
Por alguna razón que no logro entender, es bastante común toparse con cristianos que le tienen terror a adquirir conocimiento de la Palabra de Dios, como si fuese una obra carnal y antagonista a la Fe. Personalmente yo creo que mucho tiene que ver con reglas eclesiásticas que le han impuesto sus “líderes” religiosos, o al menos esa ha sido mi experiencia (como cuando le quise regalar un libro cristiano a un amigo, que al final me lo rechazó porque “no había sido aprobado por su pastor”).
Aunque es cierto que hay una especie de conocimiento que envanece (1 Corintios 8:1), una fe sin el verdadero conocimiento de la Verdad revelada en la Biblia no vale de nada, porque al final toda la esperanza está puesta en el lugar equivocado. Ejemplos sobran: los musulmanes tienen fe, los budistas tienen fe, hasta los católicos tienen fe, pero NINGUNO de estos tienen conocimiento de la Verdad (revelada por Dios a través de Su Palabra), por lo que dicha “fe” no les sirve de mucho.
Lamentablemente esto también lo vemos en la iglesia cristiana, donde millones de personas han caído en el engaño de falsos pastores y lobos con piel de oveja (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/08/19/el-estado-actual-de-la-iglesia-cristiana/), pero al no tener “conocimiento” de la Verdad, ni siquiera se logran dar cuenta que están siendo engañados, a pesar que la Biblia está llena de advertencias al respecto.
“Su divino poder nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad por medio del conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y excelencia. Mediante ellas nos han sido dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas ustedes sean hechos participantes de la naturaleza divina después de haber huido de la corrupción que hay en el mundo debido a las bajas pasiones. Y por esto mismo, poniendo todo empeño, añadan a su fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, perseverancia, a la perseverancia, devoción; a la devoción, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque cuando estas cosas están en ustedes y abundan, no los dejarán estar ociosos ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pues el que no tiene estas cosas es ciego y tiene la vista corta, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados.” (2 Pedro 1:3-9)
“Así que ustedes, oh amados, sabiendo esto de antemano, guárdense; no sea que, siendo desviados por el engaño de los malvados, caigan de su firmeza. Más bien, crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.” (2 Pedro 3:17-18)
Obviamente Dios es soberano sobre tu creación, y esta falta de conocimiento de los hombres no le será impedimento para salvar a quienes así Él determinó “desde antes de la fundación del mundo” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/29/la-predestinacion/). Sin embargo, la falta de conocimiento llevará a muchos cristianos a permanecer “ociosos y estériles” durante su vida, sobre todo porque no aman ni les interesa mucho buscar la verdad (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/11/amamos-la-verdad/), por lo tanto no tienen discernimiento (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/08/29/la-importancia-del-discernimiento/) y muchas veces ni siquiera entienden el maravilloso plan de salvación durante la “dispensación de la Gracia” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).
Al final de cuentas, la fe y el conocimiento son dos caras de una misma moneda: una debe ir ligada a la otra. Dicho de otra forma: si no tengo conocimiento de la Verdad, ¿en qué baso mi fe? El mayor problema de esta falta de “conocimiento de la Verdad” se manifiesta en la inmensa cantidad de denominaciones cristianas (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/30/de-1-a-45-000-en-2000-anos/), y ni qué decir de las religiones basadas en “obras” (prácticamente todas).
Dichosamente Dios levantó a Pablo como el “apóstol de los gentiles” para ayudarnos con todos estos temas, el cual escribió mucho al respecto de la importancia de “saber” (o “conocer”) estas cosas, en especial en su carta a la iglesia primitiva de Roma:
“Y sabemos que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto ha sido justificado del pecado. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, para el pecado murió una vez por todas; pero en cuanto vive, vive para Dios. Así también ustedes, consideren que están muertos para el pecado pero que están vivos para Dios en Cristo Jesús.” (Romanos 3:19-30)
“Y sabemos que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto ha sido justificado del pecado. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, para el pecado murió una vez por todas; pero en cuanto vive, vive para Dios. Así también ustedes, consideren que están muertos para el pecado pero que están vivos para Dios en Cristo Jesús.” (Romanos 6:6-11)
“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es, a los que son llamados conforme a su propósito. Sabemos que a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.
¿Qué, pues, diremos frente a estas cosas? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no eximió ni a su propio Hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? El que justifica es Dios. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, es el que también resucitó; quien, además, está a la diestra de Dios, y quien también intercede por nosotros.
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligros, o espada? Como está escrito: Por tu causa somos muertos todo el tiempo; fuimos estimados como ovejas para el matadero. Más bien, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte ni la vida ni ángeles ni principados ni lo presente ni lo porvenir ni poderes ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Romanos 8:28-39)
Como podemos ver, dicho “conocimiento” nos sirve además para entender que, aun cuando somos salvos y justificados de todo castigo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/28/los-tres-pasos-de-la-salvacion/), la salvación del pecado no significa que estemos exentos de las tribulaciones de la vida terrenal. Esto es tremendamente importante saberlo, de lo contrario podríamos malinterpretarlo, llevándonos inclusive a dudar sobre nuestra propia salvación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/25/la-seguridad-en-la-salvacion-eterna/).
