La naturaleza del hombre

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza, y tenga dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo, el ganado, y en toda la tierra, y sobre todo animal que se desplaza sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó.” (Génesis 1:26-27)

Dios creó al hombre a Su propia imagen, esto hizo al Hombre único entre todas las creaciones de Dios. Esto no se dice de los ángeles, y mucho menos de cualquier otra criatura de Dios. ¡Somos especiales y únicos en todo el universo!

Por lo tanto, Dios creó al hombre como un ser “trino”, compuesto de cuerpo, alma y espíritu (1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 4:12).  Dios le dio al hombre un cuerpo con cinco sentidos: gusto, tacto, vista, olfato y oído para percibir y disfrutar el mundo exterior. Dios le dio al hombre un alma compuesta de mente, voluntad y emoción.  A través de la mente el hombre puede razonar, a través de la voluntad puede elegir y con la emoción puede apreciar las percepciones de su mente y sus sentidos.

Por último, Dios le dio al hombre un espíritu humano a través del cual podía comunicarse con Dios y apreciarlo.

Dios colocó al hombre en un ambiente perfecto, toda la tierra pertenecía al hombre y estaba a su disposición, a excepción del fruto de un árbol.  Dios advirtió a Adán de las consecuencias de la desobediencia:

“Y el SEÑOR Dios mandó al hombre diciendo: Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás.” (Génesis 2:16-17)

Lamentablemente Adán falló la prueba, la muerte física no se produjo cuando se comió del árbol de la ciencia del bien y del mal, sino que fue la muerte espiritual la que se produjo de inmediato. En el hebreo original, la frase “ciertamente morirás” en realidad significa literalmente “muriendo, morirás”, el espíritu de Adán murió en el instante en que comió, sin embargo su cuerpo vivió 930 años (Génesis 5:5).

Una construcción similar se encuentra en Números 26:65, Dios le dijo a la generación de judíos que rescató de Egipto que morirían en el desierto porque se negaron a confiar en que Él tomaría posesión de la tierra que le había prometido a Abraham.  No murieron tan pronto como Dios pronunció estas palabras; sino que murieron en un curso de 40 años.

PECAMOS PORQUE SOMOS PECADORES, esa es nuestra naturaleza como resultado de la desobediencia de Adán, así como un buen árbol produce buenos frutos, un pecador sólo puede producir pecados. Nuestra naturaleza no puede ser cambiada a través del esfuerzo moral, no tenemos esta capacidad. El apóstol Pablo nos proporciona casi toda nuestra doctrina sobre lo que sucedió como resultado de la desobediencia de Adán, sus escritos nos dan una idea de la condición humana y por qué las cosas nos salen mal continuamente.

“Por esta razón, así como el pecado entró en el mundo por medio de un solo hombre, y la muerte por medio del pecado, así también la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Antes de la ley, el pecado estaba en el mundo pero, como no había ley, el pecado no era tenido en cuenta.  No obstante, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no pecaron con una ofensa semejante a la de Adán, quien es figura del que había de venir.”  (Romanos 5:12-14)

Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:22)

La caída de Adán no sólo le afectó a él mismo (en cuerpo, alma y espíritu), sino a TODA la raza humana, el alma se arruinó y se convirtió en una naturaleza pecaminosa (Romanos 7:18-21). Pablo describió nuestra naturaleza caída como “nuestro viejo hombre” y un “cuerpo de pecado” (Romanos 6:6), el término “pecado” de Pablo en estos pasajes se entiende mejor como “naturaleza pecaminosa”, y su término “carne” es sinónimo de esta vieja naturaleza (Romanos 7:14, 25; Gálatas 5:16-17), como lo es “miembros del propio cuerpo” en Romanos 6:13, 19, 7:5, 23).

Nuestra “vieja naturaleza ” nos mantuvo en esclavitud al pecado (Romanos 6:6, 17, 19-20, 7:14; Gálatas 5:1) reinó sobre nosotros (Romanos 6:12), y tuvo dominio sobre nosotros (Romanos 6:14), nuestra vieja naturaleza (o carne) es incapaz de obedecer a Dios o agradarle (Romanos 8:7-8). De hecho, cuando se enfrenta a la Ley que Dios le dio a Israel para mostrarles el bien y el mal, la vieja naturaleza se rebela contra ella. Así, en la práctica, la Ley aumenta el pecado (Romanos 7:7-10). Si bien no tenemos la capacidad de cambiar nuestra naturaleza mediante nuestros esfuerzos morales, Dios sí puede hacerlo.  En Su Soberanía, Dios puede cambiar inclusive nuestro DESEO de cambiar, Él puede hacernos nuevos con una nueva naturaleza, ¡no un simple remiendo!

