
Es triste ver cómo el hombre y las religiones utilizan la Palabra de Dios como si fuera un “menú”, del cual se puede escoger lo que nos gusta y dejar por fuera lo que no nos gusta, o peor aún, que es posible interpretar al antojo y conveniencia cualquier pasaje bíblico (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/12/el-peligro-de-la-religion/).
Por ejemplo, matar está mal pero mentir no importa tanto, robar está mal pero fornicar no importa tanto, creyendo erróneamente que para Dios hay pecados más graves que otros (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/08/07/pecado-mortal-y-pecado-venial/). El tema de hoy es el ejemplo perfecto, puesto que la mayoría de personas creen que la Biblia manda a “no juzgar” en nada y por nada (¡de paso auto condenándose automáticamente porque consciente o inconscientemente TODOS juzgamos en algún momento!).
De hecho, personalmente me han reprochado en numerosas ocasiones porque supuestamente “estoy juzgando” (cualquier situación), y “que un cristiano no debería hacerlo porque juzgar es pecado”. En justificación de la idea que no podemos ni debemos juzgar, muchas personas citan las palabras de Jesús en el siguiente versículo:
“No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que juzguen serán juzgados, y con la medida con que midan se les medirá.” (Mateo 7:1-2)
Esas palabras son muy claras, ¿verdad? Básicamente el argumento es el siguiente: si juzgas a los demás, ¡serás juzgado! Pero, ¿es ese principio bíblicamente correcto cuando utilizamos las herramientas de interpretación y comparamos este pasaje con el resto de la Biblia? (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/09/hermeneutica-y-exegesis/).
¿Será este mandato dirigido a nosotros (la iglesia), y la interpretación correcta durante la “dispensación de la Gracia” a los gentiles? (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).
Este es un tema bien interesante, pero si no aprendemos a separar la Ley (para Israel) de la Gracia (para la iglesia), JAMÁS vamos a entenderlo del todo, y en el mejor de los casos viviremos un cristianismo frustrante y legalista (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/ley-vs-gracia/). De todos modos, vamos a revisar qué dice realmente la Biblia al respecto. ¡Empecemos!
“Abre tu boca, juzga con justicia…” (Proverbios 31:9a)
¿Y diay? Será que la Biblia se contradice? Hmmm…
“Ahora pues, oh SEÑOR Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad…” (2 Samuel 7:28a)
“La suma de tu palabra es verdad; eternos son todos tus justos juicios.” (Salmo 119:160)
“Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad.” (Juan 17:17)
Teniendo claro que TODA la Palabra de Dios es verdad, ¿cómo es posible que el mandato de “juzgar con justicia”, y la amonestación de Jesús de “no juzgar” sean ambos ciertos? ¿No son mutuamente excluyentes? Por otro lado, el apóstol Pablo manda a “examinarlo todo y retener lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21), pero ¿cómo podríamos cumplir con dicho mandato sin realizar algún tipo de “juicio” para separar una cosa de la otra?
¿Vemos el problema? Pareciera entonces que no es un tema de juzgar propiamente, sino de CÓMO (y con qué base) juzgar, ¿cierto?
Preguntémonos: ¿por qué juzgan los gobernantes, los jueces de las cortes terrenales y cualquier otro persona con autoridad para hacerlo? PORQUE ES LA LEY, entonces el problema no es juzgar exactamente, ¡sino los parámetros del juicio! Esto haría más sentido con muchos otros pasajes que se encuentran en las Escrituras con un contexto similar.
“Y Moisés le contestó: Es que el pueblo viene a verme para consultar a Dios. Cuando tienen dificultades entre ellos, vienen a verme para que yo decida quién es el que tiene la razón; entonces yo les hago saber las leyes y enseñanzas de Dios.” (Éxodo 18:15-16)
“No actúes con injusticia cuando dictes sentencia: ni favorezcas al débil, ni te rindas ante el poderoso. Apégate a la justicia cuando dictes sentencia.” (Levítico 19:15)
“Pilato les dijo: Llévenselo ustedes, y júzguenlo conforme a su propia ley.” (Juan 18:31a)
Entonces, juzgar según LA LEY DE DIOS es perfectamente aceptable, de hecho SE ESPERA entre el pueblo de Dios (¡e incluso entre los gentiles!), y la Biblia dice que Dios detesta cuando NO se hace. Por supuesto que no me refiero a temas «ad hominem», sino a los argumentos bíblicos (subrayado y en negrita).
