
Después de que ayer viéramos que el mérito de nuestra salvación es SIEMPRE de Dios y NUNCA nuestro (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/09/06/somos-salvos-porque-creemos-o-creemos-porque-somos-salvos/), lógicamente debemos entonces ahora preguntarnos: ¿es posible para nosotros decidir el cuándo, el cómo y el dónde nos “convertimos”? Yo sé que es una pregunta que nos suena medio extraña, pero estamos llamados a pasar TODAS nuestras creencias “por el filtro de la Palabra” (como los bereanos, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/04/tesalonicense-o-bereano/), así que eso es lo que vamos a hacer hoy.
Pregunto porque en la iglesia cristiana moderna es muy común decir que en tal fecha “me convertí” o “me hice cristiano” (yo mismo lo he hecho muchísimas veces), por supuesto creyendo que nosotros tenemos la capacidad para decidirlo, y entendiéndose generalmente por ello que empezamos a congregarnos regularmente en un lugar de culto y a intentar vivir una vida con “valores cristianos”. Además, muchas iglesias hacen campañas de evangelización para “ganar las almas” y llevar a muchos “a los pies de Cristo”, mediante una invitación para que hagan la “oración para aceptar al Señor”.
Pero, ¿ES TODO ESTO BÍBLICAMENTE CORRECTO? En otras palabras, ¿es la salvación un tema activo o pasivo? ¿Qué dice la Biblia al respecto? Empecemos porque la Palabra de Dios nos muestra que en los últimos tiempos habrán “falsos pastores” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/03/por-sus-frutos-los-conoceran/), y el apóstol Pablo recomienda que los evitemos:
“También debes saber esto: que en los últimos días se presentarán tiempos difíciles. Porque habrá hombres amantes de sí mismos y del dinero. Serán vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos y amantes de los placeres más que de Dios. Tendrán apariencia de piedad pero negarán su eficacia. A estos evita.“ (2 Timoteo 3:1-5)
¿Les suena conocido? De esos hay muchísimos, no sólo en la herética Iglesia Católica, sino también en muchas iglesias (disque) cristianas. Pero eso no es todo, sino al momento del regreso de Nuestro Señor Jesucristo habrán también muchísimos “falsos cristianos” que realmente no eran parte del “Cuerpo de Cristo”, por la simple razón que NO CONOCEN A CRISTO sino que están metidos en una organización religiosa (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/08/19/el-estado-actual-de-la-iglesia-cristiana/).
Como siempre digo, para mí el pasaje más aterrador de toda la Biblia se encuentra en el evangelio de Mateo, cuando Cristo mismo dice que responderá lo siguiente a un grupo de (supuestos) creyentes:
“Muchos me dirán en aquel día: ‘¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿En tu nombre no echamos demonios? ¿Y en tu nombre no hicimos muchas obras poderosas?’ Entonces yo les declararé: Nunca les he conocido. ¡Apártense de mí, obradores de maldad!” (Mateo 7:22-23)
Lamentablemente, a muchos se le ha hecho creer que pueden vivir una vida de pecado (apartados de Dios), y cuando deseen (se sientan “listos”, o estén viejitos), pues simplemente “se convierten” y asunto arreglado. Peor aun, conozco a muchos que se identifican como cristianos pero no tienen ningún problema en vivir una vida mundana (mintiendo, robando, fornicando, etc.) abusando de la Gracia, pero sin que eso les genere mucha preocupación y mucho menos arrepentimiento.
No digo que las obras sean necesarias para la salvación (¡no lo son!) o que puedan eliminar totalmente el pecado de sus vidas (¡imposible mientras estemos en la carne!), pero si de veras fueron sellados con el Espíritu Santo y Él mora en sus corazones, no entiendo cómo no están siendo “convencidos de pecado” (Juan 16:8), generándoles un deseo sobrenatural de querer agradar a Dios (¡en vista del REGALO de la salvación!), aprovechando el poder que precisamente recibimos de Dios al liberarnos del “yugo” del pecado (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/08/28/de-que-exactamente-soy-libre/).
¿Será que ignoran que nuestro cuerpo es “templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19) y que estamos llamados a no “contristar” (entristecer) al Espíritu de Dios con nuestro actuar (Efesios 4:30)? ¿Entonces? El meollo del problema creo yo, es que toda esta corriente moderna hacia la salvación (o supuesta “conversión al cristianismo”) nos pone a NOSOTROS en el centro de todo, en absoluta oposición de lo que nos dice la Biblia al respecto.