Pablo enseñó que cuando uno cree en su evangelio (Romanos 2:15, 16:25, 1 Corintios 15:1-4), una persona es SALVA (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/02/06/salvacion-por-gracia-solamente/).  La salvación es inmediata, continua y futura, los teólogos usan los términos justificación, santificación y glorificación para describir este paquete de salvación (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/28/los-tres-pasos-de-la-salvacion/).

Paquete de salvación de Dios
JustificaciónInmediata (cuando uno cree)
SantificaciónContinua (vida terrenal)
GlorificaciónFutura (vida celestial)

Cuando una persona cree en el “evangelio de la Gracia” se convierte en parte del “Cuerpo de Cristo” y Dios le da vida eterna (Romanos 5:21, 6:22-23; 2 Tesalonicenses 2:16; 1 Timoteo 1:16; Tito 1:2, 3:7).  Cuando uno cree en el evangelio, su espíritu humano (muerto a causa de la caída de Adán), es revivido. Además, en ese momento, Dios también nos habita con su propio Espíritu, Él viene a morar en nosotros para siempre EN nosotros (Efesios 1:13-14; Romanos 8:9, 15-16; 1 Corintios 3:16), el Espíritu Santo es la “prenda” de Dios o el “pago inicial” por nosotros (2 Corintios 1:22; Efesios 1:14) como una promesa de bendición futura.

Pablo usó la misma palabra que se usaba para “dinero en arras”, o lo que hoy llamaríamos “señal de trato”. Todas estas son excelentes noticias, lamentablemente todavía conservamos nuestra vieja naturaleza, todavía existe y se rebela contra Dios constantemente, por eso los cristianos pecamos.  Pablo describió esta condición en su carta a los Gálatas:

“Digo, pues: Anden en el Espíritu, y así jamás satisfarán los malos deseos de la carne. Porque la carne desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu lo que es contrario a la carne.  Ambos se oponen mutuamente para que no hagan lo que quisieran.  Pero si son guiados por el Espíritu, no están bajo la ley.

Ahora bien, las obras de la carne son evidentes. Estas son: inmoralidad sexual, impureza, desenfreno, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, ira, contiendas, disensiones, partidismos, envidia, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas, de las cuales les advierto, como ya lo hice antes, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios. Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.  Contra tales cosas no hay ley porque los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. (Gálatas 5:16-24)

Pablo describió su propia experiencia de estas dos naturalezas en su carta a los Romanos:

“Porque sabemos que la ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido a la sujeción del pecado. Porque lo que hago no lo entiendo, pues no practico lo que quiero; al contrario, lo que aborrezco, eso hago. Y ya que hago lo que no quiero, concuerdo con que la ley es buena.  De manera que ya no soy yo el que lo hace sino el pecado que mora en mí.

Yo sé que en mí —a saber, en mi carne— no mora el bien.  Porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero sino, al contrario, el mal que no quiero, eso practico. Y si hago lo que yo no quiero, ya no lo llevo a cabo yo sino el pecado que mora en mí. Por lo tanto, hallo esta ley: Aunque quiero hacer el bien, el mal está presente en mí.  Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo en mis miembros una ley diferente que combate contra la ley de mi mente y me encadena con la ley del pecado que está en mis miembros.

¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?  ¡Doy gracias a Dios por medio de Jesucristo nuestro Señor!  Así que yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios; pero con la carne, a la ley del pecado.” (Romanos 7:14-25)

Pablo escribió cómo lograr la victoria en la vida cristiana:

“Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8:2)

El camino a la victoria durante el proceso de santificación de Dios es de la misma manera que tenemos la victoria en la justificación: ¡POR LA FE!

Digo, pues: Anden en el Espíritu, y así jamás satisfarán los malos deseos de la carne. Porque la carne desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu lo que es contrario a la carne.  Ambos se oponen mutuamente para que no hagan lo que quisieran.  Pero si son guiados por el Espíritu, no están bajo la ley.” (Gálatas 5:16-18)

“…porque los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Ahora que vivimos en el Espíritu, andemos en el Espíritu.”  (Gálatas 5:24)

¿Cómo se “crucifica la carne”? ¡POR LA FE!  Pablo le escribió a la iglesia de Roma:

“Así también ustedes, consideren que están muertos para el pecado pero que están vivos para Dios en Cristo Jesús.  No reine, pues, el pecado en su cuerpo mortal de modo que obedezcan a sus malos deseos. Ni tampoco presenten sus miembros al pecado como instrumentos de injusticia sino, más bien, preséntense a Dios como vivos de entre los muertos, y sus miembros a Dios como instrumentos de justicia.  Porque el pecado no se enseñoreará de ustedes, ya que no están bajo la ley sino bajo la gracia.” (Romanos 6:11-14)

Por la fe uno se “considera” muerto al pecado, esta es la forma en que podemos experimentar la victoria en la vida cristiana.  En este mismo pasaje Pablo enseñó que cuando Cristo murió, nosotros morimos en virtud del hecho de que los creyentes están “en Cristo” y han sido identificados por Dios en la muerte de Cristo.  Ser identificado con Cristo en Su muerte significa que Dios también ha identificado al creyente en la resurrección de Cristo.