“Perdonar al culpable y condenar al inocente son dos cosas que no soporta el Señor.” (Proverbios 17:15)
Regresemos al “juicio” al que se refiere Nuestro Señor Jesucristo en los evangelios, y revisémoslo nuevamente bajo esta perspectiva.
“No juzguen a otros, para que Dios no los juzgue a ustedes. Pues Dios los juzgará a ustedes de la misma manera que ustedes juzguen a otros; y con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes. ¿Por qué te pones a mirar la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no te fijas en el tronco que tú tienes en el tuyo? Y si tú tienes un tronco en tu propio ojo, ¿cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla que tienes en el ojo”? ¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la astilla que tiene tu hermano en el suyo.” (Mateo 7:1-5)
“No juzguen a otros, y Dios no los juzgará a ustedes. No condenen a otros, y Dios no los condenará a ustedes. Perdonen, y Dios los perdonará. Den a otros, y Dios les dará a ustedes. Les dará en su bolsa una medida buena, apretada, sacudida y repleta. Con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les devolverá a ustedes.” (Lucas 6:37-38)
También les contó una parábola:
“Jesús les puso esta comparación: ¿Acaso puede un ciego servir de guía a otro ciego? ¿No caerán los dos en algún hoyo? Ningún discípulo es más que su maestro: cuando termine sus estudios llegará a ser como su maestro. ¿Por qué te pones a mirar la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no te fijas en el tronco que tienes en el tuyo? Y si no te das cuenta del tronco que tienes en tu propio ojo, ¿cómo te atreves a decir a tu hermano: “Hermano, déjame sacarte la astilla que tienes en el ojo”? ¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la astilla que tiene tu hermano en el suyo.” (Lucas 6:39-42)
Este JUICIO del que habla Jesús NO es arbitrario, sino que se está utilizando una guía o vara de medir. Miremos ahora nuevamente Mateo 7:2:
“Pues Dios los juzgará a ustedes de la misma manera que ustedes juzguen a otros;y con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes.” (Mateo 7:2)
La pregunta entonces es, ¿estaba realmente Jesús ordenándonos que “no juzguemos” (nunca), o estaba más bien diciéndonos que, CUANDO JUZGUEMOS, debemos tener cuidado que estamos haciéndolo con la correcta vara de medir? Como hemos visto, desde la entrega de los Diez Mandamientos a Moisés (1500 años antes de la llegada del Mesías) era necesario dictar sentencias de acuerdo con la Ley de Dios.
También sabemos que el Mesías no podía añadir ni quitar nada de la Ley, si lo hubiera hecho, entonces habría sido un pecador y no habría podido ser un sacrificio sin mancha ni culpa por nosotros (Deuteronomio 4:2). Entonces, si no pudo agregar o quitar nada, entonces, ¿cómo es que su declaración en Mateo 7:1 sería contraria a lo que encontramos en las Escrituras?
La verdad es que no podía ser, lo que significa que lo hemos entendido mal de alguna manera. Repasemos los versículos clave en Mateo 7 que realmente explican el punto de Jesús.
“¿Por qué miras la brizna de paja que está en el ojo de tu hermano pero dejas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿Cómo dirás a tu hermano: ‘Deja que yo saque la brizna de tu ojo’, y he aquí la viga está en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.” (Mateo 7:3-5)
Con base en esos versículos (que se repiten en el relato de Lucas), se nos advierte que no seamos hipócritas en nuestros juicios, eso está mucho más en línea con el resto de las Escrituras que simplemente decir que “no debemos juzgar en absoluto”. En otras palabras, AL JUZGAR (lo cual invariablemente debemos hacer), debemos asegurarnos de que nuestra vara de medir (al realizar el juicio) sea la correcta (¡la Palabra de Dios!).
Inclusive, si el Mesías realmente estaba diciendo que no juzguemos (en absoluto), entonces ¿por qué terminaría la declaración en el versículo 5 diciendo “saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano”? Pero no hemos terminado aquí, veamos algunos versículos más sobre juzgar en las Escrituras y veamos si podemos obtener un poco más de comprensión de ellos.