Sin este “conocimiento”, es posible que vivamos un cristianismo triste y deprimente, no daremos buenos frutos para Dios, y probablemente seremos malos embajadores de Cristo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/19/embajador-yo/). Es gracias a este “conocimiento” que sabemos que ya TODO fue hecho, y que podemos descansar en la obra redentora de Cristo en la cruz, y que nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/07/el-libro-de-la-vida/), a pesar que no hay NADA bueno en nosotros y que NUNCA lograremos llegar al estándar de Dios.
“Yo sé que en mí —a saber, en mi carne— no mora el bien. Porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero sino, al contrario, el mal que no quiero, eso practico. Y si hago lo que yo no quiero, ya no lo llevo a cabo yo sino el pecado que mora en mí. Por lo tanto, hallo esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está presente en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo en mis miembros una ley diferente que combate contra la ley de mi mente y me encadena con la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Doy gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor! Así que yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios; pero con la carne, a la ley del pecado.” (Romanos 7:18-25)
Por lo tanto, el conocimiento que acompaña a la fe no solamente tiene un propósito DOCTRINAL, ¡sino además en un sentido PRÁCTICO! Veamos cómo le explicó el tema a la iglesia de Filipos:
“Solamente procuren que su conducta como ciudadanos sea digna del evangelio de Cristo, de manera que, sea que yo vaya a verlos o que esté ausente, oiga acerca de ustedes que están firmes en un mismo espíritu, combatiendo juntos y unánimes por la fe del evangelio, y no siendo intimidados de ninguna manera por los adversarios. Para ellos esta fe es indicio de perdición, pero para ustedes es indicio de salvación; y esto procede de Dios. Porque se les ha concedido a ustedes, a causa de Cristo, no solamente el privilegio de creer en él sino también el de sufrir por su causa.” (Filipenses 1:27-29)
A través de todo su ministerio Pablo fue capaz de apelar siempre a “su manera de vivir” como un ejemplo vivo de la doctrina que enseñaba y profesaba (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/21/imitemos-a-pablo/), pero es realmente en esta carta donde expone TODO el propósito de dicho “conocimiento”:
“Pero las cosas que para mí eran ganancia las he considerado pérdida a causa de Cristo. Y aún más: Considero como pérdida todas las cosas, en comparación con lo incomparable que es conocer a Cristo Jesús mi Señor. Por su causa lo he perdido todo y lo tengo por basura a fin de ganar a Cristo y ser hallado en él; sin pretender una justicia mía, derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo; la justicia que proviene de Dios por la fe. Anhelo conocerlo a él y el poder de su resurrección, y participar en sus padecimientos, para ser semejante a él en su muerte; y de alguna manera, me encontraré en la resurrección de los muertos.
No quiero decir que ya lo haya alcanzado ni que haya llegado a la perfección, sino que prosigo a ver si alcanzo aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado. Pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está por delante, prosigo a la meta hacia el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:7-14)
Aquí tenemos algo que va mucho más allá de la mera salvación por el pecado (y el consecuente regalo de la vida eterna); aquí tenemos algo hacia lo cual el apóstol “perseveraba”, queriendo con ello lograr un premio o recompensa (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/25/esta-mal-trabajar-por-las-recompensas/). En Romanos 6:6 hay una “conformidad” a la muerte de Cristo que ya se ha cumplido por Gracia, sin esfuerzo alguno de nuestra parte; una conformidad que reside a la raíz de nuestra simple aceptación.
Sin embargo, en Filipenses 3:10 hay ahora una voluntaria asociación con dicha muerte, la cual resulta y es consecuencia de un pleno conocimiento del Señor, y el poder de Su resurrección. Pero es al final de su carta que Pablo da su golpe de gracia (de hecho es el único versículo que yo he logrado aprenderme en mi vida, y cada vez me convenzo que ni siquiera eso fue casualidad, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/06/06/sera-cierto-que-debo-memorizar-la-biblia/).
“Sé vivir en la pobreza, y sé vivir en la abundancia. En todo lugar y en todas las circunstancias he aprendido el secreto de hacer frente tanto a la hartura como al hambre, tanto a la abundancia como a la necesidad. ¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!” (Filipenses 4:12-13)
ESTE es el “conocimiento” que necesitamos en nuestra vida cristiana, el complemente perfecto de la Fe (que recordemos es parte del fruto del Espíritu Santo, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/03/01/el-fruto-y-los-dones-del-espiritu-santo/). Pablo tenía una meta clara, pero encontró toda su fuerza en Cristo para alcanzar TODAS las cosas, y así, en su fe EN CRISTO, fue guiado hasta el pleno “conocimiento” DE CRISTO, ¡es un “combo”!
La pregunta del millón entonces es: ¿estamos nosotros “poniendo todo empeño” para adquirir también este “conocimiento”?
(Basado en parte en https://bibleunderstanding.com/estudios-biblicos/)
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