
Ayer veíamos cómo los cristianos debemos vivir plenamente nuestra relación con Dios para no malinterpretarla como una vida “miserable” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2024/01/13/la-miserable-vida-cristiana/), así que hoy vamos a profundizar cuales son las bendiciones prometidas para todo hijo de Dios (nacido de nuevo y sellados por el Espíritu Santo).
“Más bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio ni oído oyó, que ni han surgido en el corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman.” (1 Corintios 2:9)
Entonces, Dios ha preparado maravillosas y gloriosas bendiciones (futuras) al que ha puesto su Fe en Cristo, pero también Él nos ha dado estas maravillosas bendiciones (presentes) porque nos ama. Pablo proclamó muchas de estas bendiciones en los primeros versículos de Efesios, donde enfatizó que estas bendiciones para el creyente en Cristo son para alabanza de la gloria de la gracia de Dios. A continuación el pasaje especifico de las bendiciones:
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales. Asimismo, nos escogió en él desde antes de la fundación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó por medio de Jesucristo para adopción como hijos suyos, según el beneplácito de su voluntad, para la alabanza de la gloria de su gracia que nos dio gratuitamente en el Amado.
En él tenemos redención por medio de su sangre, el perdón de nuestras transgresiones, según las riquezas de su gracia que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría y entendimiento. Él nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, según el beneplácito que se propuso en Cristo, a manera de plan para el cumplimiento de los tiempos: que en Cristo sean reunidas bajo una cabeza todas las cosas, tanto las que están en los cielos como las que están en la tierra. En él también recibimos herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de aquel que realiza todas las cosas conforme al consejo de su voluntad, para que nosotros, que primero hemos esperado en Cristo, seamos para la alabanza de su gloria.
En él también ustedes, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído en él, fueron sellados con el Espíritu Santo que había sido prometido, quien es la garantía de nuestra herencia para la redención de lo adquirido, para la alabanza de su gloria.” (Efesios 1:3-14)
¡Qué pasaje más impresionante!, les recomiendo leerlo varias veces para poder digerir tantas promesas, porque la verdad son demasiadas. Vamos a profundizar en cada una de las bendiciones enumeradas para intentar entenderlas mejor, pero es importante comprender que son un «paquete», o sea, o se tienen todas o no se tiene ninguna. Cuando una persona cree en el evangelio (1 Corintios 15:1-4) tiene una nueva relación con Dios, ya no es un enemigo sino que ha pasado a ser un(a) hijo(a) de Dios.
Estas bendiciones, aunque reales, deben ser apropiadas por fe para que el creyente las experimente, recordemos que la Fe da la victoria en la vida cristiana. Las Escrituras declaran lo que Dios dice acerca de las posesiones presentes para aquellos que han puesto su confianza en Su Hijo, ¡así que creámoslo!
La victoria en la vida cristiana es a través de la Fe, el pasaje en Hebreos 11 declara cómo los creyentes en el pasado tuvieron victoria en sus vidas, y todo fue por Fe; ¡simplemente creyeron lo que Dios dijo! Las bendiciones enumeradas en Efesios son para aquellos que hemos puesto nuestra confianza en Cristo, a aquellos que rechazan la redención y el amor de Cristo, sólo les espera el juicio y la condenación.
