
Una de las cosas que más les sorprende a muchos hermanos cristianos es cuando les explico que, según lo que enseña la Biblia, los “gentiles” (nosotros lo “no judíos”) NO estábamos en el Plan original de Dios, sino que fuimos incluidos hasta tiempo después de la resurrección de Cristo, ¡cuando Dios levantó a Pablo como el “apóstol de los gentiles”! (ver entrada https://ofertaportiempolimitadoorg.wordpress.com/2023/09/13/por-quien-vino-murio-y-resucito-cristo/).
Precisamente de esto hablábamos la semana pasada en el artículo sobre el llamado “evangelio de Pablo” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2025/03/21/el-evangelio-de-pablo/), el cual difería TANTO de todo lo enseñado hasta ese momento que el mismo Pablo lo llamaba MI EVANGELIO, no por arrogancia, sino porque efectivamente era DI-FE-REN-TE a todo lo enseñado hasta ese momento, ¡inclusive por el mismo Jesús! Este tema es tan importante que quería reforzarlo nuevamente hoy con lo sucedido en el Libro de Hechos, un libro de transición donde se relata el cambio dispensacional del “evangelio del Reino” dirigido a Israel al “evangelio de la Gracia” dirigido a la iglesia cristiana (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/09/05/el-dispensacionalismo/).
El libro empieza como una continuación de los días posteriores a la resurrección de Cristo, cuando todavía TODO el Plan de Dios se refería exclusivamente al pueblo hebreo, y los gentiles no figurábamos por ningún lado. Es hasta un tiempo después (probablemente un año) que Nuestro Señor levanta al “apóstol de los gentiles” y le revela el GRAN MISTERIO (que había permanecido oculto hasta ese momento) que todo cambia: los gentiles no sólo seríamos “injertados” en el Plan eterno de Dios, sino que además tendríamos un propósito específico y totalmente diferente al de Israel (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/19/dos-promesas-una-para-israel-y-otra-para-la-iglesia/).
“Había cierto discípulo en Damasco llamado Ananías, y el Señor le dijo en visión: Ananías. Él respondió: Heme aquí, Señor. El Señor le dijo: Levántate, ve a la calle que se llama La Derecha y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo de Tarso; porque he aquí él está orando, y en una visión ha visto a un hombre llamado Ananías que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.
Entonces Ananías respondió: Señor, he oído a muchos hablar acerca de este hombre, y de cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén. Aun aquí tiene autoridad de parte de los principales sacerdotes para tomar presos a todos los que invocan tu nombre. Y le dijo el Señor: Ve, porque este hombre me es un instrumento escogido para llevar mi nombre ante los gentiles, los reyes y los hijos de Israel.” (Hechos 9:10-15)
Interesantemente, en el último renglón del anterior pasaje, el Señor varía el orden establecido en la “gran comisión” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/30/la-gran-comision/), ¡pues ahora los recibidores de las “buenas noticias” serían primero los gentiles, luego los reyes y finalmente los hijos de Israel! (exactamente el orden opuesto a la directriz de Cristo a los apóstoles en Hechos 1:8). ¿Vemos la diferencia entre ambas dispensaciones?
Tal vez para nosotros esto no tenga un gran impacto, pero tratemos de ubicarnos en tiempo y espacio. Hasta ese momento Jehová el Señor era el Dios DE ISRAEL (¡y de nadie más!), pues no sólo era un tema exclusivo a los descendientes de Jacob (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/las-12-tribus-de-israel/), sino que además conllevaba todo un marco legal (Ley Mosaica), un pacto matrimonial (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/el-matrimonio-de-dios-y-su-relacion-con-la-ley/), ¡y por supuesto una herencia futura! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/la-tierra-prometida/), de ahí que los hebreos no hacían mucho evangelismo. 😉
Entendamos que en ese tiempo los gentiles podían ir a la sinagoga, pero NO podían sentarse con la congregación y menos tener parte en el servicio a Dios. A lo sumo (y sólo si se sometían a la autoridad judía), podían ser participantes PASIVOS, pero obviamente no podían participar activamente, pues el servicio al Dios de las Escrituras pertenecía ÚNICAMENTE a los hebreos. Como luego lo explicaría Pablo a la iglesia de Éfeso, los gentiles estábamos “sin esperanza y sin Dios”, separados por un “muro de separación” infranqueable por el hombre.