Porque así como hemos sido identificados con él en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la semejanza de su resurrección. Y sabemos que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido a fin de que ya no seamos esclavos del pecado; porque el que ha muerto ha sido justificado del pecado.” (Romanos 6:5-7)

La Biblia proporciona poca información sobre cómo será la vida del creyente mientras espera la resurrección (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/04/26/que-pasa-cuando-morimos/), aunque sabemos que el alma y el espíritu no se unirán con el cuerpo resucitado hasta que el “Cuerpo de Cristo” (la iglesia) esté completo (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2022/11/18/la-plenitud-de-los-gentiles/), y cuando esto suceda Dios resucitará a todos los miembros del “cuerpo”, en el evento que se conoce como el “Arrebatamiento” o “Rapto” de la iglesia (ver entrada https://ofertaportiempolimitado.org/2023/01/09/el-arrebatamiento-de-la-iglesia/), al que Pablo lo llamó nuestra “esperanza bienaventurada”:

“Porque la gracia salvadora de Dios se ha manifestado a todos los hombres enseñándonos a vivir de manera prudente, justa y piadosa en la edad presente, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, aguardando la esperanza bienaventurada, la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí mismo un pueblo propio, celoso de buenas obras.” (Tito 2:11-14)

En conclusión, a pesar del gran fracaso de Adán y Eva, aquellos que hemos puesto nuestra confianza en el Señor Jesucristo tenemos esperanza, pero no existe esperanza para el hombre fuera de Cristo.  Los que hemos creído en el evangelio de Pablo (1 Corintios 15:1-4) tenemos vida eterna, y la esperanza de resurrección y libertad del pecado. Los creyentes compartiremos la herencia de Cristo como CO-HEREDEROS (Romanos 8:17), ¡y lo que Dios ha preparado para nosotros es incomprensible!

“Más bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio ni oído oyó, que ni han surgido en el corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman.” (1 Corintios 2.9)

(Basado en parte en https://doctrine.org/nature-of-man)


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2 comentarios en “La naturaleza del hombre

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Entiendo el proposito de tu predicacion, y estoy de acuerdo con la mayoria del contenido. Pero hay algo que ha quedado por fuera y este aporte que te escribo es con el fin de aclarar algunas cosas. Es cierto lo que dice Genesis 1-26-27 sobre el hombre creado por Dios a su semejanza. Y esto ha sido utilizado por muchas doctrinas incorrectas para afirmar que todos los seres humanos somos semejantes a Dios y de aqui se ha derivado una doctrina impulsada por los catolicos y otras religiones que dicen ser cristianas. Sera que pocos leen detenidamente la palabra de Dios, Genesis 5 1 Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. 2 Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados. Esto es consecuente con lo dicho por Dios en Genesis 1. Pero inmediatamente Dios dice en Genesis 5 3 Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Es decir durante 4000 años todos lo seres humanos no eran semejantes a Dios, eran semejantes a Adán, pero no al Adán que Dios creo sino al Adán hijo del pecado. Cuando Cristo vino al mundo, el segundo Adán, era semejante a Dios y no semejante a Adán, es de la simiente de Dios, no de la simiente de Adán, por eso Jose no podia intervenir en su concepcion, el hecho de si ser hijo de mujer, es que Jesus requiere de la naturaleza humana para ser totalmente hombre, y como en durante el juicio de Dios, despues del pecado de Adán, declara la participacion de la mujer en la concepcion de Jesus, veamos la sentencia emitida contra la serpiente y la mujer, Genesis 3 15 Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le morderás el talón». La simiente que le aplasta la cabeza a la serpiente es Jesus hijo de Maria. Despues del la resurreccion de Cristo entonces los hombres que han nacido de nuevo si son semejantes a Dios, si son simiente de Dios. Los que no han nacido de nuevo no son ni semejantes a Dios, ni son hijos de Dios. Son simiente del primer Adán. Jesus les dice esto a los fariseos, Juan 9 42 Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. Es decir no eran semejantes a Dios ni hijos de Dios. El mismo Jesus explica despues, Juan 9 44 Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Absolutmente todos los seres humanos que no han nacido de nuevo, no son semejantes a Dios, ni son hijos de Dios. A todos estos que se dicen asi, sin tener esa condicion de legitimidad genealógica de la paternidad de Dios, Jesus les aclara perfectamente a que arbol genealógico pertenecen.

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