Jesús vino a salvar a la humanidad, Su muerte y resurrección resolvieron el problema del pecado y la muerte, ¡ese fue todo el propósito! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/). Pero Jesús advirtió que el juicio aguardaba a aquellos que rechazan su oferta de salvación:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por él. El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3:16-18)
“Porque así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie sino que todo el juicio lo dio al Hijo para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.” (Juan 5:21-23)
Regresando al tema, para aquellos que hemos sido llamados, y por lo tanto, hemos puesto nuestra confianza en Cristo, Dios ha provisto bendiciones incomprensibles en nuestra limitada mente carnal. Somos ricos más allá de lo imaginable, pero algunas de las bendiciones especificadas son las siguientes:
- Justificación
- Redención
- Regeneración
- Filiación
- Coherederos
- Reconciliación
- Perdón
- Vida eterna
- El sello del Espíritu Santo
- Resurrección
- Justificación
Las Escrituras declaran que el creyente en Cristo está “justificado”, la justificación es un término legal en el cual el creyente en Cristo es declarado justo. Más que una declaración de “no culpable”, el creyente en Cristo es declarado “JUSTO”, Dios imputa su propia justicia a aquel que acepta la obra de Jesús en su nombre, por lo tanto, justifica al creyente en Cristo sobre la base de la Fe, NO por las obras (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/28/los-tres-pasos-de-la-salvacion/).
“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas. Esta es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen. Pues no hay distinción porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Romanos 3:21-24)
Nuevamente queda demostrado bíblicamente que la justificación es un acto de gracia de Dios, ¡es un regalo!, no se puede trabajar ni ganarlo, es gratis, cortesía del Señor Jesucristo quien pagó la cuenta por nosotros, a través de su muerte expiatoria en la cruz (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/22/por-que-tanta-terminologia-legal/).
“Justificados, pues, por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo,” (Romanos 5:1)
La justificación resulta en recuperar la paz con Dios, una bendición en la que el creyente puede descansar. Se elimina el temor y el miedo al juicio, y podemos descansar sabiendo que Dios ya no tiene NADA en contra nuestra.
“Mientras ustedes estaban muertos en los delitos y en la incircuncisión de su carne, Dios les dio vida juntamente con él, perdonándonos todos los delitos. Él anuló el acta que había contra nosotros, que por sus decretos nos era contraria, y la ha quitado de en medio al clavarla en su cruz.” (Colosenses 2:13-14)
Todo lo que Dios tenía contra nosotros fue pagado con la muerte y resurrección de Cristo. Por lo tanto, a TODO aquel que confía en la obra de Cristo para salvación eterna (y recibe el perdón eterno), ¡Dios le declara justo!
2. Redención
“Redimir” significa recomprar algo que solía pertenecer al comprador pero que por alguna razón ha perdido su posesión. Las Escrituras nos dicen que fuimos redimidos por Cristo, la imagen bíblica de la redención es la de redimirnos o rescatarnos de la esclavitud del pecado y la muerte (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/08/28/de-que-exactamente-soy-libre/).
“Él nos ha librado de la autoridad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención, el perdón de los pecados.” (Colosenses 1:13-14)
“Tengan presente que han sido rescatados de su vana manera de vivir, la cual heredaron de sus padres, no con cosas corruptibles como oro o plata sino con la sangre preciosa de Cristo como de un cordero sin mancha y sin contaminación.” (1 Pedro 1:18-19)
El “ágora” era la palabra griega para mercado, era donde se hacían negocios, en términos modernos podríamos pensar que su equivalente es la plaza central o el centro comercial, lleno de tiendas, bancos, etc., y una de las mercancías en el mercado antiguo eran los esclavos. La imagen bíblica de la palabra griega utilizada (“exagorazo”) es la de comprar esclavos o pagar el rescate para liberarlos del mercado de esclavos del pecado (ej. Gálatas 3:13, 4:5, Efesios 5:16, Colosenses 4:5, etc.).
Antes de Cristo, estábamos indefensos y sin esperanza, atrapados en el mercado de esclavos a menos que alguien pudiera comprarnos. Un esclavo no puede comprar su propia salida del mercado de esclavos, pues no tiene los medios. Pero Cristo tenía los medios, Él no estaba en el mercado de esclavos (porque no tenía pecado), y el precio de la compra fue Su propia sangre. Para sorpresa de los judíos, Jesús mismo enseñó el concepto de ser esclavos del pecado:
“Por tanto, Jesús decía a los judíos que habían creído en él: Si ustedes permanecen en mi palabra serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. Le respondieron: Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Llegarán a ser libres”? Jesús les respondió: De cierto, de cierto les digo que todo aquel que practica el pecado es esclavo del pecado. El esclavo no permanece en la casa para siempre; el Hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo los hace libres, serán verdaderamente libres.” (Juan 8:31-36)
La redención es un regalo, ¡y qué regalo! Es un acto de gracia de Dios, no se puede ganar ni trabajar por ello, sólo se puede aceptar (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/06/03/expiacion-propiciacion-redencion-y-remision/).