“Por tanto, acuérdense de que en otro tiempo ustedes, los gentiles en la carne, eran llamados incircuncisión por los de la llamada circuncisión que es hecha con mano en la carne. Y acuérdense de que en aquel tiempo estaban sin Cristo, apartados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, estando sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús ustedes, que en otro tiempo estaban lejos han sido acercados por la sangre de Cristo.
Porque él es nuestra paz, quien de ambos nos hizo uno. Él derribó en su carne la barrera de división, es decir, la hostilidad, y abolió la ley de los mandamientos formulados en ordenanzas para crear en sí mismo de los dos hombres un solo hombre nuevo, haciendo así la paz. También reconcilió con Dios a ambos en un solo cuerpo por medio de la cruz, dando muerte en ella a la enemistad. Y vino y anunció las buenas nuevas: paz para ustedes que estaban lejos y paz para los que estaban cerca, ya que por medio de él ambos tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu.” (Efesios 2:11-18)
Para los judíos, el hecho de incluir a los gentiles (sin la intermediación de Israel) era una verdadera REVOLUCIÓN a todos los pactos anteriores entre ellos y Dios (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/17/los-pactos-de-dios-con-el-hombre/). Sinceramente era algo impensable y hasta ridículo para ellos, razón por la cual Dios tuvo que primero utilizar a Pedro en el pasaje de la conversión de Cornelio (un gentil), en el que el Señor prácticamente tuvo que OBLIGAR al famoso apóstol para que fuera el intermediario del Espíritu Santo, de manera que tiempo después le diera credibilidad al “evangelio de Pablo” dirigido a los gentiles.
Vale la pena leer todo el pasaje de la visita de Pedro a la casa de Cornelio en Hechos 10 (que como nota aparte, es gracioso ver claramente una de tantas mentiras del “santo” apóstol Pedro, o sea, ¡igualito a cualquiera de nosotros!).
“Y le vino una voz: Levántate, Pedro; mata y come. Entonces Pedro dijo: ¡De ninguna manera, Señor! Porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. La voz volvió a él por segunda vez: Lo que Dios ha purificado, no lo tengas tú por común. Esto ocurrió tres veces, y de repente el objeto fue elevado al cielo.” (Hechos 10:13-16)
“Ustedes saben cuán indebido (abominable) le es a un hombre judío juntarse o acercarse a un extranjero (gentil), pero Dios me ha mostrado que a ningún hombre llame común o inmundo. Por esto, al ser llamado, vine sin poner objeciones.” (Hechos 10:28-29a)
“Mientras Pedro todavía hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían la palabra. Y los creyentes de la circuncisión que habían venido con Pedro quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo fue derramado también sobre los gentiles; pues les oían hablar en lenguas y glorificar a Dios.” (Hechos 10:44-46)
“Cuando comencé a hablar, el Espíritu Santo cayó sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acordé del dicho del Señor, cuando decía: Juan ciertamente bautizó en agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo. Así que, si Dios les dio el mismo don también a ellos, como a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder resistir a Dios? Al oír estas cosas, se calmaron y glorificaron a Dios diciendo: ¡Así que también a los gentiles Dios ha dado arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:15-18)
Años después, Pablo les explicaría el tema a la iglesia de Roma, utilizando la famosa analogía del olivo injertado.
“Y si algunas de las ramas fueron desgajadas y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado entre ellas y has sido hecho copartícipe de la raíz —es decir, de la abundante savia del olivo— no te jactes contra las demás ramas. Pero aunque te jactes en contra de ellas, no eres tú quien sustentas a la raíz sino la raíz a ti. Entonces dirás: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. Está bien; por su incredulidad fueron desgajadas.
Pero tú por tu fe estás firme. No te ensoberbezcas sino teme; porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Considera, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad ciertamente para con los que cayeron; pero la bondad para contigo, si permaneces en su bondad. De otra manera, tú también serás cortado. Y ellos también, si no permanecen en incredulidad, serán injertados; porque Dios es poderoso para injertarlos de nuevo. Pues si tú fuiste cortado del olivo silvestre y, contra la naturaleza, fuiste injertado en el buen olivo, ¡cuánto más estos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo!” (Romanos 11:17-24)
Pero como lo he dicho en incontables ocasiones, para rematar ahora los gentiles no sólo seríamos partícipes del plan de Dios, sino que lo haríamos por pura Gracia, es decir, sin necesidad de ser descendientes de Jacob, ni cumplir la Ley, ni estar circuncidados, ¡ni nada de los requisitos para Israel! Ahora los gentiles podríamos participar de todas las bendiciones de Dios SÓLO POR FE, ¡pues ya Cristo hizo TODO por nosotros! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).
