
Este va a ser un estudio medio largo por todas las citas bíblicas incluidas, pero les garantizo que será de enorme bendición (¡al menos para aquellos que logren asimilar la sorpresa de la conclusión!).
Recordemos que es de suma importancia para el cristiano maduro estudiar a profundidad (“escudriñar”) lo revelado por Dios en Su Palabra, sobre todo porque TODO nuestro entendimiento del Plan de Dios (¡y en realidad de nuestra participación en él!) dependerá en gran parte de esto.
Si queremos ser confrontados con la Verdad (para ser verdaderamente LIBRES) debemos dejar de lado nuestras creencias y sentimientos para ver que dice la Biblia al respecto (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/11/amamos-la-verdad/), sobre todo porque sabemos que gran parte del conocimiento general ha sido tremendamente torcido por la religión (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/12/el-peligro-de-la-religion/).
Así que hoy vamos a intentar responder bíblicamente a la pregunta “¿por quién vino, murió y resucitó Cristo?”, por más que la consideremos ridícula y hasta obvia. Empecemos porque judíos y cristianos comúnmente coincidimos en que el Antiguo Testamento está compuesto por los libros desde Génesis hasta Malaquías (los judíos llaman a esto el Tanaj). En el caso del Nuevo Testamento, los cristianos iniciamos con Mateo y finalizamos con Apocalipsis, y para nosotros el Antiguo Testamento significa el “Antiguo Pacto”.
Hasta aquí todo bien, sin embargo, como hemos visto en muchos otros temas relacionados con el “dispensacionalismo” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/09/05/el-dispensacionalismo/) y la diferencia entre el “evangelio del Reino” y el “evangelio de la Gracia” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/el-evangelio-del-reino-vs-el-evangelio-de-la-gracia/), no necesariamente esa diferenciación es bíblicamente correcta, sino que técnicamente el “Antiguo Pacto” comenzó en el Éxodo con la entrega de la Ley Mosaica y el matrimonio de Dios con Israel (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-matrimonio-de-dios-y-su-relacion-con-la-ley/), y NO TERMINÓ CON MALAQUÍAS, SINO CON LA CONVERSIÓN DE PABLO.
Eso quiere decir que, a lo largo de los tres años y medio de Su ministerio terrenal, Jesús operó bajo el “Antiguo Pacto”, y por lo tanto esto significa que los evangelios son (dispensacionalmente hablando) TAMBIÉN parte del Antiguo Testamento (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/27/son-cristianos-los-evangelios/). Yo sé que lo que estoy diciendo es algo radical, casi herético y básicamente opuesto a todo lo que nos han (mal)enseñado, de ahí que todos los que defendemos esta posición somos atacados constantemente por afirmarlo. Pero, como en todo tema, lo que yo crea poco importa, así que vamos a pasarlo por el “filtro de la Palabra”, ¡y revisar si lo que estoy afirmando tiene sustento biblico!
Ojo que eso NO QUIERE DECIR que las palabras de Cristo no importen o que no tengan valor para nosotros, sino que simplemente debemos entender quién era el receptor primario de ellas y su significado según cada dispensación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/las-dispensaciones-biblicas/), de la misma forma que el Antiguo Testamento tiene una importancia para nosotros como fundamento del resto de la Palabra de Dios, aunque no necesariamente de forma prescriptiva (sino descriptiva).