3. Regeneración
“Regeneración” significa un nuevo nacimiento. Todo el mundo nace una vez (físicamente), pero las Escrituras nos enseñan que necesitamos experimentar un “nuevo” nacimiento para poder tener una relación con Dios. Jesús en su conversación con Nicodemo le dijo:
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo que, a menos que nazca de nuevo, uno no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3)
Nicodemo no entendía qué era este nuevo nacimiento, por lo que Jesús profundizó en su declaración diciendo:
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo que, a menos que nazca de agua y del Espíritu, uno no puede entrar en el reino de Dios. Lo que ha nacido de la carne, carne es; y lo que ha nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: “Les es necesario nacer de nuevo”. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido pero no sabes ni de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que ha nacido del Espíritu.” (Juan 3:5-8)
¿Por qué es necesario un nuevo nacimiento? ¡Porque estábamos muertos!, así de sencillo. Entramos a este mundo espiritualmente muertos, y si no nacemos de nuevo, ¡seguiremos muertos!
“Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:22)
Pablo también explicó este concepto en Romanos 5:12-21. Cuando Adán desobedeció a Dios y pecó, todos pecamos porque Adán era el director general de la raza humana (estábamos “en Adán”), y por lo tanto, heredamos la naturaleza pecaminosa de nuestro padre Adán. Dios advirtió a Adán (Génesis 2:16-17) que el día que comiera del árbol del conocimiento del bien y del mal, “muriendo moriría”. Adán murió espiritualmente en el instante en que comió del árbol, y como resultado, su relación con Dios se rompió, la relación de alegría y paz fue reemplazada por miedo y culpa.
A nosotros nos pasa lo mismo, entramos al mundo espiritualmente muertos y eventualmente morimos físicamente, pero cuando creemos en Cristo, somos regenerados y se rompe esta “maldición”, ¡recibimos una vida espiritual nueva, y eterna!
“En cuanto a ustedes, estaban muertos en sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo conforme a la corriente de este mundo y al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia. En otro tiempo todos nosotros vivimos entre ellos en las pasiones de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de la mente; y por naturaleza éramos hijos de ira, como los demás. Pero Dios, quien es rico en misericordia, a causa de su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en delitos, nos dio vida juntamente con Cristo. ¡Por gracia son salvos!” (Efesios 2:1-5)
“Mientras ustedes estaban muertos en los delitos y en la incircuncisión de su carne, Dios les dio vida juntamente con él, perdonándonos todos los delitos.” (Colosenses 2:13)
“El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” (1 Juan 5:12)
4. Filiación
Estrechamente aliada de la “regeneración” está la doctrina de la “filiación”. Lo que quiere decir que una vez regenerado, el creyente se convierte en hijo de Dios, es así de simple.
