA para poder llevarla al mundo exterior.
En consecuencia, me atrevería a decir que la mayoría de los miembros de dichas iglesias no entienden la aplicación a su vida cotidiana, para ellos son dos partes que tienen poca (¡o ninguna!) relación entre sí, y probablemente tienen un colocho entre la Ley y la Gracia, así como todo lo relativo a la salvación eterna durante la presente “dispensación”. Pero entonces, ¿cuál es el propósito de que los cristianos nos congreguemos (ya sea los sábados, los domingos o durante la semana)?
Veamos lo qué dice la Biblia al respecto:
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo y nos ha dado el ministerio de la reconciliación: que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus transgresiones y encomendándonos a nosotros la palabra de la reconciliación.
Así que, somos embajadores en nombre de Cristo; y como Dios los exhorta por medio nuestro, les rogamos en nombre de Cristo: ¡Reconcíliense con Dios! Al que no conoció pecado, por nosotros Dios lo hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en él.” (2 Corintios 5:17-21)
¡Ahí está! En términos generales, la misión de todo cristiano es ser “embajador en nombre de Cristo” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/19/embajador-yo/), del “ministerio de la reconciliación” así que, por extensión, si los cristianos somos “embajadores” del Cielo, pues entonces la iglesia es la reunión de sus miembros (el “Cuerpo de Cristo”), ¡o sea la reunión del “cuerpo de embajadores”!
Pero me pregunto: ¿cómo podría ser yo un buen embajador de Costa Rica sin antes haber aprendido y tener claro todos los detalles (su historia, su cultura, su economía, etc.)? Entonces, si eso es así con algo tan trivial como un trabajo, ¿por qué creemos que alguien puede desempeñar una función de valor eterno sin conocer la Palabra de Dios? Por lo tanto, previo a poder representar al Cielo en la Tierra, los cristianos debemos discipularnos para prepararlos para la labor encomendada.
“Jesús se acercó a ellos y les habló diciendo: “Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado. Y he aquí, yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:18-20)
Los apóstoles estuvieron en un curso INTENSIVO de tres años y medio, LUEGO de esto fue que pudieron ir a hacer discípulos. Por otro lado, la Biblia es clara que TODOS tenemos un papel que desempeñar en la “embajada” (¡no hay cristianos observadores o de banca!), por lo cual el papel de la iglesia es también ayudar a identificar los dones que Dios le ha dado a cada miembro para ponerlos a buen uso (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/01/el-fruto-y-los-dones-del-espiritu-santo/), porque Dios le ha dado a TODOS los cristianos un don para ponerlo a disposición de la iglesia, de lo contrario no sería para del “cuerpo”, ¡TODOS tenemos un propósito!
La Biblia está llena de indicaciones para el buen funcionamiento de la iglesia, el apóstol Pablo enfatiza esto en varias de sus cartas:
“Porque de la manera que el cuerpo es uno solo y tiene muchos miembros, y que todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, son un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu. Pues el cuerpo no consiste de un solo miembro, sino de muchos.
Si el pie dijera: ‘Porque no soy mano, no soy parte del cuerpo’, ¿por eso no sería parte del cuerpo? Y si la oreja dijera: ‘Porque no soy ojo, no soy parte del cuerpo’, ¿por eso no sería parte del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oreja, ¿dónde estaría el olfato? Pero ahora Dios ha colocado a los miembros en el cuerpo, a cada uno de ellos, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros y a la vez un solo cuerpo.” (1 Corintios 12:12-20)
“Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y miembros suyos individualmente. A unos puso Dios en la iglesia, primero apóstoles, en segundo lugar profetas, en tercer lugar maestros; después los que hacen milagros, después los dones de sanidades, los que ayudan, los que administran, los que tienen diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Acaso hacen todos milagros? ¿Acaso tienen todos dones de sanidades? ¿Acaso hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan todos?” (1 Corintios 12:27-30)
“Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como han sido llamados a una sola esperanza de su llamamiento. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos quien es sobre todos, a través de todos y en todos. Sin embargo, a cada uno de nosotros nos ha sido conferida la gracia conforme a la medida de la dádiva de Cristo. Por esto dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad y dio dones a los hombres. Pero esto de que subió, ¿qué quiere decir, a menos que hubiera descendido también a las partes más bajas de la tierra? El que descendió es el mismo que también ascendió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
Y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hasta ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” (Efesios 4:4-13)
Regresando al tema de la congregación, puede que parte del problema sea que se ha perdido el propósito, pero nunca es tarde para retomarlo. Entendiendo mejor el propósito específico para cada uno de los miembros de la iglesia, debemos pues sincerarnos (como miembros de un mismo “cuerpo”) y exhortarnos en amor para analizar:
- ¿Son los ancianos las personas correctas para acompañar, cuidar y controlar al pastor en el ministerio? ¿Cumplen con los requisitos bíblicos?