“Guárdense de los falsos profetas, que vienen a ustedes vestidos de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así también, todo árbol sano da buenos frutos, pero el árbol podrido da malos frutos. El árbol sano no puede dar malos frutos, ni tampoco puede el árbol podrido dar buenos frutos. Todo árbol que no lleva buen fruto es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conocerán.” (Mateo 7:15-20)
Esto es solo un par de versos después de que Jesús dijo que “no juzguen”. Entonces nuevamente, si realmente no debemos hacer NINGÚN juicio, ¿cómo podremos “reconocer a los falsos profetas por sus frutos”? Por el contrario, se nos dice que tengamos cuidado con estos falsos profetas, e invariablemente tendremos que “analizarlos” (¡JUZGARLOS!), pero siempre con la vara de medir correcta, o sea, la Ley de Dios.
Aquí hay incluso algunos versículos más sobre la importancia del discernimiento y el juicio como creyentes.
“Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben si los espíritus son de Dios. Porque muchos falsos profetas han salido al mundo.” (1 Juan 4:1)
“Pero el alimento sólido es para los maduros; para los que, por la práctica, tienen los sentidos entrenados para discernir entre el bien y el mal.” (Hebreos 5:14)
“No juzguen según las apariencias sino juzguen con justo juicio.” (Juan 7:24)
“No menosprecien las profecías; más bien, examinen todo, retengan lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:20-21)
A pesar de que los versos indican claramente que nosotros DEBEMOS JUZGARLO TODO (a la luz de la Palabra), algunos quieren sacar a relucir Juan 8:7 (erróneamente) como prueba de que no debemos juzgar a los demás, ni siquiera su pecado. Como dice el dicho, “el que nada debe, nada teme”, así que cuidado con quien enseña a nunca juzgar (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/03/por-sus-frutos-los-conoceran/).
“Pero, como insistieron en preguntarle, se enderezó y les dijo: El de ustedes que esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.” (Juan 8:7)
Al comienzo de Juan 8 vemos que los fariseos traen ante Jesús a una mujer que había sido sorprendida en adulterio. Levítico 20:10 establece que cuando las personas son sorprendidas en adulterio, TANTO EL ADÚLTERO COMO LA ADÚLTERA deben ser condenados a muerte, pero solo vemos presente a la mujer. Los fariseos estaban tratando de atrapar al Mesías en algo, pero más bien terminan enredándose en sus propios mecates.
Entonces, ¿qué hacemos cuando tenemos al Mesías apareciendo para decir que no ejecutemos a una mujer sorprendida en el acto de adulterio a menos que los acusadores también estuvieran sin pecado? Bueno, como acabamos de señalar, cuando alguien es sorprendido en el acto de adulterio, AMBAS partes deben ser apedreadas. Con sólo una parte presente, ¿estarían siguiendo los requisitos de la Ley?
Además, la pena capital sólo se podía llevar a cabo con el testimonio de dos o tres testigos, pero no se nos dice que hubo 2 o 3 testigos presentes, tampoco que la pareja en cuestión tampoco fue llevada previamente ante los ancianos, y todos estos eran todos los requisitos de la Ley antes de que alguien pueda ser apedreado.
Lapidar a alguien sin haber seguido los procedimientos adecuados sería similar al asesinato, no a la pena capital, y el asesinato es un pecado bastante fuerte para que lo pasen por alto. Si bien no podemos decirlo con certeza, es posible que sea por eso que el Mesías dijo lo que hizo, parecen haber estado cometiendo un pecado de peso, uno potencialmente más grave que el adulterio y de manera muy flagrante. ¡Qué hipócritas!
¿Vemos ahora por qué el Mesías nos diría que quitemos primero la viga de nuestro propio ojo? En realidad, se supone que DEBEMOS JUZGAR, pero eso plantea dos nuevas preguntas. ¿A quién debemos juzgar y por qué los juzgamos? El apóstol Pablo responde la primera pregunta para nosotros en una de sus cartas a los Corintios.
