
¿Qué podría tener en común la diosa pagana de los efesios en los tiempos de Cristo y la idolátrica versión costarricense de la virgen María (la “Negrita”)? En realidad, ¡mucho más de lo que nos imaginamos!
Aparte que ambas se basan en una total ignorancia de la Palabra de Dios, (lo cual tristemente es muy común dentro de los católicos, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/05/10/el-dilema-de-los-catolicos/), ambas están también sustentadas en un vil negocio, disfrazado por una horrorosa idolatría y bajo un manto de religiosidad. “No hay nada más amoroso que la verdad” dijo el famoso pastor John MacArthur, así que hoy vamos a hablar de este tema sin tapujos, y si alguien se ofende, pues que se enoje con quien(es) lo ha(n) engañado por tanto tiempo.
Recordemos que cuando el cristianismo se mezcló con el paganismo para formar el Catolicismo Romano en el siglo IV gracias a la “visión” del emperador Constantino (todo un tema que veremos en unos días), los “santos” católicos asumieron las funciones de las deidades locales, simplemente cambiaron de nombre (¡y en algunos casos ni siquiera eso!).
La situación puede describirse como “la antigua empresa hace el mismo negocio en el mismo lugar, pero con un nuevo nombre y una nueva administración”, o sea, no fue la religión antigua en sí misma la que sobrevivió, sino la mentalidad que formaba parte de ella. Cada emperador, cada municipio e inclusive cada casa tenía sus propios “dioses” representados por estatuas e imágenes. De hecho, la gente del antiguo Imperio Romano no se deseaba “buena suerte”, sino que se deseaban mutuamente en cambio, la “buena voluntad de los dioses”, probablemente por eso es que la Biblia habla tanto (y tan duramente) en contra de la idolatría (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/04/el-peligro-de-la-idolatria/).
Regresando al tema de Artemisa, esta era una diosa adorada en el mundo antiguo, los griegos la consideraban la hermana gemela de Apolo y la diosa de la caza y la naturaleza y la protectora de las jóvenes solteras. Sin embargo, la Artemisa mencionada en el libro de los Hechos era una deidad DIFERENTE, era la diosa local de los efesios, pero tenía el mismo nombre (latinizado como “Diana”) que la diosa de la mitología griega.
Su templo en Éfeso fue considerado una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, y curiosamente, al igual que «la Virgen María» (católica), la diosa Artemisa también era virgen, y era adorada por una gran multitud que no sólo deseaba su buena voluntad, sino que también se ganaba la vida con el negocio de Artemisa. Probablemente por ser sede de una gran idolatría fue que el Espíritu Santo guio al apóstol Pablo a establecer una iglesia allí, con el desenlace que conocemos:
“En aquel entonces se produjo un alboroto no pequeño acerca del Camino. Porque cierto platero, llamado Demetrio, que elaboraba en plata templecillos de Artemisa, y daba no poca ganancia a los artesanos, reunió a estos con los obreros de oficios semejantes y les dijo:
Hombres, saben que nuestra prosperidad proviene de este oficio; y ven y oyen que no solamente en Éfeso, sino también en casi toda Asia, este Pablo ha persuadido y apartado a mucha gente, diciendo que no son dioses los que se hacen con las manos. No solamente hay el peligro de que este negocio nuestro caiga en descrédito, sino también que el templo de la gran diosa Artemisa sea estimado en nada, y que pronto sea despojada de su majestad aquella a quien adoran toda el Asia y el mundo. Al oír estas palabras se llenaron de ira y gritaron diciendo:
¡Grande es Artemisa de los efesios! Y la ciudad se llenó de confusión. Se lanzaron unánimes al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios y compañeros de Pablo. Aunque Pablo quería salir a la multitud, los discípulos no se lo permitieron. También algunas de las autoridades de Asia, que eran sus amigos, enviaron a él y le rogaron que no se presentara en el teatro. Unos gritaban una cosa, y otros otra cosa; porque la concurrencia estaba confusa, y la mayor parte ni sabía por qué se había reunido.
Entonces algunos de entre la multitud dieron instrucciones a Alejandro, a quien los judíos habían empujado hacia adelante. Y Alejandro, pidiendo silencio con la mano, quería hacer una defensa ante el pueblo. Pero reconociendo que era judío, todos volvieron a gritar a una sola voz, por casi dos horas: ¡Grande es Artemisa de los efesios!
Por fin, cuando el magistrado había apaciguado la multitud, dijo: Hombres de Éfeso, ¿qué hombre hay que no sepa que la ciudad de Éfeso es guardiana del templo de la majestuosa Artemisa y de su imagen caída del cielo? Ya que esto no puede ser contradicho, conviene que se apacigüen y que no hagan nada precipitado.” (Hechos 19:23-36)
Como vemos, los efesios rechazaron a los del “Camino” (el nombre con que se conocía al cristianismo primitivo) e iban a hacer TODO lo que fuera necesario cualquier intento de quitarles el negocio de la religión, ya que los plateros vivían de la venta de imágenes. ¿Les suena conocido? Ahora preguntémonos, ¿qué pasó con estos negocios cuando el emperador legalizó (e incluso ordenó) el cristianismo? ¿Adónde fue a parar el negocio de Artemisa? Habrá desaparecido? Lamentablemente todo parece indicar que, a través de un proceso de transición, “Artemisa de los Efesios” se convirtió para todos los efectos prácticos en “María la Virgen Madre de Dios”.