“A lo suyo vino pero los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios, los cuales nacieron no de sangre ni de la voluntad de la carne ni de la voluntad de varón sino de Dios.” (Juan 1:11-13)
“Así que, todos son hijos de Dios por medio de la fe en Cristo Jesús porque todos los que fueron bautizados en Cristo se han revestido de Cristo.” (Gálatas 3:26-27)
“Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiera a los que estaban bajo la ley a fin de que recibiéramos la adopción de hijos. Y por cuanto son hijos, Dios envió a nuestro corazón el Espíritu de su Hijo que clama: ‘Abba, Padre’. Así que ya no eres más esclavo sino hijo; y si hijo, también eres heredero por medio de Dios.” (Gálatas 4:4-7)
Dios ha elegido a sus hijos. Ejercitamos nuestra voluntad eligiendo y creyendo, pero Dios en su sabiduría soberana y omnisciente también tomó una decisión, y tal elección proporciona seguridad al creyente en Cristo. Una vez hijo, ¡siempre hijo! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/25/la-seguridad-en-la-salvacion-eterna/). Una vez establecida, la relación de estar “en Cristo” es inquebrantable, Jesús ilustró este hecho en relación con los creyentes judíos en la parábola de la oveja y el buen pastor:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen. Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.” (Juan 10:27-28)
5. Coherederos
Jesús es el único Hijo de Dios, Él es el Dios-Hombre, verdadero Dios y verdadero Hombre. Cuando creemos en Cristo, nos convertimos en hijos adoptivo de Dios, pero además, somos coherederos de Cristo. Un día, Dios Padre resumirá todas las cosas en Cristo, Él le dará a Su Hijo todo lo que haya para dar. Pablo escribió que somos coherederos con Cristo, esta bendición está más allá de la comprensión.
“Pues no recibieron el espíritu de esclavitud para estar otra vez bajo el temor sino que recibieron el espíritu de adopción como hijos, en el cual clamamos: “¡Abba, Padre!”. El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Romanos 8:15-17)
6. Reconciliación
La “reconciliación” es la gran doctrina que declara que el distanciamiento entre Dios y el hombre ha finalizado gracias a la muerte y resurrección de Cristo. Como recipientes del regalo de la salvación (sin merecerla, y sin hacer NADA para obtenerla) nos hemos beneficiado plenamente por dicho arreglo.
“Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, cuánto más, ya reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, sino que nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, mediante quien hemos recibido ahora la reconciliación.” (Romanos 5:10-11)
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo y nos ha dado el ministerio de la reconciliación: que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus transgresiones y encomendándonos a nosotros la palabra de la reconciliación.” (2 Corintios 5:17-19)
“Y, además, él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos para que en todo él sea preeminente; por cuanto agradó al Padre que en él habitara toda plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo mismo todas las cosas, tanto sobre la tierra como en los cielos, habiendo hecho la paz mediante la sangre de su cruz.” (Colosenses 1:18-20)
7. Perdón
Dios ha perdonado TODOS los pecados del creyente en Cristo: pasados, presentes y futuros. Este no es difícil de comprender, aunque algunos cristianos quieren complicarlo, queriendo interpretarlo como que ALGO nos toca hacer a nosotros, lo cual es una vil mentira y hasta una herejía, quitándole así mérito a la obra expiatoria de Cristo.
“En él tenemos redención por medio de su sangre, el perdón de nuestras transgresiones, según las riquezas de su gracia que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría y entendimiento.” (Efesios 1:7-8)
“Él nos ha librado de la autoridad de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención, el perdón de los pecados.” (Colosenses 1:13-14)
“Mientras ustedes estaban muertos en los delitos y en la incircuncisión de su carne, Dios les dio vida juntamente con él, perdonándonos todos los delitos. Él anuló el acta que había contra nosotros, que por sus decretos nos era contraria, y la ha quitado de en medio al clavarla en su cruz.” (Colosenses 2:13-14)
El perdón de los pecados para el creyente en Cristo es un estado PRESENTE, no es algo que únicamente esperamos en el futuro. Dios YA nos ha perdonado nuestros pecados, ningún creyente en Cristo necesita seguir pidiéndole a Dios que lo perdone; ¡Él ya lo hizo! Todo lo que podemos hacer es agradecer a Dios por dicho perdón.
