
“Cuando oyeron la voz del SEÑOR Dios que se paseaba por el jardín en la brisa del día, el hombre y su mujer se escondieron de la presencia del SEÑOR Dios entre los árboles del jardín. Pero el SEÑOR Dios llamó al hombre y le preguntó: ¿Dónde estás tú? Él respondió: -Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, porque estaba desnudo. Por eso me escondí.” (Génesis 3:8-10)
Cuando leemos este pasaje generalmente lo primero que se nos viene a la mente es pensar en la ridícula reacción de Adán, pero, ¿no será exactamente eso lo que hacemos cuando pecamos? Al menos yo, no sé ni dónde meterme cada vez que conscientemente peco (¡como si pudiera esconderme de Dios!), y MENOS tengo cara para abrir la Biblia luego de desobedecerle, aun sabiendo que mi salvación no depende de mis actos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).
¿Será que podemos esconder de Dios nuestras actos? ¿Bastará con ocultarnos detrás de los arbustos tal como lo hizo Adán, o tal vez escabullirnos debajo de la cama para evitar que Dios descubra nuestro pecado?
“Oh SEÑOR, tú me has examinado y conocido. Tú conoces cuando me siento y cuando me levanto; desde lejos entiendes mi pensamiento. Mi caminar y mi acostarme has considerado; todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y tú, oh SEÑOR, ya la sabes toda. Detrás y delante me rodeas, y sobre mí pones tu mano.” (Salmos 139:1-5)
Dios en Su omnisciencia y omnipresencia sabe TODO sobre nosotros: nuestros movimientos físicos, nuestras actividades, nuestras palabras, etc., ¡Él sabe hasta lo que estamos pensando hacer! No por nada el mismo Jesús afirmó que nuestras motivaciones pesan tanto como nuestras acciones:
“Ustedes han oído que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón.” (Mateo 5:27-28)
Parece insensato entonces actuar delante de Dios como lo hizo Adán, creyendo que podía esconderse de Dios. Las Escrituras nos dan muchos testimonios de personas que tomaron decisiones creyendo que Dios no los estaba mirando:
“Caín habló con su hermano Abel. Y sucedió que estando juntos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel y lo mató. Entonces el SEÑOR preguntó a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y respondió: No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?” (Genesis 4:8-9)
“Y sucedió que al atardecer David se levantó de su cama y se paseaba por la azotea del palacio, cuando vio desde la azotea a una mujer que se estaba bañando. Y la mujer era muy bella. David mandó preguntar por la mujer, y alguien le dijo: ¿No es esta Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías el heteo? David envió mensajeros y la tomó. Cuando ella vino a él, él se acostó con ella, que estaba purificándose de su impureza. Entonces ella regresó a su casa.
La mujer concibió y mandó que lo hicieran saber a David, diciendo: Yo estoy encinta. Entonces David mandó a decir a Joab: Envíame a Urías el heteo. Y Joab envió a Urías a David. Cuando Urías vino a él, David le preguntó cómo estaban Joab y el pueblo, y cómo iba la guerra. Después David dijo a Urías: Desciende a tu casa y lava tus pies. Cuando Urías salió del palacio, fue enviado tras él un obsequio de parte del rey.
Pero Urías durmió a la puerta del palacio junto con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa. E informaron de esto a David diciendo: Urías no descendió a su casa. Entonces David preguntó a Urías:
—¿No has llegado de viaje? ¿Por qué no descendiste a tu casa? Urías respondió a David:
—El arca, Israel y Judá están en cabañas, y mi señor Joab y los servidores de mi señor están acampados al aire libre. ¿Y había yo de entrar en mi casa para comer y beber y dormir con mi mujer? ¡Por tu vida y por la vida de tu alma, que no haré semejante cosa! David dijo a Urías:
—Quédate hoy también aquí, y mañana te dejaré ir.