Eso sería equivalente a decir que nosotros somos “dioses” en capacidad de tomar las decisiones eternas, y que Dios es un tipo de mayordomo a nuestro servicio, que sólo está esperando desesperadamente que a nosotros nos plazca llamarlo. De ahí que las expresiones que vimos como “ME convertí” o “ME hice cristiano” son realmente incongruentes con la Palabra de Dios, al menos en el sentido que fue una decisión que salió de nosotros.
Recordemos que la Biblia es clara que antes de que Dios nos hiciera nacer de nuevo, TODOS estábamos muertos espiritualmente debido al pecado, únicamente esperando el Juicio Divino (¡que ya sabemos cuál iba a ser el veredicto!).
“En cuanto a ustedes, estaban muertos en sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo conforme a la corriente de este mundo y al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia. En otro tiempo todos nosotros vivimos entre ellos en las pasiones de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de la mente; y por naturaleza éramos hijos de ira, como los demás. Pero Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia son salvos!” (Efesios 2:1-5)
Observemos el lenguaje pasivo del pasaje: un muerto no puede decidir nada, ¡ESTÁ MUERTO! Por lo tanto, durante la “dispensación de la Gracia”, ES CRISTO QUIEN HACE TODO, de ahí que Pablo dice que fue Dios quien “nos dio vida” (¡NO que revivimos en nuestras fuerzas por ser muy artistas!), de la misma manera que un bebé no puede hacer NADA para decidir nacer, sino que todo dependió de sus padres.
Según lo que enseña la Biblia, para ser cristiano debemos ser primero “resucitados” (espiritualmente), luego ser “sellados” por el Espíritu de Dios (el cual nos da la Fe para creer y los dones para servir al “Cuerpo de Cristo”), a fin de eventualmente “dar fruto”, que es lo que será evaluado en el Tribunal de Cristo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/13/el-tribunal-de-cristo/). Veamos algunos ejemplos bíblicos que muestran esta participación pasiva:
“Mientras andaba junto al mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, que es llamado Pedro, y a su hermano Andrés. Estaban echando la red en el mar, porque eran pescadores. Y les dijo: ‘Vengan en pos de mí, y los haré pescadores de hombres’. Y de inmediato ellos dejaron sus redes y lo siguieron. Y pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo y Juan su hermano, en la barca con su padre Zebedeo, arreglando sus redes. Los llamó, y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.” (Mateo 4:18-22)
“Nadie puede venir a mí a menos que el Padre que me envió lo traiga [“jelcúo”]; y yo lo resucitaré en el día final.” (Juan 6:44)
“Pero hay entre ustedes algunos que no creen. Pues desde el principio Jesús sabía quiénes eran los que no creían y quién le había de entregar, y decía: Por esta razón les he dicho que nadie puede venir a mí a menos que le haya sido concedido por el Padre.” (Juan 6:64-65)
Interesantemente, la palabra griega del pasaje de Juan 6:44 traducida como “traer” es “jelcúo”, que significa “arrastrar” (literal o figurativamente), lo que más o menos llamaríamos coloquialmente en Costa Rica “traer del pelo” (literal o figuradamente, jajaja). Es evidente que esto nos muestra un asunto unilateral, Dios nos trae a la salvación si es necesario a la fuerza, y nosotros tenemos un papel pasivo en todo el proceso.
Si no me creen (¡que así debería ser!), “jelcúo” se usa en Juan 21:6 para referirse a una red pesada llena de peces que se “arrastra” hasta la orilla, y también en Hechos 16:19 se usa “jelcúo” para describir a Pablo y Silas siendo “arrastrados” al mercado ante los gobernantes.
“Él les dijo: echen la red al lado derecho de la barca, y hallarán. La echaron, pues, y ya no podían sacarla [“jelcúo”] por la gran cantidad de peces.” (Juan 21:6)
“Pero cuando sus amos vieron que se les había esfumado su esperanza de ganancia, prendieron a Pablo y a Silas y los arrastraron [“jelcúo”] a la plaza, ante las autoridades.” (Hechos 16:19)
Claramente, la red no participó en ser arrastrada hasta la orilla, y Pablo y Silas no se arrastraron hasta el mercado, ¡lo mismo puede decirse del hecho de que Dios atraiga a algunos a la salvación! Algunos vienen de buena gana y otros son arrastrados a la fuerza, pero TODOS los que así Dios lo dispuso eventualmente llegan, tengamos o no participación en la decisión. Ok, pero eso fue durante la primera venida de Jesús a esta Tierra, dirían algunos. ¿Y luego? ¿Cómo funciona?
“Y el Señor añadía diariamente a su número los que habían de ser salvos.” (Hechos 2:47)
Antes o después de Cristo, el funcionamiento ES EXACTAMENTE IGUAL, Dios en su soberanía utilizará diversos medios para hablarnos y atraernos a Él, ya sea a través de Su Espíritu Santo, Su Palabra (la Biblia), miembros del “Cuerpo de Cristo” (la iglesia) o ¡hasta un burro si es necesario! (Números 22:28). Pero, ¿por qué Dios necesitaría atraernos a la salvación?