“Pues, ¿por qué tengo yo que juzgar a los que están afuera? ¿No juzgan a los que están adentro? Pues a los que están afuera Dios los juzgará. Pero quiten al malvado de entre ustedes.” (1 Corintios 5:12-13)
¡Qué interesante! Debemos juzgar a los que están dentro del cuerpo (NO a los impíos, ¡que a esos los juzgará Dios!), o sea a nuestros hermanos y hermanas, a nuestros hermanos en la fe. En Gálatas 6 nuevamente encontramos que debemos hablar con nuestros hermanos en la fe si los encontramos en pecado. Pero, ¿cómo podríamos encontrarlos en pecado sin juzgarlos?
“Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna transgresión, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre. Cuídate a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad las cargas los unos de los otros, y así cumplid la ley de Cristo.” (Gálatas 6:1-2)
Es más, en su primera carta a la iglesia de Corinto, Pablo fue todavía más enfático sobre la importancia de juzgar a los del “Cuerpo de Cristo”:
“Les he escrito por carta que no se asocien con inmorales sexuales. No me refiero en forma absoluta a los que de este mundo son inmorales sexuales, avaros, estafadores o idólatras, pues en tal caso les sería necesario salir del mundo. Pero ahora les escribo que no se asocien con ninguno que, llamándose hermano, sea inmoral sexual, avaro, idólatra, calumniador, borracho o estafador. Con tal persona ni aun coman.” (1 Corintios 5:9-11)
¿Cómo sabríamos que un hermano es “inmoral sexual, avaro, idólatra, calumniador, borracho o estafador” SIN JUZGARLO? ¿Y qué le dijo Pablo en 2 Timoteo 3? ¡Que TODA la Escritura es útil PARA LA REPRENSIÓN Y LA CORRECCIÓN! Por lo tanto, los cristianos estamos llamados a reprendernos y corregirnos (en amor), porque ¿quién querría que otros hermanos vivieran en pecado? ¡El pecado es esclavitud!
“Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente capacitado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17)
Debemos aceptar la corrección de los demás cristianos, porque ES PARA BENEFICIO DE TODO EL “CUERPO” Y DEL NUESTRO MISMO. Porque, ¿quién querría vivir en pecado? ¿Quién querría vivir en esclavitud?
“El que guarda la disciplina está en el camino de la vida, pero el que descuida la reprensión hace errar.” (Proverbios 10:17)
“El que ama la corrección ama el conocimiento, pero el que aborrece la reprensión se embrutece.” (Proverbios 12:1)
“La disciplina le parece mal al que abandona el camino, y el que aborrece la reprensión morirá.” (Proverbios 15:10)
Al final, dejar que nuestros hermanos vivan en pecado y no juzgarlos es en realidad no mostrarles amor (porque no hay nada más amoroso que la verdad). También estamos permitiendo que alguien que es un representante del Creador sea un mal ejemplo de cómo Dios quiere que viva Su pueblo, en cierto modo, cuando no juzgamos a nuestro hermano según la Palabra, y otros saben que dicen ser hijos de Dios, estamos dejando que hagan común la reputación del Todopoderoso, ¡están profanando Su nombre!
Además, si TODOS los miembros de la iglesia somos parte de un mismo cuerpo (el “Cuerpo de Cristo”), lo que le suceda a uno nos afecta a todos.
“Porque de la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros pero todos los miembros no tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo pero todos somos miembros los unos de los otros.” (Romanos 12:4-5)
“De manera que si un miembro padece, todos los miembros se conduelen con él; y si un miembro recibe honra, todos los miembros se gozan con él.” (1 Corintios 12:26)
“Y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hasta ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” (Efesios 4:11-13)
Así que DEBEMOS JUZGAR a nuestros hermanos en la fe según la Palabra, y debemos desear SER JUZGADOS por dicho mismo estándar.
Después de todo, TODOS deberíamos querer vivir una vida que refleje el amor perfecto y la grandeza de Dios, NO POR UN TEMA DE SALVACIÓN (¡porque sabemos que esta fue un regalo inmerecido!), sino para la edificación del “Cuerpo”, para que TODOS alcancemos la madurez y la plenitud de Cristo.
(Basado en parte en https://www.119ministries.com/teachings/video-teachings/detail/judge-not/)
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