Pero la cosa no termina ahí, porque entonces el principio del libro de Hechos (previo a la conversión de Pablo en el capítulo 9) se refiere a los apóstoles operando TAMBIÉN bajo el Pacto (Mosaico), como lo podemos ver claramente en el discurso de Pedro en Pentecostés, cuando se dirigió a “hombres de Judea y todos los habitantes de Jerusalén” (Hechos 2:14), citó al profeta Joel (Hechos 2:16), los llamó “hermanos” y les habló de “nuestro Padre David” (Hechos 2:29), y finalmente, cuando estos se afligieron de lo sucedido y le preguntaron lo que debían hacer, Pedro les respondió:
“Arrepiéntanse y sea bautizado cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los que están lejos, para todos cuantos el Señor nuestro Dios llame. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba diciendo: ¡Sean salvos de esta perversa generación! Así que los que recibieron su palabra fueron bautizados, y fueron añadidas en aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones.” (Hechos 2:38-42)
Según Pedro, la promesa era para los hombres en Jerusalén, en Judea y todos los demás hebreos que “están lejos” (las demás tribus de Israel), pero son parte de la promesa de Dios a Abraham (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/los-pactos-de-dios-con-el-hombre/). Entendamos que TODO lo que les recomendó Pedro que debían “hacer” algo (arrepentimiento, bautismo, comunión, partimiento del pan, etc.), eran OBRAS pertenecientes al “evangelio del Reino” (dirigido a Israel), y por lo tanto NO hablaba del “evangelio de la Gracia” (dirigido a la iglesia), de lo contrario no sería GRACIA, ¿cierto?
¿Y por qué es esto importante?
Esto es fundamental de entender porque primero nos prueba que la (primera) venida del Mesías era el cumplimiento de la profecía dada A ISRAEL (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/profecias-sobre-la-primera-venida-del-mesias/), y segundo (y tal vez lo más importante desde nuestra perspectiva), que la doctrina del “Dispensacionalismo” ES CORRECTA (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/02/la-clave-para-entender-la-biblia/), y que por lo tanto, los planes “salvíficos” son diferentes para la iglesia y para Israel.
Efectivamente, el Antiguo Testamento estaba lleno de profecías sobre el Salvador que Dios le enviaría al pueblo de Israel, es cuestión de leer lo que escribió el profeta Isaías 700 años antes de Cristo:
“Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. Nosotros lo tuvimos por azotado, como herido por Dios y afligido. Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El castigo que nos trajo paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino. Pero el SEÑOR cargó en él el pecado de todos nosotros. Él fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca. Como un cordero, fue llevado al matadero; y como una oveja que enmudece delante de sus esquiladores, tampoco él abrió su boca.” (Isaías 53:4-7)
Yo sé que a nosotros los gentiles nos cuesta diferenciar el tema (básicamente porque no nos han enseñado a hacerlo), pero debemos observar que Isaías ERA UN JUDÍO ESCRIBIÉNDOLE A JUDÍOS, (“nuestras enfermedades”, “nuestros dolores”, “nuestras transgresiones”, “nuestros pecados”, “fuimos sanados”, “todos nosotros”, etc. etc. etc.), y que LOS GENTILES NO ESTÁBAMOS INCLUIDOS POR NINGÚN LADO en el Antiguo Testamento (¡y por ende TAMPOCO EN LOS EVANGELIOS!).
Entendamos que a partir del momento en que Dios llamó a Abraham, formó un pueblo, lo sacó de Egipto y luego le dio a Moisés la Ley por la cual debían regirse en la Tierra Prometida, la salvación eterna era EXCLUSIVA del pueblo de Israel, a través del pacto eterno que Dios estableció con el patriarca (y sus descendientes). Dado este trasfondo y contexto, este fue el programa que Jesús vino a confirmar en Su ministerio terrenal, la Biblia es clara y no hay espacio para alteraciones. De hecho, ¡el mismo Pablo lo confirmó!
“Digo, pues, que Cristo fue hecho ministro de la circuncisión a favor de la verdad de Dios para confirmar las promesas hechas a los patriarcas” (Romanos 15:8)
Como se señaló anteriormente, el Antiguo Testamento reveló que únicamente los descendientes de Jacob (Israel) estaban incluidos en el Plan de Salvación a través de la muerte sacrificial de Cristo como el “cordero sin mancha” (otra vez La Ley), sería ridículo pensar que los gentiles tuviésemos parte en el tema, ¡no hay un sólo pasaje en los evangelios que hable del tema!