Cuando el cristianismo fue legalizado (y ordenado) en el Imperio Romano, el culto de Artemisa simplemente adoptó el culto de la Virgen María, no necesariamente elemento por elemento, sino se fue transformando y adaptando “con la mayor facilidad”, se podría decir. El culto a Artemisa y la “veneración” a María (una forma de disfrazar el culto idolátrico) se enraizaron en el mismo terreno fértil, ayudado sin duda porque (según la tradición) María vivió en las cercanías de Éfeso con el apóstol Juan (según el mandato de Jesús en la cruz), lo cual facilitaría la transición cuatro siglos después de ocurrido.
No es casualidad entonces que tanto los epítetos aplicados a Artemisa/Diana sean compartidos con la versión religiosa de la Iglesia Católica sobre la virgen María, torciendo así horriblemente la verdadera historia bíblica sobre la madre terrenal de Cristo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/la-virgen-maria/). Se la llamaba “la reina de los cielos”, “la diosa virgen”, “la inmaculada”, “la diosa del parto”, “la guardiana de las montañas y los bosques”, “la gloria del cielo”, etc. ¿Dónde habremos escuchado también esto?
Por supuesto que podemos reconocer muchos de estos títulos en el culto católico a la Virgen. Por ejemplo, sabemos que una de las primeras iglesias erigidas en honor de María ocupó el sitio del famoso templo de Diana en Éfeso, aprovechando precisamente la facilidad de la transición. Fue también en Éfeso donde curiosamente se llevó a cabo el sínodo católico (431 d.C.) en el que María fue designada por primera vez como “Madre de Dios”, y es de cierto interés que la procesión con la que el pueblo celebró la deificación de María reprodujo elementos esenciales como incensarios humeantes y antorchas encendidas, ya que las procesiones habían sido una parte importante del culto a Diana durante muchos siglos.
Tales procesiones han continuado hasta los tiempos modernos con motivo de la coronación de la Virgen en varias partes del mundo, otra herencia de Artemisa. Y como suele suceder cuando se tuercen “un poquito” las cosas, al ver que la movida tuvo éxito pues invariablemente luego viene una completa desviación, como podemos verlo en las sucesivas adaptaciones locales de la “Virgen María” a lo largo de los siglos.
La diosa romana Juno había sido llamada “reina”, la griega Hera había llevado el mismo título, los cartagineses tenían su “reina del cielo” (Dea Caelestis); la egipcia Isis, la fenicia Asarté (también llamada Ishtar y Astarot) y la babilónica Mylitta habían sido TODAS “reinas del cielo”. Luego de agotar las versiones locales de las “reinas” pues vendrían las “misteriosas” apariciones, curiosamente TODAS en un estilo similar: “Nuestra Señora de Guadalupe”, “Nuestra Señora de Lourdes”, “Nuestra Señora de Fátima”, y muchas otras más.
De hecho, según la misma Iglesia Católica, hay (al menos) tantas “vírgenes María” como días del año, y a todas se les celebra con un día al año (fuente https://www.roman-catholic-saints.com/marian-calendar.html), un absoluto disparate a la luz de la Palabra de Dios, pero un lógico desenlace religioso (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/12/el-peligro-de-la-religion/). ¿Cómo llegaron a semejante perversión de la Verdad Revelada de Dios? Como siempre lo digo, todo nace con la ignorancia, la cual generalmente va a ir seguida de idolatría y siempre terminará en religiosidad (aprovechando precisamente dicha ignorancia).
Así, podemos ver que la veneración a la “Negrita” NO es casualidad (¡y ni siquiera original!), puesto que sigue EXACTAMENTE el mismo patrón establecido hace más de mil seiscientos años. La «devoción mariana» (al menos como religión) fue hábilmente iniciada por los romanos adaptando la adoración de los efesios a la diosa pagana Artemisa, y luego continuando con un sinfín de “diosas” de todos los rincones del mundo, de paso generando un millonario negocio en el proceso.
De fabricar “templecitos de plata” (como dice la cita de Hechos 19), se pasó a vender imágenes, medallas, rosarios, monederos y por supuesto las cotizadísimas botellas plásticas en la forma de la “Negrita” para llenarlas de “agua bendita”, tal y como se puede ver en su página de Facebook (fuente https://www.facebook.com/people/Tienda-Santuario-La-Negrita/100063675746037/), ¡y esto se repite en prácticamente todas las “vírgenes María” del mundo! Como se dice coloquialmente en Costa Rica, “es la misma chancha con diferente rabo”. La gran pregunta entonces es: ¿seguiremos en la ignorancia de la religión, o buscaremos (¡y obedeceremos!) la Verdad revelada en las Escrituras?
Tarde o temprano TODOS llegaremos a esta encrucijada, así que mi recomendación es tomar el camino correcto AHORA, antes de que sea muy tarde. Recordemos que el apóstol Pablo ya nos lo había advertido, ¿entonces de qué nos extrañamos?
“También debes saber esto: que en los últimos días se presentarán tiempos difíciles. Porque habrá hombres amantes de sí mismos y del dinero. Serán vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno,traidores, impetuosos, envanecidos y amantes de los placeres más que de Dios. Tendrán apariencia de piedad pero negarán su eficacia. A estos evita. Pues entre estos están los que se meten en las casas y se llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas pasiones, que siempre están aprendiendo y nunca logran llegar al conocimiento de la verdad.” (2 Timoteo 3:1-7)
(Basado en parte en https://triablogue.blogspot.com/2019/11/Artemis-Diana-Pachamama-Mary.html y https://www.gotquestions.org/who-Artemis.html)
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