8. Vida eterna
Todos morimos, la muerte es el gran enemigo de la raza humana. La mayoría de la gente no desea contemplar la muerte, y todos de alguna forma nos aferramos a la vida. Esto se debe a que Dios creó al hombre para vivir en una relación eterna con Él, pero el pecado destruyó esta relación y resultó en muerte espiritual y luego muerte física. El pecado creó una barrera entre nosotros y Dios, pero cuando ponemos nuestra confianza en Cristo, Dios nos imputa su propia vida, ¡y esta vida es eterna!
Uno de los grandes temas del apóstol Juan es la vida, una característica de Juan es que expone verdades poderosas y profundas con un lenguaje sencillo, él registró estas palabras de nuestro Salvador en sus escritos:
“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado para que todo aquel que cree en él tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna.” (Juan 3:14-16)
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas cosas les he escrito a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios para que sepan que tienen vida eterna.” (1 Juan 5:11-13)
La mayoría de la gente cree que la vida eterna es algo que se obtiene o comienza con la muerte, pero la Biblia declara que la vida eterna comienza en el momento en que creemos. Juan escribió: «tenemos la vida«, ¡NO dice «tendremos la vida«! La vida eterna comienza en el momento en que uno pone su confianza en Cristo. ¿Y cuánto dura la vida eterna? Dura para SIEMPRE.
9. El sello del Espíritu Santo
Cuando ponemos nuestra confianza en Cristo, somos bautizados por el Espíritu Santo, TODO hijo(a) de Dios está “sellado” por Dios mediante Su Espíritu (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/30/estamos-seguros-de-nuestra-salvacion/):
“Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu.” (1 Corintios 12:13)
Este bautismo es un bautismo espiritual, sin relación al bautismo por agua (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/21/el-bautismo/). Dios nos identifica con Cristo y ahora somos parte de Su cuerpo, pero recordemos que esta bendición comenzó con el ministerio de Pablo (como apóstol a los gentiles) y NUNCA fue revelada a los apóstoles, y menos que se mencionaba algo al respecto en el Antiguo Testamento (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/02/la-clave-para-entender-la-biblia/).
“Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, por cuanto son hijos, Dios envió a nuestro corazón el Espíritu de su Hijo que clama: “Abba, Padre.” (Gálatas 4:4-6)
“En él también ustedes, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído en él, fueron sellados con el Espíritu Santo que había sido prometido, quien es la garantía de nuestra herencia para la redención de lo adquirido, para la alabanza de su gloria.” (Efesios 1:13-14)
El Espíritu Santo dado al creyente en Cristo es la “promesa” o “pago inicial” de Dios de su herencia (2 Corintios 1:22, 5:5). El Espíritu Santo es la GARANTÍA de Dios para nuestra bendición futura como coherederos de Cristo (Romanos 8:17).
10. Resurrección
Las Escrituras declaran que tenemos la esperanza, es decir, la expectativa de la resurrección de nuestros cuerpos. La resurrección es central para el cristianismo y el Evangelio (1 Corintios 15:1-4), sin la resurrección el cristianismo no existe, sin la resurrección no tenemos esperanza. Esperamos con ansias el día del regreso de Cristo y será en ese momento cuando recibiremos cuerpos nuevos e inmortales, estos cuerpos serán aptos para la eternidad, ya que nuestros cuerpos mortales existen sólo brevemente y son corrompidos por el pecado y eventualmente experimentan la muerte.
Arriba vimos la consecuencia de la desobediencia de Adán al mandato de Dios de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, y todos nosotros hemos sido infectados con el pecado de Adán y sufrimos la consecuencia: la muerte. ¡La resurrección es la “prueba” del cristianismo! La resurrección de Cristo fue el evento que cambió a los discípulos de Cristo. En su crucifixión huyeron, pero cuando se les apareció resucitado de entre los muertos, se convirtieron en hombres nuevos, se volvieron audaces como leones y proclamaron que Jesús era el Mesías tan esperado.