Con respecto a la obra salvífica de Cristo, Mateo escribió:
“Ella dará a luz un hijo; y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliera lo que habló el Señor por medio del profeta, diciendo: He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel, que traducido quiere decir: Dios con nosotros” (Mateo 1:21-23)
¿Quiénes son “su pueblo” de la declaración del ángel a José? ERAN JUDÍOS, y no olvidemos que Jesús también era judío (precisamente de la tribu de Judá), del linaje real de la casa de David. Es por eso que los magos habían preguntado: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?” (Mateo 2:2) y Lucas también escribió sobre el aspecto real del nacimiento de Jesús.
El ángel declaró que Dios le daría el trono del Rey David y que gobernaría sobre la casa de Jacob para siempre, pero notemos que Lucas no mencionó a los gentiles, ¿y por qué habría de hacerlo? ¡Esto nunca fue revelado a los apóstoles!
“Entonces el ángel le dijo: ¡No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios! He aquí concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David. Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin.” (Lucas 1:30-33)
Zacarías, el padre de Juan el Bautista, respondió a los acontecimientos milagrosos que rodearon el nacimiento profetizado de Jesús y el nacimiento de su propio hijo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/09/04/juan-el-bautista/), contando las promesas divinas de salvación a Israel, a fin de acabar con la opresión gentil y el pecado:
“Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo. Ha levantado para nosotros un Salvador poderoso en la casa de su siervo David, tal como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde antiguo: Salvación de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos aborrecen, para hacer misericordia con nuestros padres y para acordarse de su santo pacto. Este es el juramento que juró a Abraham nuestro padre, para concedernos que, una vez rescatados de las manos de los enemigos, le sirvamos sin temor, en santidad y en justicia delante de él todos nuestros días.” (Lucas 1:68-75)
Zacarías era un sacerdote levita en el Templo, y en estos versículos habló de la salvación DE ISRAEL, esta profecía concordaba con las profecías del Antiguo Testamento que se remontaban a Moisés (Deuteronomio 28:1, 7, 13). Los versículos de Lucas profetizaron además que el Mesías concedería a Israel el perdón de sus pecados, observemos cuidadosamente que aquí el tema era (lógicamente) SÓLO PARA LOS JUDÍOS.
En el nacimiento de Jesús, Lucas relató además sobre el anuncio angelical del Mesías a los pastores, probablemente narrado a él por parte de la propia María. Nuevamente, veamos que los ángeles anunciaron la salvación de los judíos únicamente: “les ha nacido un Salvador” (o sea a “ustedes” que son miembros del pueblo judío):
“Había pastores en aquella región que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y un ángel del Señor se presentó ante ellos y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y temieron con gran temor. Pero el ángel les dijo: No teman, porque he aquí les doy buenas noticias de gran gozo que serán para todo el pueblo: que hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor.” (Lucas 2:8-11)
Cuando Jesús fue presentado en el Templo, según el requerimiento de la Ley Mosaica, Simeón profetizó sobre el niño. Lucas escribió:
“Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre Jesús, nombre que le fue puesto por el ángel antes que él fuera concebido en el vientre. Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos conforme a la Ley de Moisés, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor (así como está escrito en la ley del Señor: Todo varón que abre la matriz será llamado santo al Señor) y para dar la ofrenda conforme a lo dicho en la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones de paloma.
He aquí, había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre era justo y piadoso; esperaba la consolación de Israel y el Espíritu Santo estaba sobre él. A él le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes que viera al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, entró en el templo; y cuando los padres trajeron al niño Jesús para hacer con él conforme a la costumbre de la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Soberano Señor, despide a tu siervo en paz conforme a tu palabra; porque mis ojos han visto tu salvación que has preparado en presencia de todos los pueblos: luz para revelación de las naciones y gloria de tu pueblo Israel. Su padre y su madre se maravillaban de las cosas que se decían de él.” (Lucas 2:21-33)
En el versículo 25, Lucas registró que Simeón esperaba “la consolación de Israel”. Esta era la salvación de Israel de sus enemigos que Zacarías también había profetizado, pero interesantemente, aquí Simeón extendió la salvación más allá de Israel (aunque siempre a través de ellos). La (eventual) salvación de los gentiles estaba planeada para llegar eventualmente A TRAVÉS DE ISRAEL, según el programa del Pacto y el Plan profético de Dios (Salmo 2, Isaías 42:1-6, 60:1-3, Zacarías 8:20-23).
