¿Dónde está Dios cuando pecamos?

Cuando leemos este pasaje generalmente lo primero que se nos viene a la mente es pensar en la ridícula reacción de Adán, pero, ¿no será exactamente eso lo que hacemos cuando pecamos? Al menos yo, no sé ni dónde meterme cada vez que conscientemente peco (¡como si pudiera esconderme de Dios!), y MENOS tengo cara para abrir la Biblia luego de desobedecerle, aun sabiendo que mi salvación no depende de mis actos (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).

¿Será que podemos esconder de Dios nuestras actos?  ¿Bastará con ocultarnos detrás de los arbustos tal como lo hizo Adán, o tal vez escabullirnos debajo de la cama para evitar que Dios descubra nuestro pecado?

Dios en Su omnisciencia y omnipresencia sabe TODO sobre nosotros: nuestros movimientos físicos, nuestras actividades, nuestras palabras, etc., ¡Él sabe hasta lo que estamos pensando hacer!  No por nada el mismo Jesús afirmó que nuestras motivaciones pesan tanto como nuestras acciones:

Parece insensato entonces actuar delante de Dios como lo hizo Adán, creyendo que podía esconderse de Dios.  Las Escrituras nos dan muchos testimonios de personas que tomaron decisiones creyendo que Dios no los estaba mirando:

Entonces, ¿dónde está Dios cuando pecamos? No podemos pedirle que salga de la habitación si miramos pornografía, que se tape los oídos cada vez que tenemos conversaciones impropias, que mire a otro lado si tomamos algo que no nos pertenece, o que no le dé importancia a un mentira “piadosa”. Cuando pecamos, Dios está ahí, ¡JUNTO A NOSOTROS! Él mira nuestra perversidad, nuestra insensatez y nuestra falta de dominio propio, y Su santidad no le permite dejarlo pasar y debe traer JUICIO DE MUERTE sobre nosotros.

¿Entendemos ahora la gravedad de nuestra situación? ¿Entendemos ahora la absoluta necesidad de la muerte expiatoria de Cristo? (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/26/te-cambio-mi-santidad-por-tus-pecados/).

La falta de consciencia sobre esta realidad siempre trae una gran tristeza a mi corazón, pero al mismo tiempo un profundo agradecimiento del inmerecido regalo de Dios, que por alguna razón (que no logro comprender) me escogió “desde antes de la fundación del mundo” para ser parte de Su “Cuerpo”, librándome así del JUSTO castigo de Dios (que claramente merezco), ¡que no recibo gracias a la obra de Cristo en la cruz! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/salvados-pero-de-que/).

Entonces, ¿eres salvo y has pecado OTRA VEZ? Bienvenido al club de los pecadores, de los inútiles, de los incapaces de salvarse por sí mismos, porque Jesús mismo dijo que Él no había venido por los sanos, ¡sino por los enfermos! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/23/santos-perfectos/).

Así que CUANDO PEQUEMOS, nuestra reacción no debería ser “¿adónde huiré?”, sino la del apóstol Pedro en Juan 6:68: “¿a quién iremos?  Tú tienes palabras de vida eterna”. Es cierto que a veces se nos cae la cara de la vergüenza ante nuestro pecado, pero también debemos recordar que NADIE se salva por sus propias fuerzas, sino que un regalo inmerecido (“gracia”) producto de la fe en la obra expiatoria de Cristo en la cruz, ¡sino no sería gracia! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).

(Basado en parte en https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/dios-cuando-pecamos/)


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