Entonces Urías se quedó en Jerusalén aquel día y el día siguiente. David lo invitó, y Urías comió y bebió con él; y lo emborrachó. Pero al anochecer él salió a dormir en su cama con los siervos de su señor, y no descendió a su casa. Y sucedió que por la mañana David escribió una carta a Joab, y la envió por medio de Urías. Y en la carta escribió lo siguiente: Pongan a Urías en el frente más peligroso de la batalla; luego retírense de él, para que sea herido y muera.” (2 Samuel 11:2-15)
“La palabra del SEÑOR vino a Jonás hijo de Amitai diciendo: Levántate y ve a Nínive, la gran ciudad, y predica contra ella porque su maldad ha subido a mi presencia. Entonces Jonás se levantó para huir de la presencia del SEÑOR a Tarsis. Descendió a Jope y halló un barco que iba a Tarsis; y pagando su pasaje entró en él para irse con ellos a Tarsis huyendo de la presencia del SEÑOR.” (Jonás 1:1-3)
“Pero cierto hombre llamado Ananías, juntamente con Safira su mujer, vendió una posesión. Con el conocimiento de su mujer, sustrajo del precio; y llevando una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y Pedro dijo:
—Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para mentir al Espíritu Santo y sustraer del precio del campo? Reteniéndolo, ¿acaso no seguía siendo tuyo? Y una vez vendido, ¿no estaba bajo tu autoridad? ¿Por qué propusiste en tu corazón hacer esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó y expiró. Y gran temor sobrevino a todos los que lo oían. Luego se levantaron los jóvenes y le envolvieron. Y sacándole fuera, lo sepultaron. Después de un intervalo de unas tres horas, sucedió que entró su mujer, sin saber lo que había acontecido. Entonces Pedro le preguntó:
—Dime, ¿vendieron en tanto el campo? Ella dijo:
—Sí, en tanto. Y Pedro le dijo:
—¿Por qué se pusieron de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? He aquí los pies de los que han sepultado a tu marido están a la puerta, y te sacarán a ti. De inmediato, ella cayó a los pies de él y expiró. Cuando los jóvenes entraron, la hallaron muerta; la sacaron y la sepultaron junto a su marido. Y gran temor sobrevino a la iglesia entera y a todos los que oían de estas cosas.” (Hechos 5:1-11)
Entonces, ¿dónde está Dios cuando pecamos? No podemos pedirle que salga de la habitación si miramos pornografía, que se tape los oídos cada vez que tenemos conversaciones impropias, que mire a otro lado si tomamos algo que no nos pertenece, o que no le dé importancia a un mentira “piadosa”. Cuando pecamos, Dios está ahí, ¡JUNTO A NOSOTROS! Él mira nuestra perversidad, nuestra insensatez y nuestra falta de dominio propio, y Su santidad no le permite dejarlo pasar y debe traer JUICIO DE MUERTE sobre nosotros.
¿Entendemos ahora la gravedad de nuestra situación? ¿Entendemos ahora la absoluta necesidad de la muerte expiatoria de Cristo? (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/26/te-cambio-mi-santidad-por-tus-pecados/).
La falta de consciencia sobre esta realidad siempre trae una gran tristeza a mi corazón, pero al mismo tiempo un profundo agradecimiento del inmerecido regalo de Dios, que por alguna razón (que no logro comprender) me escogió “desde antes de la fundación del mundo” para ser parte de Su “Cuerpo”, librándome así del JUSTO castigo de Dios (que claramente merezco), ¡que no recibo gracias a la obra de Cristo en la cruz! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/salvados-pero-de-que/).
Entonces, ¿eres salvo y has pecado OTRA VEZ? Bienvenido al club de los pecadores, de los inútiles, de los incapaces de salvarse por sí mismos, porque Jesús mismo dijo que Él no había venido por los sanos, ¡sino por los enfermos! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/santos-perfectos/).
“Respondiendo Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico sino los que están enfermos. No he venido a llamar a justos sino a pecadores al arrepentimiento.” (Lucas 5:31-32)
Así que CUANDO PEQUEMOS, nuestra reacción no debería ser “¿adónde huiré?”, sino la del apóstol Pedro en Juan 6:68: “¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”. Es cierto que a veces se nos cae la cara de la vergüenza ante nuestro pecado, pero también debemos recordar que NADIE se salva por sus propias fuerzas, sino que un regalo inmerecido (“gracia”) producto de la fe en la obra expiatoria de Cristo en la cruz, ¡sino no sería gracia! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).
“Ustedes fueron salvos gracias a la generosidad de Dios porque tuvieron fe. No se salvaron a sí mismos, su salvación fue un regalo de Dios.” (Efesios 2:8)
(Basado en parte en https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/dios-cuando-pecamos/)
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