Esta fue la base de la declaración de Dios a Moisés:
“Entonces Moisés subió para encontrarse con Dios, y el SEÑOR lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel: Ustedes han visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo los he levantado a ustedes sobre alas de águilas y los he traído a mí. Ahora pues, si de veras escuchan mi voz y guardan mi pacto, serán para mí un pueblo especial entre todos los pueblos. Porque mía es toda la tierra, y ustedes me serán un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” (Éxodo 19:3-6)
El plan de Dios para Israel era que cada judío fuera “sacerdote”, y que se convertirían en un reino de sacerdotes y una nación santa. Un sacerdote es un intermediario (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/21/cual-es-la-diferencia-entre-profetas-y-sacerdotes/), y bajo su relación de pacto y sus bendiciones, Israel debía ser el representante de Dios ANTE LOS GENTILES, así estaba planeado y fue revelado progresivamente por Dios a Israel (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/16/la-revelacion-progresiva/).
Jesús habló de sí mismo como el “Buen Pastor” DE ISRAEL, pero ¡NUNCA DE LOS GENTILES! Enseñó que el buen pastor da su vida por sus ovejas, pero ¿quiénes eran las ovejas? En el contexto del ministerio de Jesús y los relatos de los Evangelios, tenemos la respuesta: LA NACIÓN DE ISRAEL. Consideremos el relato de Juan sobre Jesús como el Buen Pastor:
“Yo soy el buen pastor; el buen pastor pone su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es el pastor y a quien no le pertenecen las ovejas, ve que viene el lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo arrebata y esparce las ovejas. Huye porque es asalariado y a él no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen. Como el Padre me conoce, yo también conozco al Padre y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil. A ellas también me es necesario traer, y oirán mi voz. Así habrá un solo rebaño y un solo pastor.” (Juan 10:11-16)
El relato de Juan sobre las palabras de Jesús concordaba con los otros relatos evangélicos sobre la salvación de los judíos. Una vez más, LOS GENTILES NO ESTABAN A LA VISTA DE ESTA SALVACIÓN (al menos no había sido revelado todavía). ¿Entonces qué quiso decir Jesús con el versículo 16? ¿Quiénes fueron las otras ovejas que mencionó?
Las «otras ovejas» fue una declaración profética que identificó NO A LOS GENTILES (seguíamos todavía sin aparecer en el Plan), sino a una generación futura de judíos que creerán en Él: «oirán mi voz» (durante la Gran Tribulación). Pablo se refirió a este grupo en su carta a la iglesia de Roma:
“Hermanos, para que no sean sabios en su propio parecer no quiero que ignoren este misterio: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Y así todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el libertador; quitará de Jacob la impiedad, Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que, en cuanto al evangelio son enemigos por causa de ustedes, pero en cuanto a la elección son amados por causa de los padres; porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. ” (Romanos 11:25-29)
Juan reveló una conversación fascinante que había ocurrido entre los líderes judíos y sus ideas sobre qué hacer con el “problema” de Jesús. Este escribió:
“Entonces uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote en aquel año, les dijo: Ustedes no saben nada; ni consideran que les conviene que un solo hombre muera por el pueblo, y no que perezca toda la nación. Pero esto no lo dijo de sí mismo sino que, como era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban esparcidos.” (Juan 11:49-52)
Caifás planeó la muerte de Jesús como una acción política conveniente. La intención de Caifás era mala, pero como es habitual, Dios usó la voluntad de Caifás para cumplir Su voluntad (Génesis 50:20). ¿A quiénes se refirió Juan en su declaración: “los hijos de Dios que estaban dispersos”?