El Cristo resucitado también se apareció al apóstol Pablo, quien había sido un enemigo furioso del “Camino” (como se conocía entonces al Cristianismo), de aquellos que creían en Cristo. Pero cuando Cristo se le apareció vivo en el camino a Damasco, Dios cambió la vida de Pablo PARA SIEMPRE. A pesar de lo violento que había sido un enemigo de Cristo, se convirtió en su devoto seguidor y obediente servidor.
“Ahora bien, si Cristo es predicado como que ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo es que algunos entre ustedes dicen que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación; vana también es la fe de ustedes. Y aun somos hallados falsos testigos de Dios, porque hemos atestiguado de Dios que resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si se toma por sentado que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es inútil; todavía están en sus pecados. En tal caso, también los que han dormido en Cristo han perecido. ¡Si solo en esta vida hemos tenido esperanza en Cristo, somos los más miserables de todos los hombres!
Pero ahora, Cristo sí ha resucitado de entre los muertos, como primicias de los que durmieron. Puesto que la muerte entró por medio de un hombre, también por medio de un hombre ha venido la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Después el fin, cuando él entregue el reino al Dios y Padre, cuando ya haya anulado todo principado, autoridad y poder. Porque es necesario que él reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será destruido es la muerte.
Porque ha sujetado todas las cosas debajo de sus pies. Pero cuando dice: ‘Todas las cosas están sujetas a él’, claramente está exceptuando a aquel que le sujetó todas las cosas. Pero cuando aquel le ponga en sujeción todas las cosas, entonces el Hijo mismo también será sujeto al que le sujetó todas las cosas, para que Dios sea el todo en todos.” (1 Corintios 15:12-28)
Luego Pablo continua describiendo (en su estilo tan particular) la naturaleza y la mecánica de la resurrección de la siguiente manera:
“Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo vienen? Necio, lo que tú siembras no llega a tener vida a menos que muera. Y lo que siembras, no es el cuerpo que ha de salir, sino el mero grano, ya sea de trigo o de otra cosa. Pero Dios le da un cuerpo como quiere, a cada semilla su propio cuerpo.
No toda carne es la misma carne; sino que una es la carne de los hombres, otra la carne de los animales, otra la de las aves y otra la de los peces. También hay cuerpos celestiales y cuerpos terrenales. Pero de una clase es la gloria de los celestiales; y de otra, la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra es la gloria de la luna y otra la gloria de las estrellas; porque una estrella es diferente de otra en gloria.
Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción; se resucita en incorrupción. Se siembra en deshonra; se resucita con gloria. Se siembra en debilidad; se resucita con poder. Se siembra cuerpo natural; se resucita cuerpo espiritual. Hay cuerpo natural; también hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: el primer hombre Adán llegó a ser un alma viviente; y el postrer Adán, espíritu vivificante. Pero lo espiritual no es primero, sino lo natural; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es celestial. Como es el terrenal, así son también los terrenales; y como es el celestial, así son también los celestiales. Y así como hemos llevado la imagen del terrenal, llevaremos también la imagen del celestial. Y esto digo, hermanos, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción heredar la incorrupción.
He aquí, les digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Porque sonará la trompeta, y los muertos serán resucitados sin corrupción; y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y que esto mortal sea vestido de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se vista de incorrupción y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: ¡Sorbida es la muerte en victoria!
¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? Pues el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. Pero gracias a Dios, quien nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estén firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que su arduo trabajo en el Señor no es en vano.” (1 Corintios 15:35-58)
En verdad Dios (como escribió Pablo), nos ha bendecido con toda bendición espiritual, y Su Plan estará completo hasta que se cumpla con TODO lo previsto, incluyendo el esperado “arrebatamiento de la iglesia” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/09/el-arrebatamiento-de-la-iglesia/).
Todo lo que debemos ser y hacer ha sido provisto por Dios a través de la obra del Hijo, así que sólo nos queda decir: ¡GRACIAS SEÑOR!
(Tomado de https://doctrine.org/blessings-of-the-believer)
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