Obviamente esto causó un gran descontento entre los judíos que tenían que guardar toda la Ley (mandamientos, fiestas, sacrificios, etc.) puesto que ahora los gentiles podían tener acceso a las bendiciones “de Israel” (aunque en realidad eran de Dios), ¡pero sin trabajar por ellas! Tanto fue el alboroto, que tuvieron que realizar una asamblea general (el “Concilio en Jerusalén”) para ponerse de acuerdo en la posición “oficial” (aunque yo personalmente creo que estaban tratando de poner trabas y excusas para ver si lograban separarlos nuevamente, jajaja).
En el tal concilio, los legalistas trataron de hacer lo suyo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/29/el-peligro-del-legalismo/), pero el Espíritu Santo movió a Pedro para que le narrara a la congregación todo el episodio de la conversión de Cornelio (de paso volviendo a meterles otra mentirilla más, diciéndoles que Dios lo había escogido para llevar el evangelio a los gentiles), y entonces todo quedó claro.
“Una vez llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y por los apóstoles y por los ancianos, y les contaron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos que habían creído se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos y mandarles que guarden la ley de Moisés.” (Hechos 15:4-5)
Como se produjo una grande contienda, se levantó Pedro y les dijo: Hermanos, ustedes saben que, desde los primeros días, Dios escogió entre ustedes que los gentiles oyeran por mi boca la palabra del evangelio y creyeran. Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio a favor de ellos al darles el Espíritu Santo igual que a nosotros, y no hizo ninguna diferencia entre nosotros y ellos, ya que purificó por la fe sus corazones. Ahora pues, ¿por qué ponen a prueba a Dios, colocando sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Más bien, nosotros creemos que somos salvos por la gracia del Señor Jesús, del mismo modo que ellos.” (Hechos 15:7-11)
“Porque ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponerles ninguna carga más que estas cosas necesarias: que se abstengan de cosas sacrificadas a los ídolos, de sangre, de lo estrangulado y de inmoralidad sexual. Si se guardan de tales cosas, harán bien. Que les vaya bien.” (Hechos 15:28-29)
Al final de toda la discusión, las autoridades eclesiásticas (todavía enteramente judías) tuvieron que ceder y aceptar la voluntad de Dios: ahora los gentiles participarían de TODAS las bendiciones, pero por Gracia puramente (sin necesidad de cumplir la Ley Mosaica), aunque no pudieron evitar ponerles algunas reglas (más para no ofender a los hermanos judíos). Sin embargo, siendo justo, debo aceptar que aclararon que “si se guardan de tales cosas, HARÁN BIEN” (y NO que morirían o que les caería alguna maldición divina, ¡como sí hubiese sido el caso bajo la Ley Mosaica!).
Es después del Concilio de Jerusalén que verdaderamente toma fuerza el ministerio de Pablo como “apóstol de los gentiles” y primer miembro del “Cuerpo de Cristo” (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/12/23/era-pablo-el-peor-de-los-pecadores/). La validación por parte de la iglesia primitiva y probablemente de los Doce apóstoles originales (obviamente incluyendo a Matías en sustitución de Judas Iscariote, ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/05/11/los-doce-apostoles-solo-artistas/) fue de suma importancia para la expansión del “evangelio de la Gracia” por todo el mundo gentil, ya que luego del capítulo 15 del Libro de Hechos podemos ver la cantidad de lugares de la zona mediterránea que Pablo visitó y evangelizó, por supuesto complementado luego por todo lo expresado en las cartas paulinas.
En el fondo, la importancia del Libro de Hechos es que nos presenta una ventana a cómo los apóstoles aprendieron a poner en práctica lo enseñado por Nuestro Señor Jesucristo luego de Su partida, pero sobre todo el reto que presentaba para la iglesia primitiva el cambio dispensacional revelado a través de Pablo, sobre la inclusión de nosotros los gentiles en el maravilloso plan eterno de Dios. Por lo tanto, gocémonos, y sobre todo, VIVAMOS AGRADECIDOS de haber sido “injertados en el buen olivo”, ¡pero sin haber tenido que hacer nada para lograrlo! (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/20/sean-agradecidos-pero-de-que/).
(Basado en parte en https://artlicursi.com/articles/status-gentiles-during-acts)
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