Eran judíos de la diáspora ubicados en otras naciones (Hechos 2:5, 1 Pedro 1:1-2, Santiago 1:1). Según la promesa profética de Dios, Él reunirá A LOS JUDÍOS de TODAS LAS NACIONES en la Tierra para formar nuevamente un sólo pueblo (Ezequiel 34:12-14, 36:19-25, 37:16). El escritor de Hebreos (probablemente Pablo) confirmó que Cristo murió POR LA NACIÓN JUDÍA, este declaró:
“Porque ciertamente él no tomó para sí a los ángeles sino a la descendencia de Abraham. Por tanto, era preciso que en todo fuese hecho semejante a sus hermanos a fin de ser un sumo sacerdote misericordioso y fiel en el servicio delante de Dios, para expiar los pecados del pueblo.” (Hebreos 2:16-17)
“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, consideren a Jesús, el apóstol y sumo sacerdote de nuestra confesión.” (Hebreos 3:1)
¿A quién se refirió el escritor cuando escribió: “hecho semejante a sus hermanos”? Una vez más, ¡la respuesta es el pueblo judío! Además, hizo propiciación “por los pecados del pueblo”, y ¿quiénes eran esas personas? La frase “el pueblo” en las Escrituras siempre se refiere al pueblo judío. Así, vemos nuevamente que eran LOS JUDÍOS quienes estaban en vista de la obra de Cristo en la cruz, según el plan profético de Dios revelado en el Antiguo Testamento.
Pablo escribió a los creyentes de la iglesia de Galacia:
“Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiera a los que estaban bajo la ley a fin de que recibiéramos la adopción de hijos.” (Gálatas 4:4-5)
¿Quiénes vivían bajo la Ley Mosaica? ¡CIERTAMENTE NO ERAN LOS GENTILES!
Únicamente los judíos estaban bajo la Ley, y según Pablo, Cristo vino a redimir al pueblo judío (subrayado y en negrita). Ahora, notemos la siguiente parte del versículo: “a fin de que recibiéramos la adopción de hijos”. ¿Quiénes son esos “nosotros” a los que se refiere Pablo? Los “nosotros” somos los gentiles, ¡FINALMENTE APARECEMOS!
Pablo era judío pero hablaba desde su cargo como “apóstol de los gentiles” (Romanos 11:13), con la autoridad de su cargo declaró QUE LOS JUDÍOS DEBÍAN SER REDIMIDOS PARA QUE LOS GENTILES PUDIERAN SER ADOPTADOS COMO HIJOS. El plan del Antiguo Testamento era que Dios redimiría A ISRAEL, y que ellos serían un “canal” de bendición para los gentiles. Éste era el programa que Jesús había pronunciado cuando había ordenado:
“Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado. Y he aquí, yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20)
Los doce discípulos fueron comisionados como líderes para predicar a Cristo en Israel y luego a los gentiles, ¡pero NUNCA cumplieron la última parte de su comisión de predicar a los gentiles! La mayoría de cristianos parece no darse cuenta que, luego de que Cristo resucitó de entre los muertos, Pedro continuó dirigiéndose ÚNICAMENTE a los judíos (Hechos 2:14, 22, 36, 3:12, 26), ya que para ellos sería algo inconcebible ir a predicarles a los gentiles (o tal vez simplemente no querían hacerlo), jajaja.
Inclusive, muchos afirman que después de que Jesús pronunció lo que popularmente se conoce como la “Gran Comisión” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/30/la-gran-comision/), los apóstoles fueron y proclamaron el evangelio a todos (tanto judíos como gentiles), ¡pero la Biblia nunca proporciona ninguna evidencia de esto!
Por el contrario, Lucas escribió que los Doce no tuvieron contacto con los gentiles, Y MUCHO MENOS LES PROCLAMARON EL EVANGELIO, sino que continuaron centrando su mensaje en Israel. Lucas escribió que los Doce se negaron a salir de Jerusalén, incluso bajo una gran persecución (Hechos 8.1). Más tarde, en los años que precedieron al Concilio de Jerusalén (aprox. 50-51 d.C.), TAMPOCO fueron a predicarle a los gentiles, o al menos no quedó registro en la Biblia.
Fue hasta después de este Concilio que los Doce hicieron un acuerdo formal con Pablo, probablemente para proteger a los conversos de Pablo de la intromisión de la iglesia de Jerusalén (y además para no tener que lidiar ellos con ese tema, jajaja): los Doce irían a los judíos y Pablo iría a los gentiles (Gálatas 2:7-9). Por lo tanto, NI JESÚS NI LOS DOCE TUVIERON JAMÁS UN MINISTERIO A LOS GENTILES, la prioridad siempre estuvo puesta en Israel, tal y como Nuestro Señor Jesucristo se los había indicado.
