
En el estudio sobre la voluntad de Dios para nosotros (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/06/09/cual-es-la-voluntad-de-dios-para-mi-vida/) vimos que, al final de cuentas, lo que quiere Dios para nosotros es que pongamos nuestra mirada en Él, y “todo” lo demás (al menos las cosas que así Él ha decidido para nosotros, de la misma forma que lo haría un buen padre) vendrá por añadidura.
Recordemos que ÉL YA HIZO TODO lo que era necesario hacer para nuestra salvación, así que por más que lo intentemos nosotros NADA podemos agregarle (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).
Sin embargo, luego de analizar el propósito por el cual nos congregamos como iglesia (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/06/12/cual-es-el-proposito-de-congregarnos/), algún mal pensado (por ejemplo yo, jajaja) podría entonces preguntarse: ¿para que esforzarse en hacer el bien, en estudiar la Palabra de Dios, en discipularse (para luego poder discipular a otros), si de todos modos ya Cristo hizo TODO lo necesario?
La respuesta corta es PORQUE DIOS ASÍ LO QUIERE, ese es el propósito de nuestra vida cristiana y por el cual nos dio dones, los cuales hemos recibido para servirle a Él (a través de servirle al prójimo); a ese proceso se le llama la “santificación” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/08/para-que-es-que-fuimos-apartados/).
Y contrario a lo que muchos cristianos creen, TODOS tenemos algo que dar, en el “Cuerpo de Cristo” no falta ni sobra nadie, podemos dar nuestro tiempo (acompañar a alguien que está enfermo o se siente solo, hacer trabajo voluntario en hospicios, hospitales y cárceles, servir en la iglesia, etc.), podemos enseñar a otros (discipular, evangelizar, ministrar, ayudar con la escuela de niños, etc.), podemos orar por los demás (los enfermos, los desempleados, los presos, etc.) y mil cosas más.
Y parafraseando la famosa cita, “si usted es tan pobre que lo único que tiene es dinero” (¡y su único don es tener facilidad para producirlo!), pues también puede poner ese don al servicio del Señor, así que no hay excusa. El apóstol Pablo lo expresó de esta manera:
“Porque de la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros pero todos los miembros no tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo pero todos somos miembros los unos de los otros. De manera que tenemos dones que varían según la gracia que nos ha sido concedida: Si es de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; si es de servicio, en servir; el que enseña, úselo en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que comparte, con liberalidad; el que preside, con diligencia; y el que hace misericordia, con alegría.” (Romanos 12:4-8)
En Su parábola de los talentos, Jesús enseñó que debemos usar nuestros dones sabiamente. Antes de partir de viaje, un hombre rico confió su fortuna a sus sirvientes por el tiempo que estaría fuera, dos de los sirvientes usaron el dinero sabiamente para generar ingresos para su amo. Sin embargo, el tercer sirviente no hizo un buen uso del dinero y el amo estaba muy disgustado.
«Porque el reino de los cielos será semejante a un hombre que, al emprender un viaje largo, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco mil monedas, a otro dos mil, y a otro mil. A cada uno dio conforme a su capacidad y se fue lejos. Inmediatamente, el que había recibido cinco mil monedas se fue, negoció con ellas y ganó otras cinco mil monedas. De la misma manera, el que había recibido dos mil ganó también otras dos mil. Pero el que había recibido mil fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
Después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. Cuando se presentó el que había recibido cinco mil monedas, trajo otras cinco mil monedas y dijo: “Señor, me entregaste cinco mil monedas; he aquí he ganado otras cinco mil”. Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor”. Y cuando se presentó el que había recibido dos mil monedas, dijo: “Señor, me entregaste dos mil monedas; he aquí he ganado otras dos mil”. Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor”.
Pero cuando se presentó el que había recibido mil monedas, dijo: “Señor, yo te conozco que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Y como tuve miedo, fui y escondí tus mil monedas en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo”. Su señor respondió y le dijo: “¡Siervo malo y perezoso! ¿Sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí? Por lo tanto, debías haber entregado mi dinero a los banqueros y, al venir yo, habría recibido lo que es mío con los intereses. Por tanto, quítenle las mil monedas y denlas al que tiene diez mil monedas. Porque a todo el que tiene le será dado, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Al siervo inútil échenlo en las tinieblas de afuera”. Allí habrá llanto y crujir de dientes.” (Mateo 25:14-30)
El “amo” representa a Dios en esta parábola, y los “sirvientes” nos representan a nosotros. La palabra “talento” (que aquí significa un montón de plata) se utiliza actualmente para identificar nuestras habilidades naturales, y dicho significado precisamente se deriva de esta parábola. Eso es apropiado porque la lección de la parábola es que debemos usar nuestros talentos y habilidades (así como nuestras riquezas), en el servicio de Dios.
