
La frustración es ese sentimiento de impaciencia y ansiedad que tenemos cuando pensamos que nuestras necesidades no están siendo satisfechas, o cuando nos enfrentamos a problemas aparentemente insuperables. Lo curioso es que a veces es Dios el centro de nuestra impaciencia e insatisfacción: ¡nos frustramos con y por Él! La frustración con Dios, sus caminos y su trato con nosotros puede ser una piedra de tropiezo para los cristianos, Dios podría manejar fácilmente este problema, ¿por qué no lo hace? Dios sabe que tengo una necesidad, ¿pero dónde está Él?
La verdad es que hay pocos cristianos que no se hayan sentido frustrados con el Señor por una u otra razón en algún momento de sus vidas, y por supuesto que yo soy uno de esos, especialmente en los últimos días que me he sentido tremendamente frustrado por un tema familiar, a pesar de que estoy siendo obediente a Dios y haciendo todo lo posible para vivir una vida “conforme a la voluntad del Señor” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/06/09/cual-es-la-voluntad-de-dios-para-mi-vida/).
Dichosamente la Biblia nos muestra cómo manejar la frustración, y el caso de Marta (la hermana de Lázaro, a quien Jesús resucitó) es un buen ejemplo:
“Prosiguiendo ellos su camino, él entró en una aldea; y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual se sentó a los pies del Señor y escuchaba su palabra. Pero Marta estaba preocupada con muchos quehaceres y, acercándose, dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado servir sola? Dile, pues, que me ayude. Pero respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, te afanas y te preocupas por muchas cosas. Pero una sola cosa es necesaria. Pues María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.” (Lucas 10:38-42)
Supongamos por un momento que el incidente entre Marta y María no era la primera vez que pasaba, y Marta estaba frustrada tanto con María por no ayudar en los quehaceres como con Jesús por permitir que María fuera “perezosa”. Lejos que sucediera lo (humanamente) esperable y que Jesús le pidiera amablemente a María que ayudara a su hermana, el Señor más bien se refirió a ella: “Marta, Marta, te afanas y te preocupas por muchas cosas”. Luego aprovechó la oportunidad para enseñar una lección sobre la quietud y el conocimiento de Dios (Salmo 46:10), una lección que olvidamos cuando estamos frustrados.
Otra historia muy conocida es la de Jonás (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/05/30/la-desobediencia-el-pecado-de-jonas/), ¡él también sabía lo que era estar frustrado con el Señor! Jonás escuchó a Dios, pero no le gustó lo que escuchó (Jonás 1:1-3a). Después de proclamar a regañadientes el mensaje de Dios a los ninivitas, Jonás estaba convencido de que no lo escucharían y que tendría la satisfacción de verlos aniquilados por un Dios vengativo, pero para su sorpresa los ninivitas respondieron con arrepentimiento y humildad hacia Dios (Jonás 3:5-10).
Jonás estaba frustrado y confundido, su sentido de la justicia estaba en conflicto con la misericordia de Dios. Para empeorar las cosas, Dios secó la planta frondosa bajo la cual Jonás había estado tomando sombra, dejando a Jonás expuesto al sol abrasador (Jonás 4:7), ¡la frustración de Jonás llegó al punto de querer morir! (Jonás 4:9). Dios tuvo que recordarle a Su enojado profeta que su perspectiva estaba equivocada: a Jonás le importaba más una planta insensible que una gran ciudad llena de gente, o sea que la frustración puede nublar nuestra visión y ahogar nuestra compasión.
Entonces, ¿está mal estar frustrado con Dios?
La verdad es que sí, está mal; al final de cuentas es algo que tiene que ver con la Soberanía de Dios, y los cristianos maduros deberíamos aprender a aceptarla y someternos a ella (¡entendamos o no las situaciones!). Ojo que no digo que no nos vaya a suceder, al final de cuentas la frustración es un producto de nuestra naturaleza humana pecaminosa, pero la frustración con Dios podría ser evidencia de una falta de confianza en Él, o de una mala comprensión de quién es Él.
Si Dios es perfecto, (¡y la Biblia dice que lo es!), entonces Sus intenciones son perfectas, Su tiempo es perfecto, Sus métodos son perfectos y Sus resultados son perfectos. A medida que enfocamos nuestras mentes en el Señor y confiamos en Él, conoceremos la paz, no la frustración (Isaías 26:3). Nuestra frustración con Dios podría ser un subproducto de nuestra propia terquedad, cuando nuestras ambiciones entran en conflicto con los propósitos de Dios, naturalmente nos sentiremos frustrados.
Nunca es aconsejable luchar contra Dios y Su voluntad, Saulo de Tarso aprendió esta lección de la manera más difícil, y Jesús tuvo que recordárselo:
“Habiendo caído todos nosotros a tierra, oí una voz que me decía en lengua hebrea: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¡Dura cosa te es dar coces contra el aguijón!” (Hechos 26:14)
Parafraseando las palabras del Señor, básicamente le dijo a Pablo que “para qué seguía de cabezón nadando contra corriente, cuando no vas a llegar a ningún lado”. Una simple oración de humilde sumisión da mucho más consuelo que insistir obstinadamente en nuestros planes. Si Dios les dice a los padres terrenales que “no irriten a sus hijos para que no se desanimen” (Colosenses 3:21), pues ciertamente Dios tampoco desea exasperar a sus propios hijos, pero eso no significa que vamos a lograr “torcerle el brazo”, por más que lo intentemos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/06/la-oracion-esa-gran-incomprendida/).
Cuando nos sentimos frustrados con Dios, esto se debe a una falta de comprensión de nuestra parte, no a una falta de parte de Dios. La mejor manera de lidiar con la frustración con Dios es someterse a Su voluntad, aceptar Su tiempo, ¡y confiar en Su bondad!
“Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que él los exalte al debido tiempo. Echen sobre él toda su ansiedad porque él tiene cuidado de ustedes.” (1 Pedro 5:7)
(Basado en parte en https://www.gotquestions.org/frustrated-with-God.html)
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