“A estos doce los envió Jesús, dándoles instrucciones diciendo: No vayan por los caminos de los gentiles ni entren en las ciudades de los samaritanos. Pero vayan, más bien, a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y cuando vayan, prediquen diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.” (Mateo 10:5-7)
No sólo el mensaje debía ser llevado “a las ovejas perdidas de la casa de Israel”, sino que dicho mensaje era en referencia a las promesas terrenales, el llamado «Reino de los Cielos» en la Tierra (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/20/y-donde-queda-el-reino-de-los-cielos/).
Regresando a la pregunta original, ES CLARO QUE CRISTO VINO, MURIÓ Y RESUCITÓ EXCLUSIVAMENTE POR LOS JUDÍOS, o para ser más específico, POR LOS HEBREOS, o sea, los descendientes de Jacob a través de todos sus doce hijos (y no únicamente los descendientes de Judá). ¡No sé ustedes, pero a mí esta revelación me dejó con la boca abierta, nunca la había visto!
¿Entonces cuándo y cómo aprendemos que Cristo murió TAMBIÉN por los gentiles y que el evangelio iba a llegar a nosotros? La pura verdad es que es sólo después de que Dios salvó (meses o años después) a Saulo de Tarso y lo comisionó como “apóstol de los gentiles” (Romanos 11:16) que aprendemos acerca del “evangelio de la Gracia” hacia los gentiles, luego de la revelación del “misterio” del endurecimiento del corazón de los judíos.
“Hermanos, para que no sean sabios en su propio parecer no quiero que ignoren este misterio: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles.” (Romanos 11:25)
Sólo después de que Dios levantó a Pablo aprendemos que la obra de Cristo NO era exclusiva para los judíos, ¡sino que a través de Pablo encontramos TAMBIÉN un mensaje de salvación para los gentiles! Este era el GRAN “MISTERIO” (o secreto) revelado a Pablo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/17/pablo-el-misterioso/).
“En otras generaciones no se dio a conocer este misterio a los hijos de los hombres, como ha sido revelado ahora a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu, a saber: que en Cristo Jesús los gentiles son coherederos, incorporados en el mismo cuerpo y copartícipes de la promesa por medio del evangelio.” (Efesios 3:5-6)
Estas verdades vinieron de Pablo, NO DE LOS DOCE, y no hay forma de negar esto a menos que queramos torcer o interpretar a voluntad lo revelado en las Escrituras. Nosotros (los gentiles) NO ESTÁBAMOS (ORIGINALMENTE) INCLUIDOS EN EL PLAN DE SALVACIÓN, aunque lo bíblicamente correcto sería decir que DIOS NO LO HABÍA TODAVÍA REVELADO.
Su Plan para nosotros comenzó con el apóstol Pablo (luego que los judíos apedrearan a Esteban), probablemente un año después de la muerte y resurrección de Cristo, según la analogía en la parábola de la “higuera estéril” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/05/22/el-simbolismo-de-la-higuera/).
“Entonces dijo esta parábola: “Cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo halló. Entonces le dijo al viñador: He aquí, ya son tres años que vengo buscando fruto en esta higuera y no lo hallo. Por tanto, córtala. ¿Por qué ha de inutilizar también la tierra?. Entonces él le respondió diciendo: Señor, déjala aún este año hasta que yo cave alrededor de ella y la abone. Si da fruto en el futuro, bien; y si no, la cortarás.” (Lucas 13:6-9)
¿Será que esta parábola tiene también una aplicación para los “últimos tiempos”? Yo personalmente creo que es muy posible, pero ese es tema para otro día. ¿Entendemos ahora LA DOBLE BENDICIÓN de la fuimos partícipes nosotros los gentiles?
¡Y todo por pura Gracia!
(Basado en parte en https://doctrine.org/for-whom-did-christ-die)
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