En pocas palabras, si no lo hiciera, NUNCA LLEGARÍAMOS, el hombre natural no tiene la capacidad de buscar a Dios y ni siquiera tiene el deseo (de ahí que diga que estábamos “muertos”). Debido a que nuestro corazón era duro como piedra y “nuestro entendimiento estaba entenebrecido” (Efesios 4:18), antes que Dios nos hiciera nacer de nuevo no deseábamos NADA con Él, y dice la Biblia que en realidad éramos “enemigos de Dios” (Romanos 5:10). Cuando Jesús dice que ningún hombre puede venir sin que Dios lo atraiga, está haciendo una declaración sobre la depravación total del pecador y la universalidad de esa condición. ¡Tan oscurecido está el corazón de la persona no salva que ni siquiera se da cuenta!
“Engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y sin remedio. ¿Quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9)
Por lo tanto, ¡sólo por la atracción misericordiosa de Dios somos salvos! Como mencionamos antes, primero el Espíritu Santo nos convence de nuestro estado pecaminoso y de nuestra necesidad de un Salvador (Juan 16:8), luego Él despierta en nosotros un interés previamente desconocido por las cosas espirituales y crea un deseo por ellas que nunca antes había existido. De repente, nuestros oídos se abren, nuestros corazones se inclinan hacia Él y Su Palabra comienza a tener sentido, a ejercer una fascinación nueva y emocionante sobre nosotros, y nuestros espíritus comienzan a discernir la Verdad espiritual que nunca antes tuvo para nosotros:
“Pero el hombre natural no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura; y no las puede comprender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1 Corintios 2:14)
Es hasta que Dios nos hace nacer de nuevo que comenzamos a tener nuevos deseos, según Su Voluntad. Él coloca dentro de nosotros un corazón nuevo que se inclina hacia Él, un corazón que desea conocerlo, obedecerlo y caminar en la “nueva vida” que Él ha prometido, pero yo no veo por ningún lado en la Biblia que seamos nosotros los que podemos decidir CUÁNDO, CÓMO o DÓNDE empieza el proceso, ni tampoco veo al apóstol Pablo entrando a las sinagogas de Asia Menor alardeando que “se hizo cristiano”, que “se convirtió del judaísmo al cristianismo” o que “recibió a Cristo en su corazón”.
Como sabemos, la verdad fue un “poquito” más extrema, Dios lo tuvo que TIRAR AL PISO, ENFRENTAR Y DEJAR CIEGO POR TRES DÍAS, tal y como lo narró el propio Pablo al Rey Agripa:
“En el camino a mediodía, oh rey, vi que desde el cielo una luz, más resplandeciente que el sol, alumbró alrededor de mí y de los que viajaban conmigo. Habiendo caído todos nosotros a tierra, oí una voz que me decía en lengua hebrea: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¡Dura cosa te es dar coces contra el aguijón!’. Entonces yo dije: ‘¿Quién eres, Señor?’. Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate y ponte sobre tus pies, porque te he aparecido para esto: para constituirte en ministro y testigo de las cosas que has visto de mí y de aquellas en que apareceré a ti. Yo te libraré del pueblo y de los gentiles, a los cuales ahora yo te envío para abrir sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz y del poder de Satanás a Dios, para que reciban perdón de pecados y una herencia entre los santificados por la fe en mí.” (Hechos 26:13-18)
Queda claro que Pablo no participó EN NADA, es más, ni siquiera se le pidió su opinión al respecto, sino que sólo recibió indicaciones generales de que CRISTO HARÍA a través suyo, como es normal en la “revelación progresiva” de Dios a los hombres (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/la-revelacion-progresiva/). Debemos pues concluir que, de acuerdo a la Palabra de Dios, nosotros NO podemos tomar la decisión de “convertirnos” en cristianos en el momento que así lo creamos apropiado, sino que primero debemos ser “convocados”.
Por lo tanto, si sentimos una remordimiento al pecar, una necesidad de cambiar de vida o un despertar espiritual (NO basado en emociones temporales), casi que podríamos estar seguros que efectivamente Dios está llamándonos, (porque NADA de eso puede ser experimentado por UN MUERTO). No nos demoremos en aceptar la invitación, ¡PORQUE ES POR TIEMPO LIMITADO! 😉
(Basado en parte en https://www.corechristianity.com/resources/articles/what-does-it-mean-to-be-a-christian-really y https://www.gotquestions.org/drawn-salvation.html)
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