Si no usamos sabiamente nuestros dones, ¡Dios nos considerará malvados y perezosos como el tercer hombre de la parábola! (aunque recordemos que esto no tiene que ver con nuestra salvación por gracia, sino con las recompensas, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/25/esta-mal-trabajar-por-las-recompensas/). El servicio a los demás trae significado y plenitud a nuestras vidas de una manera que la riqueza, el poder, las posesiones y las actividades egocéntricas nunca podrán igualar.
Como dijo Jesús:
“Den, y se les dará; medida buena, apretada, sacudida y rebosante se les dará en su regazo. Porque con la medida con que miden se les volverá a medir.” (Lucas 6:38)
Cada uno de nosotros tiene talentos y habilidades únicas, la mayoría de nosotros no somos predicadores famosos ni filántropos ricos, pero nuestra contribución es igual de importante. Pablo escribió:
“Ahora bien, hay diversidad de dones; pero el Espíritu es el mismo. Hay también diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. También hay diversidad de actividades, pero el mismo Dios es el que realiza todas las cosas en todos. Pero a cada cual le es dada la manifestación del Espíritu para provecho mutuo.” (1 Corintios 12:4-7)
Pablo continuó mencionando algunos dones que fueron dados a los primeros cristianos con el propósito de edificar la Iglesia:
“Porque a uno se le da palabra de sabiduría por medio del Espíritu; pero a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por un solo Espíritu; a otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las realiza el único y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él designa.” (1 Corintios 12:8-11)
No importa si se nos han dado grandes talentos, habilidades y riquezas, o muy pocos, lo que le importa a Dios es si hacemos buen uso de lo que se nos ha dado, sea grande o pequeño:
“Porque de todo aquel a quien le ha sido dado mucho, mucho se demandará de él; y de aquel a quien confiaron mucho, se le pedirá más.” (Lucas 12:48b)
Jesús hizo el mismo punto de una manera diferente cuando les habló a Sus discípulos acerca de la ofrenda caritativa de una viuda pobre: Jesús se sentó frente al lugar donde se ponían las ofrendas y miró a la multitud poniendo su dinero en el tesoro del templo. Muchas personas ricas arrojaron grandes cantidades, pero una viuda pobre vino y echó dos monedas muy pequeñas, que valían solo una fracción de centavo.
Jesús, llamando a sus discípulos, dijo:
“Estando Jesús sentado frente al arca del tesoro, observaba cómo el pueblo echaba dinero en el arca. Muchos ricos echaban mucho, y una viuda pobre vino y echó dos monedas pequeñas de poco valor. Él llamó a sus discípulos y les dijo: De cierto les digo que esta viuda pobre echó más que todos los que echaron en el arca. Porque todos han echado de su abundancia; pero esta, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento.” (Marcos 12:41-44)
En conclusión, la esencia de la vida cristiana está en adorar a Dios en nuestras capacidades (por más limitadas que sean), y eso implica disponernos a ayudar a los demás. Dios nos ha dado a cada uno de nosotros importantes dones para esos propósitos, y como los tres hombres en la parábola de los talentos de Jesús, estos dones pueden ser grandes o pequeños, eso no importa.
No importa cuan grandes o pequeños sean nuestros talentos, habilidades y riquezas, estamos llamados a darles un buen uso, y eso es lo que se tomará en cuenta en el Tribunal de Cristo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/13/el-tribunal-de-cristo/). Así que, analicémonos y busquémosle un uso práctico a nuestros propios talentos. Al final de cuentas, esto es más para que cada uno se examine, es un tipo de “espejo” para ver cómo anda nuestra “salud espiritual”.
Y si necesitamos ayuda para identificarlos, para eso está la iglesia, el resto del “Cuerpo de Cristo”, lo importante es ver de qué manera estamos sirviendo a nuestro Señor, ¡no tienen que ser cosas extraordinarias! Más bien empecemos por las cosas ordinarias y Dios hará el resto, como dijo el pastor John MacArthur: “es un tema de dirección, no de perfección”.
(Basado en parte en https://www.christianbiblereference.org/faq_TimeTalentsWealth.htm)
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