- ¿Es el pastor la persona indicada (que Dios eligió y confirmó a través de los ancianos)? ¿Tiene el don de la enseñanza? ¿Cumple con los requisitos bíblicos?
- ¿Quiénes son los evangelistas de la iglesia? ¿Hay algún miembro con el don de profecía, milagros y/o de sanidad?
- ¿Quiénes son los indicados para el diaconado (que ayudan y administran)?
- Etc.
La idea no es caer en una estructura como la de una empresa, pero es claro que debe existir un orden en el “cuerpo”, puesto que Dios no es un Dios de desorden (1 Corintios 14:33). Ojo que en la lista puse primero a los ancianos que al pastor, porque así es como lo dice la Biblia (Tito 1:6-9), y porque si no, se puede caer en el error de que es el pastor quien los elige, UN ERROR GARRAFAL y probablemente el inicio de los enredos en muchas iglesias cristianas.
Recordemos que TODOS los cristianos (¡incluyendo el pastor!) somos miembros del “cuerpo”, y que la única “cabeza” es Cristo, si este orden se altera, se atrofia o peor aún se usurpa un lugar que no corresponde, pues es lógico que el resto del “cuerpo” esté enfermo. Una de las consecuencias de elegir a las personas equivocadas (sin tomar en cuenta los dones de Dios) es la «desnutrición espiritual«, tal vez el signo más común en la actualidad. Por ejemplo, en el caso del pastor, esto inevitablemente generará falta de liderazgo, predicaciones mundanas sin propósito eterno, desánimo en el resto del cuerpo, posiblemente un apagón del Espíritu dentro de la congregación y eventualmente religiosidad (todos síntomas que he visto suceder en algún momento de mi vida).
Por lo tanto, todo los ancianos, pastores y maestros deben tener mucha humildad y sobre todo una teología sólida apegada a las Escrituras, precedida por un llamado de Dios al lugar que ocupa dentro de la congregación, y en el caso del pastor, todo comienza por entender los propósitos de Dios para el hombre, para la Biblia y para la predicación propiamente.
Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es, a los que son llamados conforme a su propósito. Sabemos que a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:28-29)
En conclusión, el propósito de congregarnos es aprender a desarrollar convicciones como las de Cristo (pensamiento), carácter como el de Cristo (sentimientos) y conducta como la de Cristo (actuar), para luego ponerlo en práctica y dar buen testimonio (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/21/la-importancia-del-testimonio/), siempre en el orden y de la forma establecida en la Biblia. Por supuesto que durante la presente dispensación de la Gracia este NO es un tema salvífico, pero eso no quita el hecho que “fuimos creados en Cristo Jesús para hacer las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).
A la iglesia NO vamos a entretenernos, a cantar o a reunirnos con seres queridos (al menos ese no debe ser el enfoque), vamos a “cargar baterías”, a alimentar el espíritu, a prepararnos para la batalla y a formarnos para regresar al mundo con la labor encomendada de ser (buenos) embajadores. Nuestra vida cristiana NO está en la iglesia, ESTÁ EN EL MUNDO; más que “informados” DE la Palabra de Dios, nuestras vidas deben ser “transformadas” POR la Palabra de Dios, de lo contrario, ¿cómo podríamos pelear la “buena batalla”?
“Te requiero delante de Dios y de Cristo Jesús, quien ha de juzgar a los vivos y a los muertos tanto por su manifestación como por su reino: Predica la palabra; mantente dispuesto a tiempo y fuera de tiempo; convence, reprende y exhorta con toda paciencia y enseñanza. Porque vendrá el tiempo cuando no soportarán la sana doctrina; más bien, teniendo comezón de oír, amontonarán para sí maestros conforme a sus propias pasiones y, a la vez que apartarán sus oídos de la verdad, se volverán a las fábulas. Pero tú, sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista; cumple tu ministerio. Porque yo ya estoy a punto de ser ofrecido en sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera; he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, el Juez justo, en aquel día. Y no solo a mí sino también a todos los que han amado su venida.” (2 Timoteo 4:1-8)
(Basado en parte en https://pastors.com/real-purpose-preaching-matters/ y https://www.9marks.org/answer/what-local-churchs-mission-according-bible/)
Descubre más desde ofertaportiempolimitado.org
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.